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CÍRCULO DE POESÍA

 

Arte Poética No 14: Gioconda Belli

05 Ago 2010

Gioconda Belli

En esta entrega de Arte Poética, Mario Meléndez nos ofrece la poesía de la nicaragüense Gioconda Belli (1948). Algunos de sus libros de poesía son Sobre la grama, Línea de fuego, Truenos y arcoíris, Amores insurrectos y De la costilla de Eva

 

 

Sobre la Grama  

(1970 – 1974)

 

 

ABANDONADOS

 

Tocamos la noche con las manos,

escurriéndonos la oscuridad entre los dedos,

sobándola como la piel de una oveja negra.

Nos hemos abandonado al desamor,

al desgano de vivir colectando horas en el vacío,

en los días que se dejan pasar y se vuelven a repetir,

intrascendentes,

sin huellas, ni sol, ni explosiones radiantes de claridad.

Nos hemos abandonado dolorosamente a la soledad,

sintiendo la necesidad del amor por debajo de las uñas,

el hueco de un sacabocados en el pecho,

el recuerdo y el ruido como dentro de un caracol

que ha vivido ya demasiado en una pecera de ciudad

y apenas si lleva el eco del mar en su laberinto de concha.

¿Cómo volver a recapturar el tiempo?

Interponerle el cuerpo fuerte del deseo y la angustia,

hacerlo retroceder acobardado

por nuestra inquebrantable decisión.

Pero… quién sabe si podremos recapturar el momento que perdimos.

Nadie puede predecir el pasado

cuando ya quizás no somos los mismos,

cuando ya quizás hemos olvidado

el nombre de la calle

donde

alguna vez

pudimos

encontrarnos.

 

 

 
 

CASTILLOS DE ARENA

 

¿Por qué no me dijiste que estabas construyendo

ese castillo de arena?

Hubiera sido tan hermoso

poder entrar por su pequeña puerta,

recorrer sus salados corredores,

esperarte en los cuadros de conchas,

hablándote desde el balcón

con la boca llena de espuma blanca y transparente

como mis palabras,

esas palabras livianas que te digo,

que no tienen más que el peso

del aire entre mis dientes.

Es tan hermoso contemplar el mar.

Hubiera sido tan hermoso el mar

desde nuestro castillo de arena,

relamiendo el tiempo

con la ternura

honda y profunda del agua,

divagando sobre las historias que nos contaban

cuando niños, éramos un sólo poro

abierto a la naturaleza.

Ahora el agua se ha llevado tu castillo de arena

en la marea alta.

Se ha llevado las torres,

los fosos,

la puertecita por donde hubiéramos pasado

en la marea baja,

cuando la realidad esta lejos

y hay castillos de arena

sobre la playa…

 

 

 
 

COTIDIANO

 

Toda mi casa está regada por mis poemas.

Me aparecen en la cocina, en el estudio,

en el dormitorio. Están extendidos a lo

largo de mi desorden, esparciendo su dulzura

por las horas tediosas de la barrida y de

la arreglada de los cuartos, dándome ese

mensaje de que si hay algo vivo en mí,

de que mi vitalidad esta impregnada en

esos papeles donde he dejado el recuerdo

de estos momentos intensos en que yo

dejo de ser yo y me convierto en un poema.

 

 

 
 

DE LA MUJER AL HOMBRE

 

Dios te hizo hombre para mí.

Te admiro desde lo más profundo

de mi subconsciente,

con una admiración extraña y desbordada

que tiene un dobladillo de ternura.

Tus problemas, tus cosas

me intrigan, me interesan

y te observo

mientras discurres y discutes

hablando del mundo

y dándole una nueva geografía de palabras.

Mi mente está covada para recibirte,

para pensar tus ideas

y darte a pensar las mías;

te siento, mi compañero, hermoso,

juntos somos completos

y nos miramos con orgullo

conociendo nuestras diferencias,

sabiéndonos mujer y hombre

y apreciando la disimilitud

de nuestros cuerpos.

 

 

 
 

DIME

 

Dime que no me conformarás nunca,

ni me darás la felicidad de la resignación,

sino la felicidad que duele de los elegidos,

los que pueden abarcar el mar y el cielo con sus ojos

y llevar el Universo dentro de sus cuerpos.

Y yo te vestiré con lodo y te daré a comer tierra

para que conozcas el sabor de vientre del mundo.

Escribiré sobre tu cuerpo la letra de mis poemas

para que sientas en ti el dolor del alumbramiento.

