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CÍRCULO DE POESÍA

 

Un poema de Adam Zagajewski

24 May 2012

Presentamos, en versión de Elzbieta Bortkiewicz, un poema del poeta polaco Adam Zagajewski (Lvov, 1945), uno de los principales animadores de su tradición. Según Zagajewski, “los buenos escritores envuelven lo desconocido en lo conocido. Los malos dan en la superficie lo desconocido”. De ese modo se adscribe, fundamentalmente, a una poesía de ideas.

 

 

 

 

 

Lava

 

 

Y qué, pensé, si tienen razón

tanto Heráclito como Parménides

y uno junto al otro dos mundos existen,

uno tranquilo, el otro loco; una flecha

corre sin reflexión y la otra la observa

con tolerancia: la misma ola fluye y no fluye,

los animales nacen y mueren al mismo tiempo,

las hojas de abedules juguetean con el viento y a la vez

fenecen en la llama herrumbrosa y cruel.

La lava mata y perpetúa, el corazón golpea

y es golpeado, hubo guerra, no hubo guerra,

los judíos han muerto, los judíos viven, las ciudades ardieron,

las ciudades están en pie, el amor palidece, el beso eterno,

las alas del halcón han de ser marrones,

tú sigues conmigo aunque ya no estamos,

las naves naufragan, la arena canta y las nubes

vagabundean como jirones de vuelos nupciales.

 

Todo está perdido. Tanta alucinación. Las colinas

portan cautelosamente las largas banderas del bosque,

el moho trepa por la torre de piedra de la iglesia

y alaba con sus labios tímidamente el norte.

En el crepúsculo, los jazmines como lámparas feroces

brillan aturdidos por su propio resplandor.

En el museo se estrechan ante el lienzo oscuro

las pupilas felinas de alguien. Todo está acabado.

Los ginetes galopan en sus corceles negros, el tirano redacta

la condena a muerte repleta de errores de estilo.

La juventud se vuelve nada en el transcurso

de un solo día, los rostros de las muchachas se tornan

medallones, la desesperación se torna encanto

y los tersos frutos de las estrellas crecen en el cielo

como uvas, y la belleza dura, trémula e impasible,

y Dios está y se muere, y la noche regresa a nuestro lado

cada atardecer, y el rocío anacara el alba.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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