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CÍRCULO DE POESÍA

 

Foja de Poesía No. 107: Adán Echeverría

11 Dic 2009

Adán Echeverría

A continuación un recorrido por la poesía de Adán Echeverría (Mérida, Yucatán, 1975). Echeverría ha recibido reconocimientos como el Nacional de Poesía Rosario Castellanos, (2007). Sus más recientes libros son La sonrisa del insecto (2008) y Tremévolo (2009).

 

 

 

Los crujidos del viento

(paranoia contemporánea)

 

Dentro de mí se abre el espacio

de un mundo para todos dividido.

Roberto Sosa

 

 

 

 

Miro a los muertos en brazos de sus retratos,

miro a los vivos en brazos de sus desiertos

José Carlos Becerra

 

 

 

 

Los crujidos del viento

 

y un día de setiembre orinó bajo un árbol

y era llena de gracia como santa maría

Juan Gelman

Ya nada está escrito

Nidiviney cae de la rama con los senos góticos

Salta y se quiebra

Brota la espesa sangre y sus manos

                     quietecitas y sin manchas

Los aullidos y la planicie hechas de cobre

suben de tono hasta confundirse con sus ojos quietos

Ella está quieta al horizonte

y la noche enrojecida por el fruto del árbol que se ha roto

Nidiviney cae de la rama

y de pronto la vida

como una flor de arena en la pared se instala

Cae de la rama armada como el trueno

Mantiene la distancia entre el caer

y ser la tierra

La punta del pie  señala el círculo

Es todas las mujeres y la cuerda ajustada al cuello

Y ahí está colgada con sus quince años en ciernes

detenida y con la mirada quieta

Sentado en la cama le miro el nudo sobre su cuello

la tráquea rota

y mis ojos como murciélagos giran sobre su carne pálida

Es la vida un árbol y cada uno de nosotros aquella frágil rama

Nidiviney ha caído completita y con las piernas estiradas

Como dos pilares lustrosos relucientes a juventud

a deseo inacabado y estoy

mirando el péndulo en que se transforma

Ella quiere tocar el piso con la punta de sus pies

En el suelo las sandalias le vigilan la huella

                                                    Sea el sol

                                 ese relicario en que sobrevivimos

Caerse no es el doblez perfecto para la otra vida

ni la vida es perfecta para dejarse suspender de una soga

atada al ventilador de techo

                                      Sea el sol de tus labios

                              la perfecta marca de la despedida

Azules labios los tuyos ahí sembrados en el aire

en el inicio taciturno de una nueva materia

los hombros hacia abajo   y este vacío

tan vano

                                       Hubo una flor volando

                                       una burbuja un aleteo

y el sonido de la traquea inundándolo todo

Desde la ventana

es tu pálido rostro lo primero que puede admirarse

tras el húmedo vidrio gotas de sol traspasando

quietecito aparador lleno de luces multicolores y el relámpago

                                           ese tu fleco de siempre

                  llámame desinteresadamente

                 o deja ahí la servilleta de los buenos días

                                            comulgando con tus cejas

                 oscuros vidrios se han esparcido bajo nuestros dedos

                                           ¿tienes un venado para mi?

                 llámame al caer la tarde

                                            ¿me has guardado un nido?