Te vendrás conmigo: haremos un rito del amor

y una explosión de cada uno de nuestros actos.

No habrán paredes que nos acorralen,

ni techo sobre nuestras cabezas.

Olvidaremos la palabra

y tendremos nuestra propia manera de entendernos;

ni los días, ni las horas podrán atraparnos

porque estaremos escondidos del tiempo en la niebla.

Crecerán las ciudades,

se extenderá la humanidad invadiéndolo todo;

nosotros dos seremos eternos,

porque siempre habrá un lugar del mundo que nos cubra

y un pedazo de tierra que nos alimente.

 

 

 
 

LLENA DE GRUMOS

 

Llena de grumos.

Áspera de vida.

Estoy tensa como un arco

esperando tu flecha,

para atravesar de gozo

los campos llenos de amapolas explotando.

Me he acoplado a tu nave

vámonos juntos

seré tierra para tu semilla.

 

 

 

 

UNO NO ESCOGE

 

Uno no escoge el país donde nace;

pero ama el país donde ha nacido.

Uno no escoge el tiempo para venir al mundo;

pero debe dejar huella de su tiempo.

Nadie puede evadir su responsabilidad.

Nadie puede taparse los ojos, los oídos,

enmudecer y cortarse las manos.

Todos tenemos un deber de amor que cumplir,

una historia que hacer,

una meta que alcanzar.

No escogimos el momento para venir al mundo:

Ahora podemos hacer el mundo

en que nacerá y crecerá

la semilla que trajimos con nosotros.

 

 

 

 

Y DIOS ME HIZO MUJER

 

Y Dios me hizo mujer,

de pelo largo,

ojos,

nariz y boca de mujer.

Con curvas

y pliegues

y suaves hondonadas

y me cavó por dentro,

me hizo un taller de seres humanos.

Tejió delicadamente mis nervios

y balanceó con cuidado

el número de mis hormonas.

Compuso mi sangre

y me inyectó con ella

para que irrigara

todo mi cuerpo;

nacieron así las ideas,

los sueños,

el instinto.

Todo lo que creó suavemente

a martillazos de soplidos

y taladrazos de amor,

las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días

por las que me levanto orgullosa

todas las mañanas

y bendigo mi sexo.

 

 

  

Línea de Fuego

  (1974 – 1978)

 

 

EL TIEMPO QUE NO HE TENIDO EL CIELO AZUL 

 

quien no sabe que a esta altura

el dolor es también un ilustre apellido

Mario Benedetti

 

El tiempo que no he tenido el cielo azul

y sus nubes gordas de algodón en rama,

sabe que el dolor del exilio

ha hecho florecer cipreses en mi carne.

Es dolor el recuerdo de la tierra mojada,

la lectura diaria del periódico

que dice que suceden

cada vez más atrocidades,

que mueren y caen presos los amigos

que desaparecen los campesinos

como tragados por la montaña.

Es dolor este moverme en calles

con nombres de otros días, otras batallas,

de otros personajes que no son de mi historia.

Es dolor caminar entre caras desconocidas

con quienes no puedo compartir un poema,

hablar de cosas de la familia

o simplemente despotricar contra el gobierno.

Es dolor llegar hasta el borde,

ver de lejos el lago,

los rótulos en la carretera: Frontera de Nicaragua

y saber que aún no se puede llegar más allá,

que lo más que se puede es empinarse

y tratar de sentir el olor de las flores y campos y quemas.

Es dolor,

pero se crece en canto

porque el dolor es fértil como la alegría

riega, se riega por dentro,

enseña cosas insospechadas,

enseña rabias

y viene floreciendo en tantas caras

que a punta de dolor

es seguro que pariremos

un amanecer

para esta noche larga.

 

 

 
 

ES LARGA LA TARDE

 

Es larga la tarde

como el camino curvo hasta tu casa

por donde regreso arrastrando los pies

hasta mi cama sola

a dormir con tu olor engarzado en mi piel,

a dormir con tu sombra.

Es larga la tarde

y el amor redondo como el gatillo de una pistola

me rodea de frente, de lado, de perfil.

El sueño pesa sobre mis hombros

y me acerca de nuevo a vos

al huequito de tu brazo,

a tu respiración,

a una continuación infinita de la batalla

de sábanas y almohadas que empezamos

y que pone risa

y energía

a nuestro cansancio.

