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CÍRCULO DE POESÍA

 

Poesía dominicana en tiempo real: “El que fuera secreto mejor guardado del Caribe”

27 Jul 2009

Milton Félix

El poeta, novelista y ensayista Pedro Granados (Lima, 1955) comparte con los lectores un interesante libro sobre la poesía dominicana de las más recientes promociones. Para leerlo visita la Galería de Armas.

Sigue la introducción a Poesía dominicana en tiempo real: “El que fuera secreto mejor guardado del Caribe”, de Pedro Granados. Para leer el libro completo, descárgalo gratuitamente en la Galería de Armas en formato PDF.

Introducción

Tan sugestiva y, creemos, no menos afortunada frase de Alexis Gómez-Rosa, La poesía dominicana: “el secreto mejor guardado del caribe” [1], nos da pie y sirve de marco para reflexionar sobre los trabajos de algunos de los poetas dominicanos más interesantes de las últimas promociones. Y aquello de “en tiempo real”, ilustra –por un lado– la actualidad del corpus de nuestro trabajo (poetas que escriben su obra desde los años 80 al presente) y, por otro lado, la difusión ascendente y no menos merecida que va teniendo en la web dicha poesía (por ello lo de “que fuera secreto mejor guardado del Caribe”). Esto, para no remarcar que una fuente de consulta fundamental –y ya ineludible para cualquier estudioso– ha sido precisamente la Internet. Nos interesa, por lo tanto, lo inédito o escasamente divulgado tanto dentro o fuera de la isla; es decir, nos guía un concepto amplio de la dominicanidad. Tal como lo elabora Néstor E. Rodríguez en “La patria portátil”:

“La producción cultural de la diáspora ofrece una salida audaz al sempiterno debate sobre la dominicanidad al abrir las puertas a la posibilidad de un comienzo sin antecedentes a la hora de teorizar lo dominicano, un comienzo en el cual la geografía deja de ser la marca definitoria de la nacionalidad” (2006a)

Para nadie es un secreto que, en “postmoderna arritmia”[2], la poesía dominicana culta del siglo XX ha marchado un tanto a la zaga de la de sus pares del continente. Esto sin duda se debe a su aislamiento geográfico, pero más que nada a su atávica historia de autoritarismo político[3]; de modo paradigmático, a la dictadura –y consecuente censura político-cultural—que con Leonidas Trujillo le tocó en suerte. Por lo tanto, una vez acabado este régimen de facto (1961) y paralelamente a otros dos acontecimientos trascendentales para la isla[4] –el derrocamiento del gobierno del profesor Juan Boch (1963) y la Revolución de Abril (1965)– de alguna forma correspondió a la denominada “Joven Poesía Dominicana”: “redimensionar el antes y el después en el quehacer poético del país”, tal como leemos en la entrevista que le hicieran a José Molinaza (61). Desde luego, reconocido por todos esta suerte de bisagra histórico-cultural que constituyó la generación del 60[5], ya es también un lugar común advertir que este supuesto sunami estético en la poesía de la isla distó mucho de distanciarse de un mero, y extemporáneo, realismo socialista. Por lo demás, arte que –bajo la gravitación ideológica de la revolución cubana y, luego, inspirado por la lucha de otros países centroamericanos contra el imperialismo yanqui– fue por la época, con algunos matices, predominante en todo el continente. Por lo tanto, estética que en el caso específico de la República Dominicana y bajo su adscripción al compromiso: “rechazó paladinamente los influjos de la Poesía Sorprendida. El paradigma será Pedro Mir y algunos poetas del 48 […] Este entronque de poetas y escritores del 48, del 60 y de la postguerra [aunque este es otro tema] monopoliza prácticamente la vida cultural del país” (Núñez 153-179). Y además copó, de modo orgánico, la instancia oficial quizá más importante del quehacer cultural nacional, nos referimos a la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD); fenómeno que, en palabras de Diógenes Céspedes, podríamos sintetizar como sigue:

“El gobierno de la Facultad de Humanidades desde 1966 hasta hoy [1994], ha sido un juego político de alianzas entre dos fuerzas que se han alternado la hegemonía en la UASD: el PRD y la falsa izquierda, como la definió Jiménez Grullón […] El marxismo vulgar y la teoría de la dependencia han sido la apoyatura de esta concepción instrumental de la literatura en la UASD y en el resto del país” (1994: 238)

