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CÍRCULO DE POESÍA

 

Foja de Poesía No. 297: Fernando Carrera

11 Jun 2011

Fernando CarreraPresentamos la poesía de Fernando Carrera (Guadalajara, 1983). Es autor del poemario “Expresión de fuego” Mantis Editores-Sec. de Cultura, 2007. Recibió el Premio Nal de Literatura joven Salvador Gallardo Dávalos 2010 por su poemario “Donde el tacto”.

 

 

DUALIDAD

 

En el centro de la flama

palabra y caricia

forman un silencio

 

En el centro del silencio

la palabra

es caricia que arde

 

En el centro del concepto

caracol y pájaro

forman un movimiento

 

En el centro del movimiento

el pájaro es concepto

caracol en el instante

 

En el centro

blanco y negro funden

        una sola transparencia

 

 

 

LUZ QUE PRECEDE

 

En el agua que se hace orilla

en el tiempo que espera

en donde el ansia se transforma en beso:

 

soy el detenido

aquél que consumió los vegetales de la aurora

el que descansa en la estructura callada de la noche

 

Soy el ala

que recorre las enredaderas del aire

momento que precede a otro relámpago

(la vibración más temprana)

 

Algo en mí, dentro de mí reclama

Algo de arcilla y de agua con raíces

Un poco de polvo y de la sangre del polvo

                     : a veces aire

                                 ceniza agonizante

 

 

Ven y duerme esta noche

entretejida en mis manos, no por mis manos

Mira este vacío y verás el precoz esperma de mi padre

antes que el primer trago de leche

                                                        la primera galaxia

                                                   

Mira un poco más

: verás la muerte

De “Expresión de fuego” (Mantis 2007)

 

 

 

 

QUIZÁS hubiera estado en mis manos. Quizá lo estuvo, aquí. En mi mano, abierta siempre, está lo que puede ser. Lo que puedo, al menos. Un topo cava el sueño (su olor): en la oscuridad del cuarto empujo a pesar del entumecimiento. En el muslo, detrás, debajo, se tensa el arco del pie que no es aleta. No dispara. No

te vas. No te vayas, dijiste y rojo, un beso como navaja. Tus ojos ─no te vayas─ me dijeron fijos. Quizás estaba en mis manos tu cuerpo, la noche completa y aquella ciudad. Lima y de pronto el océano     “Lima la aspereza que la nostalgia trabajó en mi gesto”, te pedí en el puente aquel donde Vallejo dibuja profecías. Sumerjo el rostro en las sábanas, se forman nuevas ondas en la marea. Luego tu peso, el olor que me provoca dientes y manos (no aletas) que nadan. Empujo a pesar del entumecimiento, el tiempo se acalambra al tambor de nuestro espasmo. Un topo cava en mi memoria / en la oscuridad

del cuarto el olor es una antorcha    

 

 

 

 

A GUSTO navegas la incertidumbre, tocas unos senos como astros: serán tu guía en la noche, en el abismo que habrá de llamarte. Se mueve todo el tiempo, piensas, la quietud momentánea, la ondulación de este instante sobre el cual el pensamiento fluye. Te recuerda aquella tarde frente al muro o en la punta de la azotea, donde la ciudad es otro mar que puebla la memoria. Ahora, cama adentro, viajas e identificas el lugar que duele, el espacio donde no está la isla que espera un nombre, que regala nombres a la visión del que busca

El viento     ¿cuántas veces el viento te acompaña?     el aliento que respira a tu lado, o de frente, marca las posibilidades del viaje inesperado, de romper el cerco de mareas aún no descifradas. Empuñas un signo con tu mano en alto, sin esperar que un rayo de luz  atraviese la alcoba para retar lo conocido, que, como una madre milenaria, te invita a sembrar, a honrar la agricultura de lo que permanece, de lo que perdura en la tranquilidad de estar ahí, del buenos días y las buenas noches. Te levantas de nuevo, miras los labios, el sello que te ha quemado. Sabes que la sed de huracán es mutua, y muta cada vez    

 

 

 

Segunda nota

 

And the ancient empty street’s too dead for dreaming.

