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CÍRCULO DE POESÍA

 

Foja de Poesía No. 380: Cristina Saavedra

03 Ene 2013

Presentamos algunos textos de la poeta chilena Cristina Saavedra Ramírez, (Santiago de Chile, 1985). Licenciada en Literatura Creativa de la Universidad Diego Portales y Profesora de Lengua Castellana y Literatura de la misma universidad. Realizó y publicó su tesis poética de pregrado “Esculpiciones” con el poeta chileno Raúl Zurita. Fue tallerista de Gonzalo Millán, Adán Méndez y Soledad Fariña.

 

 

 

 

Como si existieras

 

Como si de verdad existieras

y tus ojos no fueran más que dos esferas de agua

humor vítreo rodando a toda velocidad

por mi piel de escamas verdes.

De tanto ahogarme me salieron branquias y aletas

como si no estuviese cayendo la luna en tu pelo

o yo no fuera más que un pez

respirando el oxígeno de la muerte empapada de arroz

tu nido girando en su eje infinito

los círculos no sirven las plumas de abrigo.

 

Podría amarrar el anzuelo a mi boca

y sigue el camino con tu caña de pescar hacia mi escondite

o simplemente tira del hilo y estaré en tu garganta

oscuridad de una caverna de agua

en tu boca yo nado

y no podrás masticarme

pero que problema habría en tragarme

y escamar tu estómago

de escarcha celeste.

 

Solo tus dedos redibujando contornos

yo presa en una pecera imaginaria

vomitando peces y una más entre ellos.

Me he sentado en tus dientes a esperar si vuelves

o si existieras

todo se borra de un trago y en humo me derrites.

 

Por si de verdad existieras he cosido el anzuelo a mi boca

y tu caña no pesca flotando tras de mí sola

domesticar la hilacha de tu cinturón

que me agobia en pasadizos de rocas

colgada mi cola aleteando de un lado a otro

tu nido y ni siquiera alimento para tus huesos.

 

Como si existieras

y mis uñas fueran el reflejo de tu hundimiento

caña de pescar hecha trizas

o acaso si te nombrara y las estrellas

te incendiaran haciéndote visible

pero jamás podría nombrarte

no existes.

 

Este peso en los ojos son las noches sin párpados

y el anzuelo recogido inservible

busca tu caña al otro extremo

como si no me gustara el sabor acero

de un anzuelo gancho inútil

que no necesita carnada

al otro extremo de la caña tu lengua al revés

y yo arriba como si existieras

o no te hubiese soñado

con un beso de tijeras rodando en el pasto

y el hilo me lleva desde dentro a tu boca de hielo

y congeladas mis escamas se hacen polvo.

 

 

 

 

 

Abismos

 

Los balcones se suicidan lanzándose al vacío

el pichón murió sin haber aprendido a volar

de mi boca a la suya regurgitación de elementos disímiles

tengo el pelo estilando lenguas sin memoria

enroscadas se arrastran para enterrarse en el cerebro

con la cabeza hacia un lado cayendo perpetua

una cebolla entre las piernas se deshace entre capas

y nunca se llega al centro.

 

El jardín de cañones apuntando a la nada

pelusas tejidas con palillos carbón deforme y la espera

los arcos de mis pies construyen el cuerpo de una guitarra muda

o no la escucho

no tengo oídos ni notas en la garganta

el tornasol del mar púrpura celeste verde agua

azota las pupilas sembradas en la arena

para que crezcan algas o no.

 

Las cortinas se me caen a filamentos

hilo a hilo madeja a madeja la primavera no es tal

la cadena silenciosa y todo flotando

escondo el pan en la cintura las migas taponean el ombligo

y que no se escape la tripa que todo lo traga

mientras los párpados se cierran

las pestañas son agujas que se clavan sin abrirse.

 

Hay un caracol donde transitan muertos

subiendo bajando

y donde se cierran las vueltas

saltan al vacío por donde nacieron algunos

meciéndose en las cuencas

de un laberinto que resbala pegajoso

no se avanza no se puede

y cuando.

 

 

 

 

 

 

Los zapatos de la noche

 

Los zapatos de la noche

y el aullido del lobo con cara de luna

invocado tu gruñido en la niebla del aliento

nunca más remarte

ni echar el ancla a tu fondo

naufragio inminente

ahogo

cadáver inflado de agua

ánima en pena.

 

Un cuerpo de incendios jamás apagados

las llamas rompiendo

la carne y el mármol

quedarse sin rostro llorando máscaras.

 

Por cada vaso

las burbujas de un alma hablante

bajo la cama acechan.

 

 

 

 

 

 

Mi vicio tan mío tan mío tan mío.

 

Hay vicios incorpóreos que se huelen en el aire

Hay otros que carcomen los huesos.

Algunos vicios se estancan de huecos

con musgo en los ojos

cada vez que veo un gusano brotar como tallo

o diente de dragón.

 

Yo tengo más que un vicio

cogollo azucarado

con chinitas comiéndote por la boca

Se me pega tu polen en las manos cuando voy a tocarte

y soy aún más blanca

Cangrejo almidonado

mis venas en tus inyecciones

moretones y brazos

con tenazas de piel afilada

y tu olor dentro mío

flotando hacia abajo

rellena de espuma

me despanzurras y aureolas

dejan tus colmillos

en mi cuerpo de trapo.

 

 

 

 

 

 

En la pared de lo indecible

Junto a la espera de la quietud

y los lagos de tus ojos sin olas

con un punto de petróleo al centro

que empequeñece ante la luz

y traga oscuridad así de grande.

Ultramar y cosechas que botan

las orillas de tus olas rompiéndose

peñascos frente a mis manos

unidas a los juncos esponjosos

de tus cápsulas.

Laberintos en el arrecife de tu garganta

a flor de agua empedrada

las enredaderas cuello a cuello

nos trepan hojas

y azulejos que tapizan tus vertebras

le dicen adiós a mis dedos.

Imantadas escaleras nos conducen

los azulejos se quiebran

escalón por escalón se hacen polvo

y magnéticamente iguales

somos carne del metal me dices.

Acero e imán son uno en el mar elástico

flotando el tejido de tus misterios eléctricos

escalofríos en las aletas de mi espalda

me devuelven una a una tus pestañas

descocidas de las rocas.

Nácar la capa interna de tus huesos

irisados reflejos difractados en mis ojos

molusco adherida a tus peñascos

ni la última marea me borró a tus pasos.

 

 

 

 

 

Datos vitales

Cristina Saavedra Ramírez, (Santiago de Chile, 1985). Licenciada en Literatura Creativa de la Universidad Diego Portales y Profesora de Lengua Castellana y Literatura de la misma universidad. Realizó y publicó su tesis poética de pregrado “Esculpiciones” con el poeta chileno Raúl Zurita. Ha cursado talleres con los poetas chilenos Soledad Fariña, Adán Méndez y Gonzalo Millán. Fue publicada en la antología universitaria “Lanzaletras”.  Actualmente se desempeña como profesora de Literatura. Los siguientes poemas son inéditos.

 

 

 

 

 

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