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CÍRCULO DE POESÍA

 

Foja de poesía No. 080: Maurizio Medo

02 Oct 2009

Mauricio Medo

Maurizio Medo (Lima, 1965) es autor de libros como Contemplación a través de los espejos, Caos de Corazones, entre otros. Leído por Javier Sologuren, Raúl Zurita, Enrique Verástegui, José Antonio Mazzotti y Róger Santiváñez, quienes coinciden en señalarlo como una de las voces más originales dentro de la poesía latinoamericana actual.

BREVE ANTOLOGÍA SÚBITA

I

Una seña

(Reescritura de El gato negro, de Paco Benavides)
 
 
 
 
 en mitad de la noche/la gente aborda vehículos
también yo camino hacia otro lugar
el poema no se puede terminar tus ojos
siguen (a) saltando en la página/mañana es jueves bebo
un poco de cerveza
te gustan los gatos negros y los niños
tus ojos son pardos y hermosos/hermosos
me gustan tus ojos pardos/tan pardos como la luna

Paco Benavides

por desuso    la poesía vieja ya   rima con tedio y
 reverbera bien con las astillas de castilla y aragón y
 con todo donde las jóvenes enrojezcan de pudor
une femme ayant sa raison/un chat passant parmi les livres

-mis amigas no leen estas cosas – confesaste y estalló
una precuela azas en sordidez   (desde el cheque
debió llegar ayer hasta el crimen de hoy
  cuando el café…)
pero son tan nuestro pan
sería traficar con el erario
tampoco lo utópico es un tópico ideal 
ni lo agraz

escribo mi descentro/y literal su devenir
 entre mi espejo y toda tradición de ésta
hace mucho levé ya  -no, no me gusta viajar   
salvo adonde vaya el viento/ coup de hasard
neruda hacia rangoon, vallejo en parís,
paz por ceilán son periplos obligados
en el mega tour cultural

la poesía en otra parte – escribió lowry 
en la boca del volcán       mi exilio es interior       
– ¿no irás al bar?
úlcera péptica es un trastorno esdrújulo
y sin embargo arde
además con tanto turco cocinando kebap
suvenires de catacaos y cumaná
sílfides sífilis símiles silos sinalefas
el kraken y las gárgolas/ lestrigones
¿dónde está el ande?

yo no sé si las jóvenes podrían conmover
                               una asíndeton aquí
un circunloquio allá
y algo que afecte el equilibrio vascular
-¿benedetti, tal vez? – pregunto

y tú a mí en qué estrato de conciencia
                para perpetrar mi desliz
era el jardín, y tus ojos/hermosos tus ojos
pescaron un geranio
(rojo y marginal)
usurpándole arisco los espacios al jazmín
-exactamente ahí- dije y reíste 

                           con esto del estrés se cree  poco
la única cárcel está en la convicción- pensé
y como con la necesidad epifánica de un dios, nos fue mal y
peor aún, con el opio de marx/ ser demiurgos genera ansiedad tal         
                                  halazepan omnalio serendane
en lugar de ser un mantra vibran revolantes/
      del velador hacia la realidad

dionisio crucificado – escribió frederic y fue…
salgari en turín, poco después  
los profetas una sola vez por la cicuta
ya nadie los escucha

y a mí ¿quién?
los dragones extasiados de xian jue

¿pero quién habla hoy a los dragones
sin problematizar la fe?   

vallejo no creía en la lluvia de ese jueves y
 ahora llueve ¿ves?
no es jueves todavía y tus ojos
refulgen huraños como la noche   el poema
no se puede terminar tus ojos
siguen (a) saltando en la página 

¿mañana lloverá? dije con el estrés ya nadie cree
en la poesía        y a ti te gusta
mirarme tan así, profusamente
aún cuando acá la crisis  dice  bolsa en lugar de flor
esterlicia esterlina o esternocleidomastoideo
son palabras que se traban como un clavo
en tu boca cholita y tropical 

y tus ojos, aquí    huraños  como deneb y alderabán
van por la noche y tan hermosos
tus ojos
en otra parte, dijo lowry          
exactamente ahí
los dragones de xian jue
halazepan omnalio serendane
vallejo no creía y
tan tan breve la vida
cuando el café 
y tú

maurizio medo

 

 

 

Ni siquiera es tuyo

 

Sólo te alumbra el silencio

entre palabras cenizas poblando negros pasadizos
& las paredes sangran como un sueño al despertar.

