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CÍRCULO DE POESÍA

 

Nueva narrativa colombiana No. 1: Margarita Posada

17 Abr 2012

margaritaposadaEn el marco del dossier Nueva narrativa colombiana, preparado por Federico Díaz Granados, presentamos un texto de Margarita Posada (Bogotá, 1977). Ha publicado las novelas  “De esta agua no beberé” (Ediciones B, 2005) y “Sin título” (1977) (Editorial Alfaguara, 2008). La revista Soho le encargó una historia erótica para ser representada por ella misma.

 

 

LLAMADA PARA ABORDAR

 

Apagó un cigarrillo antes de entrar y la vio cuando hacía fila en el counter de una aerolínea brasileña. Sus piernas largas e inmóviles apretaban su maleta. Trató de registrar cada centímetro de su cuerpo en la memoria. Quiso adivinar qué calzones se había puesto ese día para viajar. Se estremeció, su corazón empezó a bombear más sangre y el espacio de su tórax se hizo estrecho. Supo que iba a extrañarla. Le dolió verla lista para partir, con la mirada perdida, pensando en quién sabe qué gajes del viaje –haber empacado su pijama favorita, tal vez.

Reconstruyó episodios juntos: en una carretera, en una habitación de hotel, en una comida agobiante donde su tía Clara, en cualquier esquina. Pensó que no iba a poder vivir un segundo sin su maldita costumbre de chasquear cuando algo le parecía rico, o de frenar en todos los pares así fueran las dos de la mañana y jugar con la palanca de cambios de un lado a otro después de ponerla en neutro. De repente ella se volteó y se quedó mirándolo con los ojos algo llorosos. Él prefirió no acercarse para hacerlo todo más fácil y en cuestión de segundos ella estaba otra vez ensimismada, mirando algo en el tiquete.

Mientras avanzaba en la fila y arrastraba la maleta en completo silencio, él imaginó su acento de ninguna parte; la manera parsimoniosa en que se echaba crema en los codos, ya entre la cama, antes de dormirse. Jugó a que tenía rayos equis y podía ver cómo había hecho rollitos con toda su ropa para empacarla. Apostó a que en algún momento del viaje seguro se iba a poner ese antifaz que dan para taparse los ojos y dormir. Recorrió el lugar con la mirada para ver si había alguien más despidiéndola. No creyó ver a nadie. Ella pagó su impuesto de salida y le asignaron una silla adelante, cerca al lugar donde sientan a los padres con niños en brazos. Cogió su cartera. Empezó a caminar despacito, no sin antes volver a mirarlo. Él la siguió cabizbajo, con la certeza de que tal nunca más iba a volver a verla. Sin ella, su vida sería una colección tediosa de horas.

Subieron las escaleras. Llegaron a la puerta del muelle internacional. Él se recostó en una pared fría con el corazón hecho pedazos y cuando la vio caminando tan tranquila por el corredor, ya casi haciéndose un puntico en el horizonte, dio media vuelta, bajó a buscar la oficina de encargos, merodeó un rato y salió del aeropuerto. Para ese entonces era muy probable que el  avión de la bella durmiente hubiera alcanzado ya la altura de crucero y estuviera apagada la señal de abrocharse el cinturón. La extrañó y la imaginó inclinando el espaldar de su silla hasta bien atrás. Prendió otro cigarrillo. Sacó el papel para reclamar el envío en el counter de Avianca y lo botó a la caneca. Se dio permiso de sentir por última vez el vacío de no tenerla, de no saber ni siquiera su nombre. Luego se esfumó de su cabeza para siempre.

 

 

Para leer la introducción que vertebra este dossier da un click aquí

 

 

Datos vitales

Margarita Posada nació en Bogotá en 1977. Ha publicado las novelas De esta agua no beberé (Ediciones B, 2005) y Sin título (1977) (Editorial Alfaguara, 2008). Estudió periodismo en la Universidad de la Sabana. Ha sido profesora de Arte y Opinión en la Universidad del Rosario. Trabajó en la revista SoHo más de tres años, como editora internacional y columnista de sexo, bajo el seudónimo de Conchita, actualmente escribe para varios medios como periodista independiente.

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