title

CÍRCULO DE POESÍA

 

Yehuda Amichai según Edgar Amador

07 dic 2012

Yehuda Amichai

El poeta, ensayista y traductor Edgar Amador (Monclova, 1967) comparte con nosotros unas traducciones del poeta hebreo Yehuda Amichai (1924-2000) partiendo de las versiones del inglés de Ted Hugues. Sirvan pues como acercamiento a la obra de este poeta. Amichai es considerado el gran poeta de Israel durante el siglo XX.  

 

 

 

 

Diez poemas de Yehuda Amichai

 

A Ted Hugues le debemos no una, sino al menos dos poesías: la suya propia, que labró a contrapelo y más allá de una tercera poesía, la de la trágica Silvia Plath; y la de Yehuda Amichai.

     En 1965, Ted Hugues tradujo y publicó en inglés poemas de Yehuda Amichai en conjunción con el poeta hebreo en una serie llamada “Modern Poetry In Translation”, presentando así a los lectores de esa lengua a uno de los más dulces poetas del siglo XX.

     Fue hasta 1968 que Assia Wevill, amante de Ted Hugues,  madre de su hija Shura, (y el casus belli en su fatal disputa con Plath) tradujo un libro completo de poemas de Amichai, publicado en inglés como “Selected Poems”.

     En 1966, Amichai es invitado a leer al ahora legendario festival de Spoleto, junto a Octavio Paz, Ezra Pound, Pablo Neruda, W.H. Auden y Allen Gingsberg, entre otros, contacto que comenzó para nuestra fortuna, el conocimiento de Amichai entre los lectores mexicanos.

     La crítica insiste en asociar a la poesía de Amichai el sustantivo ironía. Yo usaría más bien las palabras sorpresa, inesperado, inusitado. En medio de versos dulces, se alzan de pronto imágenes sorpresivas, insospechadas, cada poema de Amichai empieza de manera tradicional, pero acaba en ternura, en ironía, en violencia, en nostalgia, en asombro.

     Vale la pena, a la vuelta de algunos años, volver a traducir y volver a leer, los grandes poemas, o a los grandes poetas. No sólo el poema cambia cada vez que lo leemos y cada época pide que lo leamos de manera distinta. Los lectores son también distintos: son nuevos.

     La mayoría de los poetas más jóvenes no tuvieron la fortuna de leer “Vuelta”, y encontrarse allí, por ejemplo, a Yehuda Amichai.

     Con ganas de encontrar argumentos más allá del gusto, estas traducciones son para aquellos lectores de “Círculo de Poesía”, jóvenes en buena parte. Se trata de 10 poemas traducidos alalimón por Amichai y Hugues, lo que les da un doble valor. Al menos en esta vida, no creo ya poder llegar a traducir del hebreo, así que las traducciones Amichai-Hugues son lo más cercano a traducir a Amichai del original.

     Van los primeros cinco poemas.

 

 

 

Esta Es La Casa de Mi Madre

Esta es la casa de mi madre. La planta

que comenzó a treparla en mi niñez

ha crecido desde entonces y cuelga de sus muros.

pero yo fui arrancado ya hace tiempo.

 

Madre, me pariste en medio del dolor,

Y en medio del dolor vive tu hijo.

Su tristeza está peinada, acicalada,

su felicidad bien vestida.

Con su sueño se gana el pan

y con su pan, su sueño.

La precipitación promedio anual no lo toca

y los grados de temperatura pasan junto a él

como una sombra llorosa.

 

O madre mía, quien se presentó ante mí

con un primer trago de bienvenida

y estas palabras: ¡L’haim, l’haim[1]

hijo mío!

No he olvidado nada, pero mi vida

se ha vuelto apacible y profunda

como un segundo engullido dentro de la garganta,

no como el primero, con labios ruidosos

chupadores y felices.

 

Tus pasos en la escalera

Han quedado siempre en mí

Nunca se acercan y nunca se alejan

Como latidos

 

 

 

Carta de Recomendación

En las noches de verano duermo desnudo

en mi cama en Jerusalén

la cual queda al borde de un hondo valle

sin despeñarse sobre él.

 

Durante el día doy caminatas

con los Diez Mandamientos en mis labios

como una vieja canción que uno se tararea a sí mismo.

 

O tócame, tócame tú, buena mujer

No es una cicatriz esto que sientes bajo mi camisa.

Es una carta de recomendación, plegada

de mi padre:

“Es todavía un buen muchacho y lleno de amor”.

