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CÍRCULO DE POESÍA

 

El presente es perpetuo: Octavio Paz, ensayo de Audomaro Ernesto Hidalgo

10 Dic 2010

Octavio PazHace veinte años, un día como hoy, Octavio Paz recibió el Premio Nobel de Literatura. Para celebrar ese acontemcimiento, presentamos el siguiente ensayo de Audomaro Ernesto Hidalgo (Villahermosa, 1983), merecedor del Premio Nacional de Poesía “Juana de Asbaje” 2010.

 

 

EL PRESENTE ES PERPETUO: OCTAVIO PAZ

 

Hace veinte años, un día como hoy, Octavio Paz recibió el Premio Nobel de Literatura. Inmersos en una sociedad en la que los temas de interés se dan por sobre entendidos, y se evaden las soluciones de los problemas que nos aquejan, recordar una fecha como esta no es ocioso, pero decir que Paz es uno de los intelectuales más importantes que ha tenido el país y recordar su larga biografía, es caer en el lugar común. En verdad el único reconocimiento que vale la pena hacer a un escritor es leer su obra, y leerla con atención. Un escritor es producto de su época, su misión es trascender la realidad desde donde ésta comienza: el lenguaje. Al hacer la crítica del lenguaje el escritor funda otra realidad: su obra. Octavio Paz empareja la crítica del lenguaje con la crítica hecha al tiempo, o mejor dicho a los tiempos (cíclico, lineal y finito, progresivo), pero habría que agregar y comenzar a pensar la crítica de la razón cientificista y tecnológica del tiempo que vivimos.

¿Qué tiempo es éste? ¿Cómo es? ¿Qué rostro tiene? Tal vez un camino y muchas pistas los encontremos en los usos de la tecnología moderna. El Internet es una ventana no al mundo sino a un espejismo virtual de la realidad; veloces fragmentos de información capaces de conectarnos a realidades simultáneas en un mismo instante. Hoy el espacio sin límites no está en las alturas sino en un monitor regido por teclas y programas. Al pasar horas y horas frente a una computadora, los usuarios afirmamos la definición por excelencia de este sistema mundial de la tecnología. Sí, el Internet es la red, nos aprisiona y retiene, nos roba los sentidos dejándonos sin sentido. Problema delicado entre todos: los productos de la técnica actual (Internet, teléfono celular, Iphone, etc.) han desfigurado el lenguaje al crear una sintaxis y modos de expresión acordes con la rapidez del presente.

Una de las preocupaciones centrales de Octavio Paz era devolverle al lenguaje el cielo del primer día, o sea, la transparencia. Nos damos cuenta al leer su poesía y sus ensayos, entre los que destacan algunos de los más penetrantes del lenguaje castellano en torno a la literatura, específicamente sobre poesía y el fenómeno poético. No deja de asombrarme el afán de perfección que se percibe en los textos escritos por Paz. Sus poemas son pequeños, medianos y altos edificios en cuyo interior hay escaleras verticales, diagonales y en espiral. Caminamos por ellos con relativa facilidad a la luz del día y de la noche; tropezamos, pero nunca caemos. A medida que nos adentramos más descubrimos hallazgos verbales únicos; nos asomamos por una ventana y sentimos vértigo y nauseas al contemplar nuestra parte sombría, pero que el equilibrio hace desaparecer de inmediato.

Del mismo modo que Vuelta es uno de los puntos más álgidos de la poética paciana, por la agilidad y concisión verbal, por la cristalización metálica de las imágenes, por la hondura entre reflexión e inspiración poética, Árbol adentro es una despedida valiente acechada por dudas y fantasmas que son los de todos los hombres, pero que sólo algunos miran de frente. Pocas veces hemos visto tal coherencia entre pensamiento y creación en la obra de un escritor. Hay excepciones: Valéry, Pound, Montale, Eliot, de quien Paz es deudor en más de una idea, por ejemplo en la concepción del tiempo histórico como materia inherente al tiempo que funda el poema.

Si hubiera que definir a Octavio Paz por una hora sería la del mediodía: sol detenido, hora plena en la que los árboles y los insectos, el rumor del agua, el vuelo de un pájaro, la muchacha con pantalón de la ciudad y la muchacha con falda del campo, los sonidos del mundo, el mundo, son reales. Octavio Paz: “aprendizaje de lucero”, “mediodía absorto”. Su signo es Aries y su elemento el Fuego; reflexivo y pasional, “pasión crítica”, “el fuego de cada día”. Todo eso y más es Piedra de sol, poema perfecto desde donde lo miremos, no le sobra ni le falta nada. Dejará de nacer y renacer cuando los hombres desaparezcamos de la tierra.

