title

CÍRCULO DE POESÍA

 

Arenas movedizas. Poesía iberoamericana y principio de siglo. Eduardo Mitre

05 Jul 2011

Eduardo-Mitre[1]En el marco de Arenas movedizas. Poesía Iberoamericana y principio de siglo presentamos el trabajo del poeta más representativo de Bolivia, Eduardo Mitre (Oruro, 1943). Sus últimos poemarios son El paraguas de Manhattan (2004) Vitrales de la memoria (2007), Al paso del instante (2009). Trabaja en Saint John’s University de Nueva York.

 

 

 

 

POÉTICA

 

Se sostiene a menudo que cada obra supone una poética;  creo que la mía no contempla ninguna de manera explícita, programática, aunque en poemas como “Trébol de cuatro hojas”, “Las amorosas”, “Escritura”, “Las rocas”, pertenecientes a  distintos libros, se pueden encontrar elementos que acaso diseñen una poética. En todo caso, esas y otras piezas entrañan una reflexión sobre el poema, una relación crítica entre el lenguaje y la realidad, entre la poesía y la historia

 

 

 

 

TRÉBOL DE CUATRO HOJAS

 

       1

      

       Ella ríe en la dicha de ser

       de estar

       por primera vez

       en el día.

           

       Ella ríe

       claramente agradecida

       de tener ojos y manos

       y una sombra tan sencilla.

 

       Las cosas que no existen

       se mueren de envidia.

 

      

      

 

       2

 

       Carrozas de luz

       la pasean por el día.

 

       Porque ella mira y toca

       y goza  y sólo nombra:

       Árbol

            Brisa

                        Piedra

       y no adjetiva

       los pájaros profundos

       la critican.

 

       Los pájaros profundos:

       No las golondrinas.

 

 

 

      

3

 

Su silencio es un acto claro:

           La dice entera

como el vuelo dice al pájaro.

  

 

         

4

 

       A decirle al árbol: Árbol

       A la sombra: Ánimo

       A leer la lluvia

       A palpar los verdaderos milagros

       A comulgar su propio cuerpo

       consagrado en el verano

       A comulgarnos

       A saber el llanto

       A combatir el espejo

       al topo entronizado

       A pescar en el silencio

       el nombre rápido del río

       A fecundar el olvido

       A darle a la muerte un pasado.

 

 

 

 

CUERPOS

 

            Hay un cuerpo que nos despierta

            al milagro del cuerpo.

            Hay un cuerpo que nos despierta

            a la soledad del deseo.

            Hay un cuerpo que nos despierta

            al paraíso del cuerpo.

            Hay un cuerpo que nos despierta

            al infierno del cuerpo.

            Hay un cuerpo que nos despierta

            a los poderes del tiempo (en mi padre

            lo siento. Fraternalmente lo siento.)

            Hay un cuerpo que nos despierta

            a la impotencia del grito

            porque el grito ya no lo despierta

            (Carlos Mitre, hace ya noches,

            fue para mí ese cuerpo.)

            Hay un cuerpo que nos despierta

            a la increíble ausencia.

            Hay un cuerpo que nos despierta

            al exangüe recuerdo.

            Hay un cuerpo que nos despierta

            al incesante olvido.

            Hay un cuerpo que ya no nos despierta.

           

 

 

 

LA SILLA

 

            No echa raíces como el armario

            la silla que sólo se posa como los pájaros.

            La silla era un ave de ala portátil

            y vuelo escaso (sobre los hombros en fiesta

            pasaba la silla como una cigüeña).

            Con viento y papeles es ya palomar.

            En los velorios nadie alivia más que la silla.

            Encapuchada con una camisa

            amanece la silla.

            Tarántula erguida en la penumbra la silla.

            La silla espirita junto a la mesa.

            Como el poema, la silla es un atado de líneas.

            La silla sostiene al que escribe estas líneas.

 

           

 

 

LAS AMOROSAS

 

Con nosotros se acuestan,

con nosotros se levantan.

 

Todo el día nos sirven,

de noche nos acompañan.

 

Si hablamos, dicen;

si no, se callan.

 

No hay amantes más fieles

ni más maltratadas.

 

Con nosotros se acuestan,

con nosotros se levantan

las amorosas palabras.

 

Sólo el silencio las ama.

 

 

 

 

MORAL DE VAN GOGH 

 

El blanco que sube como el humo

y baja a saltos de conejo,

y ese azul tan sólo tuyo

más abismo que de cielo.

Y al centro:

                        Brasa que nube,

zarza que mora en la llama:

tu moral de fuego.

                                        Mirarlo

no es sólo verlo: es oír

un crepitar de miradas

hasta tiznarse la cara

de silencio.

                               Apóstol del sol

fundido en tu cerebro,

peregrino de la pasión,

herrero del amarillo, dime:

 

Cómo plantar en la página

como tú en el lienzo

el árbol de la palabra,

su follaje de sonidos

podado ya de fantasmas

pleno de nombres vivos

entre la luz y el viento

palpables como un erizo.

 

 

 

 

EL ÁRBOL

 

Hoy derribaron al árbol

que nos acompañó tantos años.

Sin más venda que una nube

la herida azul del espacio.

 

Palabra a palabra,

hoja por hoja,

vuelvo a plantarlo

en el huerto de la memoria.

 

Pero en vano.

 

No pasa el viento por su follaje

o pasa sin tocarlo.

No dora la luz sus hojas

ni en sus ramas

se posan los pájaros.

 

Ya pura imagen el árbol

sin fruto ni canto.

 

Como la realidad rugosa

hambre de sueños

sed de su sombra

padece mi cuerpo.

