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CÍRCULO DE POESÍA

 

Foja de poesía No. 071: Josué Vega López

12 Sep 2009

Josué Vega López

 Josué Vega López (Ciudad de México, 1976) es poeta, ensayista y editor.  A continuación el lector encontrará poemas de distintos libros y varios inéditos.

 

 

 

 

de Cuerpo en añicos (Tierra Adentro, 2000)

 

 

 algunas coordenadas

 

sudor

neurosis crónica

flores intravenosas

el asombro y la boca llenos de saliva

los ojos como sparrings

recibiendo un puño

a dentelladas

historias de aire

espuma por los oídos

los grandes imbéciles de siempre

santos

demonios

la fe ciega del gusano depositada bajo tierra

paletadas de muerte sobre los cuerpos

paletadas de interrogaciones sobre la página

gorros de dormir

nenas inflables

 

:

algunas coordenadas para llegar hasta aquí

 

 

 

 

valeria

 

día de fiesta

en que las risas van apagadas

 

la música se congestiona

en las aburridas

piernas bailadoras

( algunos mueven el bote indiscriminadamente )

y es el aire

una invitación

al fracaso

 

las luces iluminan la pista

en la que una manada

de leones hambrientos

olfatean el culo de las hembras

y fuman un cigarro

 

muestran sus dientes

en una lúcida ocurrencia

mientras desanudan

sus corbatas

 

( los ojos ávidos

o los menos experimentados

buscan torpemente más allá de la bragueta )

 

en las sillas estamos los perdedores

los mirones empedernidos

siguiendo el vaivén de las grupas

la ronca celebración del instinto

 

y el corazón abrumado

:

 

ahí en medio

valeria

la bomba prodigiosa

la loca del enramado

frugal promesa del deseo

poniendo el nombre a la noche

una gota derramando sus muslos

 

y yo tan miedoso

tan estúpidamente tieso

para decirle de qué está hecha

para enseñarle sus olores

y trepar su mirada encendida

 

valeria la insondable

la madeja

de colores encrespados

la profunda hija de la macana

moviendo la noche

llevándosela a la cama

con todo y los leones

del día de fiesta

y los perdedores

–y yo con ellos–

a derrumbar el silencio

a avasallar el clítoris

en una penetración multitudinaria

 

 

 

 

de Balbuceo (inédito)

 

 

luciérnagas

 

puntos suspensivos

en el largo aliento

de la noche

 

 

 

 

alcantarilla

 

leyendas urbanas hablan de un caimán en los drenajes de nueva york

la gran manzana y sus gusanos de sangre fría

la carne pudriéndose por dentro

                                                        en la piel una lágrima de cocodrilo

 

:

 

postal en que la luz gime     gran lagartija enlatada

 

 

 

 

telegrama

 

in memoriam josé carlos becerra

 

escucha   punto   también yo he muerto un poco   punto   el sol tiene una sombra menos   punto   un brindis por Brindisi   punto   por la carretera que, espero, sienta algún remordimiento   punto   italia también asesina poetas   punto   me recuerdo de unas líneas de valerio magrelli que sabe muy bien lo que pasó contigo   dos puntos

 

Mientras regreso en el coche

se aleja de mí que lo sigo

mirando al meter reversa.

Miramos en la misma dirección,

él de frente,

yo succionado hacia atrás.

¿Pero quién va hacia delante,

tú que vas sin verme, o yo

que me retiro sin dejar de mirarte?

Oh, muerte que no mueres, mi vida

es mi licencia y mi electrólisis.

 

fin de la cita     punto     uno se orilla para a orinar al borde de la carretera     punto     la poesía desorbitó tus ojos     punto     ¿ya ves?     punto     siempre lo he dicho     punto     es una necedad escribir mientras se maneja     punto

 

 

 

 

degüello

 

empañados los ojos hechos

para dejar de ver

Ricardo Reis

 

tender una línea

o una llamarada de línea

aguijón     enjambre o pezuña de líneas

 

abrir la definición y el tacto de la línea

 

que su distancia más corta entre dos puntos

cubra una pierna que se adelanta a la otra

 

línea fluir     y resaca de línea    

trayecto     arteria del día

 

dejar caer la línea sobre los muebles como una sábana

línea polvo     línea jaguar  en el brazo del sillón

línea rictus

recta línea en la pesadilla

donde una escalera se despliega

 

lanzar la línea de la tarde al otro lado de la línea

en un puño la greña de la noche erizada por la nuca

el miedo vuelto la espalda del miedo

 

cerrar los ojos

para ver el cuello de la luz

degollado por la línea

 

 

 

 

sueño

 

Eres negro. Tu pelo rechina en la fricción de la carrera; luciérnagas rojizas te resbalan como sudor. Tu respiración se mueve, transita de un músculo a la crin, de la grupa al cráneo y así sucesivamente.

