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CÍRCULO DE POESÍA

 

Foja de poesía No. 175: René Higuera

19 Abr 2010

René Higuera

Un puñado de poemas para conocer la obra de René Higuera (Los Mochis, Sinaloa 1982), voz emergente de la poesía nacional. Higuera ha sido antologado en Permanencia del relámpago, antología de poesía sinaloense. El trabajo aquí presentado fue extraído del libro La sagrada rutina, a editarse este año.

 

 

ahora estarías distraída del mundo

fiel al ventanal de tus evocaciones

 

eres el vaho que me deja el alba cuando te aleja

tus sueños tan claros Circe cuando llueve y te mojas

 

hay campanas que anuncian el crepúsculo del alma

nubes rosa sobre un cielo que oscurece

y su dibujo griego

 

 

un globo sin color en la memoria

                  se eleva

tus manos tendidas

                 me miran

                               explotar

 

 

 

 

no se trata de amor

no es que quiera, contra el tiempo, hablar en nombre

del amor

 

pero una piel suave como viento de marzo

sonrisa fértil

soplo de vida, festivo, silencioso

 

una mar cadente en el descenso

hacia el delgado talle

una nueva forma del bien sobrevoló toda la noche

 

la morada de mis muertos

 

algo en el ambiente quería ser expresado

algo en ti extendía las alas

 

luego un delicado arpegio en el alma

un roce apenas de su piel secreta

 

que llega y parte bajo la luz oscilante

 

 

 

 

alégrate, mujer

primero fue la transparencia

 

ya se acerca la vieja alborada

ya pronto romperá el piadoso su doliente cascajo

 

como una luz hambrienta que devora lo que deja ver

un nuevo sol derramará su labia sobre nuestras ilusiones

 

ya está abierta nuevamente el alma

 

siente cómo tiembla el mundo

cómo avanza

                       y destruye

en pos de ti

                sin un fin aparente.

 

 

 

 

ahora llueve

he agotado mis cartas

 

miro el cielo casi blanco de la noche

se irá también de ti completamente

 

se irá el momento la instantánea sonrisa

el tiempo de haber dicho

 

busqué la lluvia un día en tierra firme

la encontré desnuda

 

la vi detrás de la vidriera cuando en venta

alisaba sus cabellos

 

la vi por calles desdibujadas

postergando la luz de los faroles

 

mírame flotar en un cubo de humo

al acecho

 

puedo plantar un árbol de durazno

en el aquí y ahora de la lluvia

 

he agotado mis cartas

perdí el hilo del juego en la estrategia

 

voy de lo poético a lo absurdo

no toco el suelo

 

el agua que te separa de mí

tiene veneno

 

tiene sapos

y

dos

o tres

animalejos

más

 

tóxicos

adictivos

 

 

 

 

cúbreme de sangre, amada

de saliva y sangre de tu sangre y tu saliva

 

embarra gruesas gotas de tu sangre en mi frente sedienta

dame de beber en el café

 

hermosos coágulos mezclados con azúcar

de tu sangre cada fin de mes

 

llévame al cuerpo de tu sangre

al rincón de tu sangre al labio tibio

 

de tu sangre y trágame con seda y miel

déjame ser entre los pliegues carne dura

 

dame a seguir en el aceite

el rubicundo aroma que se eleva de los negros girasoles

 

 

 

 

ya estás de nuevo en el punto de partida

nunca tan basto para el hueco que deja en retirada el corazón

 

nunca tan grande como hacías creer a la distancia

nada faltará con este intento de extraviarse

 

cae de nuevo aquella vieja ausencia de volar sobre las cosas

agua brillante de anzuelos en la boca para atarse una vez más

 

pide al dios de los danzantes que no te alcance el rayo

cuenca de las manos una vez más de cara al cielo

 

pídele que cante, que trasnoche y cante

que no le falte nada a aquello que me falta

que no me falte.

 

 

 

 

de mí toma las rigurosas volcaduras

las vanas armas metafísicas blandidas en la oscuridad

 

puente tardío al comercio de los peces

llévate de mí la sal, flor utilitaria,

los dilatados alciones

 

como repite un pozo el canto absorto de lo que se acerca,

derrámate en el viento junto a mí,

espíritu de fiesta

 

soy de polvo en el vientre de todos los líquidos,

cuerpo de piedra al fin de la humareda.

 

soy un perro conductista reforzado positivamente

soy tu silencio

 

el cielo es un abismo desbordado

 

 

 

 

qué fue robado al trago limpio

que alumbraba líquida la boca
en su anhelo

antes de nombrarte
vi en un cielo de Millet los inclinados rostros
libres de sombra

deja tú también lo que te aparte
deja tu labor de reglas rotas
si te encuentras
 
no te inclines a tu centro decaída como a un pozo
no verás a nadie, nunca
hubo nadie adentro

antes
vuelta hacia el misterio grave de lo externo
mira cómo el golpe, fruto del tiempo, se madura
como regresamos al mundo de la sed
para decir adiós

y mantenernos

 

firmes
lengua a prueba de lodo, sombra

estrictamente detrás, cuencas siempre al margen

 

todo lo interior

menguado, decreciendo, volviéndose pequeño

una gota de sal, una voz de aliento

 

atenuada, tan simple, tan indescifrable

cada vez que dice más de lo que quiere

habla más de lo que dice
es tan poca
tan malditamente suficiente
el agua
              para delatarnos

 

 

Datos vitales 

René Higuera. (Los Mochis, Sinaloa 1982) Es poeta y traductor. Ha aparecido en diversas publicaciones culturales. Formó parte del proyecto Renovigo de obras teatrales con la obra Ordinario. Aparece en Permanencia del relámpago, antología de poesía sinaloense. El trabajo aquí presentado fue extraído del libro La sagrada rutina, a editarse este año.

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