Ponemos de relieve esta gestión político-cultural de la UASD porque es precisamente en su seno donde, a fines de los setenta, va a acogerse el Taller Literario César Vallejo[6]; colectivo poético del que surgen las principales voces de la promoción de la década del 80 y de lo que se denomina “poesía del pensar”, hito desde el cual hemos de empezar el presente estudio. Los otros hitos poéticos, nítidos o delimitables, que figuran en “El secreto mejor guardado del caribe”, los constituyen desarrollos posteriores: poetas que cultivan una poesía “neo-testimonial” –desde mediados de los años 90 hasta el presente—y que aquí motejamos como el de los clasemedieros “Muchachos del barrio de Gazcue para el mundo”; hasta los recientísimos y auto denominados “poetas erranticistas” que ahora mismo están en sus veinte años y que, junto a otros grupos, van –tal juglares redivivos de muy precaria economía – tomando nuevamente la plaza pública. A cada uno de estos grupos, pues, corresponde un capítulo concreto donde pondremos a prueba nuestras hipótesis, analizando aquello pertinente a sus perfiles estéticos e ideológicos; aunque sin descuidar la confitura verbal que nos ha hecho elegirlos. Confitura asimismo que, en algunos casos más que en otros, paladearemos de modo algo más demorado o selectivo; es decir, en las breves viñetas que dedicamos a la mayoría de estos autores por separado.

Algunos achacarán por ahí en la isla, con aparente benevolencia, que cómo es esto de incluir gente tan joven y con apenas textos (hacen también performances); nosotros aceptamos que, por obvias razones, la inclusión de este último grupo es quizá la parte más tentativa de nuestro trabajo. Pero retrucaríamos valiéndonos de un no menos provocador e-mail de Glaem Parls, lider de los poetas “Erranticistas”: “Ellos tienen miedo… porque ven a los vivos pasar ante sus ojos…”. Que, en otros términos, es una manera muy lúcida de sugerirnos optar siempre en la literatura por un gesto de estilo –siempre al filo del reglamento– antes que por alguno de moda ya con docenas de ejemplos.

Asi como el Taller Literario César Vallejo ya no es desde hace tiempo, ni mucho menos, un referente exclusivo respecto a la poesía que se escribe hoy en día en la República Dominicana; vamos comprobando que tampoco lo son, únicamente, los que aquí hemos denominado como “muchachos del barrio de Gazcue para el mundo”. Es decir, respecto a la poesía culta de este país, en los últimos treinta años el desborde estético e ideológico que llevan a cabo los distintos sectores sociales es muy dinámico. Sin embargo, pensamos que lo que fundamentalmente congrega a los nuevos poetas desde los años 90 al presente es el neo-testimonio. Tal como decíamos en otro lugar: “no se trata ya de denunciar la realidad, tal como lo hacían los poetas del 70, sino de desnudar todo aquello como ficción que sostiene un poder no menos arbitrario” (Granados 2007); es por esta razón que esta nueva poesía no responde con lo articulado de un discurso –tal como lo hacían también los del 70–, sino con lo desarticulado de sus propuestas. Con esto, se niegan a repetir las reglas de la racionalidad política vigente; rechazan asimilarse o naturalizarse; en suma, no hacen ya más el juego al poder. Y, sobre todo, a través de esto se revela que en la República Dominicana se está alcanzando quizá por primera vez, y de un modo algo más sistemático, cierta independencia del poeta frente al Estado.

Si, tal como dice Alexis Gómez-Rosa en nuestra entrevista, la poesía dominicana ha crecido distanciada de lo que ocurre en otras partes del ámbito hispánico; hoy por hoy, al menos entre los poetas neo-testimoniales, esto pareciera ya no ser cierto. Cosmopolitas y en sus treintas, con la mayor parte residiendo fuera de la isla, representan –a nivel poético– algo así como los beneficiados de la globalización y de los tratados de libre comercio. No así los poetas erranticistas que constituirían [7], siguiendo este paralelo, como los afectados internos de aquellos mismos pactos comerciales. En este sentido, pues, neo-testimoniales y erranticistas son distintos y, al mismo tiempo, complementarios; unos allá y otros acá tienen en común la crítica ácida, el humor, el inteligente desmontaje semiótico de lo que les ha tocado vivir.

