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CÍRCULO DE POESÍA

 

Patente de corso: Dana Gioia

24 Sep 2012

Presentamos, para inaugurar la serie de traducción Patente de corso -nombrada así por Mario Bojórquez para la socialización de la poesía, un texto del poeta norteamericano Dana Giogia (1950), en versión del escritor costarricense Gustavo Solórzano Alfaro. Giogia es uno de los referentes de la poesía de su generación. Mereció el American Book Award en 2002. Es descendiente de mexicanos. 

 

 

 

Dana Gioia

(Estados Unidos, 1950)

 

El internacionalmente reconocido poeta, ensayista, traductor y profesor estadounidense Dana Gioia (1950) fue presidente del National Endowment for the Arts (NES), ha promovido la incorporación de la música en las lecturas de poesía y sus ensayos han ayudado a revivir el papel de la poesía en la cultura popular estadounidense. Entre muchos otros premios y reconocimientos fue finalista del National Book Critics Circle Award por su volumen de ensayos Can Poetry Matter?, en  1991, y obtuvo el American Book Award en 2002 por el poemario Interrogations at Noon.

 

 

 

Traducciones de Gustavo Solórzano-Alfaro (2010-2012)

 

 

 

Insomnio

Ahora escuchá lo que la casa tiene que decir.
Tuberías que crujen , el agua que corre en la oscuridad,
las paredes hipotecadas que se desplazan incómodas,
y voces que se amontonan  en un interminable zumbido
de pequeñas quejas, como los sonidos de una familia
que año tras año has aprendido a ignorar.

Pero ahora debés escuchar las cosas que poseés,
todo aquello por lo que has trabajado en estos años,
el murmullo de la propiedad, de objetos en mal estado,
las partes flojas a punto de quedar desechas,
y retorciéndote entre las sábanas recordá todas
las caras que no pudiste llegar a amar.

Cuántas voces se te han escapado hasta ahora,
la caldera que humea, el piso de madera bajo tus pies,
las constantes acusaciones del reloj
que cuenta los minutos que a nadie importarán.
La terrible lucidez que este momento trae consigo,
el entendimiento inútil, la oscuridad intacta.

 

 

 

 

Insomnia

 

Now you hear what the house has to say.

Pipes clanking, water running in the dark,

the mortgaged walls shifting in discomfort,

and voices mounting in an endless drone

of small complaints like the sounds of a family

that year by year you’ve learned how to ignore.

 

But now you must listen to the things you own,

all that you’ve worked for these past years,

the murmur of property, of things in disrepair,

the moving parts about to come undone,

and twisting in the sheets remember all

the faces you could not bring yourself to love.

 

How many voices have escaped you until now,

the venting furnace, the floorboards underfoot,

the steady accusations of the clock

numbering the minutes no one will mark.

The terrible clarity this moment brings,

the useless insight, the unbroken dark.

 

 

 

 

 

Lo no dicho

Cuánto de lo que vivimos sucede dentro.
Las penas escritas en secreto, los callados dolores
de un amor no reconocido no son menos reales
por haberse quedado sin ser dichos. Lo que ocultamos
siempre es más de lo que nos atrevemos a expresar.
Pensá en las cartas que escribimos a nuestros muertos.

 

 

 

 

Unsaid

 

So much of what we live goes on inside–

The diaries of grief, the tongue-tied aches

Of unacknowledged love are no less real

For having passed unsaid. What we conceal

Is always more than what we dare confide.

Think of the letters that we write our dead.

 

 

 

 

 

El ángel con el ala rota

 

Soy el ángel con el ala rota,

la gran estatua en esta habitación callada.

Pensaron que era temible, y por eso encerraron

el fervor de la fe en esta tumba ventilada.

 

Los guías del museo alaban mi elegante diseño

por encima del bullicio de la galería.

Quizá yo sea una especie de obra maestra,

el emblema perfecto de la fruslería.

 

Mendoza me esculpió para una iglesia de campo.

(Exceptuándome a mí, todos lo han olvidado.)

Estaba junto a un altar de oro en el que

ofrecían su miseria a Dios los desesperados.

 

Escuché a sus mujeres susurrar a mis pies

oraciones por los muertos, los moribundos y los perdidos.

Sus candelas alargaban mi sombra en la pared

y en el hambriento que alimentaban quedé convertido.

 

Me rompí el ala izquierda durante la revolución

(hasta un santo puede saborear la ironía).

Cuando las tropas fueron enviadas a destruir la capilla

casi disculpándose solo una vez me golpearían.

 

Porque incluso los impíos sienten algo en una iglesia:

¿Una punzada de esperanza, miedo? ¿Quién sabe lo que es?

¿Un temblor no contemplado en sus leyes,

un antiguo recuerdo del que no se pueden deshacer?

 

¡Hay tantas cosas que debo decirle a Dios!

No puede llegar tan alto el aullido del condenado.

Pero me sostengo como algo muerto clavado en una percha,

un santo paralítico contra un cielo pintado.

 

 

 

 

The Angel with the Broken Wing

 

I am the Angel with the Broken Wing,

The one large statue in this quiet room.

The staff finds me too fierce, and so they shut

Faith’s ardor in this air-conditioned tomb.

 

The docents praise my elegant design

Above the chatter of the gallery.

Perhaps I am a masterpiece of sorts—

The perfect emblem of futility.

 

Mendoza carved me for a country church.

(His name’s forgotten now except by me.)

I stood beside a gilded altar where

The hopeless offered God their misery.

 

I heard their women whispering at my feet—

Prayers for the lost, the dying, and the dead.

Their candles stretched my shadows up the wall,

And I became the hunger that they fed.

 

I broke my left wing in the Revolution

(Even a saint can savor irony)

When troops were sent to vandalize the chapel.

They hit me once—almost apologetically.

 

For even the godless feel something in a church,

A twinge of hope, fear? Who knows what it is?

A trembling unaccounted by their laws,

An ancient memory they can’t dismiss.

 

There are so many things I must tell God!

The howling of the damned can’t reach so high.

But I stand like a dead thing nailed to a perch,

A crippled saint against a painted sky.

 

 

 

 

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