title

CÍRCULO DE POESÍA

 

Arenas movedizas. Poesía iberoamericana y principio de siglo. Yolanda Pantin

10 Nov 2012

Yolanda-Pantin[1]En el marco de la antología Arenas Movedizas. Poesía iberoamericana y prncipio de siglo, presentamos la poesía de Yolanda Pantin (Caracas, 1954), una de las autoras más representativas de la tradición poética venezolana. Es poeta, ensayista y editora. En 2004 publicó el libro “Poesía reunida, 1981-2004”, ese año recibió la Beca Guggenheim.

 

 

 

Escribir poesía es para mí una necesidad y una costumbre. Una necesidad porque se hace imperativo hacerlo, porque el poema se impone siempre y es una costumbre porque escribir poesía es también una forma de mirar que con el tiempo se hace cuerpo, parte de ti. Yo estoy cada vez más convencida de la ‘diferencia’ del poeta, una diferencia que es también una falta. Es diferente porque percibe las cosas de una manera diferente, y es una falta porque no puede mirar de otra manera. Todo eso es inevitable. Al final, el trabajo de uno consiste en olvidarlo todo.

 

 

***

 

La infancia es una gracia que me fue desprendida. Aquello que se viene me devuelve persona con brío de reír. Ya no tengo memoria para el nombre del árbol y semilla tallada. Ni de aquel que resiste con caballos en las palmas y tiene a cada lado una rienda tejida. Lo cierto, más oscuro. Cuando divago y pregunto, háblame de aquello, de las cosas sucedidas, cuando antes: La rudeza de sentarnos en las sillas de madera.

 

Casa o lobo, 1981

 

 

 

 

Nadie juega montura de palma. Ni dan siquiera de beber a las bestias. Ni así tenemos casa. Ni somos. Ni aún seremos parte. Pájaro de árbol, jamás. Ni pasto nuevo. Rajadura donde filtra tu voz haciendo daño. De qué lugar o infierno esa palabra a morir. Y no poseo rincón, sitio de la tierra, reloj para esa hora, ni así donde guardarme. Cómo no volver. Volver mientras tachamos o estarnos en pie sobre el roto de marzo.

 

Casa o lobo, 1981

 

 

 

 

Poema de las dos cabezas

 

Este es el poema de las dos cabezas

 

Sol

Cuello Cortado

descansa sobre la hierba

 

Cabeza Soberbia partió a los Australes

 

Sol

Cuello Cortado

dejó que un insecto

revoloteara en sus labios

 

y durmió un instante

 

Cabeza Soberbia

cansada del viaje

haló de los pies a su amante

 

Estuvieron parloteando un largo rato

 

Una tormenta siguió a la otra

mas estas cabezas tenían mucho que decirse

 

Sol

Cuello Cortado

saltó sobre la nieve

 

y posó sus labios

sobre la boca tumefacta que hervía

sobre un hervidero de palabras

 

Se contaron sus vidas

 

Esto era todo lo que tenían que decirse

sus vidas sus amores

 

La noche las encontró

bajo un bloque helado

 

-el viento ululaba en el paisaje blanco-

“Es un presagio”

 

dijo Sol

Cuello Cortado

 

“No hagas caso”

 

Cabeza Soberbia sintió pánico

y entrechocaron sus orejas en un largo abrazo.

 

La canción fría, 1989 

 

 

 

 

 

Las vacas  (Lyons la Foret)

 

Aquí, en la Normandie

fui inmensamente infeliz

 

A la sombra de las vacas

tomé un coche

 

            -vagaré por estos mundos

            tan extraños tan profundos-

 

Sentí miedo

por los verdes diluvios

 

por los cisnes en los lagos

y el camino serpenteante

 

            -lloraba en los brazos

            de la Francia impenetrable-

 

Nunca más veré este cielo

ni a estas vacas de tersas orejas

 

les dije: adieu

 

Rumien hermosas también

sus dulces sueños

 

del prado al establo

 

En el bosque

miré al cielo

 

donde dios habita

mudo imperturbable

 

            -Dios es bueno-

 

Las vacas mugían

locas de miedo

 

Quise acariciar

la pelambre de sus pechos

 

susurrar a las orejas

tatuadas de metales

 

 

            -registros sementales

            fríos rendimientos-

 

 

Nada es puro

en esta noche

 

ni estos animales

 

            -tontas vacas en las verdes colinas-

 

pienso en ustedes

sin nostalgia

 

rumiando conmigo la última cena.

