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CÍRCULO DE POESÍA

 

Graça aranha: lecturas sobre poesía brasileña

12 Jun 2010

Pintura- Víctor Arruda

El ensayista Daniel Orizaga Doguim, en su lectura de la tradición literaria brasileña, nos presenta la siguiente traducción,  una mirada sobre la naturaleza de la lengua portuguesa, un acercamiento a la obra del premodernista brasileño Graça Aranha (1968-1931).

 

MEDITACIÓN SOBRE LA LENGUA PORTUGUESA

 

La perfección es señal del comienzo de la decadencia y de la muerte. En el arte, en la literatura, como en la Naturaleza, la observación nos demuestra la verdad de esta ley de evolución universal.

            La escultura comenzó a declinar cuando alcanzó la perfección con Fidias. Praxiteles es un admirable escultor de perfección, pero la fuerza creativa de Fidias estaba ya extinta. La poesía latina murió con Virgilio, Horacio y Ovidio, sus perfectos maestros. La poesía francesa llego a su apogeo en la forma raciniana. Después, incluso con Hugo, Musset, Vigny y Lamartine, nada se renovó. La lengua estaba perfecta y definitiva. Sólo más tarde,  con Baudelaire y Mallarmé, tomó un nuevo aspecto. En Portugal, la lengua, que fue pedregosa, dura y difícil, se fue apurando hasta que Camões le dio perfección. Después, la poesía siguió el ritmo camoniano y nada nuevo fue creado. Garret es un romántico amanerado. La prosa portuguesa también quedo fija en Joao de Barros y Vieira; Herculano fue un escritor perfecto dentro de la forma clásica. Eça de Queiroz tuvo la felicidad de traer a la literatura portuguesa dones de vida. Fue un artista que, ignorando a la lengua, escribió de un modo encantador, en una lengua espontánea y corrompida, con cierta libertad, por serle extraños los moldes clásicos. Es así como los principales defectos del escritor que es Eça de Queiroz, contribuyeron a la vivacidad y a la magia de sus libros. En Brasil, la situación de la lengua favorece el genio creador. La perfección es difícil de ser alcanzada. Quien escribe en la lengua de Camões y Vieira, e incluso de Herculano o Camilo, escribe una lengua afectada y postiza. La lengua expresa el gran desorden de la formación nacional. En ese tumultuoso río, varias corrientes se despejan y las aguas son turbias, violentas, bravías y a veces de una libre y grandiosa belleza. La vida se desenvuelve en toda la naturaleza. Cada instante es una nueva afirmación del espíritu humanos sobre las infinitas materias, y las relaciones se manifiestan en la fantasía de las expresiones  felices, nuevas, alegres por haber nacido… De todas partes llegan numerosas palabras, que se imponen por la violencia, o se encariñan habilidosas a la atmósfera. Absolutamente todo es un gran aluvión, y la tierra es movediza, y el espíritu allí sopla libre y fecundo. Venidas de la propia naturaleza maravillosa, venidas de la vidas humana que allí se desenvuelve o venidas de lejos, de remotos parajes, encanto de unos, espanto de otros, las expresiones del lenguaje luchan, se repelen y al final se cruzan por instantes, hasta que nuevas expresiones, nuevas formas no  lleguen y perturben violentamente a la placidez corriente que se había formado… Y con la lengua así va el estilo, movedizo, tortuoso, sin reglas, en un desorden que irrita, pero que es una señal de la infancia o de perpetua renovación. Y hasta ahora nada queda fijo; las viejas formas portuguesas son absurdas en la tierra incoherente y paradójica de Brasil. Hay una libertad suprema que permite la revelación del genio literario. Y hay un inmenso esfuerzo para alcanzar la perfección. Es el delicioso momento de una literatura, el maravilloso instante de creación en que se lucha por fabricar de tantas materias bellas e informes la obra prima. Y mientras las razas traen sus expresiones propias, mientras el suelo y la civilización en la que se forma el lenguaje es inquieto, tumultuoso, y el esfuerzo es magnífico y soberbio el espectáculo de la creación literaria; ¡pero, cuando en ese extraño mundo el Todo se fije, y una sola raza, una sola nación, una sola alma allí sea definitiva, y grande, y majestuosa, y serena, la perfección será alcanzada y admiraremos el comienzo de la muerte!

 


[1] De tomado de A Estética da Vida.

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