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CÍRCULO DE POESÍA

 

Charles Simic según René Higuera

26 Ene 2012

simicEl poeta y traductor René Higuera (Los Mochis, Sinaloa, 1982) nos presenta algunas versiones de Charles Simic (Yugoslavia, 1938), radicado en Estados Unidos desde los años cincuenta. Simic fue reconocido con el Premio Pulitzer y fue nombrado Poet Laureate por la Biblioteca del Congreso. Ha ejercido una profunda influencia en la poesía mexicana reciente.

 

 

 

 

Charles Simic

(Yugoslavia, 1938 – ) 

Poemas

 

Traducciones de René Higuera

 

 

Charles Simic nació un 9 de Mayo de 1938 en Belgrado, Yugoslavia, donde tuvo una niñez traumática niñez durante la Segunda Guerra Mundial. En 1954 emigra con su madre y hermano de Yugoslavia a los Estados Unidos para encontrarse con su padre. Viven en Chicago y alrededores hasta 1958.

Sus primeros poemas fueron publicados en 1959, cuando contaba los 21 años de edad. Su primera colección de poemas, What the Grass Says, fue publicada en 1967. Desde entonces ha publicado más de sesenta libros en los Estados Unidos, veinte de los cuales son antologías de su propio trabajo poético. Entre sus libros más destacados se encuentran Walking the Black Cat (1996); A Wedding in Hell (1994); Hotel Insomnia (1992); The World Doesn’t End: Prose Poems (1990), por el cual recibió el premio Pulitzer para poesía; y Unending Blues (1986).

 

En su ensayo “Poetry and Experience” Simic ha escrito: “Por lo menos desde Emerson y Whitman, existe un culto por la experiencia en la poesía Norteamericana. Nuestros poetas, cuando uno repara en ello, siempre están diciendo: ‘Esto es lo que me pasó. Esto es lo que vi y sentí’. De verdad, nunca se cansan de reiteraciones, no es algo que ya exista en el mundo, sino algo que tuviera que ser redescubierto casi diariamente.”

 

 

 

 

This Morning

 

Enter without knocking, hard-working ant.

I’m just sitting here mulling over

What to do this dark, overcast day?

It was a night of the radio turned down low,

Fitful sleep, vague, troubling dreams.

I woke up lovesick and confused.

I thought I heard Estella in the garden singing

And some bird answering her,

But it was the rain. Dark tree tops swaying

And whispering. “Come to me my desire,”

I said. And she came to me by and by,

Her breath smelling of mint, her tongue

Wetting my cheek, and then she vanished.

Slowly day came, a gray streak of daylight

To bathe my hands and face in.

Hours passed, and then you crawled

Under the door, and stopped before me.

You visit the same tailors the mourners do,

Mr. Ant. I like the silence between us,

The quiet–that holy state even the rain

Knows about. Listen to her begin to fall,

As if with eyes closed,

Muting each drop in her wild-beating heart.

 

 

 

Esta Mañana

 

Entras sin tocar, aguerrida hormiga

estoy aquí sentado, cavilando qué hacer

en este oscuro, nublado día.

Fue una noche de radio a bajo volumen,

irregular dormir, imprecisos, agitados sueños.

Desperté enamorado y confundido.

Me pareció escuchar el canto de Estela en el jardín

y algún pájaro que respondía,

pero era la lluvia. Árboles de oscuras copas

oscilantes susurraban. “Acércate, Deseo mío”

dije. Y ella que se acerca, paso a paso

su aliento olor a menta, su lengua

moja mi mejilla, y entonces se desvaneció.

Lentamente llegó el día, un rayo gris de luz de día

donde lavar mis manos y mi rostro.

Pasan las horas, y así tú pasas por debajo

de la puerta, y te detienes frente a mí.

Tú visitas los mismos sastres que los dolientes,

Sr. Hormiga. Me gusta el silencio entre nosotros,

el tranquilo, sagrado estar del que sabe incluso

la lluvia. Escucha cómo empieza a caer,

como con ojos cerrados,

enmudeciendo cada gota en su alterado corazón.

 

 

 

 

Pigeons at Dawn

 

Extraordinary efforts are being made

To hide things from us, my friend.

Some stay up into the wee hours

To search their souls.

Others undress each other in darkened rooms.

 

The creaky old elevator

Took us down to the icy cellar first

To show us a mop and a bucket

Before it deigned to ascend again

With a sigh of exasperation.

