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CÍRCULO DE POESÍA

 

Arte Poética No. 32: Oscar Hahn

14 Ene 2011

Óscar-Hahn[1]Mario Meléndez nos ofrece, en esta nueva entrega de Arte Poética, la poesía del chileno Oscar Hahn, uno de los autores fundamentales de la llamada generación del sesenta. Mereció VI Premio Casa de América de Poesía Americana, por su obra En un abrir y cerrar de ojos.

 

Tratado de sortilegio

 

En el jardín había unas magnolias curiosísimas, oye,
unas rosas re-raras, oh,
y había un tremendo olor a incesto, a violetas macho,
y un semen volando de picaflor en picaflor.
Entonces entraron las niñas en el jardín,
llenas de lluvia, de cucarachas blancas,
y la mayonesa se cortó en la cocina
y sus muñecas empezaron a menstruar.
Te pillamos in fraganti limpiándote el polen
de la enagua, el néctar de los senos, ves tú?
Alguien viene en puntas de pie, un rumor de pájaros
pisoteados, un esqueleto naciendo entre organzas,
alguien se acercaba en medio de burlas y fresas
y sus cabellos ondearon en el charco
llenos de canas verdes.
Dime, muerta de risa, a dónde llevas
ese panal de abejas libidinosas.
Y los claveles comenzaron a madurar brilloso
y las gardenias a eyacular coquetamente, muérete,
con sus durezas y blanduras y patas
y sangre amarilla, aj!
No se pare, no se siente, no hable
con la boca llena
de sangre:
que la sangre sueña con dalias
y las dalias empiezan a sangrar
y las palomas abortan cuervos
y claveles encinta
y unas magnolias curiosísimas, oye,
unas rosas re-raras, oh.

 

 

 

 

A la una mi fortuna a las dos tu reloj

 

Estuve toda la noche parado frente a tu puerta

esperando que salieran tus sueños

 

A la una salió una galería de espejos

A las dos salió una alcoba llena de agua

A las tres salió un hotel en llamas

A las cuatro salimos tú y yo haciendo el amor

A las cinco salió un hombre con una pistola

A las seis se oyó un disparo y despertaste

 

A las siete saliste apurada de tu casa

A las ocho nos encontramos en el Hotel Valdivia

A las nueve nos multiplicamos en los espejos

A las diez nos tendimos en la cama de agua

A las once hicimos el amor hasta el exterminio

 

Ahora son las doce del día

y tengo entre mis brazos al cuerpo de todos mis delitos

 

 

 

 

 

La muerte está sentada a los pies de mi cama

Mi cama está deshecha: sábanas en el suelo
y frazadas dispuestas a levantar el vuelo.
La muerte dice ahora que me va a hacer la cama.
Le suplico que no, que la deje deshecha.
Ella insiste y replica que esta noche es la fecha.
Se acomoda y agrega que esta noche me ama.
Le contesto que cómo voy a ponerle cuernos
a la vida. Contesta que me vaya al infierno.
La muerte está sentada a los pies de mi cama.
Esta muerte empeñosa se calentó conmigo
y quisiera dejarme más chupado que un higo.
Yo trato de espantarla con una enorme rama.
Ahora dice que quiere acostarse a mi lado
sólo para dormir, que no tenga cuidado.
Por respeto me callo que sé su mala fama.
La muerte está sentada a los pies de mi cama.

 

 

Escrito con tiza

 

Uno le dice a Cero que la nada existe
Cero replica que Uno tampoco existe
porque el amor nos da la misma naturaleza

Cero más Uno somos Dos le dice
y se van por el pizarrón tomados de la mano

Dos se besan debajo de los pupitres
Dos son Uno cerca del borrador agazapado
y Uno es Cero mi vida

Detrás de todo gran amor la nada acecha

 

 

 

 

Ningún lugar está aquí o está ahí

 

Ningún lugar está aquí o está ahí
Todo lugar es proyectado desde adentro
Todo lugar es superpuesto en el espacio

Ahora estoy echando un lugar para afuera
estoy tratando de ponerlo encima de ahí
encima del espacio donde no estás
a ver si de tanto hacer fuerza si de tanto hacer fuerza
te apareces ahí sonriente otra vez