                 iremos detrás de las manzanas de esos días de plomo

Nidiviney cae de la rama

y el silencio me golpea el pecho

                      una golondrina se estrella en la ventana

                       el dedo de un roble rasca las paredes

                      mujer dime con cuánta sombra puedes

Esos tus muslos de niebla naciéndote en los ojos

y tú contemplándome   desde la opacidad reinante

o soy quien te contempla sangrando al horizonte

Nidiviney cae de la rama

porque nada pudo hacer sino caerse siempre

como esta carretera

y este pulmón en que nos hemos retirado

a veces la noche

Nidiviney cae desnuda como ha debido estarlo cada siglo

cayendo en cada rostro

Siempre larga de ayunos            tatuada de angustias

y de angulosos pómulos que demacraban su sonrisa

Has caído pequeña y tu voz es la serpiente reclamando

la harina con que cubrimos la honra

la oreja encantada del mar

la religión impúdica de nuestra lengua

y tantos papeles firmados en el confesionario

En el registro civil enarbolaron las letras de tu nombre

                                                  Y yo sigo esperándote

                                                 bajo el signo del centauro

Ha sido tu cuerpo

el espejo preferido dentro de la sábana

el rostro sin contornos en que mirábamos la noche

penetrar la habitación hacia tu cama

Los dedos de silencio y esa límpida ternura

para tus días de amor de colegiala

Queditos fueron los golpes de tanto recorrernos

las negras pieles sobre tus blancas carnes

               malditos buitres persiguiendo tus olores

Quedito el golpe al estirar la cuerda y dislocar la tráquea

             ¿para qué guardar estos gusanos míos

             entre la noche y tu cuerpo?

Nidiviney cae de la rama

hacia el abierto pozo de nuestra memoria

donde apenas simulamos ser el prototipo de algún dios

que se sonríe inquieto

y nos miramos caminar sobre las flores

debajo de las fuentes entre las avenidas

y las luces parpadeantes de la ciudad que nos agobia

                                        Somos las ramas quebradas

que han caído con tu nombre

y nos vamos hastiando como sepulcros vacíos

perfectos      desnudos como hay que estarlo siempre

livianos y volátiles como esas hojas secas

que levanta el remolino

Nos hallaremos dispuestos a despedazarnos

Hipnóticos     Mirándonos las uñas de plata

como esa luz que ahora falta en la sonrisa

Nidiviney deja su cuerpo detenido sobre el aire

los pies hacia el vacío

las manos apuntando al cielo

retando    furiosa y decidida    a los destinos imperecederos

al maldito tiempo de ser todos un solo abismo

para la materia que apenas nos forma

Se detuvo en el aire     perfectamente joven

 

 

 

 

Es tan larga la calle y al final el disco rojo

¿qué del disco rojo refugiándose en la lluvia?

la voluntad de los carros sobre la carpeta

la niña de la capa roja el odio de los truenos

la falda corta subiendo hasta los moretones

raspaduras de vidrio los ojos cerraditos

y el agua del grito escalando ventanas

Es tan larga la calle y la lluvia en todos los semáforos

¿qué de la lluvia y su tanta sorna parpadeando?

el disco rojo balancea

la calle se ha quebrado entre los motores

la niña seca sus trenzas con la capa de tan solo treinta pesos

sus manos pequeñitas

revolotean por los costados cuando la sumergen en el callejón

Los edificios vigilan cada centímetro de la ciudad

atrapan gritos que las palomas empollan sobre las cornisas

Unos niños mudan sus dientes entre la basura

mientras perros olisquean los rincones de la niña abierta

toda moradita y empapada

tiritando de frío en el olor de la violencia

que se guarda   como el miedo    bajo su piel

y esta infante lluvia va picándole las pecas

 

 

 

 

Taconazo puro

la niña duerme entre gorriones

las alas se le abren como papalote

porque en los brazos de un hombre ha dejado

el nombre de sus muñecas que llama ahora muñones

 

Y las camas brincan todas llenas de ratas

 

Tan coloradita la cara sobre la luz del labio roto

La niña costura su lengua con pájaros de cera

 

Ahí el paso del semen

el gato desde las ventanas

 

Todas las horas son la calle

y de nuevo aletea el silencio

lleva en el pico la flor

 

 

 

 

Rosa enfurecida

Con monedas se ha tejido un bolso

para guardar el durazno de amor en que se tiende

Tiene la aguja del tacón y las cejas sorprendidas

por tanta catacumba donde se ha postrado

La noche ha sido larga y llena de chinches

Es poca el agua para lavarse las piernas

 