 

Under the vast, early-dawn sky

The city lay silent before us.

Everything on hold:

Rooftops and water towers,

Clouds and wisps of white smoke.

 

We must be patient, we told ourselves,

See if the pigeons will coo now

For the one who comes to her window

To feed them angel cake,

All but invisible, but for her slender arm.

 

 

 

 

Pichones al amanecer

 

Extraordinarios esfuerzos se están haciendo

para escondernos las cosas, camarada.

unos se esperan hasta las parcas horas

para buscar sus almas.

Otros se desvisten uno a otro en oscurecidos cuartos.

 

El viejo y rechinante elevador

nos bajó al helado sótano primero

nos mostró una franela, una cubeta

antes de dignarse a ascender de nuevo

con un suspiro exasperado.

 

Bajo el vasto, temprano cielo crepuscular

yace la ciudad silente ante nosotros.

Todo en pausa:

                          Tejados y tinacos

nubes y mechones de humo blanco.

 

Debemos ser pacientes, nos decimos,

Ver si los pichones arrullarán ahora

para aquella que se acerca a su ventana

a alimentarlos del pan de los ángeles

invisible toda, menos su delgado brazo.

 

 

 

 

Late September

 

The mail truck goes down the coast

Carrying a single letter.

At the end of a long pier

The bored seagull lifts a leg now and then

And forgets to put it down.

There is a menace in the air

Of tragedies in the making.

 

Last night you thought you heard television

In the house next door.

You were sure it was some new

Horror they were reporting,

So you went out to find out.

Barefoot, wearing just shorts.

It was only the sea sounding weary

After so many lifetimes

Of pretending to be rushing off somewhere

And never getting anywhere.

 

This morning, it felt like Sunday.

The heavens did their part

By casting no shadow along the boardwalk

Or the row of vacant cottages,

Among them a small church

With a dozen gray tombstones huddled close

As if they, too, had the shivers.

 

 

 

 

Septiembre tardío

 

El camión de correo baja por la costa
llevando una sola carta.
Al final de un largo muelle
Aburridas las gaviotas levantan de vez en cuando una pata
y olvidan bajarla de nuevo.
Hay en el aire una amenaza
de tragedias que se traman.

 

Anoche te pareció escuchar la televisión
de la casa de al lado.
Estabas seguro de que era algún nuevo
horror el que se reportaba,
así que saliste a encontrarlo.
Descalzo, en shorts, nada más.
No era sino el mar que suena fatigado
después de tantas vidas
de fingir largarse a alguna parte
y no llegar a parte alguna.

 

Esta mañana se sintió como domingo.
los cielos hicieron lo suyo
no arrojando sombra alguna por el malecón
ni en las filas de chalet vacantes,
una pequeña iglesia entre ellos
con doce grises tumbas amontonadas
como si ellas, también, sintieran el escalofrío.

 

 

 

 

The Quality of Light

 

You worship a few oblique truths,

You remind yourself on a morning

So clear you do not recognize the day

You’re in a circle of things you call your own.

 

They measure you, themselves a bit too inanimate

To be real. And this harsh light,

One could speak of it as a precise instrument.

Better not to ask whose it is.

 

You understand, you tell yourself, the rituals.

That’s why you put on the black overcoat,

And open a black umbrella inside the house,

And sit at this unsteady, round table,

 

For the usual breakfast of mushrooms,

Which they say got so black and poisonous-looking

While you slept naked in the arms of

Some much-aged, big-assed Ariadne.

 

 

 

 

Cualidad de la luz

 

Tú veneras algunas verdades oblicuas

Te recuerdas a ti mismo una mañana

tan clara que no reconoces el día

en un círculo de cosas que llamabas propias.

 

Ellas son lo que te mide, demasiado inanimadas en sí mismas

para ser reales.  Y esta luz tan áspera,

se podría hablar de ella como de un instrumento preciso.

Es mejor no preguntar a quién le pertenece.

 

Tú entiendes, te dices, los rituales.

Por eso te pones tu abrigo negro,

y abres un paraguas negro dentro de la casa

y te sientas a esta tambaleante mesa redonda

 

para tu habitual desayuno de hongos,

se han puesto tan negros y tan venenosos de apariencia

mientras dormías desnudo entre los brazos

de alguna envejecida, adiposa Ariadna.

 

 

 

 

Auction

 

The face of a man who can’t find a job.

The sky — that ear and eye hospital.

