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CÍRCULO DE POESÍA

 

Foja de Poesía No. 232: Leticia Carrera

16 Ago 2010

Leticia Carrera A continuación presentamos un acercamiento a la poesía de Leticia Carrera L. (Morelia, Mich. 1981).  Pertenece al consejo editorial de la revista “El Subterráneo”. Es Licenciada en Filosofía por la UMSNH. Es coautora de los libros Son de Marzo (2005), Silencio Habitu(a)do (2006) y Tiempo Mixto(2007) editados por la Universidad de Guanajuato, así cómo Olvidados y Excéntricos de la Secretaría de Cultura el estado de Michoacán

 

 

 

Lección 25.85

 

A veces la vida nos da sorpresas:

 

nos avienta,

nos muerde,

nos patea.

 

Descansas y sigue:

 

te acaricia,

te besa,

te cuida,

te abraza,

 

Sabes que es vida

las preocupaciones no deben existir,

y entiendes que es vida

paso a paso,

y te sabes vivo.

 

La vida es el juego

donde apostar es crecer,

todo como es

simpleza y sencillez.

 

 

 

 

Hoja en blanco

 

Vuela,

vuela alto y sé pájaro,

el aire acaricia las alas,

las alas son brazos de aire.

 

Vuela,

vuela más alto, sin gravedad

sé meteoro huyendo.

 

Los hoyos negros te invitan

a pasear en sus entrañas,

ser nada.

 

Vuela como luciérnaga,

vuela como libélula,

vuela alto;

tan alto para sentir los dedos de Dios.

 

 

 

 

La soledad es la madre de la intuición

 

Surge en el silencio

es el loto,

es cascada limpia,

fuerza del agua que brota del corazón.

 

La oscuridad es madre

la tierra nos concibe

y nos convoca a la luz.

 

Silente en la vida

maestra en los pasos,

poder en lo suave: Ser viento.

 

Saberse pequeña

reconocerse persona.

 

Es la canción de los días

delirio de luna.

 

 

 

 

De abajo

 

Parece que todo se cae,

si miras por debajo del agua: sube.

 

El sonido del aire

juega con mis pies

y se baila al sonido de las hojarascas.

 

Camino con trazo,

dos viajeros a mi lado:

ermitaños y forasteros,

saltimbanquis y arlequines,

locos y sabios.

 

Bajo columnas de cuarzo, raíces,

lugar que la cabeza adora,

cerca de las entrañas,

proteger el corazón

de las ventiscas.

 

Ellos son los aventureros,

descubridores

del mundo sin enigmas.

 

Mis pies

silencio que mueve

deseo que se hace.

 

 

 

 

Caricias durmientes

 

La cama es madre,

la madre es tierra,

la tierra es vientre,

y yo soy vientre

 

En mi crecen flores marinas,

esperando anzuelos de otros mundos,

las anémonas mueren,

los peces payaso rondan mis muslos.

 

 

 

Canción limítrofe

 

La voz de tu garganta

retumba en la cabeza,

se amordaza cada paso.

 

Voz que conduce a mil voces.

Los chelos lloran la partida

llegada a este mundo.

 

Mundo que teje coronas con flores

tú fecundas los huevos de las aves,

plumas, viento, canto.

El aire es mensajero de tu orilla.

 

No hay distancia

las voces se toman las manos,

se acercan dos continentes,

los mares arrullan los navíos;

cruzamos a otra orilla.

 

Orilla de perla esmeralda,

esmeralda turquesa los ojos que miran,

en el canto del agua

los peces pronuncia oraciones.

 

Es ahora mirada barro,

voces de viento nuestras palabras

silencio de voces.

 

La ruta es brazada a brazada.

 

 

 

 

A millas

 

Es la distancia curandera de mil angustias.

 

Deseo del viajero y baile para las piedras.

 

Todo está en su lugar.

 

El hogar es canto de montaña.

 

 

 

 

Ser de este tiempo

 

Cubres mis ojos.

Platicamos durante dos horas.

El café se toma fuerte y sin azúcar.

 

Los silencios son cobijas.

Las miradas no se cruzan.

Caminamos.

 

Hablamos un idioma común.

La carcajada es picante.

Mañana es nosotros.

 

Esperar un minuto las palabras.

Regalar los sueños propios.

 

La casa nos habita.

El tacto nos revela.

La tranquilidad es entraña.

Hoy es regalo.

 

 

 

 

Infancia

 

El mundo gira incesantemente,

recorrido aprendido desde la infancia:

es agua, es limón, es suéter.

 

Los árboles son guardería

de años conjugados,

en sus ramas se posa un columpio

gestando alas en los ojos.

 

Los caracoles se posan en sus hojas,

de color ocre

un espiral se marca

correr a otro mundo: destino.

 

 

 

 

Crónica de batalla

 

Seis libros más son la respuesta a tu silencio.

Cuestión que en realidad no te importa.

El café de la mañana se torna suave.

Eso si que comienza a molestarte.

 

La cama sigue destendida,

lloras por la almohada que está en la basura,

la toalla húmeda invade tu piso,

el hielo es el tercer habitante.

 

Mi viaje es tu reclamo

y yo maldigo tus celos.

La casa es laberinto

de este silencio indecoroso.