Ella camina sincera y mira desde arriba

Los prendedores del diablo le asombran

Pocas son las horas oscuras de la ciudad

y es tan amplia y ciega la avenida

                                      Acá el hambre

Allá

los paracaidistas que salen de los bares

la invitan     rompiendo las botellas en el pavimento

a una noche ácida tan llena de tijeras

 

 

 

 

Estoy en el rincón de mis propias pesadillas

con la flor violeta en la mano y la ceniza burbujeante en la boca

Hurgando va la mano más allá de mis rodillas

 

                                   Soy la niña que tiembla

la que rompe sus muñecas las desviste

la que corta sus muñecas desde el cuello

Qué lindo es esto de quitarnos todos la cabeza

                                                                         Soy la sangre

el charco que somos en esta noche blanca

blanca sonrisa la del camarógrafo que se murió de una bala perdida

blanca como la panza del armadillo que siempre gira con el sol adentro

 

¿soy la niña que tiembla por las pesadillas?

 

 

 

 

Toda ella vestida de blanco

las piernas recogidas sobre el pecho

el tatuaje en el vientre la niña calla

calla la calle y todos nos movemos

un poco en el reloj

cabizbajos cantamos en las alcantarillas

y de ahí hasta los elevadores repletos de formas

 

Vienen los pájaros a picotearnos las orejas

el anuncio de neón parpadea solitario

y en el telégrafo dejamos nuestra arritmia

                            Subamos y olvidemos la calle

la noche entera

: somos

las rodillas sucias

y abiertas

a un costado de la boca

 

 

 

 

Volar es lo que nos queda a los niños

cuando el suelo nos expulsa

y el aire es la distancia entre los cuerpos

Volar entre los disparos       La calle se hace larga

y todos corren

 

La calle se hace larga y los cuerpos se amontonan

 

Volar es lo que nos queda a los niños

y el sol nos va secando la sangre

que mana desde las sonrisas

y la persecución de camionetas

 

 

 

 

Como si la noche no bastará para todos

como si las flores no bastarán para cada entierro

y detrás de los cadáveres queda la luna

detrás de cada flor sólo el cadáver

Y en el cadáver la noche

sobre la noche la flor

detrás la luna sola

sobre la luna el conejo

sobre el conejo tu amor

Y para el amor la sombra de luna ciega

la flor marchita en el huerto

y este cadáver que soy

 

 

 

 

Ella tenía veinte años

Y ya le habían aporreado el rostro sobre la pared

A los quince fue arrancándose el vestido para dejar caer su fruto en esta tierra

donde todos corremos de prisa detrás de las monedas

 

Ella tenía veinte años

y dos niñas cogidas de la mano la siguen por todos lados

Mientras cocina el espagueti suena la camioneta del gas

en medio de la calle

 

Tenía veinte años y la sonrisa completita dentro de la morgue

Sus manos azules de tan quietas y escarcha en las pestañas

Tan quietas como la esperanza al caer las hojas del otoño

Tenía veinte años y ya le habían aporreado el rostro en la pared

                                                   por un hombre diez años mayor

Ese hombre de la sonrisa abierta y los ademanes puros

Hombre simple de vicios regulares

que dice amor como dice atrapemos los hoteles

 

Ella tenía veinte años y las cicatrices en el vientre la han marcado

Las dos niñas sonríen mientras desayunan

      tempranito a clase y luego al crematorio

Hay un ataúd encima de la tierra

                     Hay cruces y lloros brincando por los labios

Ella y sus veinte años con las cicatrices y los pulmones detenidos

El hombre de los ademanes puros

sin atreverse a nombrarla

y las dos niñas de siempre

                                     sonríen mientras desayunan

 

 

 

 

Tendremos que largarnos para no morir de hambre

Tendremos que decirnos que sí

que la noche nos aprieta con su frío

y ella me prestará su capa

 

Yo le daré esto que soy sobre los cables

miedo a quedarme detenido junto al sol

mientras la ciudad toda se inunda

 

Tendremos que decirnos que sí

que la noche es suficiente

y el frío no nos basta

 

