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CÍRCULO DE POESÍA

 

Dos poemas de August Kleinzahler

05 Sep 2012

Presentamos, en versión de G.A. Chaves, dos textos del poeta norteamericano August Kleinzahler (New jersey, 1949). Mereció el International Griffin Poetry Prize. Algunos de sus libros son Live from the Hong Kong Nile Club : Poems: 1975-1990 y  Red Sauce, Whiskey and Snow. Sobre su poesía ha escrito Allen Ginsberg que “es siempre inteligente, precisa y concreta”.

 

 

 

 

CARNE

Cuánta carne se muda
Cada noche a la ciudad
Las cubiertas de sus puentes tiemblan
En la licuefacción de la luz de sodio
Y la luna color naranja químico

Los semirremolques tensan sus ejes
Y tiritan mientras toman la larga curva
Sobre los almacenes y los desvanes
El desierto de las calles
Todo su engranaje
Juan que fuma en la escalera de la entrada
Y Luisa en el teléfono con su madre

Desde la bruma de las praderas industriales
Llegan, innumerables
Acarreando toneladas de cordero muerto
De hueso, de carne y de despojos
Por millas hasta los puertos y canales
De la esplendente membrana de la ciudad
Una célula gigante que respira
Y exhala sus residuos
Desde las pilas cerca del río
Y que se alimenta a lo largo de la noche

LAS RARAS HORAS QUE SIGUEN LOS VIAJEROS

Los mercados nunca descansan
Siempre están en algún lugar de la agitación
Vientres de cerdo, titanio, trigo de invierno
El éter electromagnético salpicado de fotones
Un tesoro que escupe silenciosamente a través del firmamento
Sistemas centrales tipo Unisys A-15 J
Entre las nubes de tormenta y los aviones de pasajeros
Mientras estos completan sus viajes de toda una noche
A través de los océanos y las estepas

Las nebulosas, incandescentes engendros de rana de la
información
Tiemblan en las garras del zodiaco
No un instante, y luego se disparan lejos
Como una enorme nube de estorninos

Las chalanas de la basura se mueven lentamente por el estuario
Las luces del aeropuerto pulsan en la oscuridad de la noche
Camiones de alimentos, propano, corazones torturados
El reticiente epistemólogo se parquea
Sale, revisa la acera, vuelve a parquear
Truenos de jets
Peristalsis de grandes capitales

Qué linda se ve en su bufanda de tartán
En su gesto meditabundo
La Ambigüedad y la Razón
Amarradas en un lento y feroz tango
De Si no, por qué no

 

 

 

 

Meat

 

How much meat moves

Into the city each night

The decks of its bridges tremble

In the liquefaction of sodium light

And the moon a chemical orange

 

Semitrailers strain their axles

Shivering as they take the long curve

Over warehouses and lofts

The wilderness of streets below

The mesh of it

With Joe on the front stoop smoking

And Louise on the phone with her mother

 

Out of the haze of industrial meadows

They arrive, numberless

Hauling tons of dead lamb

Bone and flesh and offal

Miles to the ports and channels

Of the city’s shimmering membrane

A giant breathing cell

Exhaling its waste

From the stacks by the river

And feeding through the night

 

 

 

 

The Strange Hours Travelers Keep

 

The markets never rest

Always they are somewhere in agitation

Pork bellies, titanium, winter wheat

Electromagnetic ether peppered with photons

Treasure spewing from Unisys A-15 J mainframes

Across the firmament

Soundlessly among the thunderheads and passenger jets

As they make their nightlong journeys

Across the oceans and steppes

 

Nebulae, incandescent frog spawn of information

Trembling in the claw of Scorpio

Not an instant, then shooting away

Like an enormous cloud of starlings

 

Garbage scows move slowly down the estuary

The lights of the airport pulse in morning darkness

Food trucks, propane, tortured hearts

The reticent epistemologist parks

Gets out, checks the curb, reparks

Thunder of jets

Peristalsis of great capitals

 

How pretty in her tartan scarf

Her ruminative frown

Ambiguity and Reason

Locked in a slow, ferocious tango

Of if not, why not

 

 

 

 

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