 

Los bajos sentimientos, 1993

 

 

 

 

 

Son tres los zopilotes

 

Mira volar los zopilotes son horrendos

Allí están en la cornisa del otro edificio

 

Mientras sirvo el café las aves negras

se han posado en la antena parabólica diríase atalaya

 

Cada uno conserva el equilibrio que es suyo y no del Otro

 

¿De quién comen?

 

Ahora vuelan sin moverse no hacen ruido

Son tres los zopilotes ya lo he visto

 

una madre y dos de sus pequeños

o una pareja de amantes y su sombra.

 

Los bajos sentimientos, 1993

 

 

 

 

 

Una especie de vacío

 

La imagen se avenía

con pasmosa realidad

 

Pensé: es la montaña

que nunca había mirado

 

como esa tarde

cuando el perfil me sorprendió

 

                          su inmanencia

 

Ahora no me importa

porque me he vaciado

 

Sin embargo hecho en falta

la intensidad de mis efectos

 

Siento un vacío

una especie de vacío

 

aún en la luz

 

                          iridiscencia

 

-malvas naranjas-

 

de la inaprehensible realidad

 

La quietud, 1998

 

 

 

 

 

Der Kleine Vampir

 

Aunque sin hambre debo comerme todo

llenar mi estómago de frutas y de pasto

mi sed toda beber las jarras de agua

que me fueran ofrecidas

los refrescos

Debo saciar mi pensamiento

de muchas maneras engordarlo

Darle lumbre al fuego que me alumbra

pollo

las mesas de la casa dispuestas

para el niño que llega sin hambre

Mis fauces tribales quieren carne

mis dientes de leche amoladarse

porque viene el silencio si no

a torturarme.

 

La quietud, 1998

 

 

 

 

Nouvelle

  

A veces parecía indiferencia

ese andar por la casa, distante.

 

Nosotros conocíamos el habla

y el lenguaje también de las miradas: calla.

 

Hasta que una voz nos llamaba:

“Vengan la cena está servida”.

 

Entonces nuestra madre nos saludaba

como si nos reconociera,

 

y en la mesa ya sentados sonreía

para que no pensáramos que la habíamos perdido.

 

de La quietud, 1998

 

   

 

 

Traduciéndonos a nosotros mismos  

 

Entre la incomprensión

y el deseo de entender

 

ocurre algo extraordinario

 

semejante a la tarea de

escribir un poema

 

o traducir un fragmento

de un idioma desconocido

 

Algo cierto

como un hachazo

 

en la infantil necesidad

de articular un pensamiento

 

o dibujar algo

 

que haga señales

en el claro del bosque

 

para el niño autista

 

Pequeños sucesos

de la comunicación humana

 

–¿Qué dice?

–¿Qué quiere decir?

 

Mínimos gestos y mínimas palabras

que en algo calman

 

la creciente ansiedad

:Voy entendiendo sólo

 

lo que proyecto sobre ti

 

lo que tu lengua

desencadena

 

desde su música extraña

cuando

 

 

 

desde algún lugar

desencajado

 

emergen

 

como faros, también, inesperadas

alusiones a osos, a leopardos

 

O la palabra “lobo”

 

traída por el deseo

más allá de las referencias

 

a la fundación de Roma

y pasando por alto

 

lo que podría ser

en el diálogo y no en el monólogo

 

poético

 

si pudiésemos hablar

en el mismo idioma

 

un intercambio de eruditas lecturas

y salas de museos

 

la palabra “lobo”

enaltecida

 

sustanciada

 

Porque

 

lo que al final se entiende

desde la callada

 

orfandad

de frases imposibles

 

y oídos

sordos

 

vacilaciones

intentos de avanzar

 

en el claro del bosque

 

–¿Qué dices?

–¿Qué me quieres decir?

