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CÍRCULO DE POESÍA

 

El amor venal en las Décimas a las prostitutas de México (II)

26 Dic 2008

Segunda y última parte del estudio de Alejandra Hidalgo sobre las décimas novohispanas dedicadas a las prostitutas de la muy noble y muy leal Ciudad de México.

4. Las décimas

4.1 La tradición de la décima en la literatura española

Varios autores han escrito sobre el uso de la décima, retomado la polémica de si la estrofa debía ser llamada espinela o si existe registro de esta estructura antes de Vicente Espinel (Clarke 293-295). Particular atención pusieron en esta problemática Dorothy Clotelle Clarke y José Ma. de Cossío. Clotelle Clarke afirma “la décima es una antigua forma estrófica y… la espinela es una forma o un tipo de décima. El término décima se aplicará aquí a toda estrofa de diez versos octosílabos; y el de espinela a la décima que tiene pausa después del verso cuarto y que tiene la rima abbaaccddc” (205-296), además agrega una definición de Juan Pérez de Guzmán:

La décima de Espinel constituye una composición tan perfecta como el soneto, sin sus pretensiones heroicas, por cuya razón ha sido siempre preferida a éste para expresar un pensamiento completo, aunque más sencillo que el que al soneto corresponde. La décima se compone de dos estrofas de cuatro versos octosílabos cada una con consonantes del primero con cuarto y del segundo con tercero, entre las que se introducen otros dos versos octosílabos auxiliares del pensamiento para ligar entre sí la tesis y la conclusión: los consonantes de estos dos auxiliares se ligan el primero con el cuarto y el segundo con el séptimo. La tesis de la composición en la décima se presenta y desenvuelve en la primera redondilla; el silogismo para la prueba del pensamiento se establece en los dos versos posteriores, y la segunda cuarteta completa con perfección el raciocinio poético (296).

Clarke y Cossío hacen un erudito recorrido por las estrofas que precedieron en el camino a la décima espinela; Cossío llega a afirmar que antes de Espinel fue Juan Fernández de Heredia quien había encontrado la fórmula definitiva para esta estrofa (Cossío 450-452). Clarke concluye afirmando que el mérito de Espinel no fue por haber inventado la estrofa sino por haberla popularizado (Clarke 303); Cossío refuta tal afirmación cuando arguye que no puede considerarse que la poesía de Espinel tuviera éxito popular. Este crítico otorga el mérito de la popularidad de la espinela a Lope de Vega al asentar:

Sin Lope, la décima de Espinel hubiera corrido la misma suerte que la Fernández de Heredia: ser objeto de la curiosidad erudita por quien se propusiera estudiar formas métricas afines… Él (Lope) es quien la difunde y da auténtica personalidad; por él la llamamos espinela y conocemos su primer cultor, y por su práctica y ejemplo ha quedado definitivamente incorporada a las formas métricas del parnaso castellano (Cossío 454).

El nacimiento de la décima espinela tiene su origen y difusión en la literatura del siglo de oro español y formó parte de esa literatura culta española que se trasladó a América.

4.2 La décima en América

Antonio García de León afirma que no fue la espinela la primera décima que se cultivó en América. Asegura que “la décima penetró en México desde los años inmediatamente posteriores a la conquista española”, antes del “año de 1591 cuando Vicente Espinel regularizó en Andalucía una estrofa que hoy conocemos como espinela” (García de León 29). Basa esa aseveración en varias evidencias del Archivo General de la Nación: un certamen convocado en 1575 con motivo del Tercer Concilio Provincial Mexicano, en el cual, la décima era uno de los géneros poéticos presentados y en cinco series de décimas de 1572, en poder de la Inquisición, que contenían preguntas y respuestas entre Fernán González de Eslava, Francisco de Terrazas y Pedro de Ledesma.