Ella se quitará la ropa

Yo   tiraré el reloj por la ventana

 

 

 

 

La noche junto al río

Junto al río un árbol crecido de ramajes

y en cada rama un gorrión enrojeciendo

Se abrió el gorrión para que el canto escapara

y el canto flotó sobre el río

se fue enredando a las ramas del árbol

Bajo el árbol se nombraron tantas veces

se llenaron de pasto los cabellos  Se fueron abriendo

la noche entre los cuerpos      los cuerpos para el día

Se abrieron tanto el amor que se les metió el canto

y en cada canto el gorrión palidecía

El río se fue secando entre los cuerpos

el árbol junto al río

Se fue secando el amor

y ahí            en el pasto

donde tantas veces se rodearon la carne

quedaron enmohecidos

 

 

 

 

Porque no puedo seguir consintiendo que todos se burlen de mi

he andado los días con la cara lavada saltando los sepulcros

he pintado la noche de estrellas anaranjadas

 

Porque la cruz de mi espalda ha sido tatuada en la cárcel

no permitiré más que todos se burlen de mi

 

La distancia es una manzana pudriéndose al viento

es una colcha cargada de serpientes

La distancia es una plática de un lado al otro del puente

                                                        Bajaré las escaleras

 

No hay voces cotidianas dentro del ahuehuete

No hay voces en las margaritas En las raíces del álamo

no hay voces

 

No permitiré más que todos se burlen de mí

La noche La dama El jefe de policía El diputado

El presidente El carcelero El muchacho bello

Mi madre El hermano mayor La novia virgen

La esposa de mi hermano Mi sobrina política

Mi novia de antaño La piedra El puente levadizo

El tren de asalto El tren de carga

La reja oxidada La ropa deshecha

 

No permitiré que nadie más se burle de mí

y el cinturón me queda tan duro de ajustado

 

La distancia entre la muerte y mi puño es una pared en blanco

El gusano y la jauría   El pedazo de granada a media plaza de armas

y dos niños sin brazos que no pudieron correr el día de la fiesta

 

 

 

 

Era el carrusel

Era el carrusel del arma una mañana de amor

y por amor a la noche el carrusel se dispara

Las niñas sobre la hierba

esperan el día perfecto para cortarse las manos

Sus carnes por la avenida van colgadas del viento

Los niños tiemblan con la pistola en la frente

y uno que otro aeroplano les mira heridos de muerte

El carrusel es la noche al apretarse el gatillo

y las niñas en calzoncitos

lanzando besos de sangre

corren a refugiarse

Son los encapuchados -se oye ladrar a los perros-

y el amor sin reprimirse les deja los ojos secos

El carrusel va girando

nunca deja de girar

y se dispara

y dispara y dispara y dispara

Habrá que ahuyentar los cuervos

 

 

 

 

Había un retén en la carretera

había soldados en el retén

había una camioneta blanca que iba pastando en la carretera

había pasto en las llantas

pasto en las chamarras de los soldados

en sus botas lustradas

Había un sol de los mil demonios

y un demonio     que no sabía del sol      manejaba

Hubo disparos dicen

pero nadie pudo verle el rostro

era el rostro de un ángel que había querido cruzar el retén

Había rastros de amor en la carretera

pasto por todas partes

sorbiendo el amor pringado

Hubo soldados Hubo un retén

Hubo un ángel Y tantos disparos

cobijados por la carne

 

 

 

 

Si al jugarte todo se descubre

 

La noche es como un perro que enloquece

Ángel Miquel

Habremos de orbitar todos juntos

como perros en celo tras de la jauría

Ah    la bocanada

la bocanada y el agua cae lenta en una jarra de barro

Tomaremos en los puños los cuernos lunares

para hacernos humo el uno al otro

el uno gastándose en el otro como las monedas en los pantalones

Y tú gastándome los dientes

                               Ah   la bocanada

la bocanada y la boca del humo

y la boca es nada mientras estás conmigo

Han sido estos mismos dardos los que se adentraron en la carne

Oh mi rey de reyes   Oh mi reyezuelo Tramposo rey de doble rostro

acá en la baraja todos merecemos la sonrisa

La sonrisa quieta y el disparo único

Ah        la bocanada

la bocanada el disparo

y el catarro abismal en medio de las sábanas

Ella cae a lo profundo de mi boca

la bocanada y el humo

Si al jugarte todo se consume

¡juguemos a que dios ha muerto!