En suma, de las pocas cosas de las que estamos convencidos es que donde existe pluralidad existe también libertad; y, en este sentido, como fácilmente iremos coligiendo, la actual poesía de la República Dominicana exhibe fascinante heterogeneidad e interés envidiables en todo el ámbito hispano.

Notas

1 Alexis Gómez-Rosa (Santo Domingo, 1950), entre1973 (Oficio de post-muerte) y 2005 (La guerra de los mamíferos), lleva ya publicados diez poemarios. A un tiempo local y cosmopolita, su obra poética se considera notable, por unanimidad, dentro y fuera de su propia patria. Asimismo, es un referente imprescindible para hablar sobre poesía, la de aquí y la de acullá, por su comprobado ejercicio de la crítica disperso en ensayos, artículos periodísticos y ya numerosas entrevistas. En el espectro de las poéticas que en este mismo comienzo de milenio, a manera de hojaldres, conviven en la República Dominicana (“poesía del pensar”, del espectáculo, del “das Ding”, del neo-testimonio o del performance), quizá lo más apropiado en su caso sería hacerle corresponder la del espectáculo; aquella capacidad, tan suya, de apropiarse de todo y de experimentar exitosamente con todo eso (haiku, “británico modo”, poesía concreta, etc.) que le perdonamos, y no menos nos encandilamos, incluso a expensas de saber que son los atributos de un consumado actor. La poesía dominicana: “el secreto mejor guardado del caribe”, es el título de una reciente entrevista que le hiciéramos para la revista electrónica Omnibus [http://www.omnibus.com/n10/alexis.html].

2 Frase muy afortunada del crítico Fernando Cabrera con la cual , de modo dinámico y diléctico, sintetiza algo que también rubricaríamos: “Si bien en nuestro lar, ni el neoclacisismo, ni el  romanticismo, ni el modernismo, ni las vanguardias, florecieron a la par que en tierras continentales, tampoco ninguna de sus posibilidades ha desaparecido totalmente” (2004).

3 Historia que, en relación con su clase ilustrada, describe de modo elocuente Federico Henríquez Gratereaux: “Es por eso que los intelectuales, los escritores, entraban al servicio del gobierno, porque al no haber un marcado desarrollo el principal empleador era el gobierno, y así los escritores quedaron supeditados a la política del gobierno, que como ustedes saben siempre fue un gobierno dictatorial: Santana, Báez, Lilís, Trujillo […] Eso impidió que se creara un respeto público alrededor del escritor […] era un hombre al servicio de un programa político, y no tenía libertad” (279) O, de modo igualmente ilustrativo, Marcio Veloz Maggiolo en 1972: “Los escritores somos una especie de faisán sagrado al que el diente del pueblo no puede acercarse; y somos, igualmente, víctimas de una burguesía, que nacida de la noche a la mañana, no tiene conciencia de lo que vale el arte” (11-12) [citado en Rodriguez Guglielmoni76-77].

4 Para no referirnos, asimismo, al convulsionado contexto internacional muy bien descrito por el poeta, ensayista y educador, José Molinaza (1951-2005), en reciente entrevista póstuma: “La revolución cubana, la caída del régimen dictatorial de Trujillo, la rápida transformación de la música popular a través de los Beatles, el existencialismo, el naturalismo, el nihilismo, el comunismo, el socialismo, la aparición de la mini falda oficializada por la primera dama estadounidense. La guerra de Vietnam, el movimiento de los hippies, el Concilio Vaticano II, el suicidio de Marilyn Monroe, la teoría de la liberación, los movimientos carismáticos, las guerrillas, la muerte de Che Guevara en Bolivia, la muerte del coronel Caamaño tras su desembarco por la playa Caracoles, 12 años de cuasi dictadura de Joaquín Balaguer en nuestro país, la Revolución nicaragüense, la guerra fría a nivel general, la lucha por la independencia de Puerto Rico, el primer viaje del hombre a la luna, la caída del gobierno de Salvador Allende, el surgimiento de movimientos emergentes, el feminismo, son algunos de los matices que caracterizan a una época cargada de un sin número de transformaciones” (61)