Aparécete ahí aparécete sin miedo
y desde afuera avanza hacia aquí
y haz harta fuerza harta fuerza
a ver si yo me aparezco otra vez si aparezco otra vez
si reaparecemos los dos tomados de la mano
en el espacio
donde coinciden
todos nuestros lugares

 

 

 

 

Una noche en el Café Berlioz


Yo he visto su cara en otra parte le dije
cuando entró en el Café Berlioz

Soy de otra dimensión contestó sonriendo
y avanzó hacia el fondo del salón

Ella finge escribir en su mesa de mármol
pero me observa de reojo

Desde mi mesa veo su cuello desnudo

Como un aerolito cruzó mi mente
el rostro de Muriel mi amante muerta

Usted es zurda le dije acercándome
Hacemos la pareja perfecta

Tomé su lápiz y escribí “te amo”
con mi mano derecha en la servilleta

Rey del lugar común respondió sin mirarme
mientras le echaba azúcar al té

Me ha clavado una estaca en el corazón
Me ha lanzado una bala de plata
Me ha ahorcado con una trenza de ajo

Volví confundido a mi mesa
con la cola de diablo entre las piernas

En este punto las sombras de los clientes
pagaron y se fueron del Café Berlioz

Váyanse espíritus les dije furioso
agitando mi paraguas chamuscado

¿Hay alguna Muriel aquí?
gritó la mesera desde el umbral
Cuando ella caminó hacia la puerta
vi que tenía una rosa en la mano

Por favor tráiganme la cuenta
que ya está por salir el sol
La lluvia penetra por los agujeros de mi memoria
Muriel Muriel
¿por qué me has abandonado?

 

 

 

 

Televidente

 

Aquí estoy otra vez de vuelta
en mi cuarto de Iowa City

Tomo a sorbos mi plato de sopa Campbell
frente al televisor apagado

La pantalla refleja la imagen
de la cuchara entrando en mi boca

Y soy el aviso comercial de mí mismo
que anuncia nada

a nadie

 

 

 

 

Visión de Hiroshima

 

Arrojó sobre la triple ciudad un proyectil

único, cargado con la potencia del universo.

Mamsala Purva 

(Texto sánscrito milenario)

 

 

Ojo con el ojo numeroso de la bomba
que se desata bajo el hongo vivo.
Con el fulgor del hombre no vidente, ojo y ojo.

Los ancianos huían decapitados por el fuego,
encallaban los ángeles en cuernos sulfúricos
decapitados por el fuego,
se varaban las vírgenes de aureola radiactiva
decapitadas por el fuego.
Todos los niños emigraban decapitados por el cielo.
No el ojo manco, no la piel tullida, no sangre
sobre la calle derretida vimos:
los amantes sorprendidos en la cópula,
petrificados por el magnesium del infierno,
los amantes inmóviles en la vía pública,
y la mujer de Lot
convertida en columna de uranio.
El hospital caliente se va por los desagües,
se va por las letrinas tu corazón helado,
se van a gatas por debajo de las camas,
se van a gatas verdes e incendiadas
que maúllan cenizas.
La vibración de las aguas hace blanquear al cuervo
y ya no puedes olvidar esa piel adherida a los muros
porque derrumbamiento beberás, leche en escombros.
Vimos las cúpulas fosforecer, los ríos
anaranjados pastar, los puentes preñados
parir en medio del silencio.
El color estridente desgarraba
el corazón de sus propios objetos:
el rojo sangre, el rosado leucemia,
el lacre llaga, enloquecidos por la fisión.
El aceite nos arrancaba los dedos de los pies,
las sillas golpeaban las ventanas
flotando en marejadas de ojos,
los edificios licuados se veían chorrear
por troncos de árboles sin cabeza,
y entre las vías lácteas y las cáscaras,
soles o cerdos luminosos
chapotear en las charcas celestes.

Por los peldaños radiactivos suben los pasos,
suben los peces quebrados por el aire fúnebre.
¿Y qué haremos con tanta ceniza?