 

 

 

 

 

Desde hoy quiero ser la prisionera del diablo

Iremos a cortar cabezas en los carnavales

de fiesta el uno contra el otro

                       Una cabeza de clavos

                       dos besos en los pulmones

                       tres incoloras serpientes

                        para hacernos el amor bajo casas solitarias

Quiero ser la prisionera del diablo

Esa lanza de mujer que pueda hundirse en su costado

y desnuda por los bosques

ofrezca los colmillos

 

 

 

 

Él me dijo que siempre quiso ser niña

yo sólo le mordí la nuca

Ella dijo que hablara despacio para que entendiera

me corté la lengua y se la dí en una cajita

Él me dijo que quería un beso mío

la luna se escondió tras edificios

y con una navajita le arranqué los pantalones

Ella quería saltar sobre mis muslos

la colgué de un árbol mientras la iba sangrando

En esta dualidad he destilado mi amor

a la orilla del mundo

 

 

 

 

En el principio fuiste tú y tú

Y lo sabes de inicio

Siempre he estado ahí para los golpes

para las mordidas me he quitado los ojos y los encerré en el círculo

porque no debemos nacernos otra vez de la espuma que forma nuestro roce

Y lo sabes de inicio

Cada que la máscara aprieta hay un ruiseñor en la calle

están los cables y el abecedario para intentar nuevas propuestas

pero los rostros siempre son enormes ante tanta célula marchita

que deja la llovizna

Lo sabes

Cuando los motores se fueron apagando solo quedó el tarro sobre la mesa

Los idiomas se fueron confundiendo mientras escalábamos los cuerpos

y el espejo de nuevo se ha empañado con el vapor de tus muslos

 

 

 

 

Ella no seguirá sentada esperando el cuervo de sus días de amor

no seguirá encamada en este nido ni en esta pared testicular que la retiene

Ella no puede continuar con esa catacumba abierta

Hay un pedazo de amor separando sus adentros

Siente las circunvoluciones centinelas

las mitosis diarias como una tempestad

Y ella se presiente madre o pera o cerillo que no deja de incendiarse

Ella no seguirá en la espera de un nuevo gemido

No puede seguir refugiada en un sólo brazo

Ni pertenecer a un sólo hombre

que cada tarde brinca las alcantarillas

 

 

 

 

Al desnudarnos somos monstruos

Es en el odio donde mejor nos conocemos

Porque en cada traspasarnos la piel

nos sabemos honestos

para este carruaje de ciudad

que quiere doblegarnos

 

 

 

 

De qué nos sirven los poetas si siempre mojan la cama

 

¡Al poeta despídanlo!

Ése no tiene aquí nada que hacer.