Hoy puedo sentir el pavor, escándalo de la espina dorsal, el vidrio estrellado del

[sobresalto.

Tu enfermedad es progresiva, se espesa con las horas, te hierve en la prisa.

¿A qué recintos te niegas a entrar?

¿Qué pastos prefieres fermentar con tu paso de agua?

¿De qué puertas te escondes?

¿Por qué escogiste ser pesadilla recurrente, tambor en la sien?

¿Por qué la noche, el dardo acechante en la selva espesa?

¿Nunca te has quebrado el sueño para lamer la inmovilidad de tu jinete?

 

Hoy puedo ver la cicatriz que la luna le ha abierto a la noche.

 

Luz para tu cuello en tensión. Así sangras también un aceite vibrante como 

           [nervio.

 

Zarpas en el sueño:

Velocidad opaca, ultrasonido, electrocardiograma de la velocidad.

Derrumbe de ojos.

 

Sólo una rendija pide tu velocidad.

 

¿Acaso no amas tu velocidad?

¿Acaso no sabes mirar las nubes?

 

Sólo esta rendija pide tu velocidad.

 

 

 

 

de kamikaze (inédito)

 

 

kamikaze

 

como una gran hoja de afeitar

la luna

nos degüella la noche

 

 

 

 

hara kiri I

 

Basho el samurai entra a escena. Está agazapado afuera de la biblioteca pública municipal. La noche se corta los dedos en el sable con que el guerrero viola la cerradura (la luz hace un guiño). Entra. Los libros forman una espesa nata en la oscuridad. Con pasos ágiles, Basho se dirige al estante de la literatura universal. Saca el arma de la funda y comienza a partir los libros por la mitad.

De sus labios se descuelgan otros filos diminutos: “¡demasiadas palabras, demasiadas palabras!”.

En el colmo de la fiebre recita haikús de extremidades entrecortadas.

¿Para qué sirve la maleza en un paisaje árido, seco?

El arte breve. Lo absolutamente indispensable. No más. Nunca el juego del rodeo, el tropiezo.

El corazón es una síntesis, no los brazos, la nuca, el muslo apretado; la angustia del todo y sus partes.

La misión suicida se detiene: no ha quedado ningún libro.

 

En las letras dislocadas se lee, sin embargo, otra literatura.

He aquí que en el terrorismo poético está la clave, el siguiente paso evolutivo. Las prácticas caníbales, homicidas, piratas, ladronas, son las preguntas que machacaba Basho antes del Hara Kiri que cierra el episodio:

 

Filo de sable:

La angustia, en mi poesía,

hondo se encaja.

 

 

 

 

hara kiri II

 

Postal japonesa:

 

El tren bala apunta directamente a la cabeza.

Clava sus pezuñas en el metal que le ha oxidado la entraña al asfalto.

Repara. Bufa. Llegado el momento, lanza cuerpo y furia

al blanco móvil que lo espera en la siguiente estación.

Por la ventana de un edificio, un niño cierra la libreta y contempla a la bestia embestir el aire espeso del Japón.

Imagina sus brazos conteniendo del pescuezo aquella potencia desquiciada.

Sudar su agitación insomne junto a ese motor,

partirle la yugular en un tajo samurai.

Pero el gusano montado en su vía es demasiado veloz

y el pequeño de ojos rasgados

sólo tiene tiempo de sentir el impacto a medio cráneo.

 

Un tren a los once años es siempre   demasiado.

 

 

 

 

hara kiri III

 

Un manga abre las piernas. Una vena le palpita entre los labios húmedos. El deseo, un diálogo al revés que acaricia su cuerpo: trazos temblando, pezones despiertos al tacto. La noche es una lámpara de gas que se rompe.