 

 

cuando una palabra surge

y uno cree entender

 

lo que no era

y Es

 

en la certeza también

y en el fracaso del poema

 

La épica del padre, 2002

 

 

 

 

Hallazgo de la forma o poema del fantasma

 

Rememorar los viajes

habidos

 

a los cementerios

 

de esas tribus

en Paya

 

sin hacer alarde

hasta desaparecer

 

siendo uno con él

 

dejar de ser

sobre el cuerpo del caballo

 

Llevar la bestia

de las riendas

 

por terrenos baldíos

o desencontrados

 

de las que fueron

en el tiempo

 

tus haciendas

 

Desensillar al animal

para que descanse

 

bajo los samanes

en el bosque

 

enmarañado

de caídos cafetos

 

Ir luego

entre el gamelotal

 

hasta el lugar

que has elegido

 

entre los muchos otros

por las voces que has oído

 

y los tantos escritos

 

Escarbar

con celo

 

de no dañar

o romper

 

lo que descubres

 

Recoger

mutilaciones

 

que alguna vez tuvieron

utilidad o forma

 

–Oh, te has engañado

 

Volver

a donde estaba

 

el caballo

 

regresar

hasta la casa

 

a paso

ido

 

después de atravesar

las calles

 

de ese pueblo

donde vives

 

y oír a las gentes

que te ignoran

 

gritar sus desafueros

 

–¿De qué te has ufanado?

 

Tomar fragmentos

que has traído del sueño

 

bajo la lámpara

de tus alucinaciones

 

soplar con suavidad

sobre ellos

 

como si nada aconteciera

igual que montas a caballo

 

en la liviandad

del aire

 

hasta quitar

el polvo

 

de las piezas

 

Seguir

el orden

 

que alguna vez tuvieron

 

sus toscas líneas

de barro endurecido

 

para que pueda verse

luego

 

sobre la mesa

inscrito

 

en las urnas

funerarias

 

el mensaje

que allí estaba

 

sin que tuvieses

noticia

 

hasta encontrarlo

 

La épica del padre, 2002

 

 

 

 

Piel de vaca

 

Silvia Guerra

fue quien dijo

 

algo acerca

de la res colgada

 

como un signo (fiero)

o un espejo de

 

estos tiempos que corren

tras nosotras, mujeres.

 

Amores perros, es lo mismo,

 

o no: carne sacrificada. Yo

pensé en Simic, al oírla,

 

y en su poema de las carnicerías

 

que había utilizado como pórtico

en uno de mis libros.

 

Guerra continuó

hablando de sus hijos:

 

cómo eran

sus cuerpos extraños

 

aún cuando se habían

descolgado del suyo.

 

No hay crimen, Silvia,

 

si se piensa en el desolladero, porque

la suave extensión

 

de esta piel moteada de vaca

donde Loqui duerme,

 

es un olvido de infancia.

 

Poemas huérfanos, 2003

 

 

 

 

Retrato de muchacha con su padre en las Torres Gemelas

 

Es una panorámica. A ambos extremos

el espacio entre ellos, lleno

por la vista de Manhattan.

 

La expresión de la joven, serena,

igual que el padre, equidistante.

Están separados, sí, pero unidos

por lo mismo que los distancia:

 

Aire, perfiles, nubes,

término y comienzo de un viaje.

Para el padre, añoranza;

para la hija, el mundo.

 

Así, miran a la cámara

en el día soleado:

Ladeado el rostro, sonríen,

desde adentro, desde donde son felices.

 

Perpetuidad de la memoria,

instancia plena,

desea la muchacha:

Belleza, equilibrio.

 

El padre entrecierra los ojos

que ha cegado el sol, arriba,

 

con un brillo inédito.

 

De Poemas huérfanos, 2002

 

 

 

 

 

 

GACELA

 

                                      (no por su belleza)

                                                

              Nada le asegura

              a la gacela permanencia

              sino, al contrario, le confirma

              tal es el estrépito de hojas

              o pisadas de elefantes

 

                                                 a lo lejos

 

              su fragilidad

              que finalmente es pánico

 

 

 

 

El CIERVO

 

Iba yo con mi hermano por el bosque,

cuando lo vi entre las ramas asomarse.

 

Pude verlo como era,

y él, mirarme:

 

Macho, de alta cornamenta.

 

Aunque de noche,

los ojos clarearon en su estupor al verme.

 

Volvió la grupa,

temeroso.

 

Yo alcé el arma que llevaba

y apunté entre los cuernos.

 

Disparé. Y con ello la cabeza

se deshizo en el aire

 

que había respirado.

 

Donde hubo belleza

quedó el cuerpo tendido

 

sobre la hierba.

 

Tomé el arma

y se la di a mi hermano.

 

“Ten –le dije: el rifle

con el que he matado sin deseo”.

 

Volví la espalda

y caminé hacia el auto

 

que había dejado

en el umbral del bosque.

 

De Poemas huérfanos, 2002

 

 

 

 

 

Magma

 

Los cauces

de estos ríos.

