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CÍRCULO DE POESÍA

 

Poesía costarricense No. 9: Silvia Piranesi

04 Sep 2012

Presentamos, en el marco del dossier de poesía costarricense, preparado por Gustavo Solórzano Alfaro, el trabajo de Silvia Piranesi (San José, 1979). Es escritora, bibliotecóloga y bailarina de danza contemporánea. Ha publicado el poemario No importa existe el viento (2009). Promueve actividades literarias y culturales en la Alianza Francesa de San José. Codirige la Editorial Ambigú y coedita el capítulo costarricense de Afinidades Electivas. La foto es de Esteban Chinchilla.

 

 

 

Lee la introducción a este dossier aquí

 

 

11:54 a.m., hora local

  

…porque quererte fue una muchedumbre.

Alfredo Trejos

 

 

(Versión corta 2 segundos)

 

 

No volvás, pendejo.

 

 

(Versión larga 1 minuto 31 segundos)

 

 

La palabra pecho queda borrada de mi vocabulario. La palabra pie también correrá la misma suerte. Entre hoy y mañana quedarán invalidadas.  Todo resuelto ante la nada pendiente. Porque la palabra trámite no la quito de mi vocabulario. Hay otros que dicen que la palabra pájaro ha sido usada muchas veces. No me consta. Los extremos que hoy elimino son compuestos. No se trata de la palabra única y los dibujos imaginados que la acompañan. Hay otras palabras que se van por la borda.  Pecho se lleva mi pecho izquierdo. Pie se lleva mi pie derecho. Como pececillo, o pez tonto que necesita el espejo para alegrarse la soledad. Pececillo también queda eliminado.  Acabo de decidirlo. Son las 4 y se me antoja que también queden eliminadas las 4. Los cuartetos de pájaros blancos. Los cuartetos eliminados, más no los pájaros. Después de eliminar esta hora no queda más remedio que eliminar también la luz reflejada. Es decir, las posibles fotografías tomadas a esta des-hora porque la des-luz está buena. Construyo de nuevo mi manifiesto: pecho pie pececillo las cuatro cuarteto luz perfecta sobre las cosas. Porque las palabras hechas con pe como pecho las cambio por palabras inútiles escritas con hache. Hecho. Del pecho al hecho. Abierto el pecho al grito tengo, y cómo no tenerlo, dijo mi tío. Tengo abierto el grito por despecho. También te vas por la borda, por pendejo. La palabra pendejo no la quito por nada, aunque se escriba con pe, la respaldo, la salvo, pongo la mano al fuego por los trámites de paso, los pájaros ajenos, mi hecho y ese grito abierto de mi izquierdo eliminado.

 

 

 

 

El mejor amigo del hombre

 

y si quitamos el sillón? o le damos vuelta. o nos deshacemos de las fotografías en el sillón. ese sillón nunca fue mío. tenía mucho sol. pobre sillón desteñido. pobre mujer acostada roja y en despacito. leímos a los grandes en ese sillón. bailamos como grandes. café del palomar. ventanal luciérnago. no cabíamos todos en el sillón. sólo uno por uno. muchos besos de frente, de costado, de mentiras. las pruebas de cartier-bresson y los tantos tangos. oiga la letra. oiga eso que dice. suave, ya lo va a repetir. como en la danza, si un movimiento le gustó lo va a volver a ver. volverlo a ver. volverlo a ver. al movimiento. cuando me acerco. cuando me caigo. cuando me río. oiga lo que dicen las escaleras. se viene cena, pero vengan de verdad. o seamos egoístas y no invitemos a los amigos. o sea egoísta por su cuenta. ser egoísta va por cuenta propia. o separada. el sillón se pasó de casa. sigue siendo el mismo, sólo que más callado. cabizbajo tiene gato nuevo. mesa nueva. niña nueva. no tiene pasillo ni puerta. herencia sombra pálida. cortinas altas. escribimos como grandes en ese sillón. nos aplaudimos toda vida dispuesta al tropiezo y a la belleza. toda circunstancia puesta en evidencia. toda duda siempre se fue por la borda. tiene razón tu lámpara, que también bizca se pasó de casa y provocaba siluetas disparatadas. y si escondemos el sillón? y si lo metemos en nuestro cuarto y lo salvamos? y si escuchamos su voz los domingos? y si lo dejamos solo? si lo salvamos de los otros? y si no nos salvamos? y si nos salvamos brutos del sillón automático? sillón tuve rojo de nosotros. bello sillón juntos todo va mejor.

 

 

 

 

Un día pesado

 

Pensé en irme al anónimo.  A las bases de lo incompleto. La gente con nombres que no cometemos. A la ignorancia de las caras. No volver, no levantarse si fuera el caso, no más juegos de niños. Te levanté la enagua, te jalé el pelo. Te levanté papelitos cobardes por debajo del escritorio. Ir sin ruta hacia otros rumbos. Irse sin conocer la temperatura perfecta del agua. Medirse en las pausas, como las noticias, como los días que  nunca fueron buena idea. Todo manifiesto en el fondo de la basura. Toda basura puesta sobre la acera. Ir al anónimo.  Ir al anónimo.  Como en las ciudades grandes y miserables.