No eres tú quien lo sueña.

 

Otro lame los dolorosos contornos de su herida.

Ni siquiera es tuyo ese silencio

 

 

 

Influenza

 

Pues él sabía que esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas

Albert Camus

 

 

 

1

basta de trepar a los aviones que emprenden vuelo en la deshora

basta de caer desde tu beso sobre los tremos de su honda turbulencia

basta de deshablar en trances celulares alelado ante mi ruido

basta enjundia de súbitas querellas por quítame estas pajas

basta de volver a marcar poseso digital tu código de acceso

basta de flyers posts emails…

basta de fingirse natural, meditando la vida conyugal en una jaula

basta de ver por ahí al poema y susurrarle albur-azar por serendipia pura

arribo del transtierro- libre de alquilarme abyecto ganapán por unos óbolos

judas de mi cristo ábrome paso por el psicosocial temiendo sorprender
en mi lugar a un doppeldanger -inquilino de mi tálamo -cortesano de ti

temo también que mis hábitos hayan olvidado fobias y adicciones

que mi ausencia del poema me constriña pájaro en jaula apenas
con albur-azar en la garganta

temo que al verme el perro ladre no a mí sino a esa ausencia

ábrome paso:

cincuentonas con máscaras antigases otras, cholas, esputan el pañuelo

por el altavoces canta el locutor:

384, 485, 586,687…
y
rueda la bolilla de la súper A(H1N1)

nuestro guión: toser y toser a pura cepa y sin vacuna infestando
cerdos pollos reses (los diarios nos dirán cómo a los peces)
ilusionados con el rol de extras en algún report de la CNN

arribo del transtierro /desde otra órbita /fuera de mí/ y lo único ahora es
el pavor por tener que descifrar las claves de mi propia partitura
en ella mi amor exponencial y cárdeno

la tierna parva de achiperres acechando el manzano

& la bravura de mi perro apiojada

por ello, señor- dije al chofer- sí, probablemente esta gripe sea
una puta manipulación química
con qué distraer la veleidad musulmana
pero en mí la única aflicción que quepa ahora es dar la talla

y cuando llegué el viejo medo bramó:
¡aquí mi judas¡

mientras reías (y reías)

pavana

 

 

 

2

 

de nariz a encender la obscura luz de su secreto lupercal

va el zafio cabrón mientras estornudan
796 víctimas de A(H1N1)

                                             -¿tío qué cosa es mu-sul-mán

¡1000¡  otra vez oye la voz del chofer “puta manipulación”
vibrando en la escarcha que hiela rúbea en su piel
pero ni el frío y su vapor neumonal – mientras en la radio
la A(H1N1) como un hit musical

va de nariz

volver implica para él, recomenzar
ya no como un diligente ganapán
sino, más bien, como ingente hacedor
donde sólo ácaros y dentritas de polvo
fuera de toda descripción
objetivista y neutral

va sólo como un modo de comprender la realidad
con todos sus yoes y túes tosiéndole en la espalda

¿dónde me estoy mi amor?

vas de nariz al lupercal desde el transtierro
cuando ya son 1001 víctimas
                                    y la A(H1N1)
vibra alf layla wa-layla
con la voz de scheherazada
(o mejor como una “puta manipulación”
con qué dar cebo al cameramen)

no me corro yo, cabrón
(medo es otra “puta manipulación”)
para poder hablar
de cómo escarcha el ande

(lejos de la voz del locutor,
sin rating)

 

 

 

3

pero de que he vuelto no quepan dudas: ve el beso
                                 rabiar en los labios de mi amor
el resto es una “puta manipulación”
 la voz del fercho me hace escribir aún contra mí

y vuelto ¿eh? es decir al principio – wu-wei
hasta calzar en el poema, ya exangüe, glosolálico
                                               y por serendipia pura

aún dudo si escribir contra mí constituya una praxis política
                                    o una estrategia musical
pero funciona, en cuanto nombra la realidad
                                              con nuevos sustantivos
                                     trovar clus

he vuelto de ver face to face lo que de ayer más temía:
                             otra “puta manipulación”:

la rutina: sus días repitiéndose pesados como los pasos de un waltz

de comprender que ayer es sólo otra más:
                           la de la idealización banal de lo que ya…
           (la cual convierte vida en un sema bisilábico, efímero y brutal)
 
