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CÍRCULO DE POESÍA

 

Un suspenso entre lo arcaico y lo moderno

27 Nov 2009

Seamus Heaney

 En la más reciente entrega de “En línea recta”, Mijail Lamas revisa el libro Isla de las estaciones, del poeta irlandés y ganador del Premio Nobel, Seamus Heaney,  traducido al español por la poeta Pura López Colomé.

 

Seamus Heaney es uno de los poetas contemporáneos más importantes. Su personalidad ha destacado no sólo en el ámbito de la lírica, ya que como crítico y ensayista ha contribuido también a renovar la óptica sobre el papel que la poesía y el poeta juegan en las sociedades actuales, y como traductor se ha dedicado a recuperar antiguos he importantes textos de la tradición irlandesa. Su obra se ha difundido con mayor notoriedad a partir de que fuera galardonado con el Premio Nobel de Literatura en el año de 1995. En nuestro país quien se ha dado a la tarea de trasladar su poesía a nuestra lengua  ha sido la poeta Pura López Colomé y el volumen titulado Isla de las Estaciones, editado por Calamus y originalmente publicado en inglés en 1984 no podría ser la excepción.

     Isla de las Estaciones es un volumen rico en su eje temático, aunque circunscrito en su mayoría a la geografía irlandesa; está dividido en tres secciones  sustentadas en una variedad de registros muy bien definidos en cada una de ellas:

     El primer apartado, sin título, está conformado por una colección de poemas un tanto de ocasión y circunstancia que van del discurso amoroso, como en poema “El atavío”, a la postal costumbrista, bella y concisamente detallada del poema “Vida de estante”. En estos poemas en particular, la descripción de los objetos de uso cotidiano se desarrolla a partir de la relación que éstos tienen con las personas que los usan, de tal manera que no son meras descripciones de naturalezas muertas. Un ejemplo notorio es el poema “Vieja plancha”: “Con frecuencia la vi levantarla/ desde donde su cuña compacta montaba/ la parte trasera de la estufa/ como un remolque anclado.// Para saber, de oído, qué tan caliente estaba/ palmeteaba la superficie de acero/ o se la acercaba a la mejilla,/ adivinando así el peligro en potencia”. Esa capacidad de ver la maravilla en la existencia humilde de las cosas y las personas, es decir, de atisbar la epifanía, es natural en Heaney. Al referirse a su infancia en el discurso de recepción del Nobel, Heaney parece describir esta emoción que se repite en sus poemas: “una existencia íntima, física, criaturil…”. La persistencia de un paisaje rural hilvanado por medio de una voz de expresión tan contemporánea, que a lo largo de todo el libro, deja ver claramente eso que Heaney reconoce como un “suspenso entre lo arcaico y lo moderno”, eso que se desprende gracias a una constante requisa de la memoria y la regular visita a los verdes y hondos lagos de la nostalgia.

     El segundo apartado de este volumen es el que da nombre al libro y está constituido por 12 poemas que a su vez representan las 12 escalas a lo largo de la peregrinación de tres días al purgatorio de San Patricio, que se encuentra en las inmediaciones del Lago Derg, como aclara la traductora en el espléndido prólogo y como el mismo Heaney apunta en las notas al final del libro.

     Los 12 poemas presentan 12 encuentros un tanto oníricos o fantasmagóricos con distintos personajes cercanos al poeta, ya sea porque fueron actores representativos en su vida o por ser importantes en la vida social de Irlanda. Lo único que parece relacionar las personalidades de estas presencias es la circunstancia de su muerte, enmarcada en la violencia de los conflictos políticos y religiosos de Irlanda. Dichos encuentros plantean un reconocimiento interior de la identidad nacional y a la vez  individual como respuesta a inquietudes no resueltas ante la interrupción drástica que sobreviene con la muerte y que sólo la poesía posibilita responder.

     En estos poemas la nítida construcción del discurso lírico y su vívida plasticidad no le son suficientes al poeta, así que recurre a una muy concreta construcción anecdótica que le permite afianzar su discurso “dando en el clavo de la forma de las cosas”, de manera que la voz poética puede entregarse a estos encuentros y realizar esa búsqueda consigo misma por medio del diálogo con los otros, esos otros que la poesía trae de vuelta para saldar cuentas pendientes.

     En “Sweeney redivido”, tercer y último apartado de Isla de las Estaciones, Heaney le da voz al que fuera el mítico rey de Ulster. Esta sección es a su vez una reelaboración del cuento irlandés “La locura de Sweeney”, del que Heaney (perdonaran la rima) ha hecho una traducción al inglés contemporáneo. En la nota a este poema Heaney lo explica así: “es una versión del cuento irlandés, pero confío que estas glosas sobrevivan sin ayuda del relato original. Muchas de ellas, por supuesto, han sido imaginadas dentro de contextos muy distantes de la Irlanda de principios de la Edad Media”. He aquí, otra vez, ese “suspenso entre lo arcaico y lo moderno”, apuntando anteriormente: la voz de un rey premedieval en un contexto de carreteras y automóviles.

     Sweeney, el rey pagano, es maldecido por el clérigo San Ronan, condenado a ser un ave y como tal a desconfiar de los seres humanos. Esta reelaboración de la locura es equiparable a la alegoría que Baudelaire hace del poeta como albatros, ya que en el peregrinar de Sweeney su percepción del mundo es modificada por su condición delirante; es un extraño entre sus semejantes, su visión es distinta, su perspectiva es más bien privilegiada. Es la posición del poeta, ya que la maldición hecha por el clérigo le “mostró el camino hacia un reino/ de tal alcance y fidelidad” que su “vacío es desde entonces su señor”. La reelaboración del mito de Sweeney es una constante en la poesía y la literatura de las islas británicas, por el potencial poético que sugiere múltiples implicaciones e interpretaciones.

     Isla de las estaciones  con sus tres estancias de hermosa polifonía y verdes paisajes —verde irlandés, claro está—, le otorga al lector una visión sugerente y poderosa del universo que este extraordinario poeta  ha creado para nosotros, vertido a nuestra lengua con gran intuición lírica y una rica noción del ritmo.

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