Bob Dylan

 

PASA algo raro. Pasan la voz y el tacto, que hechos caricia nadan en la línea de los ojos.  Invisibles se nutren, confabulan en la memoria de la carne (fuego nuestro) que se muerde y flagela en la inconsciencia de estar, de revivir la calle para la germinación de nuestros sueños esenciales

Hablemos. Sé lo más sincero conmigo, para si pasa algo, podamos arreglarlo, dijiste                                                                    

¿Cómo se ordena la médula espinal de la noche? ¿Cómo se penetra entre las piernas lo ausente? Ante lo indescifrable, silencio. La sinceridad es la telaraña que se degusta en esta lengua que antes te lamía: te nombró alguna vez

            Pero el cielo es un mar que se oscurece, otra la voz del movimiento en la luz de estos ojos. Tal vez se levanten las torres del beso y en la carne nuevas grietas testifiquen el galope de la sangre, de otro hombre, otra mujer con nuevo rostro y palabra curiosa    

La ruina es ruina, y queda; el cuerpo es cuerpo

 

 

 

 

Revelación de Tláloc

CUERPO que vas a la deriva, cuerpo. Espíritu en la mano, a flor de piel la luz nos existe. No soy el Dios de la lluvia: es la lluvia de fuego que al caer forma a quien ama, el que engendra, soy. La doble serpiente en la mujer, el cuerpo sin rostro que domina al tiempo

Miras tus ropas extendidas en la cama, vacías: sabes que el azar no tiene geometría, ni el recuerdo. Así, evocas el agua que fue agua en tu boca; el café y el verde compartidos en la mirada; en el olor desprendido de tu cabello y el árbol; en el mar volviéndose, de pronto, tierra

Templo de la doble efigie, no soy la lluvia, no soy el fuego. El cuerpo que gira en el centro del aire, la caricia en la mujer desmembrada, soy. Cuánto dolor la sangre en la piedra, amor de estas garras que son rostros: gesto inicial de lo creado

En tus manos hay una línea nueva “¿Podremos caminar sobre esta cuerda, juntos?” dices y me tocas, como quien mira el mar por la tarde. Nunca fuimos tan poderosos, tan plenos como en esta luz que es cielo de todo: sobre la hierba donde extendimos alimentos y vino (siempre el rojo que amanece), hacemos el amor ─el fuego que así se nombra─ y derivamos mínimos, fugaces como río que se escucha, viento que se huele, al fin nombre que se besa

En mi rostro el hambre de los siglos, primera voracidad en la mirada, la bocanada de aire en la desolación de los hombres al nacer; los colmillos que ves, la incisión de la luz en tu nuca cuando el sol no puede ser ignorado. Cuerpo que guardas el sabor y el tacto que será, el poder en sí mismo posible. Todos los sentidos y la lluvia responde, el fuego y la tierra germinan: cuerpo mujer que es hombre y mar. En el rostro de la piedra mira el reptil definitivo, el águila que soy

 

 

 

 

Última nota

VIENTO del sur, algo ha cambiado, un gesto una palabra, el viento se me nota. El mar está, llama de frente y a veces se me olvida, de pronto se me vuelve sangre en las manos, detrás de la piel esconde lo que la furia     Quisiera     no ser más el que aúlla en pleno mediodía, por algo que no sabe, apenas presiente

 

                                           El mar estalla, ama de frente a lo que ha sido orilla: lo que lo mira desde arena. Adivino el pasado     Es     oficio de quien busca robarle al silencio tu voz y comerla hecha fruto de la espera: tocarla en su sabor, al fin,  definitivo y rojo. Éste, el aliento robado a tanto gris tejido, nuestro nombre, en el aire se volvió pez, trazo en el hondo bajo fondo de una noche extendida hasta el cansancio de las cosas: hasta la mueca de una cama, siempre ruina, con el rostro distendido y honesto de los paisajes abandonados     Levanto un brazo, entrego al viento mi mano abierta, llena de vacío y tacto. La alcoba es horizonte siempre incierto para quien hace las preguntas correctas. Soy apetito que no se resigna, metal ardiente en el centro de la duda: he jurado hundirme con mi barco. O descansar de nuevo, triunfante, en el color en la luz de tu saliva, de tu secreto hecho boca y música

 

del mar, esta llama     En mi frente

 

una sola isla, un solo nombre

 

De “Donde el tacto” (ICA-Conaculta) Premio Nal de Literatura joven Salvador Gallardo 2010

 

 

 

Datos vitales

Fernando Carrera (Guadalajara, 1983) es autor del poemario “Expresión de fuego” Mantis Editores-Sec. de Cultura, 2007. Recibió el Premio Nal de Literatura joven Salvador Gallardo Dávalos 2010 por su poemario “Donde el tacto”. Recibió Menciones honoríficas en el Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén 2009 y en el Premio Nal. de Poesía Efraín Huerta 2006. Becario del Programa de estímulo a la creación y al desarrollo artístico, del CONACULTA y la SC de Jalisco 2008-2009 y de nuevo en 2010-2011. Publicado en diversas antologías y en medios impresos y electrónicos a nivel nacional e internacional. Ha sido invitado a dar lecturas en diversos encuentros de escritores, foros culturales y académicos del país, y recientemente en algunas ciudades de España y Venezuela.

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