En la poesía de Paz también hay noche, sólo que no es como la de Villaurrutia, a solas con la muerte en la frialdad de la alcoba. Es una noche poblada como la de su poema “Visitas”; luminosa no por el diálogo místico con la divinidad sino por la presencia sagrada de la mujer. En la visión del mundo de Paz la mujer ocupa un lugar central. No es un suspiro ni una quimera, un anhelo o una fecha; la mujer es real, cosmos hecho cuerpo. Es Eva antes de la mordida diabólica. No está enfrente sino junto a nosotros, con ella caminamos de la mano por la tierra.

Entre Mixcoac y Estocolmo, la trayectoria intelectual de Octavio Paz es un enorme y dilatado esfuerzo de comprensión de la cultura moderna. Poesía, historia, filosofía, política y moral, traducción, pintura, Oriente (hinduismo, budismo, tantrismo), curiosidades, inquietudes, visiones, hacen de su pensamiento no una obra sino una literatura como bien se ha dicho. Pero a diferencia de otras “literaturas”, disparejas y descuidadas (Pablo Neruda por ejemplo), la suya, escrita con el lápiz doble de la razón: lúcida y lúdica, a pesar de ser vasta y variada, camina con pasos firmes. El arco y la lira, El mono gramático, Los hijos del limo, Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, son libros centrales en la tradición poética hispanoamericana.

La defensa de la libertad era un acto permanente y una preocupación vital para Octavio Paz. También debe serlo para nosotros, hombres de este siglo que acaba de cumplir apenas diez años. Una década que nos saludó con un hecho lamentable apenas iniciada y que desencadenó, más que una guerra, una invasión, la caída de un régimen tirano, muertes y saqueos no a los museos sino al nacimiento mismo de la civilización: Mesopotamia: Sumer-Babilonia-Asiria: Irak-Irán-Afganistán. Resultados: una nueva realidad geopolítica, acumulación de uranio y petróleo por parte de algunas naciones, re-surgimiento de fanatismos religiosos, aparición de otras potencias, progresivo desgaste del paisaje. “La cuestión más inmediata y apremiante es la supervivencia del medio natural”, dice Paz en su discurso de recepción del Nobel. La observación no es nueva, lo sabemos desde hace setenta años o más, pero nunca es tarde para subrayarlo y actuar. 

Todavía recuerdo la impresión que tuve la primera vez que leí Libertad bajo palabra. Leía y releía las páginas. Repetía en mi interior versos que no dejan de deslumbrarme: “Todo era de todos / Todos eran todo / Sólo había una palabra inmensa y sin revés / Palabra como un sol / Un día se rompió en fragmentos diminutos / Son las palabras del lenguaje que hablamos / Fragmentos que nunca se unirán / Espejos rotos donde el mundo se mira destrozado”.  Asombro, fascinación, inspiración, son palabras que no alcanzan a describir aquella experiencia lectora. Mi interés creció, vinieron otras lecturas voluntarias: El laberinto de la soledad, La llama doble. Desde entonces la obra de Paz no ha dejado de acompañarme, regreso a ella con relativa frecuencia. Sin embargo esta actitud no me hace cerrar los ojos ante las opiniones de sus últimos años, teñidas de un derechismo recalcitrante que no soporta justificación alguna, tampoco ignoro lo que Paz representaba en el medio literario nacional: centralismo, paternalismo, legitimación de autores, toma de decisiones, poder. Pero la obra de un escritor habla por él, es su legado. Y la de Octavio Paz nos pertenece a todos. Hay que leerla. 

 

 

 

 

 Datos vitales

Audomaro Ernesto Hidalgo (Villahermosa, 1983). Ha sido becario del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Tabasco, del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, de la Fundación para las Letras Mexicanas, y del Programa de la Unión de Universidades de América Latina. Hizo estudios de Literatura Hispanoamericana en la Universidad Nacional del Litoral, en Santa Fe, Argentina. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía “Juana de Asbaje” 2010 con su libro El fuego de las noches. Organizó y coordinó la I Asamblea Nacional de Poetas Jóvenes en Tabasco. Generación del 70 y 80.

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