 

 

 
 

MI AMOR ES ASÍ

 

Mi amor es así,

como este aguacero,

rebotando contra el pavimento,

pintando de verde el campo,

tapa-cielos,

tenaz,

mójalo todo,

Se me riega por dentro

y lo siento latir en la yema de los dedos

cuando quiero tocarte

y no te tengo cerca.

Como este aguacero, amor,

me vuelvo un montón de agua entre tus brazos

ando desbocada por tu cauce

me hago arroyuelo en el pelo de tu pecho.

Así como esta lluvia,

me desbordo en palabras

para contarte todos mis quehaceres,

para meterte en todos los rincones de mi día,

en todos los aleros de mis horas.

Salto desde tus brazos,

como la lluvia que se derrama de los techos

y me duele la carne de querer prolongarte

de querer florecer la semilla en mi vientre

y darte un hijo hermoso y vital

como este invierno.

 

 

 

 

PARTIRÁS OTRA VEZ

 

Partirás otra vez

porque la tierra llama

con la fuerza de una mujer desamparada.

Partirás otra vez, mi amor,

porque es allá

donde la vida de tantos se resuelve.

Allá te espera la esperanza,

la lucha sin cuartel.

Allá son los desvelos

y el reto de un tiempo sin medida

tratando de saltar al paso de la historia.

Anda, mi amor,

anda con esos brazos que me abrazan,

con esa boca que me besa,

a chorrear fuego, amor,

a llevar esa fuerza

a la tierra desde donde salimos

a la tierra que amamos.

Anda, mi amor,

yo voy también aunque me quede lejos

y estaré allí con vos

en el viento y la lluvia,

en el calor del medio día,

en las tapitas de dulce,

en las chicharras y en los grillos,

en el peligro,

allí por donde andes,

andaré yo,

entre la tierra y tu sombra

habrá una mujer

acariciándote.

 

 

 

 

RECORRIÉNDOTE

 

Quiero morder tu carne,

salada y fuerte,

empezar por tus brazos hermosos

como ramas de ceibo,

seguir por ese pecho con el que sueñan mis sueños

ese pecho-cueva donde se esconde mi cabeza

hurgando la ternura,

ese pecho que suena a tambores y vida continuada.

Quedarme allí un rato largo

enredando mis manos

en ese bosquecito de arbustos que te crece

suave y negro bajo mi piel desnuda

seguir después hacia tu ombligo

hacia ese centro donde te empieza el cosquilleo,

irte besando, mordiendo,

hasta llegar allí

a ese lugarcito

-apretado y secreto-

que se alegra ante mi presencia

que se adelanta a recibirme

y viene a mí

en toda su dureza de macho enardecido.

Bajar luego a tus piernas

firmes como tus convicciones guerrilleras,

esas piernas donde tu estatura se asienta

con las que vienes a mí

con las que me sostienes,

las que enredas en la noche entre las mías

blandas y femeninas.

Besar tus pies, amor,

que tanto tienen aun que recorrer sin mí

y volver a escalarte

hasta apretar tu boca con la mía,

hasta llenarme toda de tu saliva y tu aliento

hasta que entres en mí

con la fuerza de la marea

y me invadas con tu ir y venir

de mar furioso

y quedemos los dos tendidos y sudados

en la arena de las sábanas

 

 

 
 

YO, LA QUE TE QUIERE

 

Yo soy tu indómita gacela,

el trueno que rompe la luz sobre tu pecho.

Yo soy el viento desatado en la montaña

y el fulgor concentrado del fuego del ocote.

Yo caliento tus noches

encendiendo volcanes en mis manos,

mojándote los ojos con el humo de mis cráteres.

Yo he llegado hasta vos vestida de lluvia y de recuerdo,

riendo la risa inmutable de los años.

Yo soy el inexplorado camino,

la claridad que rompe la tiniebla.

Yo pongo estrellas entre tu piel y la mía

y te recorro entero,

sendero tras sendero,

descalzando mi amor,

desnudando mi miedo.

Yo soy un nombre que canta y te enamora

desde el otro lado de la luna,

soy la prolongación de tu sonrisa y tu cuerpo.

Yo soy algo que crece,

algo que ríe y llora.

Yo, la que te quiere.

 

 

 

 

 

 

Truenos y Arcoiris

(1979 – 1982)

 

 

 

EN LA DOLIENTE SOLEDAD DEL DOMINGO

 

Aquí estoy,

desnuda,

sobre las sábanas solitarias

de esta cama donde te deseo.