5 Del 65, la denomina Alberto Baeza Flores, en honor a que es un año: “de una polarización , de una cristalización del sentimiento nacional dominicano, a raíz de la intervención extranjera de abril de ese año” (154); cuya visualización plena, según este mismo crítico, se produce: “con motivo de la tesis de grado académico de Herniquillo Sánchez: La poesía bisoña (Poesía dominicana 1960-1975). Reseña y antología [en octubre de 1974 y con Juan Boch como profesor consejero]” (158). Y en donde, conectado a lo que se acentuará después, ya se puede hablar con propiedad de un grupo consistente de mujeres poetas [Jeannette Millar, Soledad Alvarez, Rally Rodríguez, Josefina de la Cruz, Sabrina Román, Taiana Mora Ramis, Chiqui Viciosos, Carmen Imbert, Carmen Sánchez, Dulce Ureña y Myriam Ventura]” (161). Asimismo, mujeres poetas herederas, entre otras, de Aída Cartagena Portalatín (formó parte de La Poesía Sorprendida y Generación del 48) que, a semejanza de lo que ocurrió con los poetas varones que formaron parte de esos mismos grupos: “crearon una poesía de una naturaleza velada y hermética y esto fue así, en parte, porque su obra se creaba dentro de la atmósfera opresiva de las décadas de los años cuarenta y cincuenta” (Rodríguez Guglielmoni 65). Y década, por último, donde si bien no se publicó un libro de temática abiertamente homosexual quedaba un recuerdo muy vivo de él; nos referimos a la discretísima edición (apenas 30 ejemplares) de Biel, el marino (1943) de Pedro René Contín Aybar (1907-1981), que fuera reeditado en 1982, y que Andrés L. Mateo reseña del modo siguiente: “todavía en los años sesenta duraba el resplandor del escándalo asordinado que levantó […] lo cierto es que Pedro René Contín Aybar [De 1945 a 1958: Director de la Biblioteca Nacional, del Teatro Escuela de la Secretaría de Relaciones Exteriores y subdirector de la Voz Dominicana] arrojó una provocación histórica sobre la sociedad dominicana de entonces, que no estaba preparada para asimilar la ruda franqueza desnuda del amor homosexual” (2004: 21).

6 Poeta gravitante en aquella época, junto con Walt Whitman, pero creemos algo menos que el considerado también por esos años “El huracán Neruda” (Matos 207).

7 “¿En qué consiste el movimiento Erranticista?

El movimiento Erranticista es un movimiento de jóvenes artistas que se desenvuelven en diferentes áreas de las artes, como la pintura, el teatro, la literatura, el cine, entre otras.

¿Cómo empezó?

Comenzó como un grupo de amigos de diferentes barrios que nos reuníamos en la Zona Colonial y

compartíamos pintura y poesía.

¿Cualquier persona interesada puede pertenecer a este movimiento?

Es un movimiento libre. No tiene ningún requisito para que alguien sea miembro, solo el deseo de hacer arte y que no sea para uno solo. El objetivo fundamental es llevar las artes a otro nivel, no a un nivel de clases, sino que sea asequible para todos” (In-Zona 2007)

Datos vitales

Pedro Granados, Lima, Perú, 1955. Ph.D (Hispanic Language and Literatures) por Boston University. Ha publicado Poéticas y utopías en la poesía de César Vallejo (2004) y Poesía dominicana en tiempo real: El que fuera secreto mejor guardado del Caribe (2009) [http://blog.pucp.edu.pe/item/57890]. Poemarios: Sin motivo aparente (1978), Juego de manos (1984), Vía expresa (1986), El muro de las memorias (1989), El fuego que no es el sol (1993), El corazón y la escritura (1996), Lo penúltimo (1998), Desde el más allá (2002), Soledad impura (2009),  Al filo del reglamento [www.miradamalva.com/biblioteca/biblioteca.html]. Novelas: Prepucio carmesí (New Jersey: Ediciones Nuevo Espacio, 2000), Un chin de amor. (Lima: San Marcos, 2005) y En tiempo real (Lima: PYTX/ Mar con Soroche, 2007). Parte de su obra ha sido traducida al inglés y al portugués. Ha leído su poesía en: Festival Internacional de Poesía en Medellín, Casa de América en Madrid, Cornell University, Boston University, Universidad de Puerto Rico, Municipio de Montevideo, etc. El 2008 fue jurado de la I Bienal Internacional de Poesía Copé (Petroperú).

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