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CÍRCULO DE POESÍA

 

Foja de poesía No. 103: Pablo Aldaco

01 Dic 2009

Pablo AldacoPablo Aldaco (Sonora, 1989), una de las voces emergentes de la poesía mexicana, nos ofrece un recorrido por sus poemas. Aldaco es cantante, actor y poeta. Actualmente es estudiante de la Escuela de Escritores de la SOGEM y ofrece conciertos como cantautor en un conocido café de la ciudad de México 

 

 

 

Una gaviota inocente

 

Cuando rememoro en libros la historia de lo que nunca serás, desapareces como una gaviota inocente. Se esfuman las nieblas que cegaban el triste territorio de mis ojos. No quiero echártelo en cara, pero el balde de reproches está lleno de aguas gélidas, que algún día tuvieron la absoluta impaciencia de derramarse por temor a contenerse.

 

 

  

Qué fuésemos sin aves

 

Sin languidecer, el pájaro del día sobrevuela naturalmente los edificios que le sirven de aposento. Con un ánimo alegre y transparente, no se da tiempo para caer o ver el suelo que le asedia. En cambio, se da a la tarea de buscar refugios acordes a esa estancia que busca todo el tiempo.

Sin la existencia del ave, el ser humano fuese poca cosa. Aunque pasemos distraídos por las avenidas llenas de polvo y gente enferma de ciudad, nuestro respiro siempre va encaminado a la espiritualidad; a la magia que negamos por miedo al cielo, a las alturas dominantes.

Plantémosle a nuestro ser nuestra existencia sin aves. ¿Qué sería de la imaginación sin el recurso del aire? ¿Quién lo volaría? ¿Qué sería del idealismo, por siempre vivo en nuestras almas de ciudad, de campo o pueblo? Pese a negarlo, el concepto natural no muere fácil. Vive, aunque escondido, hasta en las almas descreídas. Es imposible desatar los lazos con el cielo.

 

 

  

Acompáñame al mar

 

Acompáñame al mar. Crucemos el puerto asidos de manos, que moriremos quién sabe cuándo y sabe nadie en qué lecho. Quizá nos encontremos después de muertos en el mundo de los que fueron, pero no sabremos qué fuimos antes ni de dónde nos sostuvimos para seguir el aliento que respiramos. Abusemos del Tiempo, pan caliente, café de la mañana, orquídeas del jardín, cielo del espíritu ¡Mar!, ¡Mar de eternidad!, ¡Mar fuerte! ¡Mar inalcanzable! ¡Mar profundo!

 

  

 

 

Ausencia no te vayas

 

A veces, cuando de prisa descorro las cortinas para ver si ya se ha ido el tiempo que deseo y alcanzo a mirar el ínfimo rayo que queda del día, me acuerdo de los tiempos pasados, donde existía aquello que extraño ahora. Era yo el mismo cuerpo de sangre y no el que ahora se refleja.

En la ciudad que despedí me mantuve vivo entre reglas, horarios caprichosos, festines y familia. Los espacios, al igual que los trayectos, eran digeriblemente cómodos; no se oía mucho el ulular de las terribles ambulancias ni tampoco percibía aires fríos que me involucraran con las añoranzas.

Cada vez se acentúa más el filo del Ayer. No en vano me encuentro donde escribo, apartado de quienes marchan. Aunque sea por un momento. La llama de los ánimos arde de orgullo, alardea. Mantiene pausas, sentencia inviernos. Justo estoy pensando en ti, Ausencia, no te vayas.

 

 

  

 

Apuntes de Metrópoli

 

Ciertamente esta ciudad es magia, paisaje, deseo, trabajo, estudio, punto de grandes amigos, una infinidad de asuntos, pero nada quita la aberrante realidad que expresa cómo entre nosotros nos pisamos. Sacamos el puñal, después de haber sido falsamente corteses y el respeto y el amor cada vez más se parecen a una burda parodia rebajada.

 

 

  

 

Gotas de Agua

 

A solas mis Pasos llevan mi cuerpo al Encuentro con el Ruido de las Gotas de Agua. Cada Gota es un Deseo. Cada Esperanza de Gota en mis oídos, Éxtasis Puro en la Sangre. Los Minutos discurren como el Agua tibia de este Invierno. Cae sola el Agua y nos mira. Viene desde Arriba y va hacia Abajo y Abajo termina y estando Abajo nos mira ya esparcida. Naufraga por los huecos del asfalto viejo. Es pisada, blasfemada y adorada. Gotas de Agua que naufragan por las Líneas de mi Mano Abierta.

 

 

 

 

Caníbal

 

Deseo tu carne,

Quiero caminarte

Saboreando cada huella

Que mis ojos dejen

En los Ojos de tu Piel

Cuando mi lengua recorra

Tu mirada llena

Bajo la Luna llena

Quiero abrigarte

Comiendo de tu carne

Pálida de Gloria

Roja, viva, flama

De sangre que tu voz

Implora por las noches

Donde baila el cuerpo

Víctima del Fuego

Y los Hechizos

Del Miedo a quedar

Hundidos en el Mar

De los Placeres

 

 

 

 

Amor sin ti no estamos

 

Voy a hacerte un masaje de pies a cabeza cuando tengas sueño y si es necesario

        arrullaré tu pelo como a una niña abandonada.

 

Recorreré tus nalgas, tu pecho, tu pubis y espíritu y talento y tu Más Allá

 

Palparé el pálpito del corazón de tu razón

y tus sueños cuando sueñes, aunque no parezca cierto

 

No falta nada para dejar de contar los minutos que nos sacuden como a perros viejos

 

El Amor. Sin él no estamos

 

 

Datos vitales

Pablo Aldaco (Hermosillo, Sonora, México, 1989). Cantante, actor y poeta. Actualmente es estudiante de la Escuela de Escritores de la SOGEM y ofrece conciertos como cantautor en un conocido café de la ciudad de México. En 2005 la Universidad Autónoma de Sonora publicó su primer poemario, Las aguas del regreso.

Blog: www.vividavida.blogspot.com

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