Heberto Padilla

Ella lo ha dicho

nos mojamos en el semen y nos crece el árbol bajo los pies

Las garrapatas nos cubren las orejas

y en el oído va quedando Todo desdibujado

Los desempleados caen de bruces

Van cayendo de cabeza y de cabeza nos llenamos el cenicero

Porque cae la bolsa

como se acaba el petróleo y nadie puede disimular su olvido

Ese olvidarnos el uno al otro

el uno en el otro

el otro negándose a sí mismo

o él mismo que lo niega todo

y todo lo niega acerca de uno

acerca de mí o de sí mismo

ese mismo que nunca fui encima de él

y que él siempre ha querido ser muy dentro mío

Hemos volteado el rostro y somos la negación

que los culpen a ellos   ella lo ha dicho

mientras se aleja sobre los números dentro de los códices

mientras se aleja se aleja se aleja y se le cae el rostro al agua

y en picada hemos quedado

picoteados por las tristes navajitas

por las mafias literarias

y me siento viejo enfermo parricida

Me miro fijo como un tiro al blanco o una diana sin reservas

sin más color que el azul de tu vestido

Siempre tu vestido de holanes

de arandelas son tus tiernos calzoncitos

y la foto en blanco y negro de tus rodillas chuecas

Ellos se escriben a diario mientras yo los leo

se distinguen y piensan que son las letras

que son el libro y la imagen

que son la muchedumbre que los busca

con las antorchas cercanas a la nariz

y ellos se escriben y se escriben y van cambiando

y son él y ella y ellos

los que se quedan malhumorados sobre sí mismos

abotargados

pienso y distingo que no queda mucho tiempo

que no vamos a cruzar de nuevo este charco que nos colma

que todos hemos visto correr

a los niños por la ribera

 

 

 

 

Yo me pregunto

¿qué son las historias sino un poco de ficción?

¿No es el oleaje el que siempre nos trae un pulpo hacia los ojos?

Me pregunto por el sabor del café

el aroma del chicle y el escozor que deja la orina en los labios

Y es que de tanto preguntarme me fui quedando ciego

Yo me pregunto: ¿y el destino? ¿cuál es su fuente mágica?

Hay un millar de hormigas caminando por mis huesos

y una poca de hierba que no me deja alimentar

Un brazo de árbol quebradizo y el origen de la incontinencia

que linda eres mujercita con tus pies descalzos

Yo me pregunto si es el lodo el que te asusta

                    o la puerta al final de mi cabeza

Hay un millón de ratas jugando con tu carne

y un puñito de aceitunas ajustándonos el vientre

                        Por eso siempre me visto de gris

y cuando puedo me digo en un susurro

…que hay de las historias sin un poco de ficción

 

 

 

 

Estoy detenido en medio de la manifestación

y las palabras vuelan

vuelan las piedras y las granadas de humo

Todos somos humo somos el charco

el Atlántico que nunca debió ser vencido

Y no debimos cruzarnos con los astros

ni ceñir la vida bajo el horóscopo chino

el año del perro el año de la rata

No debimos permitir a los jueces usar lavanderías

tampoco darles tierra para que sembraran hortalizas

a los chinos ni a los picadores de opio

Ya luego todo cae

las bolsas de valores y la voz humeante de la selva

Debimos quedarnos con nuestras propias rocas sonrientes

nuestras propias cabezas de tigre cabezas Olmecas

nuestras casas de paja

y no debimos cruzarnos con los pueblos nórdicos

ni hacer girar nuestro calendario detrás de los mercados

Porque ahora estoy insomne

Con el trago de insomnio voy apagando la vela

esa danza que enciende mis vestidos

y me voy vestido de niña blanca niña roja

la niña amarilla que soy cuando me cansa la violencia

 

 

 

 

No alcanzas a trepar los cobertores

El silencio no alcanza El dinero no alcanza No alcanza la tarde para tanta espera

No alcanza la pared su simulacro No alcanza el entresijo que aún sigue doliendo

No alcanza el grito ni los catalejos Miramos encimados a los dioses del agua

Y en agua nos hemos convertido fusionados y disueltos

No alcanza la noche para tanto cuerpo Para tanta sombra en las amígdalas

Para el recorrido de las lenguas estas almohadas ya no alcanzan

No alcanzas tú para mis días incoloros No alcanzo a treparme por tus pechos

Los cobertores humedecidos por tu vientre no celebran y no alcanzan

No alcanza la vida para merecernos La noche se levanta y te metes a la bañera

No alcanza la espuma para tanta piel Ni mis años para imaginarte vieja

No alcanzará mi brazo para rodearte la garganta Ni la boca para contenerte

Así         con el vientre y la semilla te voy jabonando la espalda

                                                               ¿Me alcanzará la vida?


