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CÍRCULO DE POESÍA

 

Lenguaje y palabra, ensayo de Obed González

31 Mar 2011

Obed González MorenoPresentamos un ensayo de Obed González (D.F., 1969). Se trata de una interpretación personal del interjuego lingüístico Lacaniano para una codeconstrución a partir de las reflexiones de Víctor Estupiñán Munguía, Miguel Manríquez Durán y Hugo Medina.

 

 

LENGUAJE Y PALABRA

EL HUMANO: ÚNICO SER VIVO CODECONSTRUCTOR DE CONSCIENCIA

 

 

  

Introducción

El significado profundo de las cosas

Las palabras llevan códigos que crean imágenes, estas están reflejadas a través del inconsciente del propio individuo que está decodificando estos códigos, porque no sólo los decodifica de manera consciente. Una palabra está integrada por varios signos, en este caso las letras, al conjuntarse ya están dando valorización a un concepto, pero este concepto está limitado a la misma interpretación de cada individuo. Aristóteles y Platón en sus trabajos ontológicos ya mencionaban el término eídos, que más adelante Husserl, Derrida y Bajtín, entre otros ampliarían como parte de la deconstrucción en el lenguaje, los significados profundos de los objetos y sujetos pero que se denominan a través del lenguaje, recordemos aquella distinción entre el ser en las cosas y el ser en la mente.

En este ejercicio del leer y el escribir existe una complicidad entre lector y autor y es en este entrelazamiento de discursos donde se toma consciencia mediante los significantes, este ejercicio dialógico permite una compenetración de ideas entre lector/escritor donde se revierten los factores y el lector toma una posición como objeto de conocimiento en un principio para después volver a tomar al autor del libro como objeto de conocimiento. Esta actividad permite la recreación de ambos, es un diálogo donde significado y significante tienen variantes donde conceptos de tiempo y espacio toman una posición importante dentro de esta estructura.

 

Desarrollo

El ser humano: un ente creado por signos y símbolos

El ser humano es un ente creado de símbolos y signos por lo mismo al obtener conocimiento se convierte en objeto del mismo. Freud insistía en que los actos y síntomas del humano son literalmente palabras atrapadas en el cuerpo. El humano es el único ser vivo que puede tomar una consciencia y que puede nombrar infinito a través de las palabras, pero por consecuencia también puede destruir a través de ellas. Erich Fromm en el libro “Psicoanálisis de la sociedad contemporánea” ya visualiza esta concepción:  

 

El hombre puede crear vida. Esta es la cualidad milagrosa que comparte con todos los seres vivos, pero con la diferencia de que es el único que tiene consciencia de ser creado y creador“(Fromm. 1955. Pág. 38).

 

En esta complicidad dialógica lector/autor y autor/lector la constante es la codeconstrucción de una consciencia, es el fin último de esta dinámica. A través de la lectura y comprensión de varios autores se va estructurando un concepto el cual no sólo es racional sino también sensible donde lo ontológico también se reestructura.

Es más sensible, ya no se razonan tanto las palabras sino se sienten, es una especie de sinestesia donde las mismas palabras ya como ideas interrelacionadas mantienen un equilibrio donde la estructura literaria toma nula importancia en comparación con los distintos discursos que se manifiestan dentro de la semántica de las palabras y la carga de significados conjugados en el texto. Lacan en su discurso hacía énfasis en el significante y el significado, que una palabra (significante o símbolo) no revela tan simplemente su sentido, más bien transfiere a otras palabras en una cadena lingüística, así como un sentido conduce a otros. Las palabras generan significados que trascienden la comprensión de quienes las utilizan.

Bertrand Russell escribe con relación a las trampas del lenguaje como un discurso donde se pueden crear distintos discursos y el hombre puede caer en ellos a consecuencia de la ambigüedad y la polisemia que existen en ellos, que es la alienación donde se encuentra inmerso el humano actual. Bajtín posee una propuesta relacionada con la poiesis donde la otredad es una ampliación de la consciencia cuando él escribe yo, otro, yo, para otro.

Esta toma de consciencia se va creando a través de la experiencia y estudio de los otros a través del yo y que es la vivencia interna del mismo ser cuando este conviene en encontrarle una explicación a su existencia. Son espejos del lenguaje que conducen hacia un reconocimiento del mismo ser y el mundo. Un desplazamiento o contemplación de esa otredad que es la poiesis, la utopía donde nos recreamos.