 

Alzo los ojos y sólo veo

un incendio de alas.

Y al fondo:

el sol sediento

errando sin raíz en su desierto.

 

                                                          

                       

                                   

EN SIERRA ESCONDIDA

a Octavio Paz

 

Aquí donde se juntan

las aguas frías del Ayutla

y las calientes del Concá.

 

Aquí donde las nubes 

pastan en el monte

y el asno blanco

                                   con su hato de leña

entra al trote en el poema

y deja a su paso estas líneas.

 

Aquí

cuando los gallos

con las pitas del canto

jalan a la noche

y se encienden los astros

y se apagan las piedras

 

el cielo baja y sube la tierra

en el hondo y alto

silencio de la ceiba. 

 

 

           

 

POR LA AVENIDA DE LAS AMÉRICAS

 

            Morenas, caribes por el acento,

            entre los veintiséis y los treinta,

            a ojo de buen cubero.

 

            Regias piernas la de la diestra,

            senos firmes la del centro,

            cejas traviesas la tercera.

 

            Pero qué se venían diciendo,

            qué diría una de ellas

            que las tres de golpe perdieron

            el paso, el peinado, la línea,

           

            y pasaron, trastabillando,

            desgajándose de sí mismas,

            derramándose como chispas,

            con los ojos hechos añicos.

           

            Desfallecientes, doblaron la esquina

            y siguieron, a trechos, en trance,

            sin poder apearse

            del carruaje sin cochero de la risa.

 

           

 

                                        

VITRAL DE LA PELOTA DE TRAPO

 

Al cruzar  por el parque

una pelota de cuero ha rodado

del césped al asfalto.

Apenas la alcé

se volvió en mis manos

una pelota de trapo.

 

La reconozco al instante:

hecha por dentro

de calcetines usados

y la superficie tersa

de medias de nylon.

Tal vez por eso

nuestros pies la retienen tanto.

 

Ahora nos hemos puesto a jugar

sin árbitro, en medio  de la calle

sin asfaltar y llena de barro:

los dos hijos del zapatero,

los sobrinos del sastre,

los ayudantes del carpintero

y todos mis hermanos.

 

En el auge del juego,

a la luz ya débil de la tarde,

irrumpen los gritos de las madres

llamándonos a cenar.

 

Y obedecemos con desgano.

 

 

 

 

Me llevo la pelota bajo el brazo

cuando oigo voces de protesta:

miro a mi diestra y veo

a rubios muchachos parados

en el césped del parque

esperando que la devuelva.

 

De un puntapié la lanzo

y la pelota en el aire

vuelve a transformarse

en la pelota de cuero.

 

Y lleno de rabia y nostalgia

me alejo por la calle de asfalto.

 

 

 

 

COLEGIALA POR UNION SQUARE

 

La perenne garúa de las pecas

en su rostro adolescente,

el pelo corto, y en la fina oreja

el audífono como un arete .

 

Venía diciendo algo,

y, de pronto, cesaron las palabras

y bruscas lágrimas

eclipsaron sus ojos.

 

La seguí con la mirada

hasta que se perdió en el gentío

con los hombros sacudidos

aún por el sollozo.

 

Apenado, llegué a casa

pensando que tanta aflicción

no podía tener otra causa

que una razón de amor.

 

Y temiendo por ella

tan solita en el tráfico,

sorda a las bocinas, ajena

a las luces del semáforo,

 

me apuré a trazar estas líneas

con  suma cautela,

como si cada palabra fuera

uno de sus pasos        

 

y yo caminara a su lado

hasta llegar a su casa

y ella entrara, sana y salva, 

por fin, como yo, a este cuarto.

 
 
 
 

Datos Vitales

Eduardo Mitre nació en Oruro, Bolivia, en 1943. Estudió Derecho en la Universidad Mayor de San Simón de Cochabamba y, posteriormente, realizó estudios de literatura francesa en Francia y literatura latinoamericana en Estados Unidos donde se doctoró por la Universidad de Pittsburgh con una tesis sobre la poesía de Vicente Huidobro. Entre sus libros de poesía figuran: Morada,  (1975), Ferviente humo (1976) , Mirabilia (1979), Desde tu cuerpo (1984),  La luz del regreso (1990), ­­Líneas de Otoño (1993),traducido al italiano por Antonella Ciabatti (Venecia: Sinopia, 2005), El peregrino y la ausencia: Antología poética (1988), Camino de cualquier parte publicado por Visor de Madrid en 1998,  El paraguas de Manhattan (2004) Vitrales de la memoria (2007), Al paso del instante (2009), estos tres últimos publicados  por la editorial Pre-Textos de Valencia. Poemas suyos han sido incluidos en varias antologías de poesía hispanoamericana y  varios de ellos traducidos al inglés, francés, italiano, alemán y portugués. En su obra crítica se encuentran: Huidobro: hambre de espacio y sed de cielo (1981), El árbol y la piedra (1988y El aliento en las hojas (1998) ),  y De cuatro constelaciones (2da. edición,2005).Acaba de publicar Pasos y voces. 9 poetas contemporáneos de Bolivia. Ha elaborado y traducido del francés una antología de poetas de Bélgica: Urnas y nupcias (1998). Ha enseñado en Columbia University de Nueva York, en Dartmouth College, (Hanover, New Hampshire), en La Universidad Católica de Cochabamba y actualmente enseña en Saint John’s University de Nueva York. Desde l999 es Miembro de Número de la Academia Boliviana de la Lengua correspondiente de la Real Española. Ha sido colaborador de la revista mexicanas Vuelta y lo es de Letras Libres.

Share Button

Escribe un comentario