Veo mi cuerpo,

liso y rosado en el espejo,

mi cuerpo

que fue ávido territorio de tus besos,

este cuerpo lleno de recuerdos

de tu desbordada pasión

sobre el que peleaste sudorosas batallas

en largas noches de quejidos y risas

y ruidos de mis cuevas interiores.

Veo mis pechos

que acomodabas sonriendo

en la palma de tu mano,

que apretabas como pájaros pequeños

en tus jaulas de cinco barrotes,

mientras una flor se me encendía

y paraba su dura corola

contra tu carne dulce.

Veo mis piernas,

largas y lentas conocedoras de tus caricias,

que giraban rápidas y nerviosas sobre sus goznes

para abrirte el sendero de la perdición

hacia mi mismo centro

y la suave vegetación del monte

donde urdiste sordos combates

coronados de gozo,

anunciados por descargas de fusilerías

y truenos primitivos.

Me veo y no me estoy viendo,

es un espejo de vos el que se extiende doliente

sobre esta soledad de domingo,

un espejo rosado,

un molde hueco buscando su otro hemisferio.

Llueve copiosamente

sobre mi cara

y sólo pienso en tu lejano amor

mientras cobijo

con todas mis fuerzas,

la esperanza.

 

 

 
 

ES LARGA LA TARDE

 

Es larga la tarde

como el camino curvo hasta tu casa

por donde regreso arrastrando los pies

hasta mi cama sola

a dormir con tu olor engarzado en mi piel,

a dormir con tu sombra.

Es larga la tarde

y el amor redondo como el gatillo de una pistola

me rodea de frente, de lado, de perfil.

El sueño pesa sobre mis hombros

y me acerca de nuevo a vos

al huequito de tu brazo,

a tu respiración,

a una continuación infinita de la batalla

de sábanas y almohadas que empezamos

y que pone risa

y energía

a nuestro cansancio.

 

 

 
 

EVA ADVIERTE SOBRE LAS MANZANAS

“Allí te quedo en el pecho,

por muchos años me goces”

C.M.R.

Con poderes de Dios

-centauro omnipotente-

me sacaste de la costilla curva de mi mundo

lanzándome a buscar tu prometida tierra,

la primera estación del paraíso.

Todo dejé atrás.

No oí lamentos, ni recomendaciones

porque en todo el Universo de mi ceguera

solo vos brillabas

recortado sol en la obscuridad.

Y así,

Eva de nuevo,

comí la manzana;

quise construir casa y que la habitáramos,

tener hijos para multiplicar nuestro estrenado territorio.

Pero, después,

sólo estuvieron en vos

las cacerías, los leones,

el elogio a la soledad

y el hosco despertar.

Para mí solamente los regresos de prisa,

tu goce de mi cuerpo,

el descargue repentino de ternura

y luego,

una y otra vez, la huida

tijereteando mi sueño,

llenando de lágrimas la copa de miel

tenazmente ofrecida.

Me desgaste como piedra de río.

Tantas veces pasaste por encima de mis murmullos,

de mis gritos,

abandonándome en la selva de tus confusiones

sin lámpara, ni piedras para hacer fuego y calentarme,

o adivinar el rumbo de tu sombra.

Por eso un día,

vi por última vez

tu figura recostada en el rojo fondo de la habitación

donde conocí más furia que ternura

y te dije adiós

desde el caliente fondo de mis entrañas,

desde el río de lava de mi corazón.

No me llevé nada

porque nada de lo tuyo me pertenecía

-nunca me hiciste dueña de tus cosas-

y saliste de mí

como salen -de pronto-

desparramados, tristes,

los árboles convertidos en trozas,

muertos ya,

pulpa para el recuerdo,

material para entretejer versos.

Fuiste mi Dios

y como Adán, también

me preñaste de frutas y malinches,

de poemas y cogollos,

racimos de inexplicables desconciertos.

Para nunca jamás

esta Eva verá espejismos de paraíso

o morderá manzanas dulces y peligrosas,

orgullosas,

soberbias,

inadecuadas

para el amor.

 

 

 

 

HERMOSURA DE LA DIALÉCTICA

 

a Cosme, mi profesor de filosofía

 

Estoy viva

como fruta madura

dueña ya de inviernos y veranos,

abuela de pájaros,

tejedora del viento navegante.

No se ha educado aun mi corazón

y, niña, tiemblo en los atardeceres,

me deslumbra el verde, las marimbas

y el ruido de la lluvia

hermanándose con mi húmedo vientre,

cuando todo es más suave y luminoso.