Algunos autores coinciden al afirmar que hubo dos corrientes o dos formas de utilización de la décima en América: por un lado, una que podría llamarse culta, la que procedía de la influencia directa de los autores del siglo de oro español -que trajeron a la Nueva España poetas como Gutierre de Cetina, Juan de la Cueva y Eugenio Salazar-, la cual enseñaron los frailes y se perfeccionaba dentro de la Real y Pontificia Universidad. Y de esa misma corriente surgió otro uso de la décima a la que Antonio García de León llama lírica y popular (31). Vicente T. Mendoza afirma que esta corriente popular fue “aportada por los soldados y oficiales de los regimientos que enviara Carlos III, en el último tercio del siglo XVIII, para reforzar las milicias de la Nueva España” (Mendoza 13). Agrega García León, que el comercio contribuyó a difundir la décima en América, y justamente por esta causa se encuentran glosas similares en distintos puertos americanos (García de León 32). Ivette Jiménez de Báez agrega que a su difusión contribuyeron los arrieros, quienes además de cargar sus mercancías eran transmisores de letras y tonadas (Jiménez de Báez 92).

La décima quedó rápidamente arraigada en la tradición poética y musical de los pueblos americanos. Se utilizó en justas poéticas eruditas pero por su facilidad para adaptarse, la tradición popular la acogió fácilmente, a veces como simple entretenimiento, como prueba de ingenio, dentro de procesos inquisitoriales, en pastorelas, en coloquios e incluso en el siglo XIX funcionó como medio de difusión de la prensa informativa (García de León 10-12). Jiménez de Báez argumenta que varios elementos se conjuntaron para dar lugar al “diálogo fundador de la décima” en América, por un lado, se remonta a los géneros literarios prehispánicos que solían combinar el canto con la palabra y además el baile -areyto, mitote-, por lo que se daba gran importancia al cantor y al autor. Lo cual puede tener un paralelo en la décima con los trovadores. Y además incluye en este “diálogo fundador” la voz “marginal, contestataria y transgresora” de los negros (Jiménez de Báez 93-96). La fusión de varios elementos, el sincretismo, hizo que la décima adquiriera popularidad en América.

Al explicar el éxito de la décima durante el siglo de oro y la época del barroco, Antonio García León argumenta que “la décima representaba en su estructura la modernidad de ese mundo barroco” que era la propia América (García de León 34). Por eso se convirtió fácilmente en poesía popular en nuestras tierras e incluso en nuestros días se sigue actualizando en los pueblos americanos mientras prácticamente ha desaparecido su uso en Europa.

Las décimas llegaron para quedarse en América y se revitalizaron con la multitud de temáticas que abarcaron: lo divino, adivinanzas, parodias, muertos, aguinaldos, anuncios comerciales, funciones de teatro, cómicas, morales, proféticas, calamidades, hechos espeluznantes, malhechores, asuntos históricos, filosóficos, amor, desengaño, desprecio, ruptura, satíricas, humorísticas, irónicas, animales, borrachos, tahures, oficios, costumbres y modas exageradas, compadrazgos, etc. La multitud de temas abordados le dio a la décima una versatilidad inigualable y esto, unido a su capacidad musical, la hacían apta para la oralidad; virtud importantísima en una sociedad con gran cantidad de analfabetas. La décima tomó características propias en América en donde se privilegiaba la oralidad, la memoria y la improvisación.

4.3 Las décimas a las prostitutas de la ciudad de México

Las décimas de nuestro estudio inician con un proemio -transcrito en las páginas iniciales de este capítulo- que contiene las características de los ejemplos. Vicente T. Mendoza dice que los ejemplos son característicos de la literatura clásica española y sobre su uso abunda: “moralejas que tienen por objeto advertir a las gentes sencillas y a los jóvenes el mal resultado y el castigo que puede tener la mala conducta” (Mendoza 23). El proemio a las décimas y por tanto, todas las décimas de este poemario, tenían la finalidad de servir de ejemplos a los “mocitos” para desengañarlos y librarlos de los daños y sufrimientos de las “hembras”. Es con ese supuesto objetivo que Juan Fernández dio inicio a sus décimas.

Formalmente, notamos que el autor conocía el uso y la estructura de las décimas, su rima es abbaaccddc, misma de la décima espinela. Todas las décimas contenidas en la obra de Juan Fernández tienen la estructura de la décima que más se practicó durante el siglo de oro español:

Mozos con cuanta razón
hoy a la enmienda os provoco;
mirad, mirad, en la Moco
clara vuestra perdición:
con un peso, ó un tostón,
francos tenia sus cariños,
lo daba con mil aliños;
Y ahora por un mozo necio;
ha subido ya de precio
cuidado, cuidado Niños.