¿qué comprendería el fercho por “puta manipulación”, eh?
tampoco lo sé.
fue proverbial.

hay algo sabio en la oralidad, algo que, es cierto, se tizna
con las nuevas posibilidades de escritura y subjetividad
(chats, MUDs, posts, flames, spams)
todas con ese matiz tan verne, que habría, y sólo
por un momento, considerar  toda voz
como la nota de un pentagrama panfónico,
y ya no escribir,
                                     sólo callar
escuchando toda esa bulla atroz como a un poema.

sobre esto nada dice el locutor.

¡ gripe pituca¡- exclamó al ver la bolilla de la H1N1 rodando
por la casilla 2008, casi a tiro de año,
siempre tan cool, tan tamiflu , tan made in isla caribeña,
                                               que implicaba un status

nunca he visto
– escribió aurora bravo- en nueva york, suiza o ámsterdam
                                     que la gente se muera por el friaje,
                             aunque los inviernos registren temperaturas más bajas

hay una semejanza liminal entre helar el pulmón
                                     a -18 grados centígrados
y escribir poesía
           
            aunque esta sea cascajo para el orden social,

                                                             una utopía.

 

 

 

Tacet

 

el silencio es solamente el abandono de la intención de oír

John Cage

 

 

para qué partituras             el becuadro de bulla liga  grito  y grito        pausa

                                                          64 semifusas   mientras la zzzzz fricativa

                                                                       de una mosca zumba en el prana
 
meditaciones cartujas mantras bengalíes   

                                                         y todo lo que se emprenda contra el ruido

       cedámosle la voz desaprehensivos hasta que hoce convulso

                                                                                                      [en el sentido

                eso hizo el viejo cage 4’33’’ tacet tacet tacet            en lo absoluto

                                                                                                  [pretendo poblar

  con blancos lo ya blanco                                                     preclaras cofradías

                                                                                                    [de sopranos

 
                  o anteceder al eco, primigenio                                     (ni sé  

bien                                                                                 cómo caí de cara aquí)

                          salvo para situar el sonido temblorero de un  motor – ford 93

                                                 como un grafema  antepuesto a la palabra sor

                  el sonido de un motor de 250 HP ante ninguna garita de control y

                                                    contrapuesto a violín salvo, decía, para tildar

                                        mística con el disparo de una colt y tronar los dedos

                                                                            apurando toda vibración tacet

tacet tacet tacet tacet tacet tacet tacet tacet tacet tacet tacet tacet

                                                                                        [tacet tacet tacet tacet

                                                                                                  

                                                                                                  contra la muerte

 

 

II

 

Suite de la Neurosis

 

Y con el húmero y todos los huesos sepultados
qué me queda sino reír en los panteones
preguntándome si ahí lloran las piedras.

Qué me queda sino remontarme al infinito,
o morirme ciego en la cama, que entreabre
su esqueleto de púas y navajas.

Qué me queda sino la obstinación del sastre,
que sutura los pétalos de la rosa
que nadie vio jamás
(porque ninguno ve la agonía de la rosa
que siempre será de nadie)
mientras la boca mira y le suplica
que vuelva a saberse sólo rosa.

Qué me queda sino dormirme a oscuras
              presintiéndote
como una arteria
              entre mis sienes
y la almohada

 

 

 

Maia

 

Quién quiere mantras tensos en éxtasis sensible

La exégesis del agua

Unos signos en número de cuatro

Quién la mente primordial poniendo a prueba toda fe

Medir con pallares lo invicto en la conciencia

Ver almas combadas en cuerpos minerales

 

Quién quiere, pues,  el reloj hundido en los osarios

para despojarse en vida de la vida

Las polillas del Bristol exaltadas

alrededor de las estrellas

O al arboris mundi profanado con neón

 

No way

 

La noche es ascua virgen

Golpes de luna

Combustión escondida

 

Su inmácula inflexión es amatista

 

Queda lejana la extrañeza del estar

 

Hay loto en el mandala de tu corazón

 

Ohm shantih

 

 

 

Homeradas

Ítaca no existe para el agua
Hemos oído tanto
Tantas heroicas leyendas inmunes al dolor
Tanto drama clausurado tal una ceguera
en aires combustibles
Tantas noches furiosas, clavadas en cruz