Crezco y no aprendo a crecer,

no me desilusiono,

ni me vuelvo mujer envuelta en velos,

descreída de todo, lamentando su suerte.

No. Con cada día, se me nacen los ojos del asombro,

de la tierra parida,

el canto de los pueblos,

los brazos del obrero construyendo,

la mujer vendedora con su ramo de hijos,

los chavales alegres marchando hacia el colegio.

Sí.

Es verdad que a ratos estoy triste

y salgo a los caminos,

suelta como mi pelo,

y lloro por las cosas más dulces y más tiernas

y atesoro recuerdos

brotando entre mis huesos

y soy una infinita espiral que se retuerce

entre lunas y soles,

avanzando en los días,

desenrollando el tiempo

con miedo o desparpajo, encenderán

desenvainando estrellas

para subir más alto, más arriba,

dándole caza al aire,

gozándome en el ser que me sustenta,

en la eterna marea de flujos y reflujos

que mueve el universo

y que impulsa los giros redondos de la tierra.

Soy la mujer que piensa.

Algún día

mis ojos

encenderán luciérnagas.

 

 

 
 

SANGRE DE OTROS

 

Leo los poemas de los muertos

yo que estoy viva

yo que viví para reírme y llorar

y gritar Patria Libre o Morir

sobre un camión

el día que llegamos a Managua.

Leo los poemas de los muertos,

veo las hormigas sobre la grama,

mis pies descalzos,

tu pelo lacio,

espalda encorvada sobre la reunión.

Leo los poemas de los muertos

y siento que esta sangre con que nos amamos,

no nos pertenece.

 

 

 
 

MAYO

 

No se marchitan los besos

como los malinches,

ni me crecen vainas en los brazos;

siempre florezco

con esta lluvia interna,

como los patios verdes de Mayo

y río porque amo el viento y las nubes

y el paso de los pájaros cantores,

aunque ande enredada en recuerdos,

cubierta de hiedra como las viejas paredes,

sigo creyendo en los susurros guardados,

la fuerza de los caballos salvajes

el alado mensaje de las gaviotas.

Creo en las raíces innumerables de mi canto.

 

 

 

 

 

OBLIGACIONES DEL POETA

 

Que nunca te dé por sentirte

intelectual privilegiado cabeza de libro serrucho de conversaciones

mustio pensador adolorido.

Vos naciste para desgranar estrellas

y descubrir la risa de la muchedumbre entre los árboles,

naciste blandiendo el futuro

mirando por ojos, manos, pies, pecho, boca,

adivino del porvenir

agorero de días de los que el sol

aún ignora su paternidad,

fuiste engendrado en noches de luna

cuando aullaban lobos y corrían enloquecidas las luciérnagas,

tenían los ojos abiertos desde que asomaste al mundo la cabeza

y tu piel era más tierna y delgada

que la de las gentes nacidas a ojos cerrados,

fuiste privilegiado para el dolor y la alegría,

hijo del mar y la tormenta,

hecho para buscar tesoros en pantanos y desiertos.

Tu legado fue el desmedido amor,

la confianza, la ingenuidad,

la sombra de los chilamates,

el trino de los zenzontles negros.

Ahora el fondo de la tierra

emana electricidad para cargar tu canto

se desparraman los poemas en las caras sudorosas,

en las ávidas manos sosteniendo cartillas y lápices;

ahora no tienen más que cantar lo que te rodea,

al suave diapasón

de las ardientes voces

de la multitud.

 

 

 

 

SOÑANDO CON LA LÁMPARA DE ALADINO

 

Siento que me voy a morir

de pensarte y quererte,

genio maravilloso:

¿donde estará mi lámpara de aceite,

donde el poder para frotarla y hacerte surgir

en medio de mí

armado de truenos y arcoiris?

¿donde la mágica evocación,

el ciclón que borre mis palabras malditas,

el tiempo interpuso entre nuestras sombras?

Froto mi corazón

para traerte entero hacia mí,

así tal como sos,

como te amo,

con todas tus queridas palabras

tus rabias, tus silencios inquietantes,

la dulzura que descubrí

como inagotable panal de miel

para empalagarme y llorar de alegría

contra tu sombra dormida

en la almohada de la noche.

