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CÍRCULO DE POESÍA

 

Rocío Wittib entrevista a Luis García Montero

13 Jul 2012

Rocío Wittib nos presenta una entrevista que retrata de algún modo a Luis García Montero (Granada, 1958), una de las referencias esenciales de la actual poesía escrita en nuestra lengua. Conceptos esclarecedores en torno al ejercicio de la escritura y su crítica. Sus influencias, su visión del género, su relación con la historia e incluso una especie de máxima, “la calidad no es dificultad”, aparecen aquí.

 

 

 

¿Por qué escribís poesía?

Supongo que por un conjunto de azares. Mi padre tenía la costumbre de leer poemas en alto. Sus preferidos eran poemas tradicionales, romances, leyendas, composiciones narrativas. Tenían planteamiento, nudo y desenlace. A través de esos poemas entré en el relato, en la conciencia de un mundo con historia, con historias personales que merecía la pena contar. Esos poemas jugaron el papel de mis novelas de aventuras. Después, según me acerqué a la adolescencia, comprendí que había nacido y vivía en la ciudad de Federico García Lorca. Sus poemas me emocionaron. Estaba aún cerca la guerra civil en una ciudad de provincias que había sufrido una represión muy cruel. Los silencios pesaban más que las palabras. El asesinato de García Lorca simbolizaba la ciudad borrada, y crecer supuso para mí ir al encuentro de esa ciudad borrada. En ese camino me encontré con otros poetas como Antonio Machado, Pablo Neruda, Jorge Luis Borges, etc. Uno escribe por admiración, porque uno se ha sentido deslumbrado leyendo a los demás. La poesía es una herencia que se gasta en vicios personales. Escribimos porque antes hemos sido lectores. Es uno de los tópicos más certeros que conozco.

¿Cuál es la poesía que te interesa como lector?

Me gusta disfrutar de todas las posibilidades de la poesía. Siendo muy joven, tuve la suerte de trabar amistad con Rafael Alberti. Acababa de volver del exilio, cuando yo empezaba. Con mucha generosidad, se bajó del pedestal mítico en el que yo lo tenía y se hizo amigo del  jovencito que yo era. Antes te hablaba de ese sentido de la herencia que tiene la poesía. Con Alberti, la herencia se convirtió en experiencia humana, como ocurría con los antiguos oficios, cuando los mayores formaban en su taller a los jóvenes. Creo también en la poesía como oficio, como ocurre con la carpintería, el cultivo de la tierra o el cante jondo. A mí me emocionaba, por ejemplo, ver cómo los jóvenes cantaores escuchaban al maestro Enrique Morente, con un respeto que era una forma de la intimidad. Cuando empezaban a sonar las guitarras y él les hablaba del cante o cantaba, ellos intentaban oír los secretos de un oficio. Una de las lecciones importantes que me dio Rafael Alberti fue que la poesía tiene muchos caminos y resulta estúpido elegir como lector entre Góngora y Quevedo, o entre Machado y Juan Ramón Jiménez, o entre el poeta puro y el político, o el clásico y el vanguardista. Como lector se puede disfrutar de todo. Es muy pobre el poeta cascarrabias que sólo lee aquello que se parece a su propia obra. Cuando escribes, eliges un mundo, una voz. Pero al leer están ahí todos los caminos, Cernuda, Molinari, Sabines, Rubén Bonifaz,  Rubén Darío, Vallejo, Paz, Pacheco,  Aurelio Arturo,  y los clásicos, y el libro de un joven que de pronto te ayuda a pensar de nuevo y una vez más en la poesía.

¿Sigue siendo la poesía un arma cargada a futuro?

