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CÍRCULO DE POESÍA

 

Otra muestra de poesía argentina No.1: Oscar Steimberg

13 Oct 2011

Oscar Steimberg

En el marco de la serie “Otra muestra de poesía argentina”, preparada por Carlos Aldazábal, presentamos el trabajo de Oscar Steimberg (Buenos Aires, 1936). Recibió el Premio Música de Tango del Fondo Nacional de las Artes. Es Es profesor de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires

 

Sigue este enlace para leer la introducción que vertebra esta muestra de poesía argentina.

 

 

Pelusín

 

Piquillín,

olas van, olas han de venir,

Subercaseaux,

Fontín,

Ultre la cúmpara sume el rondín,

pequeñín, sultre la Cámpora come al edil

pequeñín.

Olas van, olas han de venir.

Pequeñín,

Súbito el peje derrota al delfín,

Trocantín,

yergue la noche su manto de añil,

trocantín,

serafín,

volantín.

Súbito el peje derrota al delfín,

volantín, pequeñín.

Ensufín,

en su fin.

Muerde la noche su clave de fin,

Pelusín,

Asasín,

Asesín.

Olas van, olas han de venir.

Asasín.

Muerde la noche su clave de fin.

Asesin.

Viste la noche su manto de añil.

Saca su member,

toca su will.

Y viste su gorra de dril,

Pelusín.

 

(de Cuerpo sin armazón)

 

 

 

General


1

General, “el estaño
Bolívar
tiene un fulgor Bolívar”.
Pero no me deslumbro,
salvo
cuando lo miro con el rabillo del ojo.

General,
a usted
le hablo.
Y me pasmo
cuando creo
recordar que usted se conjuga con la misma forma verbal
que él,
al que,
naturalmente,
no hablo.
De él
-tercera,
ausentada persona-
más bien
se habla. Hay un poeta en Buenos Aires
que podría hablar hasta morir
de semejante tema. Yo
nada
sé;
y usted,
con razón,
se refugia en Plutarco.
Vidas
paralelas:
mi no saber guarda un necesario componente de pedantería,
ínsito
en toda innecesaria cita de un clásico.
Y ahora usted
(salve
general)
me mira con el rabillo del ojo.
El ojo
glauco.

2
Vidas
paralelas.

Nada sabe
él, que mal-lee
discursos de los que nunca debería conocerse el emisor
del emplazamiento real de esas rectas
destinadas a cortarse
-esto es
escatología, o
política-
en el centro
de la tierra.
En un país en definitiva insular,
esas vecindades
tienen una inexistencia concreta!
Se dialoga
como pueden hacerlo entre sí, hasta el infinito, las
vías del tren.
Y eso es lo bueno:
la fantasía de una geografía terminal
se superpone al imaginario de una mirada atenta:
para hablar de la geografía se necesita un código:
las paralelas solo tienen acceso al código del rabillo.

5
¡Discurso
de fronteras!
La elocuencia
debe producir la imagen interna de un ritmo sabedor:
la mujer del General debe parecérsele
(pero no, debe ser pequeña
y distinta!),
los interlocutores civiles deben compartir su pensamiento
en otra coloración
(falso, entonces no habría Grandezas ni Miserias
Militares),
el Tiempo Libre debe ser el del Reposo del Guerrero
(si así fuera no seríamos hombres, solo máquinas de
guerrear,
el pensamiento de Clausewitz es un pensamiento de la
contradicción,
un militar latinoamericano no es la versión tostada de
un húsar astrohúngaro).

6
Un militar latinoamericano no viene de ninguna parte.
Señorita, le ruego que no me moleste,
voy a seguir las huellas de ese coronel
que soy yo
y que comparte
Su proyecto con Su pueblo:
pebeta de mi pueblo,
este Sol Jefe brilla m’hija para los dos.

7
Fui fascista forjista honesto socialista empírico del
poder filósofo de la paz

de los palos
gerente
dentista
de una ínsula al Sur
vacía
su jefe era una estrella de mar
me colgaron del cuello con un sambenito de anciano perverso
empecé a gozar con ciertas caries de cuello en dientes
de leche.

8
fui fascista
forjista
pero las maneras son mías hay rangos no las aprendí
filósofo de la paz
de los palos
mi gobierno también tuvo su origen
su Puerto de Palos
ni a palos usté le va a hacer aprender al que es bruto
cuídese del que es bruto sobre todo si es trabajador
tantas líneas, Señor, ya son
un trabajo,
soy bruto no puedo expresarme,
cuando quise hacerlo me tutearon finamente: General,
más que bruto
tú eres
un travesti
brutal! Contesteles:
amigo,
si existes no me leerás.

(de Majestad, etc)

Hay uno que no piensa

 Anécdota

 

Quiero pensar «Perón» y no puedo,

quiero pensar «Irigoyen»

y me quedo en la i latina que significa menos

que nada.

La m de «Steimberg»

(«¡error! ¡enmascaramiento de la n del Steinberg-

ser!»)

es esa anécdota de errores

en un Registro Civil de Fin de Siglo.

