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CÍRCULO DE POESÍA

 

Foja de Poesía No. 007: Encuentro Iberoamericano de Poesía (V)

04 Sep 2008

Poetas Mayores de Iberoamérica

Concluímos con esta Foja la memoria del Primer Encuentro Iberoamericano de Poesía. En esta quinta y última entrega, poemas de:

  • Dana Gelinas
  • Eduardo Langagne
  • José Mármol
  • Lêdo Ivo
  • Ernesto Cardenal

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Una cordial invitación a seguir leyendo.

Dana Gelinas
(México, 1962)

Lápida para una mujer liberada

Como Diana, primero una flecha
al centro de un hombre;
como Penélope,
tejer la tela de araña;
caminar siempre un paso atrás,
como Eurídice;
salir del baño, como Afrodita;
leer de noche, como Minerva;
amar a una bestia, como Pasifae;
cultivar en exclusiva la tierra de tu casa,
como Gea;
predecir la infidelidad, como Hera;
memorizar uno a uno los rasgos de Narciso,
como Eco,
todo para morir en tu país
sin que te lapiden…

como a una extranjera.

Eduardo Langagne
(México, 1952)

Percusiones (canto grave para tambor solo)

Madre
madre muerta
mi tambor sobre tu tumba madre muerta
suena el cuero del tambor sobre tu tumba
y mis manos sobre el cuero del tambor sobre tu
tumba
las uñas de mis manos
golpeando sobre el cuero del tambor sobre tu tumba
madre muerta
La sangre de las uñas de mis manos
sobre el cuero del tambor sobre tu tumba
La sangre de tu cuello está en las uñas de mis manos
que golpean sobre el cuero del tambor
sobre tu tumba madre muerta.

José Mármol
(República Dominicana, 1960)

Retrato de mujer

En tu boca tiembla un pájaro tirado a lo sediento. En tus dedos, templos altos de luz andan despiertos. Habla con tu voz aquel ángel seducido por una magia, un cuerpo, un vocablo insospechado. Nada por tus párpados un pez bello y fugaz, y en la negra chorrera de tu cabello tieso, un celaje de carne con alas suena y brilla. No mis ojos te dibujan, no mi trazo maculado. No mi arte la perfila; es el agua desbordante que me asalta con mirarte, untadas por imanes lascivos ambas manos, y no importa que estés muda porque hablas con tocarme. Hay entre tus pechos matices imposibles, bosques y bahías, cañaverales limpios, mojadas poblaciones, algas finas, robles, yerba. Me asomo al intocable destello de tus manos y temo que mirándome se desnude tu voz, y como San Francisco de Asís hable a las aves, y se descalce y pese mucho menos que el aire. Mujer que lleva entera una bestia por ternura. Mujer que me desalmas con tan sólo nombrarme; mas no importa si estás muda porque cantas cuando miras. En tu vientre acuna un mar con veleros erguidos, en tu pelo un surtidor de la noche se desgrana, en tu boca de nubes y pájaros me pierdo, y no importa si estás muda porque cantas cuando amas.

Lêdo Ivo
(Brasil, 1924)

Soneto de la rosa pasajera

(Traducción de Eduardo Langagne)

Busco a la rosa hecha de simiente,
agua, hoja, esplendor, abono, espanto.
En esta rosa, sé, se abriga el canto
que nos hace brillantes de repente.

Pistilo, estambre, flor, y tan ardiente
la rosa que mis ojos buscan tanto,
que ella parece, eterna, bajo el manto
del rocío fugitivo del presente.

¡Gloriosa rosa clásica! En un día
la tarea de los dioses completamos
tejiendo un sueño puro y siempre inútil.

Como las rosas somos, oh Poesía.
Completos, damos todo, mas pasamos
nada dejando a otros de inconsútil

Soneto da rosa passageira

Procuro a rosa feita de semente,
água, folha, esplendor, estrume e espanto.
Nesta rosa, bem sei, se abriga o canto
que nos faz fulgurantes de repente.

Pistilo, estame, flor tão ardente
a rosa que meus olhos buscam tanto
que ela perece, eterna, sob o manto
do fugidio orvalho do presente.

Glória da rosa clássica! Num dia
o trabalho dos deuses completamos
tecendo um sonho puro e sempre inútil.

Iguais à rosa somos, ó Poesia.
Completos, damos tudo, mas passamos
nada deixando aos outros de inconsútil.

Ernesto Cardenal
(Nicaragua, 1925)

Al perderte yo a ti tú y yo hemos perdido:
yo porque tú eras lo que yo más amaba
y tú porque yo era el que te amaba más.
Pero de nosotros dos tú pierdes más que yo:
porque yo podré amar a otras como te amaba a ti
pero a ti no te amarán como te amaba yo.

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