 

Una dinámica dialógica

En esta dinámica de manera personal experimenté con la lectura de tres libros y tres autores distintos que aunque conviven en un mismo espacio (Sonora, México) mantienen una correlación del significante de manera muy personal y una correspondencia con sus discursos. Intentaré proveer esta correlación de toma de consciencia como un suceso dialógico entre los mismos autores y quien escribe como lector y también como componente de esta dinámica. Las distintas visiones de mi propia visión para darle un enfoque de unidad. Las disímiles interpretaciones desde lo interno hacia lo externo y desde lo externo a lo interno pero que siempre comienzan desde el yo poético. Los libros leídos para esta dialéctica son “El alma obscena del mexicano” de Víctor Estupiñán Munguía; “Poesía y contemplación, una lectura para Incurable” de Miguel Manríquez Durán y por último “La soledad y el poder” de Hugo Medina, los tres en la disciplina de ensayo.

En el Alma obscena de mexicano partiremos de lo particular a lo general para que a través del lenguaje del mexicano podamos realizar un acercamiento a la condición del humano de cualquier parte del mundo, esos códigos universales que lo conforman y que devienen en actos. Estupiñán nos dice que:

 

El uso de las palabras posee universos de vertientes, uno, el voluntario o racional, el otro, el subconsciente o involuntario; más sin embargo, su génesis antropolingüística se ignora la mayoría de las veces (Estupiñán, Víctor. Pág. 11)”. 

 

En el uso del lenguaje da forma y sentido a la experiencia y también al nombrar devela al sujeto. El humano es carne y espíritu, y su participación en el mundo deviene de esa noción de su espiritualidad pero con la confrontación del ser físico en el mundo, no puede ser totalmente espiritual mientras lo condicione un cuerpo pero si puede ser un cuerpo con consciencia, somos barro repleto de espíritu:

 

La experiencia del cuerpo contiene una insalvable ambigüedad ya que no es solamente cosa ni puramente conciencia. Concebir el cuerpo como un conjunto de manifestaciones vividas y no como realidad material que condiciona le existencia, redefine la noción de esquema corporal como representación unitaria y vivida de los diferentes órganos”  (Manríquez, Miguel. Pág. 15)”.

 

Aquí al principiar con el terreno de lo mexicano también entramos hacia el terreno de lo otro, de aquello que sabemos que existe pero no podemos confirmarlo científicamente, pero que lo presenciamos como es la experiencia de Manríquez, estas dos percepciones vamos confrontándolas con la visión de un mundo global descrito por Hugo Medina:

 

En una sociedad que se debate entre amenazantes recesiones económicas y aberraciones de Estado, el lenguaje asegura la reproducción ideológica del sistema y, con ello, se agravan las distenciones culturales. Cuando hablo de discurso no me refiero sólo al habla a un texto, sino a la diversidad de prácticas discursivas y semióticas que se dan en el orden de la cultura y la sociedad (Medina, Hugo. Pág. 6)”.

 

En este diálogo los tres autores hacen énfasis en el poder del lenguaje como constructor de individuos y sociedades pero con distintos discursos que son las propias estructuras de estas alocuciones pero que están construidos con su visión personal. Cada uno desde sus propios horizontes nos manifiestan ese conflicto ser en el cuerpo y el pensar desde los órganos que lo constituyen. El mismo cuerpo es objeto de lenguajes, es ahí, donde reside este conflicto, porque en ocasiones los mismos mensajes que el pensamiento canaliza son distintos en las reacciones de cada cuerpo. Por lo mismo existen lenguajes como el kinésico, el proxémico y el sinestésico. El kinésico es totalmente el lenguaje del cuerpo, los movimientos, el proxémico sólo lo puede decodificar el mismo medio y quienes lo habitan y el sinestésico a través de un sentido con otro. Estos tipos de discursos corporales son ambiguos como significantes, pero también son significantes como objetos de conocimiento.

 

El lenguaje también delimita sociedades bajo creencias y tradiciones como lo apunta Víctor Estupiñán:

 

Una de las características del ser humano es su capacidad para marcar su territorio en forma cultural, muy diferente a como lo hacen los animales mediante huesos, secreciones, plumas, pelos, sonidos y chillidos audibles, entre otros. El lenguaje es una demarcación de tipo social (Estupiñán, Víctor. Pág. 25)”.