 

 

 

 

Adolfo Hitler medita en el problema judío

 

a los niños de Auschwitz

 

Toma este matamoscas y extermina a los ángeles,
después con grandes uñas arráncales las alas.
Ya veo sus muñones, ya los veo arrastrarse:
desesperadamente tratan de alzar el vuelo.
Toma este insecticida. Oigo sus toses blancas
prenderse y apagarse. Una puesta de sol
o una puesta de ángeles es lo mismo sin duda
porque la noche ahora levanta su joroba
y ellos se van hundiendo lentamente en el suelo.
Levanta el pie despacio. Así mismo. Tritúralos.
Que les saquen las plumas con agua hirviendo y pongan
esos cuerpos desnudos en las fiambrerías.
Ahora me van pasando sudarios de juguete
y ataúdes con cuerda. Ahora me van pasando
las cruces más pequeñas, para que se entretengan
los infantes difuntos. Pásame el insectario,
los alfileres negros. Toma este matamoscas
y extermina a los ángeles.

 

 

 

 

La muerte es una buena maestra

 

Levántate y anda al hospital me dijo la voz
Soy el fantasma anterior a tu nacimiento
Aún no es tiempo para el otro fantasma

Tu muerte te afectaría profundamente
Jamás podrías recuperarte de tu muerte

Me pusieron en una camilla y me metieron al quirófano
Al otro lado se ve el infinito qué miedo

Tengo un hoyo en el alma
por el cual se me escapa el cuerpo

El médico me abrió la arteria que pasa por la ingle
y empecé a delirar

Aquí en este mar que llaman el inconsciente
hay unas lianas que se te enredan en el cuello

lianas azules lianas rojas lianas incoloras
que se te meten por la boca y no te dejan respirar

Los otros los que estaban conmigo en el agua frígida
rodeados de pedazos de hielo me dijeron:

Somos todos pasajeros del Titanic

El inconsciente es un árbol lleno de pájaros muertos
que se echan a volar cuando uno menos lo espera

Escucho el ruido de serruchos que cortan tablas
de martillos clavando clavos

Viene del astillero de la muerte y no se oye con los oídos

Somos árboles ambulantes en la vía pública
soñando con ser barcos o aspas de molino

pero no leña en la hoguera
donde las llamas bailan y se ríen y contorsionan

como si estuvieran en una orgía las muy cochinas
striptiseras del cabaret de la muerte

El médico me abrió la arteria que pasa por la ingle

Estuvo mucho rato adentro de mi aorta
sacando la nieve con una pala

El camino hacia el corazón está limpio
y mi sangre empezó a fluir

Entraron mi mujer y mis dos hijos pequeños
y me acariciaron las manos llenas de pinchaduras

Soy inmortal les dije al menos por ahora
y caí profundamente dormido

Desperté adentro de una pintura del Bosco
entre tubos y alambres conectados a máquinas

Pero aquí no hubo ni extracción ni piedra ni locura
Solamente un sujeto perfectamente lúcido

Se me acercó un arcángel y me dijo: Soy Tammy
Era más dorada que el sol y estaba atravesada por la luz

Un ave vuela de las cenizas de mi corazón
un ave roja que palpita y canta

La muerte es una buena maestra
cuando te habla al oído y se retira

 

 

 

 

Gladiolos junto al mar


(“Si hija de mi amor mi muerte fuese…”, Quevedo)

 

Gladiolos rojos de sangrantes plumas,
lenguas del campo, llamas olorosas,
de las olas azules, amorosas,
cartas os llegan, pálidas espumas.

 

Flotan sobre las olas de las brumas,
epístolas de polen numerosas,
donde a las aguas piden por esposas,
gladiolos rojos de sangrantes plumas.

 

Movidas son las olas por el viento,
y el pie de los gladiolos van besando,
al son de un suave y blando movimiento.

 

y en cada dulce flor de sangre inerte
la muerte va con piel de sal entrando,
y entrando van las flores en la muerte.

 

 

 

 

La muerte tiene un diente de oro

 

La muerte no tiene dientes: se ríe con la encía pelada.
Y cuando muere un rico, la muerte tiene un diente de oro.

Y cuando muere un pobre, no tiene ningún diente
o le crece un diente picado. ¿Cachai, ganso?

La muerte tiene la boca
llena de muelas tristes, de colmillos cariados,

llena de jugo gástrico en lugar de saliva.

