lope vs cervantesEl poeta y novelista colombiano José Luis Díaz-Granados (Santa Marta, 1946) nos presenta un nuevo capítulo de las rivalidades literarias, en esta oportunidad la protagonizada por dos gigantes de los siglos de oro: Miguel de Cervantes y Lope de Vega. Este último mostró siempre un rencor particular que rayó incluso en la crueldad contra el autor de las novelas ejemplares. ¿Por qué?

 

 

 

CERVANTES vs. LOPE DE VEGA

 

 

Muchas veces nos hemos preguntado por qué un escritor tan prodigioso como Fray Félix Lope de Vega Carpio, reconocido desde temprana edad como “el monstruo de la naturaleza”, pero que además era agraciado, exitoso con las damas, famoso y adinerado, perdía su tiempo desacreditando a un hombre como Miguel de Cervantes, viejo, manco, con fama de poeta mediocre, desafortunado en amores, y para colmos, tartamudo, desdentado y paupérrimo?

            Porque en verdad, Lope enquistó su enemistad con el autor de La Galatea desde muy joven, cuando aún éste no había conquistado la celebridad que le deparó la publicación de la primera parte del Quijote. Cuando esto último ocurrió, el llamado “Fénix de los Ingenios”, arreció con tal obsesión su animadversión que no son pocos los que aseguran que bajo el seudónimo de “Alonso Fernández de Avellaneda” se lanzó a escribir una segunda parte apócrifa, con el fin de dejar por el suelo el nombre, al fin reconocido, de su gratuito rival.

            Cervantes había nacido en Alcalá de Henares en 1547. A los 22 años abandonó España, acusado de haber herido a un tal Antonio de Sigura. En 1570 participó en la Batalla de Lepanto, donde recibió dos arcabuzazos, uno en el pecho y otro en la mano izquierda, de donde le vino el sobrenombre de “El Manco de Lepanto”. Estuvo preso cinco años en Argel bajo el dominio turco; fue esclavo, fugitivo, preso reincidente y finalmente liberado por sus protectores cristianos.

           Ya cercano a los 40 años comenzó a escribir comedias (Los tratos de Argel y La Numancia, son las más conocidas), pero sus presentaciones se vieron siempre eclipsadas por los ruidosos triunfos del teatro de Lope de Vega.

            A finales del siglo XVI, Cervantes solicitó un puesto en las dependencias coloniales del Nuevo Mundo, concretamente en Cartagena de Indias, lo cual le fue negado. Se afirma que el antiguo guerrero se sentía atraído por la figura legendaria de don Gonzalo Jiménez de Quesada, fundador de Santa Fe de Bogotá, uno de los pocos conquistadores que ostentaban título de jurista y que además era letrado, latinista y poeta. Entre sus libros sobresale El Antijovio, obra  controversial en la que el granadino atacaba las opiniones del obispo de Nochera, Paulo Jovio, enemigo declarado de la conquista española. Se dice que Jiménez de Quesada (o Quijada) fue quien inspiró el personaje inmortal de Don Quijote.

          A la negativa de ir a las Indias Occidentales se juntó un cúmulo de desarreglos emocionales debido a infidelidades de su esposa, Catalina de Salazar, lo mismo que por pequeños escándalos familiares protagonizados por sus hermanas.

Tanto fracaso y tantas negativas llevaron a Cervantes al mundo del teatro. En 1592 firmó un contrato con don Rodrigo de Osorio, en el cual se comprometía a escribir media docena de comedias por 300 ducados, cosa que nunca se cumplió, pero sí alcanzó a ganar por la misma época el primer premio en las Justas Poéticas de Zaragoza.

            Habiendo publicado en 1605 la primera parte de Don Quijote de la Mancha se trasladó a vivir a Madrid a la Calle de la Magdalena, esquina a la de Francos, donde tendría como vecinos a don Luis de Góngora, entonces de 45 años, a don Francisco de Quevedo, quien contaba con sólo 25 años y a don Lope de Vega, de 40. A pesar del éxito obtenido por su libro y de la agradable vida de que disfrutaba en esos años, Cervantes, ya sexagenario, no pudo evitar el desprecio, la envidia y el antagonismo demostrado por el autor de Fuenteovejuna, por causas que aún se desconocen, pues hasta comienzos del siglo los dos ingenios eran, por lo menos, amigos de trato afectuoso: Lope había incluído a Cervantes entre los poetas esculpidos en el Palacio de la Poesía “La Arcadia” y éste había elogiado a aquel en su primera novela, La Galatea, en 1585.

            Sin por qué y sin de dónde, en 1605, Lope escribió a un amigo: “No conozco ningún poeta tan malo como Cervantes ni tan necio que alabe a Don Quijote“, a lo que don Miguel replicó ironizando sobre cómo Lope se había valido de poemas laudatorios de príncipes, damas y obispos para iniciar sus libros y que hacía gala de una erudición que no tenía. O simplemente afirmaba que era un pedante y un simulador de cultura.

            El Quijote apócrifo, publicado en 1614, fue escrito bajo seudónimo por Lope o por algún amigo suyo. (Menéndez y Pelayo lo atribuye a un tal Alfonso Lamberto, aunque no falta el malqueriente de Cervantes que afirma que lo escribió el propio don Miguel). Allí éste es insultado y se le tilda de “viejo, manco, amargado y envidioso”. Además, y esto es lo más reprobable, se burlan de la pobreza y de la mala suerte que siempre acompañaron al Manco de Lepanto.

            En el prólogo de la segunda parte de Don Quijote, publicado en 1615, Cervantes se saca el clavo contra Lope: “No tengo yo de perseguir a ningún sacerdote y más si tiene por añadidura ser familiar del Santo Oficio, y si él lo dijo por quien parece que lo dijo, engañóse de todo en todo; que de tal adoro el ingenio, admiro las obras y la ocupación continua y virtuosa”.

            Allí Cervantes aludía a la ordenación sacerdotal de Lope el año anterior, aunque su “ocupación” no fue ni sería jamás virtuosa. Cervantes murió al año siguiente y Lope lo sobrevivió 19 años. Con los siglos creció la gloria literaria de ambos, pero la de Cervantes fue tan grande que llegó a eclipsar la de su adversario.

Una vez más queda demostrado que la envidia es uno de los pecados literarios más inútiles y estériles.

 

 

 

Datos  vitales

José Luis Díaz-Granados (Santa Marta, 1946), poeta, novelista y periodista cultural. Su novela Las puertas del infierno (1985), fue finalista del Premio Rómulo Gallegos. Su poesía se halla reunida en un volumen titulado La fiesta perpetua. Obra poética, 1962-2002 (2003).

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