Esta estructura facilitaba su memorización y adopción en la tradición novohispana, la musicalidad de su rima y la capacidad para sintetizar un pensamiento completo permitió que la décima arraigara completamente en la tradición americana. La décima es una estrofa que abarca una infinitud de características, Ivette Jiménez de Báez aclara:

Pese a su tendencia a la reflexión, es evidente que las décimas y glosas de México y de casi toda Hispanoamérica, acuden al estilo directo, ágil, y se mueven en las fronteras de lo recitado y lo cantando, del diálogo y la narración, de lo culto y lo popular, de la oralidad y la escritura. Y un amplio capítulo de su repertorio es el del humor que va desde la décima ingeniosa que provoca la sonrisa, hasta los niveles más elaborados de la transgresión y lo grotesco (Jiménez de Báez 104).

Cada una de las características antes descritas, hicieron de la décima una estrofa moldeable a diferentes espacios y contextos, permitiendo, una vez que se divulgó su uso, su empleo en múltiples circunstancias. Las Décimas a las prostitutas de México están dotadas de un estilo ágil y directo que las hace oscilar entre el diálogo y la narración; el diálogo se nos muestra desde el momento en que el autor habla con su lector y le revela el propósito de su obra, se trata de un interlocutor dirigiéndose a sus oyentes. Se balancean entre lo culto al momento de utilizar una estrofa clásica pero también se encuentran con lo popular en el uso del vocabulario, el tono familiar y la temática que las aleja del canon permitido, para introducirlas, por el contrario, al nivel de la trasgresión.

Hemos abordado dos puntos importantes para continuar con el análisis de las Décimas a las prostitutas de la ciudad de México, por un lado hemos visto la función que pretendía otorgarles su autor: las décimas habían de servir de ejemplos. Sin embargo, a ese propósito inicial del poeta se vincula el uso que hace de la décima, forma poética que gozaba de gran popularidad. Estos dos elementos son fundamentales para nuestro estudio porque nos permiten hacer una conjetura para responder por qué encontramos estas décimas en un expediente inquisitorial.

4.4 Lo prohibido de las décimas a las prostitutas de la ciudad de México

Después de una primera lectura a las prostitutas de la ciudad de México, parecería difícil explicar por qué se encuentran dentro de un expediente inquisitorial. La finalidad del autor -expresada claramente al inicio de su obra- era desengañar a los jóvenes de los peligros que podían correr si se dejaban llevar por estas mujeres. ¿Por qué, entonces, las décimas fueron consideradas dignas de prohibición y presentadas ante el tribunal inquisitorial? La respuesta posible gira en torno al afán de ocultamiento que prevalecía en la época colonial. Evidenciar con un cuadernillo de décimas una problemática tan compleja como la prostitución, iba contra el discurso oficial promulgado por las instituciones de control social. Es decir, aunque el propósito de Juan Fernández hubiera sido moralizar y a pesar de que la prostitución era vista por las autoridades como un mal necesario que toleraban, el simple hecho de nombrar, y peor aún dejar por escrito, esta problemática iba en contradicción con el discurso de estabilidad y normalidad que siempre se preocuparon por promulgar las instituciones. Si a eso sumamos que la forma de “desengañar a los mozos” era a través de una estrofa poética altamente popular, las décimas, podemos confirmar que a pesar de su pretendido afán didáctico, estas estrofas, tenían un alto grado de subversión. Bajo este tenor, las palabras de Osvaldo Rodríguez Pérez resultan ilustrativas:

…la décima cumple la esencial función de conservar esa memoria colectiva, actualizada en la poesía o en el canto. Por esta razón, los pueblos que la cultivan se reconocen a sí mismos en ella… contribuyen a su popularidad el tono de sus composiciones y el anonimato de su difusión, muchas veces acentuado por el cauce de subversión o de protesta que se desliza entre los pliegues de sus versos (Rodríguez Pérez 324).