Hoy todo es tábano que zumba, sordo,
en la memoria Glaucos caminos
& lascas cenizas

Ahora es lo terrestre

Quizá haya religiones de poemas límite,
cuyo dogma se adentra en lo absoluto

Pero chitón:

Una amable inscripción en la pizarra es suficiente
No hablemos de zarzas humeantes
 – producto de un dios vivo –

No hablemos de linajes, del barro convertido
ni de la mar abierta en bíblico oleaje

Esta isla aprende otros idiomas

Basta ya de dones confusos y destellos

Ya basta de homeradas.

 

 

 

Nocturno 

Las sombras se alborotan al desmirar la atrofia de la urbe,
donde no existimos en realidad.

Gira la esfera azul (oh tercero de los mundos)
reacomodando el fin en lo que acaba de culminar.

De ahí los lenguajes con rictus de terror,
de ahí las manchas de sed en plena garganta ecuatorial,
lo gris en lo gris,
de ahí que amor nos deja solos para dar cuenta de sí.

Negro trajín de muerte en el baile de las rosas.

No ves los esmaltes tornasolados de la flor,
sólo espinas contra opacos firmamentos.

De ahí también el hierro al rojo que se aproxima
un paso y, en el otro, fija fuego en el carbunclo.

Ardes en fiebres multicolores, prendida desde
los vientos de tu sueño.

Y en mitad de la noche te tiendes hacia arriba,
volátil  e intocable.

Y en mitad de la noche te tiendes hacia abajo,
calibrando el logos en luchas intestinas.

Yo callé al oír tu voz en mi canción.

Siempre vi en ti el mar
-y no al tiempo-
sonriente como el amor.

No me preguntes cómo dorar el corazón,
o cómo percibir su música dando una,
o varias veces, la vuelta.

Vamos, el cielo tiene playas dónde
quebrar esta falsa verdad.

¿Dónde sino el loco Yeats adulteró
la alegoría platónica?

¿Y Prufrock dónde quedó boquiabierto
ante la dama del columpio,
alucinante de Fragilión y Príapo?

Es la misma costa donde saltan
las aguas sopladas por Lezama,
y los rumores se desconocen del origen.

Vamos, no sabrás de otra eternidad.

 

 

 

Arcano XVII

 

 Bendito sea el año, el punto, el día,
la estación, el lugar, el mes, la hora…

 Petrarca

 

Helo  ahí.

Toma aviones que le canjean ruta a los albatros
para emigrar autista, hasta ignorar que el día
es perfecto por su culpa.

Helo aquí.

Ninguno dijo lo que especulaba, ni explicó
dónde demonios es aquí.

Tú convulsionabas en quiasmas de ansia y vacuidad.

Yo, sin oxígeno, en asfixia racional.

Es ese el amor,  es ese el amor – gorjearon
niños alineados en tropel de rondinel
y descubrí a Medo, librándome de él.

Fue perfecto.

Aedas de la gleba, cantadlo a capella:

Per-fec-to

Recuerdo que aquella vez cenaste con apetito,
espléndida vulgata de pasiones,
yo le hurtaba migas al palomar.

Picoteabas una a una, embrutecida
por un bramante fuego.

Sólo te suplicaba ser real,
cuajado de rocío,
por un minuto de verte.

Evohé, Evohé
-repetidlo aedas- 

Tú en el lagar, yo en el lagar,
sobre orujos apilados
en el lagar

no pensamos en desnudarnos.

Pero el candil alumbró mi noción de tu piel.

Descubriste que la luz vale la pena.

No culmina ni se adiciona.

Es o no es.

Hoy, como aquella vez, opípara es la sed.
Se nos fraguan las manos en una distancia estelar,
el sol se enamora de la noche, y  sonríes
mientras nos comemos los ojos
por los siglos de los siglos.
Amén.

 

 

 

III
Dolosa heredad

 

 Do not move
Let the wind speak
that is paradise.

Let the Gods forgive what I
have made
Let those I love try to forgive
what I have made.
              

              Ezra Loomis Pound

 

 

1.

 

Del conjuro de los viejos amanuenses

 heredamos estos fósiles:

  un chancho, un perro y la ballena.