 

 

De un corresponsal extranjero

 

Hubo un período precomicial

en el que los radicales pintaban todas sus leyendas

en rojo,

y los peronistas en azul.

Esta diferencia era la única

que se percibía desde lejos.

Esta diferencia era la única que no

significaba nada,

en realidad.

 

Diseño

 

Cuando se trata de prever los efectos de la

comunicación,

los diseñadores recurren a Matila Ghyka,

los ejecutivos a Alvin Toffler

y los empresarios a Sai Baba.

Después, entre todos contratan a una psicóloga

que recurre a Lacan,

tanto para no levantar la perdiz.

Y ella no sabe lo que tiene.

Crítica de cine

 

La secular representación, musicalización, seriación                  

y distribución

del expresarse.

La secular representación, musicalización, seriación

y distribución

del expresarme, expresarte, expre­sar­lo, etc.

La secular representación, etc. de la lucha de la

expresión

contra el relato de la servidumbre.

Las lúcidas derrotas en las batallas contra las

servidumbres

del relato.

Las derrotadas lucideces de las servidumbres

en el relato de las batallas.

Las serviles batallas por la derrota

del relato de las lucideces.

Cien años.

(de Gardel y la zarina)

 

 

Versos de madre

1 (no tuvo amor)

“Pobre mi madre querida”:

no tuvo amor.

El alma se le fue haciendo en los patios de una clase media de veras pobre;

el pensar, en los libros de unos socialistas realmente idénticos a su padre;

la mano, en la ciencia que se estudiaba en la Facultad de Odontología.

¿Todo salió al revés? El alma

se le pegó a la de un poeta de infancia soleada, oh, en luz de provincia;

el pensar

le indicó que no había saber seguro, o que era un invento de los Enemigos;

la mano fue hábil, sólo la artrosis y el fracaso la apartaron de un trabajo leal y

escrupuloso.

Releo la última palabra y leo: escrofuloso. No puedo

escribir sobre mi madre;

no puedo amar, tampoco yo.

Estoy seguro de que mi madre fue una de las personas que menos hicieron para que

fuera así.

2 (murió en Buenos Aires)

“Un día, nosotros vamos a ir a Norteamérica”.

Creo que había terminado la Guerra no más de tres o cuatro años antes, y que éramos muy

pobres en todo. Mi padre había muerto dejando sus ilusiones intactas ante nosotros;

mi madre murió llevándolas, con cuidado y locura, de un lado a otro: todo lo hacía

por sus hijos: pasó por el socialismo de Juan B. Justo, el liberalismo del Reader’s

Digest, el peronismo, otra vez el socialismo, otra vez el peronismo y finalmente el

ocultismo y la meditación trascendental. Fue meritorio: después de todo, ese periplo

lo hicimos todos nosotros. Y ella, jóvenes, era una mujer.

3 (no hubo en ella saber)

Una foto espléndida la muestra con su pequeña hija en la Plaza de Mayo, o en la del

Congreso, sentada en el césped bajo su sombrero o capelina. Amigos, rodeada de

palomas. Todo el sol, allí; pero una sonrisa que no sabe ponerse lejos. El saber es

cosa de gente educada.

Y hay gente que no se puede educar. Todo está armado –al Este y al Oeste- para que la

culpa se cierna sobre ellos:

peste de D’Amicis:

los cómicos sin humor seguirán hablando eternamente de las madres judías y no

de los capítulos de Corazón, por los que todas las madres terminan siendo la madre

de Franti: un sabandija, ella una santa estragada. Medio siglo después, el payador

hubiera podido ubicar junto al D’Amicis, en la biblioteca encortinada de todo

payador, un Barthes, por el que todas las Madres de Escritor son siempre unas

Pequeñas Niñas.

4 (No hubo piedad)

Mi madre creía en los Enemigos.

Era una creencia paranoica.

La noche en que la velaron,

sólo se habló mal de ella. La fama bien merecida, etc.

Ahora estoy tratando de saber si éste es un poema pietista. En estos barrios, otro despenado

escribió: “Pobre

mi madre querida…”

¡Hombre valiente! Contó

que las penas de su madre habían sido causadas por él,

Alma Perdida.

Y que ella fue

“la que lo amó desde niño,

hasta llegar a ser hombre”.

¡En él

se hizo hombre!

¡Dulcissima Mater!

(de Posible patria y otros versos)

Datos vitales

Oscar Steimberg (Buenos Aires, 1936). De su trabajo literario se publicaron en libro Cuerpo sin armazón (1970, con 2ª edición en 2000); Majestad, etc. (1980, con 2ª  edición en 2007);  Gardel y la Zarina (1995); Figuración de Gabino Betinotti (1999) y Posible Patria y otros versos (2007). En 2010 se editó el CD de la obra del compositor Pablo di Liscia basada en Figuración de Gabino Betinotti, que recibió el Premio Música de Tango del Fondo Nacional de las Artes. También en 2010 se incluyó “Figuración de Gabino Betinotti”, poema de cierre del libro del mismo título, en 200 años de poesía argentina, antología publicada por Alfaguara con motivo de los festejos del Bicentenario de la República. Es profesor de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires y del Instituto Universitario Nacional del Arte.

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