En la época colonial, este tipo de literatura con su fuerte y verdadera carga de oralidad debido a los altos porcentajes de analfabetismo de la población, efectivamente debió cumplir con la función de memoria colectiva. Las letras y tonadas de las décimas debieron expandirse fácilmente, por ello, la conciencia del amplio alcance de irradiación popular que podía alcanzar esta obra pudo ser la preocupación principal de quien la presentó ante los tribunales inquisitoriales. Por su musicalidad, la décima se propagaba fácilmente. Cuando la Inquisición censuraba textos de este tipo era porque estas formas poéticas estaban en plena divulgación y los versos habían llegado a sus oídos o sus manos. En cierta forma, el daño estaba hecho, las décimas se habían difundido, sin embargo, al censurar y recoger los ejemplares existentes de estos textos, la Inquisición evitaba que su propagación fuera mayor.

Recordemos que la posición de la Iglesia y el Estado era ambigua respecto a la prostitución, por un lado era rechazada pero por otro, era vista como un mal necesario para proteger a las mujeres “decentes”. Pero nombrar a cien prostitutas a través de las décimas era proporcionar un catálogo detallado de algunas de las mujeres que ejercían esta profesión y más que una advertencia podía pasar por una invitación a conocerlas

12ª) La Cambray, esa putilla
que quiere pillar cuanto hay,
aunque crean que es de Cambray,
la verdad, es de esto=pilla.
Pero con todo esta hembrilla,
sin reparar en apodos,
por varios distintos modos,
con cariño y con agrado,
aunque es lienzo tan delgado
abriga muy bien a todos.

En los archivos inquisitoriales encontramos referencias a obras cuyo tema central son las prostitutas (Ramos Soriano 69-90). Podemos considerar estas obras, antecedentes a las Décimas a las prostitutas de la ciudad de México, textos que también podrían ser clasificados como catálogos de prostitutas. La primera obra a mencionar es El arte de las putas de Nicolás Fernández de Moratín, libro que a pesar de ser publicado por primera vez en Madrid en 1898 -más de cien años después de la muerte de su autor- tuvo una gran circulación manuscrita. Confirmamos que esta obra llegó manuscrita a la Nueva España pues aparece en la lista que Ramos Soriano realizó a partir de los edictos inquisitoriales, documentos en los cuales se publicaban los títulos de las obras prohibidas. Aparece en esta lista la obra Arte de las putas y como su autor se consigna al hijo de Nicolás Fernández de Moratín, el dramaturgo: Leandro Fernández de Moratín. La fecha de su prohibición es el 13 de septiembre de 1777 (87). Como bien afirma Ramos Soriano, estas listas “nos permiten observar en qué medida la Inquisición y ciertos sectores de la sociedad novohispana se encontraban al tanto de las novedades literarias” (70). En este caso, las listas de los edictos nos permiten hacer la suposición de que probablemente Juan Fernández o la persona que le encargó esta obra -si realmente existió tal- pudieron conocer y tener alguna influencia de los versos de Fernández de Moratín, pues éstos circulaban en la Nueva España antes de la fecha de las Décimas a las prostitutas de México.

En su texto, Fernández de Moratín recrimina que en las grandes obras literarias se pueda cantar a las matanzas y hazañas de los hombres y sus armas pero no se puedan cantar a los amores con ciertas damas:

La inconsideración llama borrones
de su historia el querer a las mujeres, 300
y grandeza matar millares de hombres

Este autor pretendía, con su obra, hacer un tratado sobre lo que él llama “el arte de la putería”:

putean sin saber lo que putean, 435
por falta de maestro y de un buen libro
que enseñe el arte que, por piedad sólo,
para común utilidad escribo
por evitar absurdos mayormente.
Cuando hoy abundan tantos metodistas 440
de estudiar de curar los sabañones
y otras mil cosas, ¿ha de estar sin reglas,
sólo fiada en apurar las tradiciones,
tan gran ciencia como es la putería?

