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CÍRCULO DE POESÍA

 

“El poema es un viaje por el cuerpo”

12 Dic 2008

Fernando Garcilita entrevista al poeta Rubén Márquez Máximo (Puebla, 1981) a propósito de su libro Pleamar en vuelo, de reciente publicación.

Pleamar en vuelo, del poeta Rubén Márquez, editado por alforja, es sin duda, un exquisito poemario que se antoja para enamorar, para meditar, aprender y sobre disfrutar, la maestría en la que el poeta conjuga las palabras, manejando cada fibra del lector, llevándolo por los caminos que el autor desea, como si fuera un capricho en el cual caemos voluntariamente.

La primera parte, Viaje, no es más que una invitación forzosa a seguirlo por la aventura del amor, cuando dice: “es el viaje por la línea que se abre en medio de tus labios”. Sigue con los poemas breves “Postales”, ligeros dardos precisos para rematar con “Poemas de mar y viento”, volviendo con el tono del principio del viaje, “En sus ojos asoma / iluminada de amarillo / la pleamar profunda”.

A título personal, da gusto iniciar con el pie derecho en este círculo de poesía, con esta entrevista sobre Pleamar en vuelo, en un diálogo con su autor, Rubén Márquez.

Fernando Garcilita: ¿Quién abrazó a quién? ¿Tú a la poesía o la poesía a ti?

Rubén Márquez: Creo que la poesía me tocó primero y desde ese momento intento también tocarla, no sólo con la escritura sino con la propia lectura. Mira que tu pregunta me hace pensar en ese fenómeno de acercamiento a la poesía y del acto de tocar en sí mismo. Cuando el contacto se da verdaderamente la acción se vuelve bilateral, tocar al otro implica ser tocado.

FG: Siempre la inspiración es el motor primordial para cualquier artista, ¿qué fue lo que te inspiró para Pleamar en vuelo?

RM: Como el título del poemario lo anuncia, por un lado, la imagen del mar y, por el otro, la del viento. Pero son un mar y un viento encarnados en el cuerpo femenino. El libro nace a partir del deseo que puede inspirar la mujer amada. Son poemas que hablan de un mar destellando en el cuerpo, de un viento vibrando en cada uno de sus pliegues. En el poema de largo aliento llamado Viaje lo que planteo es transcurrir por el cuerpo de la mujer con los cinco sentidos, ir de la mirada al gusto, es decir, al beso. Ver un cuerpo que nos atrae es esencial, pero es mejor tocarlo y mucho mejor degustarlo, pues el gusto, representado por la experiencia del beso, implica tocar, probar y oler por la gran cercanía en la que nos encontramos. Esto, de manera teórica, lo plantea Parret en un ensayo titulado Tocar. Por otra parte, el poema no sólo es un viaje por el cuerpo, sino también un viaje cósmico, ya que si uno toca a la mujer adecuada somos capaces de tocar el mar, el viento y el universo entero. El poema Viaje implica entonces toda una experiencia sensorial del mundo a través de la amada.

El cuerpo de la mujer, el mar y el viento son entonces los elementos que me llevan a la verbalización, al deseo de escribir.

FG: ¿Qué retos implicó en su creación? Me refiero a la mezcla de palabras que crean toda una explosión con sutileza y suavidad.

RM: Algo que quería conseguir en estos poemas era precisamente manejar la intensidad y la delicadeza. En estos poemas los versos efectivamente tenían que ser fuertes destellos pero a la vez ligeros, sutiles. Entonces fue un trabajo de cuidado, de búsqueda de las palabras adecuadas. En este sentido, el escuchar ciertas composiciones de músicos del romanticismo como Chopin, Schumann y posteriormente Erik Satie, me ayudó a interiorizar en mí la intensidad y la suavidad. También mis lecturas de poesía china y japonesa están ahí, ya que estos discursos son la síntesis perfecta entre la levedad y la pesadez.

FG: Sí el ser humano miente para enamorar, ¿un autor puede mentir al describir el amor?

RM: No sé exactamente a qué te refieres con esto, pero te puedo decir que en este momento pienso que cuando se describe el sentimiento amoroso no se puede mentir. Se trata de una idea platónica del amor, en términos de que el amor implica un conocimiento verdadero de las cosas, una experiencia que nos lleva a la contemplación de la belleza, y yo diría que no sólo a la contemplación, sino al estremecimiento completo. Cuando el poeta dice “tocaré tus aguas incendiadas” no miente, en verdad el agua se vuelve un incendio.

FG: Elogias al amor, como nadie ¿Qué otra cosa es digna de elogiarse en la vida moderna?

RM: Creo tener dos respuestas. Una que nos diría que el sentimiento amoroso está en todas partes, es decir, la poesía está hecha de correspondencias, los elementos en el poema se entrelazan, se acarician, se funden. La metáfora es tensión, atracción de contrarios. La otra, que todo es digno de ser cantado, ya nos lo enseñó Neruda, la más mínima partícula puede ser cantada, la poesía lo abarca todo. Lo que sí es cierto es que cada poeta construye su discurso a partir de sus obsesiones. Tal vez no me imagine haciendo un poema sobre el polvo, pero seguramente la imagen del polvo está en alguno de mis textos. Cuando un poeta va acrecentando su obra, creo que tarde o temprano termina hablando de todo, aunque muchas veces lo hace desde su única obsesión. Espero un día poder nombrar todo a partir del cuerpo de la mujer amada o de la figura del mar.

FG: ¿Estás trabajando ya en un nuevo libro? Sí es así, ¿qué adelantos nos puedes comentar?

RM: Tengo dos libros después de “Pleamar en vuelo”. Uno ya está concluido, aunque la última versión será hasta que sea publicado, ya que tiendo a seguir revisando. En este poemario la tarde se vuelve un tiempo del día donde pasa todo: desde el deseo hasta el desencanto. Estoy por concluir la primera versión de un tercer libro, donde escribo nuevamente desde el mar, pero ahora se trata de un mar oscuro, del sentimiento amoroso que se apaga, que se ahoga. No es ahora la pleamar que crece y se levanta sino el mar que se adentra en lo profundo y cae en sí mismo. Creo que podríamos decir que en este libro está el sentimiento de lo inconcluso.

FG: ¿Qué poetas lees?

RM: Actualmente soy un poco disperso en mis lecturas. Tanto leo poetas nuevos para mí como poetas entrañables a los que siempre vuelvo. Sobre todo estoy haciendo una relectura de varios autores que me interesan, entre ellos podemos nombrar a Catulo, Petrarca, Cesare Pavese, Fernando Pessoa, Cesar Vallejo, José Carlos Becerra, y otros muy entrañables para mí como Efraín Bartolomé y Francisco Hernández.

FG: ¿Qué podemos hacer para fomentar el gozo de la lectura? ¿Es tarea de las autoridades o problema de los autores?

RM: Lo que nos toca hacer es leer y compartir los verdaderos poemas que nos emocionan. Cuando uno comparte un buen poema el texto hace lo demás. La poesía seduce por sí sola, sólo hay que crear los espacios de divulgación y en eso las autoridades tienen mucho que ver. A los autores nos toca esencialmente el compromiso con la verdadera poesía y el deseo de compartirla, de hacerla pública y ponerla en el oído y en la boca de las personas.

FG: Para finalizar, pero antes agradecerte por esta entrevista que nos concedes, ¿qué mensaje les envías a los lectores de Círculo de poesía?

RM: Únicamente reiterarles la invitación a seguir leyendo la página para que se pueda entablar un diálogo en torno a la poesía y la literatura, ya que sólo a través del diálogo podremos ampliar nuestro conocimiento.

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