Yo tuteo a la muerte.
“Hola, flaca, le digo. ¿Como estai?”
Porque todavía soy un diente de leche.

 

 

 

 

Sábana de arriba

 

Me instalé cuidadosamente doblado
entre la ropa blanca del closet

Sacaste las sábanas de tu cama
y me pusiste de sábana de arriba

Te deslizaste debajo de las tapas
y te cubrí centímetro a centímetro

Entonces fuimos barridos por el huracán
y caímos jadeando en el ojo de la tormenta

Ahora yaces bañada en transpiración
con la vista perdida en el cielo raso
y la sábana de arriba aún enredada entre las piernas

 

 

 

 

¿Y ahora qué?

 

Y ahora
qué haremos tú y yo
tomados de esa mano
que termina en un cuerpo
que no es el nuestro

 

 

 

 

A mi bella enemiga

 

No seas vanidosa amor mío
porque para serte franco
tu belleza no es del otro mundo
Pero tampoco de éste

 

 

 

 

Invocación al lenguaje

Con vos quería hablar, hijo de la grandísima.
Ya me tienes cansado
de tanta esquividad y apartamiento,
con tus significantes y tus significados
y tu látigo húmedo
para tiranizar mi pensamiento.
Ahora te quiero ver, hijo de la grandísima,
porque me marcho al tiro al país de los mudos
y de los sordos y de los sordomudos.
Allí van a arrancarme la lengua de cuajo:
y sus rojas raíces colgantes
serán expuestas adobadas en sal
al azote furibundo del sol.
Con vos quería hablar, hijo de la grandísima.

 

 

 

 

Misterio gozoso

 

Pongo la punta de mi lengua golosa en el centro mismo
del misterio gozoso que ocultas entre tus piernas
tostadas por un sol calientísimo el muy cabrón
ayúdame a ser mejor amor mío

limpia mis lacras libérame de todas mis culpas

y arrásame de nuevo con puros pecados
originales, ya?

 

 

 

 

Cafiche de la muerte

 

Como carne de cóndores hirvientes,

o de tordos quemados, como cresta,

del rojo al negro se calmó la fiesta,

y en silencio se fueron los clientes.

 

Se nos vació no más todo el prostíbulo,

se vaciaron las camas y los bares,

y todas las que estábamos de a pares

sollozamos de a una en el vestíbulo.

 

Por el pasillo viene la señora,

siempre tan maternal, siempre a la hora,

con su taza de té y un trago fuerte.

 

Para qué te moriste, desgraciado.

Mira mi pobre cuarto desolado,

tipo traidor, cafiche de la muerte.

 

 

 

 

En una estación del metro

 

Desventurados los que divisaron
a una muchacha en el Metro

y se enamoraron de golpe
y la siguieron enloquecidos

y la perdieron para siempre entre la multitud

Porque ellos serán condenados
a vagar sin rumbo por la estaciones

y a llorar con las canciones de amor
que los músicos ambulantes entonan en los túneles

Y quizás el amor no es más que eso:

una mujer o un hombre que desciende de un carro
en cualquier estación del Metro

y resplandece unos segundos
y se pierde en la noche sin nombre

 

 

 

 

A una lavandera de Santiago

Mi prima que vivía de su artesa
se me murió de muerte repentina:
le partieron de un golpe la cabeza
con la culata de una carabina.

Desde el abismo de su cráneo abierto
suben gritos y cantos fraternales,
entran en cada vivo, en cada muerto,
y empiezan a temblar los generales.

La ropa sucia no se lava en casa
cuando la manchan sangres tan enormes
que van de lavatorio en lavatorio.

Un regimiento de manchados pasa.
Y no podrá limpiar sus uniformes
ni el mismo purgador del Purgatorio.

