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CÍRCULO DE POESÍA

 

Patente de corso: Michel Deguy

03 Oct 2012

Presentamos, en versión del poeta y traductor Gustavo Osorio de Ita, algunos textos del escritor francés Michel Deguy (París, 1930). Fue amigo de Derrida, activo colaborador de las revistas clásicas Critique y Les Temps modernes. Su libro más reciente es Écologiques (2012). En 1998 recibió el Grand Prix national de la poésie y en 2004 le Grand Prix de poésie de l’Académie française.

 

 

 

 

Prosa

 

     Tú me haces falta pero ahora

No más que aquellos que no conozco

     Yo los invento tamizados por tus apariencias

     La tierra que fue rica en mundos

     (Cuando cada rey guardaba una isla

      A razón de sus bienes (ceniza de

     Pájaros, manganeso y salamandra)

Y que náufragos federaban los linderos)

 

      Ahora tú me haces falta mas

     Como aquellos que no conozco

A los cuales imagino con tu rostro la impaciencia

     He lanzado tus dientes a los ensueños

     Te he tratado por encima del hombro

 

  (Hay vestales que reconducen al Pacífico

    Su agua humeante Es después de la partida de los fieles

El océano babea como un mongol en las orejas del lecho

    Carroña endurecida y pelos en el arroyo de sal

         Un elefante blasfema a Poseidón)

 

  Tú no me haces falta más que aquellos

    Que no conozco ahora

      Órfica has devenido He lanzado

Tu ausencia desmembrada en varios valles

 

    Tu me has convertido en huésped Yo sé

                       O invento

 

 

 

 

 

Quién qué

 

Hace mucho que tú no existes

Rostro algunas veces célebre y suficiente

Cómo te amo No sé Desde hace tiempo

Te amo con indiferencia Te amo con odio

Por omisión por murmullo por cobardía

Con obstinación Contra toda verosimilitud

            Te amo perdiéndote por perder

Soy yo quien rehúsa ser por nosotros arrastrado

Por la popa (este balcón contorneado sobre la sal)

Antes quién por el dorso arrastrado entre dos aguas

            Ahora qué

            Boca castigada

Boca castigada corazón recorriendo la órbita

Una cuestión que en todo concierne en vano a terceros

 

 

 

 

 

Cardiograma

(Mayo)

 

El Sena se vertía a tus brazos

Más allá del puente Mirbeau bajo

las colinas como una respiración

Las afueras nos tomaban

Yo habría querido yo habría

tanta necesidad de que tu pienses el bien

¡Mas el coraje ahora de

un corazón como un prisionero furioso como un corazón

expulsará lo lírico el remordimiento de ser!

El alargamiento del día nos tiene privados de días

El reflujo de la noche nos encuadra las noches

¡Oh mi amor paradójico! Nos privábamos de la poesía

Mas el coraje estará en privar al poema

del gusto de nada sobre el gusto de todo

 

 

 

 

 

Cuento

 

Una noche donde nos habíamos puesto una sola cintura

Tú me murmurabas un cuento al oído     de nieve

   Y me decías estoy conmovida

Y habíamos franqueado ya varios amplios intervalos

Hecho arcos de ausencia más grandes que aquellos de Avignon

Y estamos devueltos a nosotros por vados crecidos

 

 

 

 

Ayuda

Memoria

 

Lo que ha tenido lugar de ser

No va sin decir

 

Lo que uno no puede decir…

Es necesario escribirlo

 

La parte dada sobre el todo

Que da la parte

 

Saber a qué aquello asemeja

Es nuestro saber – no absoluto

 

Es necesaria la semejanza

Para hacer la contigüidad

 

El poema es cosas próximas

Que es necesario ir a buscar

 

 

 

*

 

 

¿Comprendes que esto es una declaración de amor? De la misma manera que cierta luz, la funda del alba entre otras, aparece toda haciendo reentrar en ella, levantándolas en su resplandor, todas las cosas que se puedan enumerar, así el poema bajo el resplandor especial del eclipse: el eclipse del ser  se hace visible y el todo (cosas nombradas en parte volcando sobre el todo) y la luz: el lenguaje.

Hablo de esta mañana azul ligera fría de otoño, en adorable azul, y de caza y zancos, este sabor por ser, fuera de todo mas haciendo un todo, separado y diminutivo. ¿Cómo lo perderemos? Es necesario privarnos de ello.

 

 

 

 

 

A quien en ello no acaba

(Extracto)

 

Es la primera vez que te dejo sin que estés ahí. No entendía más tu voz cicatrizada tras tantos años, cubriendo mal su herida de hace muchos años más, la voz cuando yo telefoneaba de lejos y que para ti estaba acabado por siempre por algunos días, que decía la injusticia y el abandono contra toda verosimilitud ya que pocos días después del curso de la otra injusticia, la cotidiana,  retomada, tu voz sin razones, y tu tenías razón con tantos años de adelanto ya que finalmente serías abandonada, tu habrás sido abandonada, tú lo sabías, tu voz asfixiada por la ausencia y la insensible distancia, y la normal, la razonable la necesaria e insensible separación, tu ser asechado por la súbita, evidente, fulminante fatalidad, la carencia de ser, la falta de lo que había sido prometido, la carencia de ser juntos, la cruel falta infringida, la inflexión victimaria, tu ser infectado por pruebas.

   y en lugar del acuerdo la recíproca, la instantánea, la brutal herida al teléfono, como en un asalto de espadines vulnerables, tocados, tocados al mismo tiempo por la punta desafilada del otro por la milésima vez “oh furor de los corazones maduros por el amor ulcerados”

   es la primera vez que te dejo sin que tu estés ahí para sufrir, y en lugar de recibir de esto al menos un aligeramiento por pena, de no hacerte al menos sufrir más, está mi abandono, aquel que deseaba, citando al amor taciturno y siempre amenazado, que me tuerce la esponja del vientre y me vuelve lloroso, como si el viaje agravado tantos años por estas malas condiciones, este contagio de errores recíprocos, aquí hubiera encontrado su régimen de melancolía, su tonalidad de errata inevitable, de qué nutrirse y ceder sin arrepentimiento a su interrupción.

   Me despierto sobre la laguna ecuatorial, abrazando su alba, como de costumbre, y es por el aniversario y su alarma, hace un mes moría mi mujer, no puedo decir tú morías, un inquietante,

sin destinatario, y digo bien “moría”, no desmejoraba o leía o viajaba o dormía o reía, mas “moría”, como si esto fuera un verbo, como si existiese otro sujeto para este verbo entre los demás.

 

 

 

 

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