 

Recuerdo a mi padre despertándome

para las oraciones tempranas. Lo hacía

acariciando mi frente, no jalándome las sábanas.

 

Desde entonces lo amo aún más

Y sólo por eso

dejad que le despierten 

con amor y delicadeza

en el Día de la Resurrección

 

 

 

Como El Muro Interior De Una Casa

Me encuentro

De repente y demasiado pronto en mi vida

Como el muro interior de una casa

Que se ha convertido en muro exterior luego de guerras y devastaciones

Casi olvido ya

Lo que es estar dentro. Sin dolor,

Sin amor. Lo Cerca y lo Lejos

Están a la misma distancia de mí

E iguales.

 

Nunca imaginé qué le pasa a los colores

Su destino es el destino del hombre: el azul claro aún sueña

En la memoria del azul oscuro y de la noche. La palidez

Es el suspiro de una vigilia púrpura. Un viento acarrea

Un olor de lejanía

Y en sí no tiene olor alguno

Y las hojas de las hatzav[2] mueren

Mucho antes que sus flores blancas

Las cuales no saben nunca

Sobre el verdor de la primavera y el oscuro amor

 

Alzo mis ojos a las montañas. Ahora entiendo

Lo que significa alzar ojos, ¡qué pesada carga!

Pero esa dura nostalgia

¡Esa pena-de-nunca-volver-a estar-de-nuevo-dentro!

 

 

 

De Canciones de Zion, La Bella

16

Una canción de amantes en Jerusalén: estamos

incluidos en la mayoría de las profecías de ira

y en casi todos los buenos mensajes.

 

Nos encontrarán en las postales

de nuestra ciudad. Quizá no puedan vernos

porque estábamos sentados dentro de una casa

o éramos demasiado pequeños;

la foto fue tomada

desde un avión que pasaba.

 

33

Una canción de mi patria: el conocimiento

De sus aguas comienza con lágrimas.

 

A veces amo el agua, a veces la piedra.

Estas días estoy a favor de las piedras.

Pero todo puede cambiar.

 

36

Por las noches Dios saca su reluciente

mercancía de su estuche –carruajes santos,

tablas de leyes, primorosas cuentas, cruces y campanas-

y las guarda de nuevo dentro en cajas oscuras ,

cerrando el postigo: “ningún profeta vino a comprar, de nuevo”

 

 

 

Canciones de Continuidad

Canciones de continuidad, minas terrestres y tumbas.

Puestas boca arriba cuando construyes una casa o un camino:

Y luego llegan la gente cuervos negros de Meah Sh’earim[3]

graznando amargamente “muerte, muerte”. Y llegan luego

soldados jóvenes y con manos aún desnudas de anoche

desmantelan el hierro y descifran la muerte.

 

Venid entonces, ¡no construyamos casa ni pavimentemos camino alguno!

Hagamos una casa plegada en el corazón

Y un camino enrollado en un rizo del alma, dentro,

y así no moriremos siempre.

 

La gente aquí vive dentro de profecías que resultaron verdaderas

como dentro de una gruesa nube tras una explosión

que no se dispersa.

Y así en su solitaria ceguera se tocan

unos a otros entre las piernas, al atardecer,

pues no tienen otra ocasión ni otro lugar,

y los profetas murieron hace mucho tiempo.

 


[1]L’haim-“A tu salud”, en hebreo

 

[2] Hatzav- Una flor silvestre cuyas hojas crecen y mueren en primavera, y cuya blanca flor crece sólo en otoño.

[3] Meah Sh’earim – Barrio de los ultra-ortodoxos en Jerusalén

Share Button
  • Elia Casillas

    Gracias…

  • Silvia Loustau - Argentina

    Esto es lo impoderable de Círculo, encontrarnos con poetas que Amichai, traducido, nada menos que por Hughes. Gracias, desde mi ciudad marina,

    Silvia Loustau

  • Rafael Solorzano

    Me han calado en lo profundo de mi ser estas poesías. Son como que las palabras cargan un contenido profundo y universalizan conceptos. Cada uno de esos contenidos ejemplifica cosas o aspectos que las personas viven cada día. El poeta presenta las verdades de manera sencilla, por lo menos para mi y responde a los vacios del ser humano contemporáneo. GRacias desde Costa Rica poeta. Gracias desde este pequeño país de centroamerica traductor. El oriente es luz

Escribe un comentario