 

 

 

 

Fantasma en forma de toalla

 

Sales de la ducha chorreando agua

y te secas el cuerpo con mi piel de  toalla

Y hay algo que te empuja a frotarte y frotarte

entre los muslos húmedos

entras en un terrible frenesí

en una locura parecida a la muerte

hasta que otra humedad más densa que el agua

te empapa la carne con su miel pegajosa

y tú aprietas las piernas y gimes y gritas

y yo te lamo entera con mi lengua de hilo

 

 

 

 

Hilo

 

He perdido el hilo de mi pensamiento

se me ha enredado en el cuello

y cada vez que trato de pensar

el hilo se estira y me aprieta la garganta

lo mejor es dejar la mente en blanco

y no pensar en nada sobre todo en ti

a ver si el hilo se afloja y puedo respirar tranquilo

pero no pensar en nada sobre todo en ti

es el hilo blanco de las misma madeja

hilo negro que aprieta o hilo blanco que se escurre

los dos me dejan marcas en el cuello

 

 

 

 

El doliente

 

Pasarán estos días como pasan
todos los días malos de la vida
Amainarán los vientos que te arrasan
Se estancará la sangre de tu herida

El alma errante volverá a su nido
Lo que ayer se perdió será encontrado
El sol será sin mancha concebido
y saldrá nuevamente en tu costado

Y dirás frente al mar: ¿Cómo he podido
anegado sin brújula y perdido
llegar a puerto con las velas rotas?

Y una voz te dirá: ¿Que no lo sabes?
El mismo viento que rompió tus naves
es el que hace volar a las gaviotas

 

 

 

 

Hueso

 

Curiosa es la persistencia del hueso

su obstinación en luchar contra el polvo

su resistencia a convertirse en ceniza

 

La carne es pusilánime

Recurre al bisturí a ungüentos y a otras máscaras

que tan sólo maquillan el rostro de la muerte

 

Tarde o temprano será polvo la carne

castillo de cenizas barridas por el viento

 

Un día la picota que excava la tierra

choca con algo duro: no es roca ni diamante

 

es una tibia un fémur unas cuantas costillas

una mandíbula que alguna vez habló

y ahora vuelve a hablar

 

Todos los huesos hablan penan acusan

alzan torres contra el olvido

trincheras de blancura que brillan en la noche

 

El hueso es un héroe de la resistencia

 

 

 

 

¿Por qué escribe usted?

 

Porque el fantasma porque ayer porque hoy:
porque mañana porque sí porque no
Porque el principio porque la bestia porque el fin:
porque la bomba porque el medio porque el jardín

 

Porque góngora porque la tierra porque el sol:
porque san juan porque la luna porque rimbaud
Porque el claro porque la sangre porque el papel:
porque la carne porque la tinta porque la piel

 

Porque la noche porque me odio porque la luz:
porque el infierno porque el cielo porque tú
Porque casi porque nada porque la sed
porque el amor porque el grito porque no sé

Porque la muerte porque apenas porque más
porque algún día porque todos porque quizás

 

 

Datos vitales

Oscar Hahn (Iquique, Chile, 1938). Poeta, ensayista y crítico literario. Estudió Pedagogía en la Universidad de Chile. Fue profesor de Literatura en la Universidad de Arica y posteriormente se radicó en EE.UU. donde se ha dedicado a la docencia, inicialmente en la Universidad de Maryland y actualmente en la Universidad de Iowa. Entre sus libros de poesía figuran: Esta rosa negra, 1961; Agua final, 1967; Arte de morir, 1977; Mal de amor, 1981; Imágenes nucleares, 1983, Flor de enamorados, 1987; Estrellas fijas en un cielo blanco, 1989; Versos robados,  1995; Antología virtual, 1996; Apariciones profanas, 2001; En un abrir y cerrar de ojos, 2006;  Archivo expiatorio, 2007.  En ensayo ha publicado: El cuento fantástico hispanoamericano en el siglo XIX, 1978; Texto sobre texto, 1984; Vicente Huidobro o el atentado celeste, 1998; Fundadores del cuento fantástico hispanoamericano, 1998; Magias de la escritura, 2001. Obtuvo el Premio Alerce de la Sociedad de Escritores de Chile y el Premio Municipal de Santiago. El 31 de mayo de 2006, el Jurado Calificador integrado por José Manuel Caballero, Luis García, Jesús García, Benjamín Prado, Imma Turbau y Anna María Rodríguez-Arias, le concedió a Hahn el VI Premio Casa de América de Poesía Americana, por su obra En un abrir y cerrar de ojos. Algunos de sus libros han sido traducidos al inglés.

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