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CÍRCULO DE POESÍA

 

Foja de Poesía No. 004: Encuentro Iberoamericano de Poesía (II)

03 Ago 2008

Poetas Mayores de Iberoamérica

Seguimos recordando algunos de los poemas leídos durante el Encuentro Iberoamericano de Poesía de 2006. En esta entrega, poemas de:

  • José Kozer
  • Raúl Zurita
  • Santos López
  • Carmen Verde Arocha
  • Rei Berroa

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Una cordial invitación a seguir leyendo.

José Kozer
(Cuba, 1940)

Impostación

Fui, Graciela Kozer, indiscutiblemente.
Arrolladora y tanto
que José Kozer crepitó bajo mi sello rojo, gota
de la pupila.
Varón, espeso: tieso
a la hora en que vuelco los espejismos.
Lugar
en que yace: yo, la del Pincel la del diente dorado la Cumbanchera
lo enlazo
aún a la nupcia del apellido.

Raúl Zurita
(Chile, 1950)

A las inmaculadas llanuras

i. Dejemos pasar el infinito del desierto de Atacama

ii. Dejemos pasar la esterilidad de estos desiertos

Para que desde las piernas abiertas de mi madre se levante una Plegaria que se cruce con el infinito del Desierto de Atacama y mi madre no sea entonces sino un punto de encuentro en el camino

iii. Yo mismo seré entonces una Plegaria encontrada en el camino

iv. Yo mismo seré las piernas abiertas de mi madre

Para que cuando vean alzarse ante sus ojos los desolados paisajes del Desierto de Atacama mi madre se concentre en gotas de agua y sea la primera lluvia del desierto.

v. Entonces veremos aparecer el infinito del desierto

vi. Dado vuelta desde sí mismo hasta dar con las piernas de mi madre

vii. Entonces sobre el vacío del mundo se abrirá completamente el verdor infinito del Desierto de Atacama.

Santos López
(Venezuela, 1955)

Decimos oro.
Y el apetito de lo extraño limpia su camino de saña;
y de lo propio, la roca de los muertos rueda hacia su volcán.
El hombre destinado al péndulo continúa su vaivén de trueque.

A un lado prueba el amor y en el otro, la repugnancia y sus
lenguas.
Al pensar su permanencia, abre suspenso.
No sigue ningún cauce ni leyenda.
Los anhelos no pasan cuando oímos quietud.

Decimos verdad.
Y de qué manera gozosa el caos agrada a nuestros sentidos
y los disuelve en su hora.
El cielo en la balanza es apenas un huésped del día.
La luz hace luz en las palabras.
Y la noche tiene un préstamo pálido de la imaginación;
________y es prenda de la blasfemia bajo un sol celoso.
Decimos adorno.
Y venimos al mundo en dos tiempos inseparables:
_______Un milenio de mentiras recalentado en su sed
Y otro de fantasía, donde las aguas se beben estancadas.

Carmen Verde Arocha
(Venezuela, 1967)

VI

El hombre estaba guardado en mi bolso.
Iba conmigo al colegio.
Era gallardo.
Llevaba el cielo en los huesos,
entraba en remolino.

No podía oír las clases
porque me molestaba con su amor.
Una noche quise vengarme.
Sus manos eran largas como un río.
Traté de dormir,
los ojos se fueron cerrando.
El hombre roncaba
en su intento de enseñarme a multiplicar
los murmullos.
Así quedó todo, en murmullos.

Finalizó el año escolar.
Al hombre se le llenó el cuerpo de uvas.
Se trataba de un ánima.

Rei Berroa
(Rep. Dominicana, 1939)

Con respecto a cierta actividad de las palomas

Desde Lincoln a Lenin,
de Bolívar a Zapata,
las estatuas de los héroes
masculinos de la tierra,
las matriotas,
profanadas están ya para siempre
con el gris inodoro que les adorna las cabezas.

Responsables de este ataque al templo varonil de nuestra patria
son las pacíficas palomas
que vindican -quieren hacernos creer que sin saberlo-
el lugar que ocupan en el alma de la gente,
las inútiles estatuas levantadas por el hambre del político
al ilustre varón que les sirve de carnada.
Así le llenan a los pueblos la mollera
de babosas esperanzas y promesas incongruentes.

¿No será eso lo que piensan las palomas
al venir y posarse sobre el cráneo de la estatua
y allí llevan a cabo cierta actividad que nos destruye
la idea que teníamos
tan sagrada
de los héroes de la patria?

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