 

En ocasiones no es necesaria la palabra hablada ni la escrita para comunicarse, ni tampoco los lenguajes comunican siempre mensajes de fraternidad ni creación, son variados estos mensajes. Sólo existen dos modos del lenguaje, el directo y el indirecto. En el indirecto los comunicantes son velados y por lo mismo también suelen ser ambiguos, aquí existe un conflicto, porque depende mucho del emisor como envié el código y cómo lo decodifique el emisor, se puede manifestar una polisemia de interpretaciones donde tiene que ver el estado de ánimo de los dos componentes y su relación entre ellos. Los códigos son decodificados bajo los códigos intrínsecos del decodificador. Lacan comenta que el lenguaje constituye un acto de suplencia en donde “realidad” es sustituida por otra cosa, además, el sujeto del lenguaje toma distancia respecto a la experiencia vivida fomentándose la creación del interjuego presencia-ausencia de los objetos y de las cosas. El lenguaje nos permite distanciarnos de lo real para darle otra significación a aquello real. Nosotros decodificamos desde nuestra propia motivación sensorial. Cuando el humano ha llegado a comprensión de ese distanciamiento y lo asimila con su habitar en el mundo también llega a una consciencia que es ser en el mundo, y esto deviene del interior hacia el exterior y del exterior hacia el interior, este mecanismo circular donde se concreta la percepción, como lo hacen los poetas:

 

el surgir de un mundo verdadero y exacto en donde la forma es identidad del exterior y del interior (Manríquez, Miguel. Pág. 16)”.

 

Esta ambivalencia de sentidos en la comunicación tiende a cohabitar en el humano y su integración como tal es dual y ambivalente. Cuando no se ha hecho consciente esta ambivalencia crea confusión y esto repercute en las sociedades a través de discursos dicotómicos pero que se integran en el mismo discurso a la vez que construye una incomunicación interna a través de lo externo en las personas creando un vacío en el mismo lenguaje:

 

Ambas situaciones, o ambas muertes filosóficas del hombre, como quiera nombrarse, al final de cuentas han producido en el individuo de nuestras sociedades una profunda crisis de identidad (Medina, Hugo. Pág. 27)”.

 

Los tres autores desde distintas visiones y terrenos nos van mostrando su preocupación por el ser y el mundo, esa visión con relación a la consciencia a través del lenguaje. Mientras que Estupiñán nos manifiesta que los humanos marcan límites a través de otros lenguajes no hablados, Manríquez nos plantea el surgir de un mundo donde la forma es identidad del exterior y del interior pero encausándoles una comprensión, mientras que Medina nos habla de la muerte del pensamiento filosófico como una crisis de identidad en el ciudadano actual. Manríquez al hablar de la contemplación también habla de un renacer de la filosofía y un recrearse en un todo como una forma de llegar a una consciencia e identidad que es afirmada por Medina apuntando la antítesis al hablar de la descomposición del humano actual por la falta de ésta y esta la reafirma Estupiñán al argüir que el lenguaje es una demarcación de tipo social. Esto es sólo para apuntar que en las reglas del pensamiento no hay nada totalmente rígido y que se pueden manifestar afectos de diversos tipos ideológicos y narrativos pero que son muy cercanos a otros.

 

El interjuego codeconstructivista

Veamos este juego dialógico  de otra forma. Acondicionemos como premisa lo siguiente escrito por Estupiñán Munguía:

 

El modelo comunicativo esencial requiere, de un locutor o hablante, un destinatario como oyente, una cosa, sujeto o realidad y un signo lingüístico (Estupiñán, Víctor. Pág. 141)”.

 

Bien, un signo opera de manera en que esta fuerza operante impere en la percepción del individuo, el humano crea el concepto como una necesidad de comunicación, construye la objetivación y subjetivación de una manera dialógica para percibir el mundo. También puede recrear esta percepción del mundo dependiendo su capacidad de objetivizar la metáfora:

 

Mediante la metáfora, el poeta sublima el tiempo a través de la contemplación poética que ve en el instante continuo, vertebrado por la palabra y la forma, su propia universalidad interiorizada como conocimiento sorpresivo (anagnórisis) y catártico que deviene en reflexión acerca del mundo: Yo-ahora-aquí” (Manríquez, Miguel. Pág. 28).

 

Miguel Manríquez nos habla de la poesía y la contemplación del poeta en el plano de la lingüística y la filosofía mientras que Víctor Estupiñán nos habla del lenguaje del mexicano y su fuerza obscena a través de los códigos de esa manera de hablar el mexicano desde la antropología y el psicoanálisis ¿qué tiene en común? ¿Cuál es esta asociación en sus discursos? Para plantear la respuesta a estas preguntas  comuniquémonos con otra reflexión dentro del libro de Hugo Medina:

 

El otro, lejos, aislado, vive la tragedia de no ser escuchado: intolerancia, suicidio, son problemas del lenguaje. Nunca antes nuestra existencia ha estado amenazada por la imposibilidad de encontrarnos con el otro (Medina, Hugo. Pág. 102)”.