Pero aclara:

No piense alguno que mi verso enseña
los vicios; soy espejo, no oficina;
mi canto avisa, pero no aconseja 420

Los puntos de concordancia entre las obras se dan en la temática, ambas tratan de la prostitución. Su finalidad es distinta, porque el Arte de las putas no quiere aconsejar sino servir de espejo de la realidad mientras en las Décimas a las prostitutas de la ciudad de México se afirma que se pretende aconsejar a los mozos. La obra de Moratín es completamente profana, mezcla por igual a sacerdotes, monjas y laicos en la temática de la necesidad sexual, habla sin atavismos sobre el uso del condón, la masturbación y la necesidad fisiológica de las relaciones sexuales equiparándolas a la necesidad de comer, beber o dormir. Temáticas que evidentemente se encontraban fuera de las permitidas por el discurso oficial de las instituciones de control social: el Estado y sobre todo la Iglesia. Las Décimas a las prostitutas de México, por su parte, no tienen -según su autor- una finalidad profana sino moralizante, notamos que en algunas décimas se cumple ese afán de desengaño a los mozos:

3ª. Con disimulo con arte,
en La Fabila se advierte
que ella es blanda, y ella es fuerte,
según conoce la parte._______________[Al margen:
Si sus cariños reparte, _______________alias La Fuerte
es con política tal, ___________________de Perote] que todos del bien y el mal
gozan con tales vaivenes.
Pero ella siempre a los bienes
se inclina, esto es, al caudal
.

Es decir, en algunas de las décimas se cumple el propósito de desengaño al hablar de la codicia de algunas prostitutas, de los engaños que ejercen con los mozos, se advierte sobre algunos de sus defectos físicos: si son bizcas, feas, jorobadas; sobre las enfermedades que algunas tienen: hipocondríacas, tiñosas, enfermedades venéreas y se hace mención de aquéllas que suelen quedar embarazadas:

18ª. La Tiñosa a toda broza
anda por pegar el chasco,
y que a muchos no les dé asco
una cabeza tiñosa!
cierto que es muy asquerosa,
mas del hombre la porfia
jamás, jamás se desvia
de lo más inmundo, pues
a esta hembrita llegar es
duplicada porquería
.

Afirma que las hay chismosas, ladronas, lujuriosas, parlanchinas, ruidosas, peleoneras, fáciles, pícaras, infieles, malas, viciosas, livianas, experimentadas, fieras, violentas, veteranas, baratas, discriminadoras, traidoras, alcahuetas, empresarias, frías, etc.

Sin embargo, en otras décimas más que cumplir con el objetivo de servir de ejemplo, lo que logra es una descripción de la prostituta como simple inventario, por tanto, algunas de sus décimas son tan profanas como los versos del Arte de las putas veamos un ejemplo:

32ª. La Espada Ana es parecida
a la Espada más aguda
que sirve mejor desnuda
sí señores que vestida;
mas debe ser conocida
la diferencia, y notada,
pues vemos a toda espada,
aún la que está más filosa
sin envainar más dañosa
y ésta, lo es más, envainada.

En otras décimas, Juan Fernández habla de las bonitas, las cumplidoras, las famosas, las bailadoras, las que ‘se señalan en el putear’, las que se afanan en ganar su recompensa, la que chiquea, etc.:

45ª. Con Anita La Cedano
acredita la experiencia,
que a muy poca diligencia,
ningún tiro sale vano.
Con estilo liso y llano
quiere que el hombre le acuda,
ella se empeña, no hay duda,
por granjear la recompensa,
pues suda, no de vergüenza,
por lo que se afana suda.

El hecho de que ambas obras hayan sido denunciadas ante la Inquisición, refuerza nuestra hipótesis de que el sólo hecho de nombrar la problemática de la prostitución era elemento suficiente para censurarlas. Ambas quedan en el mismo nivel de censura a pesar de tener objetivos distintos. Violan el silencio impuesto sobre ciertos temas, y al hacerlo develaban ciertas conductas que si bien existían en la realidad, no debían nombrarse y menos dejar un retrato escrito de ellas.