 

 

 

Una noche en Santa Lucía

En el sopor nocturno la avenida se agiganta

    y el neón enfrente palpitando sangre

Las piernas y el tacón recorren la penumbra

sobre enverjado opaco de otra época

a donde confluyen los domingos   todos

feligreses que esperan por su cristo

mientras Ella…

ella espera   amarga

     la tierna caridad de los clientes

A media cuadra

ansiosos lobeznos cuelgan sus billetes en la entrada de tugurios

el aullido alimenta su depredar jaurías

Declina el sol y las ninfas se amotinan

ofertan el color de los peinados

                los vestidos de sears

y por cada mantel sin eco

    la noche no les basta

Alrededor  el láser desteje la pista

Las manecillas alertas en el campanario

vislumbran el taconeo por la acera

es Ella

aún cuando cruzan los motores

remolinos ácidos

algarabía   demagogia   estéreos jai fidéliti

Con la hembra al brazo

 y el tatuaje del dólar    el niño-bien camina sus luces

arrastradas tetas relamen las navajas del orgullo

ninfas a color que nada se cuestionan

entran al túnel anunciando el poder de su etiqueta

En el disco antisemita

el filtro de la luz implora acabar el tekno

desperdigar matices sonoros

emociones alcohólicas:

                      trepidantes margaritas que devastan

En el pliegue iconoclasta de su minifalda

las hembritas marcan el trébol que afirma el culo

trago a trago    la noche se agiganta

En las fauces de la borrachera

muy dentro de los antros

siempre hay lugar para la hembra sin partido

al remojo saúz que se calcina

y es ingrato conquistar redobles

si la consola siembra desfiguros

tempestad de fornicante genocidio

Las rameras principiantes   una a una

cubiertas de livais o de hugo boss

olvidan teresianas letanías

se regalan a guaruras trajes negros

  que en la entrada

(micrófono diadema   limosna intolerable

reconocida histeria de fracaso

    IQ transformado en gentileza)

las revisan   catean sus carnes

reconocen el entorno:

                 el temblor bajo las piernas

En la barra pletórica la copa se derrama

la cara roja se infla

y ardiente es la mirada del tumulto

que navega sus coloraciones

hasta repartir las manos sobre las espaldas

El joven lobo espera recabar siluetas

encontrar inquietantes coños agridulces

    con certificado de sector salud vigente

y por tronar calzones agita la memoria

se hurga entre los bolsos la semilla del dardo

Cruzando la calle

junto al enverjado oscuro de la iglesia

bajo la voz terrosa de los campanarios

Ella intenta rescatar la jornada:

ir tras de infantes clasicistas

                        Deja la esquina atreviéndose a la noche

imagina la caída de su falda hacia el sur de otro universo

sobre aquellos rostros infantiles de bolsillos amplios

      y nada emociona su verdad de mariposa cardenalicia

La noche cierra al acabar la barra

el joven la observa recargada en su Corvet del año

Fijo en el correr de las victorias

el niño-bien levanta la mirada hacia la sombra de las ninfas

que abandonan el antro  colmadas las axilas   ardiendo los escotes

huyen con la madrugada

hacia el sudor de los moteles

Y Ella

nuestra ella de tacones

recorre con la mano los autos que estacionan en su esquina

               (desde ahora será siempre su esquina)

y mientras juega su dedo entre los muslos

  recuerda los años de esperanza junto al disco:

       “Cuando cumpla dieciocho treparé las escaleras

con vestido negro de marca   rubor  perfume de la zona libre

y la mirada de los hombres en los senos altos”

   Ahora se mantiene al acecho

Resignada   detiene el aliento junto al rostro lampiño

Cuando la noche se deshace de las luces y los láseres

y se eleva el humo hasta la madrugada

Ella endulza los labios y la lengua

asciende al carrolobo conciente de la paga

dejando atrás sus inocencias

bajo la luz de los faroles

lúdico parque de Santa Lucía

 

 

 

 

Somos polvo y eso que nos dicta la voz de las mañanas

Hallamos cabezas dentro del baño de una casa

bajo las cortinas o el desagüe las cabezas nos miran

nos miran las brujas los enanos miran con sus lentos ojos achinados

                 todos los labios sangran las sombras despellejan

Se cae la pared y el musgo es alimento de nuestros rituales

amontonadas cabezas   vestidos   veladoras 

y brujas encendidas por el sol cada mañana

 

¿Podrán reconocernos con la sonrisa abierta

los ojos sorprendidos    la carne madurita?