Mira, la poesía es un diálogo entre conciencias. Si pensamos en los poderosísimos medios tecnológicos que existen hoy para crear corrientes de opinión, está claro que el mejor poema del mejor de los poetas tiene menos repercusión a corto plazo que un informativo de televisión bien manipulado. Pero a largo plazo los poemas intervienen en la realidad. Yo soy como soy por los libros que he leído. Así que creo que la poesía interviene en la realidad, por lo menos en la parte de la realidad que yo soy. Y creo que en cualquier tiempo, mientras existan seres humanos, tendrá valor pensar con detenimientos en aquellas cuatro o cinco cosas que nos diferencian del resto de los animales. Ahí estará la poesía para hablar del amor, de la compasión, de la rebeldía, del miedo, de esa desgarradura del paso del tiempo y la muerte que son inseparables de la conciencia.

¿Qué papel crees que debe cumplir el poeta en la sociedad?

En estos momentos creo que la poesía cumple una reivindicación imprescindible del humanismo. La destrucción de los valores democráticos que vivimos y el predominio avaricioso de la economía especulativa se deben en gran medida a la debilidad de la cultura humanista. Los gobiernos se han encargado de hacer desaparecer las humanidades de los planes de estudios. Sin la educación de la sensibilidad, de la capacidad de sentir y de imaginar es imposible que nadie piense en los demás, que nadie sea capaz de ponerse en el lugar del otro, sienta compasión ante el dolor o la injusticia que sufren los demás. Las humanidades han sentido complejo de inferioridad ante el prestigio de la ciencia y la tecnología en este mundo contemporáneo. Por eso han desvirtuado su propia tarea. En literatura, por ejemplo, la teoría literaria ha querido convertirse en una tecnología, ha asumido lenguajes horrorosos, palabras poco digeribles, pero que querían dar la impresión de un discurso científico. Esa inercia ha llegado incluso a la poesía. Y entre todos nos hemos olvidado de la lección democrática que hay en la figura del lector, alguien que no se mueve entre certezas, sino que ejerce su conciencia en medio de las dudas y de la empatía que siente ante historias ajenas. No estoy hablando de una lucha entre ciencias y letras. La ciencia es importantísima y además es víctima de la misma situación. Estoy hablando de las diferencias entre una educación destinada al dinero, a las exigencias de los mercados, y de una educación pensada para que los individuos sean capaces de realizarse en sus vidas particulares y en la convivencia con los demás.

¿Qué cambiaría en la sociedad si más personas leyeran poesía?

No estoy seguro de que fuese bueno que los poetas gobernasen. Pero estaría muy bien que los políticos y los economistas leyesen poesía. El verdadero peligro de la traición de los humanistas a su propio orgullo de lectores es que permiten que la ciencia y la tecnología se olviden de la parte de poesía que hay en sus tareas. La ciencia y la tecnología tienen una raíz humana, sirven para dignificar la vida de los seres humanos. Cuando los humanistas huyen como ratas del barco de la modernidad y aspiran a escribir como científicos, a aplicar protocolos y recetas de metodologías con aire de verdades inmutables, sólo consiguen que los científicos y los técnicos se encierren en sí mismos, se olviden de su parte de poesía y acaben trabajando para los mercados, olvidándose del compromiso humano que hay en la ciencia y la técnica.

¿Cuál es tu opinión respecto a la poesía actual?

Creo que se está escribiendo muy buena poesía en nuestro idioma. Antes me hablabas de los lectores, del número de lectores. La poesía necesita el rigor, el matiz, el no acomodarse al blanco o al negro, al sí o al no. Por eso cualquier populismo es un abaratamiento que al final traiciona al género. Pero tampoco hay que caer en la trampa contraria y confundir el rigor con la dificultad extrema. La calidad no es dificultad. Pienso que si la poesía consigue conectar con la educación sentimental de un país, con su forma de pensar en el amor o en la rebeldía, en la muerte o en la memoria, el número de lectores se consolida, aumenta dentro de la lógica poética. Y eso le viene bien al género porque deja de oler a cerrado. Es absurdo que en un idioma de tantos millones de habitantes haya poetas que consideren que lo normal es que se vendan treinta o cuarenta libros, que se hagan ediciones pagadas por el autor para regalar entre sus amigos. Uno acaba escribiendo para sus amigos. Eso, cuando se trata de una obligación, es normal, nos gusta publicar y si no hay otro medio… Pero confundirlo con una ética de la poesía me parece un disparate. Donde mejor se hace poesía en nuestro idioma es en aquello países que han conseguido equilibrar el rigor del género y la comunicación con los lectores. En el fondo, es el gusto por modernizar sin perderle el respeto al oficio y la tradición.