Otro elemento común entre estas dos obras es la enunciación de las prostitutas a partir de sus apodos. El Arte de las putas presenta, en el segundo y tercer capítulo, una especie de registro en que se mencionan por sus apodos a algunas de las prostitutas más famosas de Madrid:

la salerosa y chusca Saturnina, 96
la Catalana de la calle de Hita. 134
verá allí a la Morilla, a la Mellada, 332
Y ¡oh Juanita! serás también cantada 333
dará sus grandes tetas la Ramona. 343
franquear soléis el paso a la Jitana, 345, etc…

Lo que nos hace considerar a las Décimas a las prostitutas de México un catálogo es que cada décima está dedicada a presentar a una prostituta distinta con su respectivo epíteto, de forma tal que, entre los noventa y tres apodos tenemos a: La Moco, La Tlaxcalteca, La Panochera La Candelaria, La Dorada, La Peregrina, La Tiñosa, Pepa La Cotorra, La Mona, La Tesupo, La Miracielos, La Mema, La Meona, La Derrepente, La Matraca, La Culo Alegre Vicenta, La Calva, La Malota, La Bocabajo, La Sábado de Gloria, La Bien me sabe, Mariquita, La Buen Caballo, La Limosna, La Medio Cuerpo, La Guayaba, La Colchones, etc. De manera jocosa, desde el mismo apodo de algunas de las prostitutas se señalan sus virtudes, defectos, enfermedades y mañas. Desde sus nombres, a estas mujeres les es asignada una connotación negativa pues no encarnan el tipo de mujer pregonado por la Iglesia, por ello es común ver que sus apelativos, en forma despectiva y desfavorable, las reducen a nivel de animales o cosas, incrementando de este modo su tono burlesco y despreciativo.

Además del Arte de las putas tuvimos noticia de otra obra, a la cual no pudimos tener acceso. Marcela Suárez Escobar hace referencia de ella a partir de un Edicto de 1785, en el cual se prohíbe

un documento anónimo, escrito en castellano, y en forma versificada, titulado Guía de Forasteros de México, porque estaba ‘dirigido a dar noticia con senas arto individuales a las mugeres prostitutas que se supone haver en esta ciudad[…] siendo además todo su contexto sumamente inductivo a torpeza, escandaloso, ofensivo de oídos piadosos y castos, satírico, é injurioso por la infame propalacion de personas y crímenes que devieran sepultarse en el mas vergonzoso silencio’ (Suárez Escobar 156-157).

Como hemos podido observar, las Décimas a las prostitutas de México no era la única obra de su tipo, hubo otras de la misma índole denunciadas ante la Inquisición. Compartían la finalidad de ser una especie de catálogo, en el cual, su lector podía encontrar la lista de las prostitutas disponibles en la ciudad. La transcripción de este último edicto nos es particularmente importante pues expresa la calificación que la Inquisición otorgaba a este tipo de escritos. Es conveniente hacer énfasis en una frase en la que se explica porqué se censura esa obra: ‘por la infame propalacion de personas y crímenes que devieran sepultarse en el mas vergonzoso silencio‘; estas palabras confirman la necesidad que tenía la Inquisición de prohibir textos de esta temática, les preocupaba la divulgación de lo que debía permanecer oculto: las prostitutas y los ‘crímenes’ que éstas cometían al salirse de los cánones del discurso oficial. Era imprescindible ocultarlas, aunque existieran en la vida cotidiana era necesario ‘sepultarlas en el mas vergonzoso silencio´, hacer de cuenta que no existían.

Las Décimas a las prostitutas de la ciudad de México nos sitúan en una posición ambivalente. Por un lado, es claro el propósito inicial que señala su autor: la obra pretende desengañar a los mozos y vimos que este propósito se refuerza con algunas décimas y también con el soneto que incluye al finalizar el cuadernillo. En este soneto, el autor, refuerza la idea del castigo, del infierno para las prostitutas y para quienes acuden con ellas:

Cielo breve, los poetas han llamado
a la mujer, y es cierto, que lo ha sido
toda aquella belleza que ha vivido
con juicio, honestidad y con cuidado.

Ellas (¡ay infelices!) que he mentado,
éstas que sin temor se han prostituido
por el mucho desorden que han tenido,
las contemplo un infierno sincopado.