 

 

 

 

La tumba que soy

Mucho más honorable es una tumba

Nicanor Parra

 

Y la tumba mía dónde está

en qué cementerio estoy depositado

junto a qué río

Me han traído en hombros desde el velatorio

La noche vino intacta hasta mi cadáver

                                       Creí resistir la plaga

Recuerdo la sonrisa de tu madre

los senos brillantes de saliva

untándome bicarbonato entre las piernas

La picazón del maquillaje me estiraba los labios

y un oleaje de muslos sobre

la ropa blanca con que me habían vestido

en fuga por las baldosas del cuarto

                    Dónde quedaron mis pantalones de mezclilla

                    Mi boina   mi cuchillo   dónde los dejaron

Recuerdo mi cadáver todo tieso

                                 Un búho de sangre en cada lámpara

me seguía con su ojo vigilante

Yo me divertía en el silencio y ellos desfilaban junto a mí

detenidos en la ventana de su cráneo iban atroces

Este cabrón se fue sin pagarla decían

Lentos se acercaron hacia mi cuerpo elástico

entre dientes me insultaban me iban escupiendo

Qué lindo cuerpo era yo sin movimiento

con la sonrisa abierta les miraba desde todo sitio

con la sonrisa negra me reía de su espanto

de su cara lavada de su llanto innecesario

Hartos gritos hipócritas con que me arropaban

También estaban las que me riñeron siempre

que se llevaron mi verdor entre los muslos

                      vinieron a dibujar mi nombre en la ceniza

Estaban con sus trajes negros y la dulzura en los labios

incendiando veladoras y empujando las braguetas

Por último

se repartieron con dados algunos trapos míos

Revolvieron mis cajones quemaron mis libros

y todos los poemas los tiraron al retrete

Encendieron la carne y entre tartamudeos

me fueron apartando:

                     ¿Cuál es la tumba mía

a dónde se han llevado mi cadáver

con tanta carcajada?

 

 

Datos vitales

Adán Echeverría. Mérida, Yucatán, (1975). Realiza estudios de Doctorado en Ciencias en el Cinvestav, Unidad Mérida. Premio Nacional de Literatura y Artes Plásticas El Búho 2008 en poesía, Nacional de Poesía Tintanueva 2008, Nacional de Poesía Rosario Castellanos, (2007). Estatal de Poesía Joven Jorge Lara (2002). Becario del FONCA, Jóvenes Creadores, en Novela (2005-2006). Ha publicado los poemarios El ropero del suicida (2002), Delirios de hombre ave (2004), Xenankó (2005), La sonrisa del insecto (2008) y Tremévolo (2009); y el libro de cuentos Fuga de memorias (2006). Compiló en coautoría el documento electrónico en Disco Compacto Del silencio hacia la luz: Mapa poético de México. Autores nacidos en el período 1960-1989 (2008). Participa en Los mejores poemas mexicanos. Edición 2005 (2005).

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  • CRISTINA ORTEGA

    De lo más sentido que he leído últimamente, de lo más nuevo; tampoco leo tanto, porque tengo la mala costumbre de comenzar a leer y sólo continuar en el escrito si me hace sentir, si me hipnotiza, sin que el tiempo me acose ni las mismas letras.
    Gracias por compartir.

  • Mariana Bernárdez

    Adán, la escritura en ti nos hace más transparente el mundo, que sea la luz y su sombra el trazo de nuestra memoria, un abrazo, Mariana

  • Adán Echeverría

    Gracias Cristina, gracias Mariana, su lectura es un impulso…

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