Amor redondo y definitivo como la curva del mundo,

no abandones mi playa de veleros y naufragios,

ni las caracolas sonoras gritando esta pasión,

esta ternura como lengua larga sobre la arena,

brinca el erizo que quiso estorbar

la construcción de nuestra casa de algas marinas;

vos, amor, que has conocido de pantanos

y selvas y muertes,

no devolvás tus pasos

a la hosca soledad inalcanzable a mis gritos.

Yo instalaré mullidas alfombras

para que camines sin tropiezos

y esperaré por años y siglos enteros

en cualquier casa sobre los arboles, a

que descifres los mapas,

borres la huella

y cantes otra vez, la tormenta

con la que me arrullabas en las noches.

 

 

 

 

 

De la costilla de Eva

(1986)

 

 

COMO GATA BOCA ARRIBA

 

Te quiero como gata boca arriba,

panza arriba te quiero,

maullando a través de tu mirada,

de este amor-jaula

violento,

lleno de zarpazos

como una noche de luna

y dos gatos enamorados

discutiendo su amor en los tejados,

amándose a gritos y llantos,

a maldiciones, lágrimas y sonrisas

(de esas que hacen temblar el cuerpo de alegría)

Te quiero como gata panza arriba

y me defiendo de huir,

de dejar esta pelea

de callejones y noches sin hablarnos,

este amor que me marea,

que me llena de polen,

de fertilidad

y me anda en el día por la espalda

haciéndome cosquillas.

No me voy, no quiero irme, dejarte,

te busco agazapada

ronroneando,

te busco saliendo detrás del sofá,

brincando sobre tu cama,

pasándote la cola por los ojos,

te busco desperezándome en la alfombra,

poniéndome los anteojos para leer

libros de educación del hogar

y no andar chiflada y saber manejar la casa,

poner la comida,

asear los cuartos,

amarte sin polvo y sin desorden,

amarte organizadamente,

poniéndole orden a este alboroto

de revolución y trabajo y amor

a tiempo y destiempo,

de noche, de madrugada,

en el baño,

riéndonos como gatos mansos,

lamiéndonos la cara como gatos viejos y cansados

a los pies del sofá de leer el periódico.

Te quiero como gata agradecida,

gorda de estar mimada,

te quiero como gata flaca

perseguida y llorona,

te quiero como gata, mi amor,

como gata, Gioconda,

como mujer,

te quiero.

 

 

 

 

DEFINICIONES

 

Podríamos tener una discusión sobre el amor.

Yo te diría que amo la curiosa manera

en que tu cuerpo y mi cuerpo se conocen,

exploradores que renuevan

el más antiguo acto del conocimiento.

Diría que amo tu piel y que mi piel te ama,

que amo la escondida torre

que de repente se alza desafiante

y tiembla dentro de mí

buscando la mujer que anida

en lo más profundo de mi interior de hembra.

Diría también que amo tus ojos

que son limpios y también me penetran

con un vaho de ternura o de preguntas.

Diría que amo tu voz

sobre todo cuando decís poemas,

pero también cuando sonás serio,

tan preocupado por entender

este mundo tan ancho y tan ajeno.

Diría que amo encontrarte

y sentir dentro de mí

una mariposa presa

aleteándome en el estómago

y muchas ganas de reírme

de la pura alegría de que exista y estés,

de saber que te gustan las nubes

y el aire frío de los bosques de Matagalpa.

Podríamos discutir si es serio todo esto que te digo.

Si es una quemadura leve, de segundo, tercer o primer grado.

Si hay o no que ponerle nombre a las cosas.

Yo sólo una simple frase afirmo.

Te amo.

 

 

 
 

ESQUINAS DEL MIEDO

 

No debería estar triste

No debería hoy

noche de la primera lluvia del invierno

entristecerme

Al menos

debería entender donde está la cuerda rota

el pájaro dormido

cuál de los diques se hizo poroso a las lágrimas

Es verdad que duermo sola

Es verdad que odio las noches solitarias

el abrazo de recuerdos vacío entre las sábanas

pero vos no te has ido para siempre

Por el contrario

tu voz desde lejos ya no teme pronunciar el amor

deletrearlo en todos sus sonidos

Ya aceptamos vivir juntos las tempestades

en la pequeña arca del diluvio

vos con tus animales

yo con los míos

y esta ausencia es solo travesía

necesidades del pasaje

y no la total escasez del desierto

ni la helada sensación de la soledad

Quizá por esto la añoranza tiene algo más:

Un aire de desperdicio

Y sin embargo el tiempo es fruto

maduro en mis manos

Y los días se me ocupan en tejidos de todos

los colores

Y vivo un espacio lleno de mí

que también tiene algo de vos

Quizá las hormonas conspiran

las fases de la luna

el cambio de las estaciones

la añoranza de la piel es más fuerte que los razonamientos

o quizás no me concedo el permiso la licencia de la felicidad

ahora cuando la mesa está servida

y la espera de vos no es más que un asunto de relojes

que pasen cedan su espesura las horas

hasta el punto de confluencia del abrazo

Por eso

más que decirte que te extraño

aunque te extraño

formo palabras como diminutos gatos quejosos

aullándole a la noche

al lado oscuro de mi sangre que no entiendo

al regazo de mi madre que quizá vengo extrañando

desde siempre

y pienso que mañana soplaré las brumas

puliré el sol

No tendré miedo

No temeré los trayectos solitarios

o despertar sin techo

Espantaré las nubes de fantasmas

las aproximaciones de la muerte

Aceptaré que soy feliz

Muy feliz

Le perderé este miedo profundo

a la felicidad

 

 

 

 

 

PARA JUAN GELMAN

 

Pienso Juan,

que somos

exactamente lo que somos,

un hombre y una mujer

andando de corrido por el mundo,

con una suave interrogación

detrás de los ojos

y las manos abiertas

buscando pájaros azules,

victorias,

calmantes para el dolor,

sombras para guarecernos de las lágrimas,

espejos donde mirar

para encontrar quien ve,

sí dulcemente, con la misma dulzura,

sí tiernamente, ternura desde adentro;

quién nos desaloja de la soledad,

nos deja sin más sol que el sol,

calientitos;

quién nos pasa

todo el calor de vida que llevamos,

las cosas lindas que también juntamos,

las revoluciones que ganamos,

la esperanza que nos levanta al viento,

de ojo a ojo,

de sangre a sangre.

Quién nos junta como amaneceres

de un mismo país

para mezclar alegría con tristeza

y sacarnos andando bajo los árboles

como tercos animalitos

husmeando el amor.

Pienso Juan,

que hay un espejo

donde nos reflejamos

al mismo tiempo.

 

 

 

 

REGLAS DEL JUEGO PARA HOMBRES QUE QUIERAN AMAR A MUJERES

 

          I

 

El hombre que me ame

deberá saber descorrer las cortinas de la piel,

encontrar la profundidad de mis ojos

y conocer lo que anida en mí,

la golondrina transparente de la ternura.

 

 

          II

 

El hombre que me ame

no querrá poseerme como una mercancía,

ni exhibirme como un trofeo de caza,

sabrá estar a mi lado

con el mismo amor

con que yo estaré al lado suyo.

 

 

          III

 

El amor del hombre que me ame

será fuerte como los árboles de ceibo,

protector y seguro como ellos,

limpio como una mañana de diciembre.

 

 

          IV

 

El hombre que me ame

no dudará de mi sonrisa

ni temerá la abundancia de mi pelo,

respetará la tristeza, el silencio

y con caricias tocará mi vientre como guitarra

para que brote música y alegría

desde el fondo de mi cuerpo.

 

 

          V

 

El hombre que me ame

podrá encontrar en mí

la hamaca donde descansar

el pesado fardo de sus preocupaciones,

la amiga con quien compartir sus íntimos secretos,

el lago donde flotar

sin miedo de que el ancla del compromiso

le impida volar cuando se le ocurra ser pájaro.

 

 

          VI

 

El hombre que me ame

hará poesía con su vida,

construyendo cada día

con la mirada puesta en el futuro.

 

 

          VII

 

Por sobre todas las cosas,

el hombre que me ame

deberá amar al pueblo

no como una abstracta palabra

sacada de la manga,

sino como algo real, concreto,

ante quien rendir homenaje con acciones

y dar la vida si es necesario.

 

 

          VIII

 

El hombre que me ame

reconocerá mi rostro en la trinchera,

rodilla en tierra me amará

mientras los dos disparamos juntos

contra el enemigo.

 

 

          IX

 

El amor de mi hombre

no conocerá el miedo a la entrega,

ni temerá descubrirse ante la magia del enamoramiento

en una plaza llena de multitudes.

Podrá gritar -te quiero-

o hacer rótulos en lo alto de los edificios

proclamando su derecho a sentir

el más hermoso y humano de los sentimientos.

 

 

          X

 

El amor de mi hombre

no le huirá a las cocinas,

ni a los pañales del hijo,

será como un viento fresco

llevándose entre nubes de sueño y de pasado,

las debilidades que, por siglos, nos mantuvieron separados

como seres de distinta estatura.