Sirvan, pues, de disgusto, no de encanto,
su vista que os disponga al escarmiento
huid de sus halagos, pero tanto

que no olvidéis, amigos, ni un momento
la región del horror y del espanto

donde jamás habrá ningún contento.

El cuadernillo termina haciendo énfasis sobre los dos tipos de mujeres existentes en el discurso eclesiástico: “las que viven con juicio, honestidad y cuidado” y aquéllas que viven con “desorden y que sin temor se han prostituido”. Se recuerda esta división maniquea de las mujeres y los peligros que las segundas representan para el hombre. Aunque no debemos olvidar, que contradictoriamente en el discurso eclesiástico y en la vida cotidiana novohispana eran necesarias las prostitutas para reivindicar y salvar a las mujeres honestas.

Antes de terminar el cuadernillo, el autor entra en diálogo con las prostitutas, exhortándolas en un romance:

Y porque sé que llevadas
de vuestras pasiones mismas,
seré infelices mujeres,
el blanco de vuestras iras
.

Así a vosotras, ya es tiempo,
que mi pluma se dirija,
con más lástima que enojo,
con más piedad, que malicia.

Señala que se dirige a ellas para recordarles las virtudes que una mujer debía tener: honestidad, pudor y pone énfasis en el honor. Afirma que a una mujer sin estas virtudes ‘ya no hay prenda que le sirva’. En este romance refuerza el afán moralizante de su obra, además, recuerda el discurso de las instituciones de control social sobre el papel que se esperaba desempeñara la mujer en la sociedad novohispana y de cuyo papel quedaban marginadas las prostitutas.

Las invita a recapacitar para que dejen ese tipo de vida y les recuerda que no deben creer en las lisonjas de los hombres, las exhorta a no adornarse demasiado y a dejar los atavíos

que claramente publican
la liviandad de su dueño
y el fuego carnal avivan.

Las reprime por su codicia y les recuerda que deben conformarse con su condición

Si pobre la suerte os hizo,
no así afanéis por ser ricas

Las invita, por último, a enmendar su vida y les asegura que si lo hacen, él se convertirá en su panegirista.

La ambivalencia en Las décimas a las prostitutas de México se hace patente porque por un lado el objetivo moralizante sobre las prostitutas es palpable, pero encontramos también varias décimas que parecen una invitación o incitación a conocerlas, como ejemplo proponemos la siguiente:

66ª. De La Buen Caballo hablillas
en el vulgo muchas hallo;
pero como es buen caballo,
caballo es de todas sillas.
Aunque no aguanta cosquillas
sufre que el cincho le aprieten
la rienda es de rechupete,
paso, que dure y no mate;
pero en sintiendo acicate,
téngase bien el jinete.

Décimas como la anterior -aunque aparecen en menor cantidad que las que pretenden desengañar- pudieron escribirse como resultado del descuido de su autor o por el contrario, podrían ser la prueba de que las décimas encerraban un mayor grado de subversión que su autor no aceptaba públicamente. Podría ser que el autor hubiera tenido un objetivo distinto al que reveló en su proemio y reforzó en el soneto y romance que agregó al finalizar su obra. Quizá su propósito era hacer el catálogo de las prostitutas de la ciudad, sin embargo, para asegurar la circulación de su obra necesitaba justificarla de un modo inteligente de manera que no excediera los cánones del discurso permitido por las instituciones de control social. Y ese modo para justificar su obra fue agregar un claro propósito moral, aunque por otro lado, diera noticia exacta de las prostitutas disponibles en la ciudad. Esta posibilidad es creíble, ya que si existieron otras obras con características y temática similar, es factible que existiera en la Nueva España dieciochesca un tipo de lector que encontrara placer en este tipo de literatura erótica o incluso, en ocasiones, pornográfica.

El uso popular de la décima era elemento esencial para la rápida difusión de esta literatura a través de la memoria, en este cuadernillo se utilizaron décimas que respetaban la estructura de la décima clásica, sin embargo, variaban de aquéllas en la temática, y al ser populares se permitían un lenguaje más ágil, la utilización de expresiones vulgares y modismos.