And the streets with their pawnshops, groceries, poolhalls,

And the streets at each other’s throats.

We have one bloody emaciated half-human

Ironing board to sell. We have a skeleton

Of a baby carriage. We have a ringing alarm clock without hands or numerals,

And a soul, if the devil can still find it.

 

It’s late. Here comes Mrs. Novak who scrubs

Floors for a living. Here come two female saints

From the altar of the Mulberry Street church.

Here comes the landlord chewing on a gold toothpick.

 

The face of so and so who can’t find a job.

The sky — that pinball machine slightly tilted …

And of course, right now in some cellar

They are working over a poor guy who’s got nothing to confess.

 

 

 

  

Subasta

 

El rostro de un hombre que no encuentra empleo.

El cielo –ese hospital de ojos y de oídos.

Y las calles con sus casas de empeño, mercados, billares

Y las calles en gargantas unas de otras.

 

Tenemos una muy jodida medio humana

tabla de planchar a la venta. De bebés el esqueleto

de un carro de juguete. Un reloj chicharra sin números ni manecillas

Y un alma, si pudiera al diablo todavía interesarle.

 

Es tarde. Ya llega la señora Novak que friega pisos

para vivir. Vienen las dos santas

del altar de la iglesia de Mulberry Street.

Viene el de la renta masticando un picadientes de oro

 

El rostro una y otra vez de los que no encuentran empleo.

El cielo –esa máquina de pinball levemente inclinada…

Y, por supuesto, ahora mismo en algún sótano

los que se trabajan a algún pobre sin nada qué confesar

 

 

 

 

Evening

 

The snail gives off stillness.

The weed is blessed.

At the end of a long day

The man finds joy, the water peace.

 

Let all be simple. Let all stand still

Without a final direction.

That which brings you into the world

To take you away at death

Is one and the same;

The shadow long and pointy

Is its church.

At night some understand what the grass says.

The grass knows a word or two.

It is not much. It repeats the same word

Again and again, but not too loudly . . .

The grass is certain of tomorrow.

 

 

 

 

Anochecer

 

El caracol emana quietud.

La hierba es bendecida.

Al final del largo día

El hombre encuentra gozo, el agua calma.

 

Que sea simple, todo. Que todo permanezca

Sin dirección final.

Aquello que te trajo al mundo

para alejarte de la muerte

es uno y lo mismo;

La sombra larga y puntiaguda

es su iglesia.

De noche algunos entienden lo que dice la hierba.

La hierba sabe una o dos palabras.

No tantas. Repite la misma palabra

una vez y otra, pero no muy fuerte…

La hierba está segura del mañana. 

 

  

 

Clouds Gathering

 

It seemed the kind of life we wanted.

Wild strawberries and cream in the morning.

Sunlight in every room.

The two of us walking by the sea naked.

 

Some evenings, however, we found ourselves

Unsure of what comes next.

Like tragic actors in a theater on fire,

With birds circling over our heads,

The dark pines strangely still,

Each rock we stepped on bloodied by the sunset.

 

We were back on our terrace sipping wine.

Why always this hint of an unhappy ending?

Clouds of almost human appearance

Gathering on the horizon, but the rest lovely

With the air so mild and the sea untroubled.

 

The night suddenly upon us, a starless night.

You lighting a candle, carrying it naked

Into our bedroom and blowing it out quickly.

The dark pines and grasses strangely still.

 

 

 

Nubes que se juntan

Parecía el tipo de vida que buscábamos.
Crema y fresas salvajes en la mañana.
Cada cuarto iluminado por el sol.
Nosotros dos caminando desnudos por la orilla del mar.

Sin embargo algunas tardes nos hallamos
inseguros de lo que seguía.
Como actores de tragedia en un teatro en llamas
con pájaros volando en círculos sobre nuestra cabeza,
extrañamente quietos los oscuros pinos,
cada piedra que pisamos la ensangrentaba el ocaso.

De vuelta a nuestra terraza sorbíamos el vino.
¿Por qué siempre esta alusión de finales infelices?
Nubes de apariencia casi humana
se juntaban en el horizonte. Pero amable lo demás
con el aire tan suave, el mar imperturbado.

Sobre nosotros la noche repentina, noche sin estrellas.
Tú enciendes una vela, la llevas desnuda a nuestro cuarto
y la apagas rápido con un soplido.
Oscuros pinos y la hierba extrañamente quietos.

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