 

Mismo cuando fluye

el hervidero humano

colmando el país

que nos parió.

 

‘Vengan mañana’.

 

Pero afuera,

entre los buses,

y los autos vomitando,

 

pasa un río.

 

Es la afluencia

de la hora.

 

Y el sol.

 

Y la congoja.

 

Y la niña maromera.

 

País, 2007

 

 

 

 

 

Playa El triguillo, Estado Vargas

 

Azuza el aire

que fue translúcido

 

igual a un viejo

 

que tiene una gasa

sobre la córnea.

 

También el enclave:

 

empedrado del deslave

en el litoral

 

inhumano

como el paisaje mismo

 

sobre un cuerpo-cosa

 

País, 2007

 

 

 

 

Blanco sobre blanco

 

1

 

Iba por el río Yenisei

hacia su desembocadura

en la boca del paisaje

para ser devorado.

 

Iba en la borda

por sobre el paisaje

sin contar los días

desde mi destrucción.

 

Iba hacia la capitulación,

de las casas sin vistas

en el barro aherrojadas,

sin pensar en la humilde

 

investidura del monje.

Iba distraído, sin mirar,

cuando vi a los caballos

acercarse a la orilla,

 

y perdí la razón.

 

 

 

 

2

 

Iba por el río Yenisei

hacia su desembocadura

en la boca del paisaje

para ser devorado.

 

Iba en la borda

por sobre la Historia

sin contar los días

desde mi destrucción.

 

Iba hacia mi rendición

en las casas sin vistas

al temor amarradas,

sin pensar en la fiera

 

arquitectura del laico.

Iba distraído, sin mirar,

cuando vi a los caballos

abrevar en la orilla,

 

y perdí la razón.

 

 

 

 

3

 

Iba por el río Yenisei

hacia su desembocadura

en la boca del paisaje

para ser devorado.

 

Iba en la borda

por sobre mi historia

sin contar los días

desde mi destrucción.

 

Iba hacia mi perdición,

a las casas sin vistas

doblemente cerradas,

sin pensar en la blanca

 

tajadura del Santo.

Iba distraído, sin mirar,

cuando vi a los jinetes

en un óleo pequeño,

 

y perdí la razón.

 

21 caballos, 2011

 

 

 

Fuga

 

A mis hijos

 

Fue lo primero que advertí

cuando no estaba conciente,

ni podía pensar.

 

Lo primero

que miraron ustedes

al acercarse a la ventana

durmiendo todavía: el trazo

 

azul profundo

del río

cuando pasaba un barco

y una línea blanca

de humo

que alcanzamos mirar.

 

La escritura debería recoger

esa oscura transparencia. Yo

se las ofrezco con la luz delgada

en un parque y las tantas ardillas

que atrevidas se acercaron

sobre sus miedos para mirarnos.

 

El ser completo donde no puedan

separarse ni el aire, ni las calles

que recorrimos en aquella maraña,

ni los edificios ardiendo

en sus cúpulas, ni los muelles

que mecen los barcos,

ni el puente más antiguo

con su ruidoso tráfico

de trenes.

 

¿Será que al fin la escritura

saldrá de la bolsa donde traje

las graciosas figuraciones

de oso, de lobo y de tigre

que pude haber perdido en el viaje?

 

La piel de las ardillas no se asemeja

a la piel de las ratas

odiosas en los albañales,

y la luz que se agosta en el parque

no es tristeza

en la agilidad de los perros, ni aquel

 

edificio en la esquina

va a derrumbarse, ni los árboles

de un verde profundo

contra el cielo

cada vez más oscuro,

como el azul oscuro del río, van

a desaparecer.

 

21 caballos, 2011

 

 

 

 

Datos vitales

Yolanda Pantin (Caracas, 1954) es poeta, ensayista y editora. Estudió Letras en la Universidad Católica Andrés Bello en Caracas. Ha publicado “Casa o Lobo” (1981), “Correo del Corazón” (1985), “La Canción Fría” (1989), “Poemas del Escritor” (1989), “El Cielo de París” (1989), “Los Bajos Sentimientos” (1993), “La Quietud” (1998), “El Hueso Pélvico” (2002), “Poemas Huérfanos” (2002), “La Épica del Padre” (2002), “País” (2007). “21 caballos (2011, en prensa). En 2004 publicó el libro “Poesía reunida, 1981-2004”, ese año recibió la Beca Guggenheim.

Share Button

Escribe un comentario