Al concluir el análisis de las Décimas a las prostitutas de México inferimos que el cuadernillo retrata un problema de la realidad novohispana que las instituciones de control social trataban de manera ambivalente, lo cual pudo ser el motivo para que las décimas se presentaran a la Inquisición para su posible censura.

En este capítulo resaltamos aspectos importantes del cuadernillo: su temática, su estructura y la finalidad con la que fue escrito. Estos tres aspectos están ligados con la presencia del cuadernillo en un expediente inquisitorial.

Su temática, la prostitución, nos llevó a un recorrido sobre el concepto de la mujer en el discurso eclesiástico, el cual hace una división maniquea distinguiendo dos tipos de mujeres: las que encarnan los valores de castidad, pasividad, obediencia y fidelidad y aquéllas mujeres “sueltas” a las que este mismo discurso ligará con lo carnal, lo profano y el pecado. Atendiendo a las condiciones económicas y sociales de las mujeres en el siglo XVIII, comprendemos que su situación era compleja pues constituían el mayor porcentaje de la población, los índices de pobreza habían aumentado y la condición se agravaba sobre todo entre las españolas ya que para casarse o entrar a un convento requerían una dote; además, las mujeres españolas trabajadoras perdían estatus social y los hombres españoles buscaron retrasar la edad del matrimonio. La prostitución fue una de las formas en que las españolas obtuvieron su sustento. Así, la prostitución fue vista como un mal necesario en la sociedad, ya que las prostitutas eran necesarias para contener la lascivia y salvaguardar el honor de las mujeres honestas. Sin embargo, en ocasiones fue vista como delito, por lo que se recluía a las prostitutas en las casas de recogimiento y el discurso eclesiástico constantemente reiteraba la censura al placer venéreo.

En la estructura del cuadernillo, el uso de las décimas es muy importante, se trata de una composición poética que facilitaba su difusión en una sociedad predominantemente analfabeta. El autor utiliza esta estrofa con conocimiento de su métrica y musicalidad, le imprime un estilo ágil, repetitivo y popular a las décimas. Juan Fernández utiliza epítetos, descripciones, adjetivos que nos presentan un reflejo de las prostitutas de México, mostrándonos sus defectos, habilidades y enfermedades, en ocasiones degradando y caricaturizando a las prostitutas pero en otros momentos como plena invitación a conocerlas.

La finalidad con la que fue escrito el cuadernillo se presenta en el proemio, en algunas décimas y en los poemas finales, según su autor, escribió las décimas con un afán moralizante, para desengañar a los jóvenes de los engaños de las mujeres. Algunas décimas cumplen claramente con este objetivo, pero no todas. En ocasiones parece que las décimas fueron escritas con el firme propósito de servir como catálogo o guía para conocer a las prostitutas de México, o simplemente como un tipo de literatura erótica que era consumido en la Nueva España. Para que las décimas no fueran denunciadas inmediatamente, el autor pudo anteponer un claro propósito moralizante como introducción a su obra. Esto le garantizaría que sus décimas no serían censuradas de forma inminente y que podrían circular como cuadernillo y oralmente entre sus escuchas.

Los procesos en casos de prostitución eran turnados a los tribunales de la Justicia Eclesiástica Ordinaria, pero los procesos contra libros prohibidos eran atraídos por la Inquisición. En nuestro caso no tenemos una censura contra el delito de la prostitución, lo que se presentó al Tribunal Inquisitorial fue el cuadernillo. No se censuraba la actividad sino el cuadernillo. El escrito era lo que se prohibía por su temática, ya que ésta en conjunto con una estructura poética tan proclive a la divulgación, constituían un registro tangible de la prostitución. No se censuraba, en estos casos a la actividad, ni a la temática por sí misma; la prostitución era una actividad permitida e incluso considerada necesaria para evitar males mayores. Lo que no se permitía era poner por escrito, dejar registro de esa realidad. Se censuraba el texto como evidencia escrita, se censuraba la difusión y divulgación que podía tener. Se temía al discurso pues atentaba contra el ambivalente discurso oficial de las instituciones de control social en lo referente a la prostitución.

Bibliografía

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