Es entonces cuando el olfato desenfunda su sable, penetra las páginas más oscuras en una lluvia de tonos grisáceos, de sudores brillantes.

Unas ganas terribles de consumar el acto.

Sentir el filo de la página en blanco soltar amarras para venir a enredarse en mi cuello. Ahora voy a colgarme en esa cuerda de luz, bragueta que degüella las ganas como frutos maduros que tendrían que caer del árbol.

Hara kiri.

 

 

 

 

de traiciones (inédito)

 

 

isla

 

a raúl garduño

 

soportas la noche como una isla en el sueño. sustancia de la isla. rendija. sueño en la sustancia. un brazo en la isla. una nuca. luna enterrada en la isla. no reflejo. o imagen. la luna literal. isla abstracta. las calles y venas y roturas de tus ojos. los bigotes de la isla. la noche desdoblándose como la piel de las cucharas. tintinear de senos. noche puntiaguda. luna recortada. el triángulo de la luna. tus piernas son el vapor recurrente en el aliento de la isla. tintinear de rodillas nuevamente. cucharas de labios. sueño en el sueño. sueño contra mi sueño. la marea contra mi sueño. rebotas. partes el sueño y lo mojas con la insistencia del verso. una isla es un verso. insiste el verso en ser tu curvatura de línea. de isla hirviendo en la burbuja del sueño.

 

 

 

 

quinta

 

a dante

 

imagen de poca suerte   vidrio estacionado lejos de la bruma   de la costura del aire   del fango   lodo renegrido   como gritar de su espíritu bizarro   Sin olas   Turbulencia detenida   En la sombra del marasmo un diente se hinca y se arrepiente de la carie   Lleva a cuestas una culpa amarillenta sobre la amplitud de la mordida   Profundo   Ir profundo   Hasta el fondo   el cerebelo   la cubeta   un tornillo al engranaje de la fiebre   Aprieto los ojos   esta góndola no es más un dolor de muelas flotando en el texto sino un gramo de círculo   centímetro   canto entre cuatro tropos como paredes   muros tiesos   al fondo de la música

 

 

 

 

novena

 

a bernard nöel

 

hay noche entre los dientes del día   cascadas de trozos   la tierra es una palabra arrojada al mar   no es brote de la lluvia   no crece como pulmón   la luz es el aire de las cosas   ramas que azotan la ventana   el humo de un cigarro sube   los ojos son el silencio   la articulación del sueño   el codo flexionado como una mentada de muertos   mentada de aire   “chinga tu aliento”

el día mastica sus muertos   aves   árboles   calles

anochece en el ojo

 

 

 

 

décimo octava

 

a jorge arturo ojeda

 

la noche es un verso endecasílabo

ronco esdrújulo olor de lo imperfecto

no hay voz o pulso que oculte su efecto

de potencia espesa     máquina     o clavo

 

en la frente     el centro exacto del verso

en lo oscuro la claridad del sueño

vuela en su luciérnaga lo pequeño

y el ojo es el reflejo de ese anverso

 

la medida quebrada en una boca

como si un aeroplano     una rotura

en la mirada     en la piel de la roca

 

que en este sueño es piel de la locura

cayera en esta imagen que se toca

se masturba el tropo     el sexo     la altura

 

 

Datos vitales

Josué Vega López (México, DF, 1976) tiene publicada la plaquette Hotel de Paso (Tintanueva, 1999) y el libro de poesía Cuerpo en Añicos (Tierra Adentro, 2000). Ha sido antologado en Poetas de Tierra Adentro; Un orbe más ancho, 40 poetas jóvenes (Punto de partida, UNAM), El anuario de poesía 2005 (Fondo de Cultura Económica) y Dime algo para romper este silencio -celebración por Raymond Carver- (Lectorum), entre otras. Ha sido secretario técnico de Ad Hoc, Ingeniería Cultural, despacho del escritor Guillermo Samperio; co editor de la sección cultural del periódico El Universal; subdirector editorial de las revistas Ganar Salud y ARegional.com; y actualmente es director editorial de Oz Magazine. Tiene inéditos los libros de poesía Balbuceo, Kamikaze y Traiciones.

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  • Crist

    Gracias por compartirme tu espacio, otro día sigo, me gusta muchoo!!
    Saludosss

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