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CÍRCULO DE POESÍA

 

Foja de poesía: No. 123: Edwin Madrid

29 Dic 2009

Edwin Madrid

Edwin Madrid (Quito, 1961) es poeta y columnista en algunos diarios. Ha publicado entre otros: La tentación del otro, Puertas abiertas. En 2004 recibió el Premio Casa de América, de Madrid. A continuación algunos epigramas del autor.

 

Mordiendo el frío y otros poemas

 

 

Bellísima Katia cuídate de los poetas, porque te seguirán con versos de salón, como lo han hacho con las bobas que se detuvieron a escucharlos.

 

***

 

 

 

Cornelia no es una muchacha, es el diablo metido en un cuerpo terso y afiebrado. Con ella mis días tuvieron el aroma de la hierba buena o fueron una cama cubierta de chinches.

  

***

 

 

 

Admirado Filipo si el corazón y calzoncillo de Marcia no son tuyos, no te engañes. Pues alocado como andas, vas directo a la cárcel o al hospicio.

 

***

 

 

 

Fina y desvergonzada  Leuca, háblame de esa muchacha saltarina, más vivaz que ardillita de bosque, que escribe con gracia poemas lúbricos y candentes. Pues cierta noche, la muy bribona me mantuvo desnudo sobre la cama y ni siquiera se desprendió de la cinta que adorna su cabellera.

 

 ***

 

 

 

Amoroso Propecio, y por más bella y sublimada que sea Cintia abandona la humilde y triste tarea de cantar a su amor. Aléjate de ella como la luna que deja paso a la claridad. Tampoco vayas detrás de tus rivales con ganas de incendiarles. Sólo mitiga y traga tu orgullo para que después no haya arrepentimientos. Pues a quién más que a ti, amoroso Propecio, se le puede ocurrir decir ante la lápida de Cintia: ese polvo fue mujer admirable, en vez de esa mujer fue admirable para un polvo. Que, en definitiva, es lo que carcome tus días.

 

***

 

 

 

Ayer estuve en la fiesta de Tito y no creas que perdí mi tiempo, pues me entretuve observando al ladino Procolo que iba de mesa en mesa entregando su libro de versos cursis y mal medidos. También vi al cegatón Tarciso apurándose los vinos sin ninguna discreción, y estaba Porcio Latrino con la barba crecida y su enigmática sonrisa de plebeyo. Mas, refresco para mis ojos fue tu afamada Aurelia, quién lucía escotes pronunciados. Y no preguntes más amigo, porque huí junto a ella, apenas la luna se colocó sobre mi cabeza.

 

***

 

 

 

Bondadosa Clío, tú que celebras al amor con delicia, enséñame como cantar a esa muchacha de cabellos largos y negros de quien no he vuelto a tener noticias.

 

***

 

 

 

Al ingresar al parque vi a Quintillo Máximo besando a una muchacha, para no interrumpir torcí mi camino. A punto salir de los árboles, unos pasos agitados se detuvieron junto a mí:

-¡Por favor amigo! No digas a nadie que me viste con esa muchacha.

-¡Insensato Quintillo! Nunca saldrá de mi boca que te coges a la más fea de todas.

 

***

 

 

 

Ya no recuerda que fui su héroe por quien en innumerables ocasiones le mintió  padre.

 

***

 

 

 

Hay un frío intenso en sus ojos que nadie podría adivinar el fuego que ardió entre los dos.

 

***

 

 

 

Hace poco vi a Hilaria con una nube de hombres. Más sólo yo se que pierden el tiempo.

 

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Fui extranjero en una ciudad lejana y allí ella saboreó mis versos.

 

***

 

 

 

En mi visita a la librería una dama me preguntó:

¿Tiene alguien que le cocine?

Desde entonces viene los sábados. Al llegar se desnuda de pies a cabeza, se pone a cocinar y yo disfruto de platos fabulosos.

 

***

 

 

 

Al amanecer  dijo: Regresemos que tengo que alistar a los niños. Entonces, el castillo volvió a ser el mismo motel descascarado de las afueras de la ciudad.

 

***

 

 

 

Tenía caderas amplias y pechos generosos. Sin embargo, cuando te miraba parecía interrogar al de a lado. Pero a él nunca le importaron los ojos de muñeca tuerta.

 

***

 

 

 

La sangre me volvió al cuerpo cuando salió con el sobre de la prueba en la mano y dijo: negativo.  

 

 

 

Datos vitales

Edwin Madrid (Quito, 1961) obtuvo el Diploma Superior en Letras por la Universidad Andina Simón Bolívar, Estudios en Ciencias Económicas, Universidad Central del Ecuador.  Ha publicado los siguientes libros: Poesía: !Oh! muerte de pequeños senos de oro (Quito, 1987); Enamorado de un fantasma (Quito, 1991); Celebriedad (Quito, 1992); Caballos e iguanas (Quito, 1993); Tambor sagrado y otros poemas (Quito, 1995); La tentación del otro (Quito, 1995); Puertas abiertas (Quito, 2000). Consta en la antología latinoamericana Poesía viva (Bogotá, 1993); La joven poesía hispanoamericana (Buenos Aires, 1995); Antología de la poesía latinoamericana: el turno a la transición (México, 1997); Memorias II Festival de Poesía Eskeletra’98 (Quito, 1998). Se ha desempeñado como periodista cultural para diversos diarios nacionales y del exterior. Textos suyos han aparecido en revistas y periódicos así como en las antologías más importantes de Ecuador y Latinoamérica.  Ha obtenido premios como el Premio Nacional de Poesía Joven “Djenana” Guayaquil, 1989; Premio Nacional Escritores Ecuatorianos de los 90, Quito, 1991 y Tercer Premio en la III Bienal Nacional de Poesía Ecuatoriana,  Cuenca, 1995; En 1992 fue semifinalista del Premio Casa de las Américas en Cuba con su libro: Caballos e iguanas, Premio de Poesía Casa de América 2004, Madrid-España.

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  • Monica von Müller

    ¡Que maravilla! que ritmo tan bien llevado, con un solo verso describe allá
    y mucho más allá, de todo un espacio y sus figuras.
    Me encantó por lo sugerente.
    Saludos cordiales.

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