 

Estas reflexiones dentro de los libros analizados parecieran ser contradictorias, pero esta contradicción beneficia al número de vertientes para llegar a una realidad, por lo menos a aquella que desde mi yo poético percibo para confirmar cómo el lenguaje son varios discursos que se van encadenando como eslabones para crear otro. La pluralidad permite la creatividad porque en el encuentro de dos polos opuestos detona la chispa de la creación.

Las palabras más que razonarlas hay que vivirlas, convivir con ellas como lo hacen los poetas. Hitler en el libro Mein Kampf  atribuye el progreso de las grandes sociedades no a los grandes escritores, sino, a los grandes oradores, porque los códigos intrínsecos de las palabras habladas también contienen emociones, deseos, voluntades y vibraciones y quienes articulan perfecto el lenguaje hablado ingresan al oyente a la experiencia apalabrada. A esa emoción y convicción que existe dentro de la disertación oral. El hombre al no poder concebir con el útero crea con las palabras y destruye para volver a construir, la palabra en el hombre es la afirmación de su poder creador. Hablo de la emoción creada en el discurso hablado, no como referencia al significado profundo del discurso mediante el análisis detallado y minucioso porque existen varias y distintas maneras de interpretarlo, de entrada, el simple hecho de mencionar a Hitler para confirmar la creación ya forma una contradicción en el cerebro del lector. Es lo que representa la figura de Hitler, el símbolo.

 

Conclusiones de la dinámica

Este breve interjuego me permite terminarlo como participante del mismo, comentando el suceso tratado, mediante los discursos de los autores donde existen disparidad de temas, a través de la interpretación de los códigos profundos y la intencionalidad de los mismos me permite confirmar que los tres autores hacen uso de varias áreas del conocimiento para llegar a una realidad, que en los temas son variables, además de la temática de los mismos libros lo que también nos comunican es la inmersión en algún momento de los autores al vacío. A través de las palabras y la temática podemos percibir ese construirse en ese vacío donde todo puede ser creado. Los significados profundos del lenguaje del mexicano nos indica como Estupiñán ha llegado a esa comprensión por medio del vacío, porque es ahí donde todos los signos y símbolos se nos revelan, Miguel Manríquez al hablarnos de la poesía y la contemplación es porque a través del vacío ha contemplado la poiesis, la creación y Hugo Medina en ese mismo vacío decodifica todos esos caracteres de manipulación que utiliza la era global para hacer esclavo al humano moderno. A través del vacío como escribe Paz se da el gran salto, y este es llegar a la revelación poética donde uno es con el universo. Cuando se ha andado por el vacío es también cuando se llega a la unidad, es llegar a la consciencia, lo tres libros al hablarnos del lenguaje y su proyección en el mundo también nos están hablando de un estado elevado de la consciencia, los tres autores es lo que nos están manifestando de una manera velada e inconsciente. Este es el interjuego del lenguaje codeconstructivista, llegar más allá del propio discurso, observar más allá de la apariencia, visualizar esos mensajes ocultos. A veces en el yermo cruzan más aguas que en los mismos mares. Este breve análisis sólo es parte del proyecto experimental y en él cabe como reflexión:

Cuando me interno en el otro me interno en mí mismo y en todos y al final nada sé, pero me percibo como otro y los otros dentro de lo otro”.

 

Bibliografía

Estupiñán Munguía, Víctor. 2002. El alma obscena del mexicano. Hermosillo, Sonora. Ediciones Promesa.

Fromm, Erich. 1992. La condición humana actual. México. Editorial Paidós Mexicana S.A.

Fromm, Erich. 1976. Décimo primera reimpresión. Psicoanálisis de la sociedad contemporánea. México. Fondo de Cultura Económica.

Manríquez Durán, Miguel. 2009. Poesía y contemplación (Una lectura para Incurable). México. Instituto Sonorense de Cultura.

Medina, Hugo. 2006. La soledad y el poder. México. Instituto Sonorense de Cultura.  

 

 

 

Datos vitales

Obed González Moreno (México, D.F. 1969) es Electrónico en comunicación aeronáutica (1989-1992), egresado de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM, 1997-1999) y actualizado en pedagogía por la Secretaría de Educación Pública (SEP, 2002-2005). Ha publicado en revistas de instituciones educativas como la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad de Murcia, la Universidad de Zaragoza y la Universidad Nacional Autónoma de México, entre otras. Ha obtenido reconocimientos en las disciplinas de poesía, cuento y ensayo en México, Argentina, Perú, Chile y España. Ganó el derecho de publicación en Chile con el libro de ensayo “La nota roja y policiaca en el cine mexicano, premonición de una sociedad en crisis”. Está inédito el libro “El cine mexicano del siglo XX, estampas de una negación mexicana”.

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