¿Cómo te gustaría ver la poesía dentro de algunos años?

 Con verla, me conformo, porque eso significará que yo sigo vivo. Por la salud de la poesía no me preocupo, estoy seguro de ella. La poesía es un hecho de emoción, pensamiento y belleza inseparable del ser humano, que es historia y corazón. La poesía vencerá cualquier dictadura de generales o de los mercados, cualquier soberbia de los ignorantes o de los listillos. Estará ahí para decirnos por dónde va el mundo con más presteza que los discursos políticos. Nos hablará de las enfermedades de la sociedad, de sus rincones para la resistencia, de sus ilusiones. Cuando la sociedad se divide entre el mundo oficial y el mundo real de la gente, entre las declaraciones virtuales y la experiencia de carne y hueso, la poesía se sitúa en la realidad, en el cuerpo de la gente. Aprenderemos de ella mientras tengamos salud para observar la vida.

Por último, un consejo para los lectores de poesía.

Que no pierdan la capacidad de emoción que sintieron alguna vez, quizá en la adolescencia. Es la mejor forma de madurar, adquirir conocimiento sin renunciar a la admiración. Cuidarse como lector, sobre todo cuando uno se dedica a la literatura, significa cuidar la capacidad de admiración. Conozco muchos escritores que abren un libro para leer dispuestos a despreciar, a que nada les guste, a buscar los fallos, los errores. Eso mata la literatura propia. Uno de los problemas que tiene la sociedad actual es la falta de capacidad para la admiración. Estamos tan entretenidos despreciando y sospechando del mundo, que se nos hace invisible aquello que merece la pena admirar. Ahora que lo pienso, el lector de poesía puede representar exactamente lo contrario de esa turba anónima que se dedica a calumniar en la barra de los sótanos del mundo. Internet, tan maravilloso para algunas cosas, ha evidenciado que hay mucha gente a la que no le interesa ni leer ni escuchar. Sólo se entretiene vomitando sus rencores, su soberbia herida, con la prisa de la cólera. Algunos comentarios son realmente ilustrativos de la decrepitud ética. La poesía es lentitud, meditación, gusto por el matiz, y nos involucra a nosotros mismos, da nuestro nombre en cada verso, es todo lo contrario a una calumnia anónima. El capitalismo está desarmando a sus enemigos naturales, imponiéndoles el espacio de la renuncia, la fatalidad, la desilusión, el rencor estéril, la fragmentación. El lector de poesía significa todo lo contrario.

 

 

 

 

Datos vitales

Luis García Montero nació en Granada, España en 1958. Es Catedrático de Literatura Española de la Universidad de Granada. Entre sus libros de poemas pueden destacarse Y ahora ya eres dueño del Puente de Brooklyn (1980), El jardín extranjero (1983), Diario cómplice (1987), Las flores del frío (1991), Habitaciones separadas (1994), Completamente viernes (1998), La intimidad de la serpiente (2003) y Vista cansada (2008). Su poesía juvenil fue reunida en el volumen Además (1994). Ha reunido también una selección de su obra en Casi cien poemas (1997), Antología personal (2001), Poesía urbana (2002), Poemas (2004), Poesía 1980 –2005 (2006) y Cincuentena (2010). Se le han concedido los premios: Federico García Lorca de la Universidad de Granada (1980),  Adonais (1982), Loewe de Poesía (1993), Premio Nacional de Poesía (1994) y Premio Nacional de la Crítica (2003). Se le ha concedido también la Medalla de Oro de Andalucía. En 2009 publica la novela Mañana no será lo que Dios quiera, basada en la infancia y juventud del poeta Ángel González, que fue galardonada como Libro del Año 2009, por el Gremio de Libreros de Madrid.

 

 

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