 

 

 

 

La voz de la noche

 

La luz habita en mi pecho.

El sonido se conjuga con la luz.

 

Ilusión ser alambre y púas.

La distancia entre los cuerpos etéreos se multiplica.

Una guirnalda de flores engarzada en mi mano.

 

EL sonido rojo se torna blanco.

La señal es guerrero amarillo.

Soy luz.

Despertar.

 

Mirar el entorno.

Ser luz.

La guerra termina.

 

Mi voz es luz.

 

Me reconozco:

bajo el cobijo de ángeles

vivo cada instante.

 

 

 

 

Habitantes

 

El corazón despertó inquieto.

Busca tu presencia en las esquinas del cuarto.

Lo acaricias, te mira.

Te escucho: un aire nuevo invade el lugar.

 

Se liberan tres bandadas de cuervos con destino al norte.

Tu llegada la anuncia el rugido de un león.

Sobre el lomo de un elefante blanco entras a mis tierras: tus tierras.

 

El corazón descansa en tus manos a las cuatro de la tarde.

Los cuervos retornan con plumaje color plata.

Tras el vuelo de la lechuza:

dormimos en los ojos de las estrellas.

 

 

 

 

Inmensidad

 

Barcos perdidos en altamar

anclar sobre la brisa,

ser sal.

 

Tu voz es canto de sirena

que enloquece a las gaviotas,

las ballenas lamentan

los naufragios en tu vida.

 

El velamen cubierto de rojo

ondea en mi velero.

 

Neptuno nos amarra los timones,

el azar es orgullo de otro tiempo,

buscando en todos los rincones

vagamos perdidos en el mar.

 

 

 

 

 

Primer susurro

 

En las manos, una repuesta.

El tiempo surca el cielo.

El aire susurra los cambios que traen mis pasos.

Levanto la cabeza y tus bendiciones llegan.

Entonces el cuerpo descansa.

 

 

 

 

 

Decreto cada noche para ti.

 

Tengo meses acariciando el viento

suplicando te dé mi mensaje

y bese tu piel en días sofocantes.

 

El invierno me obliga a pensarte,

muchas cobijas disfrazan tu ausencia.

 

Ocurre de noche la inventiva

escenas imprecisas de dos voces,

conocer tu color azul celeste

amar toda la vida tus alas.

 

 

 

 

Espejos

 

Fundidos en el silencio

esperamos el alba.

 

Y esa voz dijo tu nombre,

esos ojos abrieron el pecho,

armonía milenaria en dos cuerpos.

 

Y sin decir palabra

nos esperamos

indecisos,

nos miramos…

 

El espejo reclama respuesta.

Tu sonríes y bajo tus brazos

mi cuerpo duerme.

 

Somos cielo y tierra

en completa comunión.

 

 

 

 

 

A cuatro manos

 

Viento suave en mi mano,

tango en la tuya,

ambas en diluvio

esperando la calma.

 

Manos de nido

donde anida mi ser,

desayuna caricias

escurridas entre tus dedos.

 

En tus líneas

descubro mi destino,

se aquietan mis manos

se anudan al deseo.

 

Tu mano fuego,

mi mano melodía,

pasión enlazada.

 

 

 

 

Comerse

 

El viento pasa,

caricia de mil años,

secreto adormecido

que desdibuja el atisbo.

 

La cabeza

divorciada del cuerpo,

laberinto que siente

derramándose a si mismo.

 

Querer existir en ajeno,

ser otro.

 

Comerse

en cada bocado,

darse a otra boca.

 

 

 

 

Inmóvil

 

Sentada en medio de la oscuridad,

escucho el silencio,

siento mi miedo

el temblor de la manos,

la piel se rompe con el viento.

 

No conozco de rostros,

ni de formas,

hace mucho que deje de mirar.

Intento huir de esta silla

me ata como amante desesperado.

 

En la penumbra puedo escuchar

los pasos que me siguen,

que aún no me alcanzan,

que deseo que lleguen,

que tal vez son fantasmas.

 

Sentada

en la ceguera del mundo

en la habitación de los olvidados,

en la continuidad de la sombras.

 

Sin moverme

atada a la silla,

espero librarme de la amarras,

tal vez otra silla,

nueva excusa para la oscuridad.

 

 

 

 

Arena

 

La cama es arena y eso lo sé.

 

Que acostarse con alguien, no importa,

porque las huellas que dejamos se borran;

 

Podemos culpar al viento o al mar por ellas,

negar que estuvimos ahí, acostados, cuerpo a cuerpo.

 

La cama es arena y tu cuerpo lo sabe.

 

 

 

Datos vitales

Leticia Carrera L. (Morelia, Mich. 1981) pertenece al consejo editorial de la revista “El Subterráneo”. Es Licenciada en Filosofía por la UMSNH. Es coautora de los libros Son de Marzo (2005), Silencio Habitu(a)do (2006) y Tiempo Mixto(2007) editados por la Universidad de Guanajuato, así cómo Olvidados y Excéntricos de la Secretaría de Cultura el estado de Michoacán. Ha publicado en varias revistas del país, así como suplementos culturales de periódicos. Fue beneficiaria del Programa de Estímulos para la Creación y Desarrollo Artístico de Michoacán en el área de literatura durante la emisión 2008-2009.

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