 

 

          XI

 

El amor de mi hombre

no querrá rotularme y etiquetarme,

me dará aire, espacio,

alimento para crecer y ser mejor,

como una Revolución

que hace de cada día

el comienzo de una nueva victoria.

 

 

 

 

 

SIN PALABRAS

 

Yo inventé un árbol grande,

más grande que un hombre,

más grande que una casa,

más grande que una última esperanza.

Me quede con el años y años

bajo su sombra

esperando que me hablara.

Le cantaba canciones,

lo abrazaba,

le rascaba su rugosa corteza

entretejida de helechos,

mi risa reventaba flores en sus ramas,

y a cada gesto mío le crecían hojas,

le brotaban frutas…

Era mío como nunca nada ha sido mío,

pero no me hablaba.

Yo vivía pendiente de sus ruidos,

oyendo su suave aleteo de mariposa,

su crujido de animal de la selva

y soñaba su voz como un hermoso canto,

pero no me hablaba.

Noches enteras lloré a sus pies,

apretujada entre sus raíces,

sintiendo sus brazos sobre mí,

viéndolo erguido sobre mí,

sabiendo que me estaba pensando,

pero no me hablaba…

Aprendí a cantar como pájaro

a encenderme como luciérnaga,

a relinchar como caballo.

A veces me enfurecía y hacía que se le cayeran

todas las hojas,

lo dejaba desnudo y avergonzado

ante los guanacastes,

esperando que -tal vez- entendería por mal,

como algunos hombres,

pero nada.

Aprendí tantas cosas para poder hablarle,

me desnudé de tantas otras necesidades

que olvidé hasta cómo me llamaba,

olvidé de dónde venía,

olvidé a qué especie de animal pertenecía

y quedé muda y siempreverde

-esperanzada-

entre sus ramas.

 

 

 

 

VIGILIA

 

Uno tras otro se amontonan los días de la vida.

Pasan. Se suceden.

Soy yo la que construye esperanza sobre la hierba.

La que se ve desnuda aun rosa y piel cálida.

Allá están las colinas de mi retozar.

Los arroyos y los valles de las correrías bajo la lluvia.

Veo pasar los rostros que alguna vez alzados como

lámparas

iluminaron el mío y me poblaron de símbolos y

palabras nuevas.

Los poemas vuelan como bandadas de palomas

sobre la cabeza.

Todo esto lo observo desde mi celda virgen donde

nadie penetra.

Al final del encuentro con el mundo de los sueños

desperté con la anunciación del júbilo

pero no hubo quien abrazara mi cuerpo y soplara

caricias en mi oído.

Sin embargo soy feliz.

Veo los vientres hinchados de vida que vendrá.

Los campos arados.

Es la hora de la meditación y tejo un sueño

porque aprendí que los sueños son posibles.

Escribo manuscritos viejos y reescribo una nueva historia del mundo.

Esta es la tierra prometida de la cual nos habían arrojado.

Ejércitos de querubines, coros de ángeles

cuidan a los moradores del paraíso

para que soporten las privaciones

y no coman la manzana de la perdición.

Me han dejado la lámpara de las vírgenes prudentes

pero también las visiones de los bosques

donde habitan los unicornios.

El amado no llega.

A veces pareciera que diviso su sombra acercándose

y que su voz como las trompetas de Jericó parece pronta a alzarse

para derrumbar los muros que contienen el amor.

Me dicen que la perseverancia es virtud de los triunfadores.

La paciencia seguro escudo contra los espejismos que producen falsos sueños.

Entonces doy vuelta al reloj de arena

y dibujo en largos pergaminos la sustancia de mi felicidad.

Esa que sólo espero habrá de levantarse

de la niebla y el vapor

hacerse hombre y venir a habitarme

aparecida en medio de todos

puerto final de mis tempestades

por los siglos de los siglos

Amén.

 

 

 

 

Datos vitales

Gioconda Belli (Nicaragua, 1948). Poeta y novelista. Su poesía confluye entre el erotismo y lo social. Entre los libros de poesía más reconocidos destacan: Sobre la grama, Línea de fuego, Truenos y arcoíris, Amores insurrectos y De la costilla de Eva. En 1988 publicó su primera novela La mujer habitada. Su obra ha sido merecedora de importantes reconocimientos y traducida a diversos idiomas. Ha participado en diversos festivales y encuentros literarios.

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