 

 

 

 

Vuelvo a dormirme

 

Hay memoria magnética que pasa por la calle, se toma un café y anda vestida de rojo. Tararea cancioncillas en inglés o en nada. El recurso de andar fumando es un paréntesis para la esclavitud y las bestias humilladas. Desciende por la avenida trivial, baja un sol con bostezo, se levanta el polvo y el paisaje. Ella es el paisaje, diría algún tonto. La veo aquí desde el humo. Concuerda todo como un beso básico. Todo se sabe. Se sabe el clásico empeño de la realidad: Aquí hay una calle. Por aquí pasa el vestido. Estar de canas al distinguir sus rodillas, sus dientes alegres y convencidos. Cuál palabra elimino ahora. Cuál desde la mañana en disminución, jueves nueve. Ni jueves ni junio, no me hagás esto. No sé la palabra pero ese es su nombre. La cana. Tiene la boca breve como las mujeres enemigas. Hay evidencias de lo que no podría su cuerpo. Alcanzaría nunca la nota emancipada, eso es un ejemplo. No fue buena idea. Ella es el mal sueño de un hombre enfermo. Que emigra. Que se vende y se agota.

 

 

 

 

 

El dominio de las bestias

1

 

Construyeron un muro durante la madrugada, justo por donde pasa el tren. No hay vuelta atrás cuando amanece, el muro ya está ahí. Ante la inminente explosión de metal y silencio abrupto, el tren no puede más que pegar alaridos, acelerar el motor, cerrar sus puertas, abandonar a sus hijos y las hojas de los árboles que se cuelan por las ventanas.

 

 

 

2

 

Caminaba haciendo equilibrio. El riel es estable cuando estás con un amigo. Es el carril de la infancia y los insectos, el sol pesadumbre de la tarde, lo rojo de la frente. Mi desafío de niño múltiple sucedía cuando aguardaba el temblor, cerraba el puño de piedra, abandonaba a mis padres y sostenía el aliento hasta el último momento.

 

 

 

3

 

El metal puro no se encuentra en la naturaleza.

 

 

 

4

 

El chofer de ese tren no sabe que hay gatos escondidos en el metal y con pánico. No sabe que hay sueños atravesados por bestias. Olvida que en ese balcón ya no duermen un perro y su dueño. El chofer se sienta en una manada, alza la mano y pega tiros. La manada donde se sienta es una evidencia: el vaso quedó anoche en el borde de la mesa, las medias sucias quedaron desde anoche en el pasillo, la puerta de la refri está mala, anoche quedó semiabierta.

 

 

 

5

 

No mucho ha cambiado desde ayer, me visto, subo, me encierro, alzo la mano, pego alaridos, acelero el motor, domino a la bestia y le doy de comer piedras.

 

 

 

 

Lo que sé

 

Lloré abrazada a una mula, como Nietzsche. No hay mejor excusa para la tarde. Fui a tu casa de noche. Volví a verte. El perro sin cuerpo que ladra desde la calle. Allá en el fondo sé que hay un perro y sé que no hay nada. Sé que en la esquina muerde la calle. Sé que no hubo tiempo. Sé que todo ladra. Sé que volver a casa es llorar como perro, ladrar como mula. Sé que no hubo lluvia. Ni eco ni odio. Sé que no lloré abrazada a una mula. Sé distinguir el negro del negro. Sé contar los números, perderlos de vista, inventar una secuencia que me lleve a la ciencia. Sé que no estoy perdida. Sé que perdí la habilidad de recordar la cronología lenta de mis eventos.

 

 

 

 

 

Mañana, tarde y noche

 

No me pregunten porqué se me parece. El aparato verbal hay que dejarlo caer repentinamente. La espalda cuando tuve silencio. Hay intentos que huyen entre los otros y la prisa. Entre lo tartamudo porque cabe también la mentira, la entereza de lo que se inicia. Decir todo porque pronto moriremos, esto se ha vuelto un dicho. Es una decisión rígida eso de olvidarse. Como pausarse ante las piedras sumadas. No sentir vértigo de lo sucedido, de perder el paréntesis pesado cuando estamos juntos. Sin preferencias vendarse la boca. Sostener vicios. No parar. Dominar, ojalá, el talento de los extremos.

 

 

 

 

Todo cero es el comienzo

 

Pido a mayo como el mes de la impotencia. Pido que vuelva el ciego, tal vez él sobreviva al lugar que le dimos a la puerta, al sillón junto al librero. Pido que mayo termine como termina una calle, que tarde como todo nombre en llegar. Cada minuto vale la sentencia. Soy la misma. Soy otra. Soy impulsiva. De cuerpo entero. Sin argumento posible. Pido ser otra. Apilar los diálogos inútiles a un costado, cambiar de zapatos y por favor sentir menos frío. Es que si no tengo cuidado, ocurre eso de pedir cosas mucho peores.

 

Inéditos

 

 

 

Datos vitales

Silvia Piranesi (San José, Costa Rica, 1979). Escritora, bibliotecóloga y bailarina de danza contemporánea. Ha publicado el poemario No importa existe el viento (2009). Textos suyos aparecen en la antología del VIII Encuentro Internacional de Escritores Eunice Odio In Memóriam (2011). Ha promovido durante los últimos 5 años diversas actividades literarias y culturales en la Alianza Francesa de San José. Codirige la Editorial Ambigú y coedita el capítulo costarricense de Afinidades Electivas.

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