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CÍRCULO DE POESÍA

 

Un poema de Alan Jenkins

12 Oct 2012

JenkinsPresentamos uno de los textos más llamativos del poeta inglés Alan Jenkins (Surrey, 1955), uno de los autores más representativos de Reino Unido. Ha merecido reconocimientos como el Premio T.S. Eliot (2000), el Forward Poetry Prize (Best Poetry Collection of the Year, 2005) y el Cholmondeley Award (2006).

 

Alan jenkins es uno de los poetas más interesantes en lengua inglesa. Best man de Paul Muldoon, este poeta vuelve a ciertos valores fundamentales de la poesía que, de tan intensos, resultan rabiosamente modernos y novedosos. Tal es el caso del empleo de la alegoría y la metáfora compleja en “Moths”, un poema que pertenece a Harm y que fue traducido por Carlos López Beltrán y Pedro Serrano en La generación del cordero.

 

“Alan Jenkins ha llegado a ser una de las voces más inventivas de la poesía contemporánea. El control técnico y la atención al detalle que caracterizan su trabajo se unen al tratamiento de una temática íntima: la exploración en el terreno de las relaciones de pareja a través de la poesía, lo cual confronta al autor consigo mismo”. Hugo Williams

 

“Alan Jenkins destaca entre sus contemporáneos mediante su irresistible y única mezcla de intensidad emotiva y estilo elegante. Leerlo es entender cuál es la sensibilidad masculina”. Carol Ann Duffy

 

 

 

 

Moths

 

 

That night I came home late and found

a moth flickering helpesly round and round

inside the lampshade. I went to help it.

 

The sixty-watt bulb had not shrivelled it

but its wings were scorched,

it was beyond help, almost beyond harm.

 

As ir un wound slowly on my outstretched palm

it left a powdering of gold dust

as fine as the blusher that streaked my T-shirt

 

where her cheekbone had brushed it,

its wing-beat was as powerful and as fragile

as the blink of an eyelash in the half-inch

 

of smoky air between us.

We’d sat as trangers lately introduced,

we’d chewed the fat and made a date for lunch

 

and my heart was fluttering when I asked her

to dance to and old one by Elvis.

It was tricky but she was lithe and agile

 

and had just fitted her pelvis

to mine when suddenly -someone had seen us,

she had to, she was sorry but, she was leaving.

 

Where’s the harm? I wondered as, stood stewing

in my own body heat in a crowd of couples

melted together, I watched her bobbing and weaving

 

towards the powder-room. I left soon after.

In the taxi I thought, nothing doing,

this one’s too hot to handle,

 

don’t make that lunch, it’s not worth the candle…

Next day I read, among other troubles,

that the place had been torched –

 

it seemed someone paid through the nose

for a deal that wasn’t up to snuff, the upshot:

three women trapped in the Ladies choked to death

 

and were done to a turn. I caugh my breath.

The moth had taken so long to die, God knows

that in the end I cruched it.

 

 

 

 

Palomillas

 

Esa noche regresé tarde a casa y encontré

una palomilla que aleteaba y daba inútilmente vueltas

adentro de la pantalla de la lámpara. Fui a ayudarla.

 

El foco de 60 vatios no la había disecado

pero sus alas estaban chamuscadas,

ya nada podía salvarla, ni dañarla casi.

 

Cuando al fin se fue calmando en mi mano extendida

había dejado un espolvoreo dorado

tan fino como el maquillaje en mi camiseta

 

donde el pómulo de ella la había rozado;

sus aletazos eran tan poderosos y tan frágiles

como el parpadeo de una pestaña en la media pulgada

 

de aire y humo que entre los dos había.

Sentados, como desconocidos conociéndose,

estuvimos charlando e hicimos una cita para comer

 

y mi corazón revoloteó al preguntarle

si quería bailar una vieja canción de Elvis.

Era difícil pero ella era ágil y se dejaba conducir

 

y justo cuando acomodó su pelvis en la mía,

de súbito -nos están viendo,

ella tenía, qué pena pero, ya se iba.

 

¿Qué tiene de malo? me preguntaba, asándome

en el calor de mi propio cuerpo, de pie entre el tumulto de parejas

entremezcladas, cuando la vi saludar y zigzaguear

 

hacia el tocador. Me fui poco después.

En el taxi pensé, nada que hacer,

con ésta si no puedes,

 

no vale la pena, olvida esa comida…

Al día siguiente leí, entre otras malas nuevas,

que incendiaron el sitio;

 

al parecer alguien pagó un dineral

por un mal trato para su nariz, el resultado:

tres mujeres atrapadas en el baño murieron asfixiadas,

 

y se cocieron a punto. Contuve la respiración.

La palomilla tardaba tanto en morirse, Dios sabe

que al final yo la aplasté.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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  • Eder Hernán Sarao

    Sencillo y fugáz. Un poema de navegación suave y de sentidos tibios, me gustó. Sólo un pequeño error de dedo, o tal vez me estoy confundiendo:
    …Dios sabe
    que al final lo la aplasté.

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