   Del arca, sólo el mascarón de proa
    (y cientos de astillas del bauprés)

     Heredamos la alucinación de estar

      al pie del extramuro (ansiosos

       por volver de la locura y medir

        en cinco) los metros que perdió

         el poema en la realidad.
          Abajo, sus fantasmas (cautivos

           en escolios) no ven el esfuerzo

            de la Miss por aprender al detalle,

            en qué sala el grito bautismal, 

              a qué edad la extremaunción,

               si hubo ahí o no…

 

 

 

2

 

 Ella alucina con Vallejo

en rúbea desolación.

 

Atrás Eielson azul, Erídano

en el crepúsculo de Adán.

 

Los niños, entre cartularios y añalejos,

preguntan qué hay de poesía

entre las piezas del museo:

 

la piedra alada y un círculo de huesos

son representaciones.

 

No las cosas que debimos heredar.

 

De los viejos amanuenses, a duras penas

lecciones de poesía, aprendidas

para el examen bimestral.

 

 

3

 

Dejémosla alelada con la trama:

 

Aromas noctívagos de absenta 

revelan la imagen de una rosa

que seda en creciente encarnación

 

(música el funk improvisado del flanneur)

 

En perfecto claroscuro el piano

cimbra un tango (que rampa

inguinal por las sombras del bulín)

 

En otra altura la musa rumba

ciega ante el denuedo,

de quien escorza un pálpito

de amor contra su piel.

 

Más allá los poetas hipan

rimas contumaces

& el deseo cuaja rouge

salival en alquiler.

 

 

 

4.

“Dolosa heredad” es una impronta del capítulo final.

 

Ahora ella lee aquel de la bohemia

como un limbo infatuante

entre el véspero y un agraz amanecer.

Pero, insiste:

 

-Colónides con tilde 

 

Los niños copian coma aquí,

apóstrofe allá, mientras ríen

de bizarras fotos retocadas:

líridas en poses baladí (como si poesía

modelara entre piezas de murano,

flores muertas y tatamis)

 

Sus poemas (petos y lanzones)

como si, ya muertos,

hubieran absuelto sus histerias

para estamparse cum laude,

oh páginas de gloria.

La que fuérales negada de raíz.

 

Pero ella busca con qué hacer

soñar los pizarrones

 

(y con vanos leitmotivs para el taller)

 

 

 

5.

Ninguno tuvo la vejiga preñada por el cáncer
(apenas unos sucios algodones)

 

Ninguno exhaló humo, ya vacuo de fuego
(con el pulmón boyante de alquitrán)


Ninguno llegó a llorar por el catéter
(hasta perder la dignidad)

Ninguno mudo en el estiércol, tábanos abajo
(con los perros del báratro comiendo de su alma)

Ninguno a fierro curvo

Ninguno muerto

 

 

Datos vitales

Nació en Lima, Perú, en 1965. Ha publicado los libros de poesía: Travesía en la calle del silencio (1988); Cábalas (1989); En la edad de la memoria (1990); Contemplación a través de los espejos (1992); Caos de corazones (1996); Trance (1998); Limbo para Sofía (2003); El hábito elemental (2004);  Manicomio (2005); La trovata (2006); Contramano, en coautoría con Ernesto Carrión (2007); Sparagmos (2008). Libros de entrevista: Escribir contra la pobreza. Diálogos con Eduardo Milán. Crítica: Prólogo a LVN, el país de las tablas. Raúl Zurita. Prólogo a Porque nuestro es el exilio: Carrión, Hidalgo, Mosquera y Mussó. No nos hemos perdido. Una lectura de la obra de Raúl Zurita. Tranvía editores. Lima, 2007. Prólogo a Matria. Antonio Silva. Cuarto Propio. Prólogo a Figurado y literal. José Kozer. Prólogo a Fosa Común. Felipe Ruiz. Fuga. Antologías: Zurita, Raúl y Medo, Maurizio. La letra en que nació la pena. Muestra de poesía peruana 1970-2004. Santo Oficio, Lima, Perú, 2004. Carrión, Ernesto y Medo, Maurizio. Álbum de arena. Antología binacional de poesía. Perú- Ecuador. Con el auspicio del Consulado del Perú en Guayaquil. Guayaquil, Ecuador, 2008.

 meditaciones cartujas mantras bengalíes

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