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CÍRCULO DE POESÍA

 

La crítica, vocación omnívora: entrevista con Luis Bugarini

15 Mar 2013

El equipo de Círculo de Poesía ha entrevistado a uno de los críticos más representativos, más leídos y observados de nuestro actual momento estético, Luis Bugarini (1978). En esta entrevista Bugarini da cuenta de su concepto de crítica y sus patrones de valoración. ¿Cómo y desde dónde se escribe crítica? es una de las preguntas fundamentales de este documento. Bugarini escribe en Nexos y también en su columna Sinapsis, de Círculo de Poesía.

 

 

 

 

Seis preguntas a Luis Bugarini

 

 

¿Por qué elegir la crítica literaria?

Fue un proceso gradual, a la par que un descubrimiento. Siempre tuve la inclinación por apropiarme de procesos de valoración y establecer relaciones. El ejercicio crítico es una vocación omnívora que llega a su plenitud en el acto de reunir lo que parece disperso, o tiene soldaduras frágiles y sujetas a cuestionamiento. El resto fue una sucesión natural producto de una pasión por los libros y por el hecho cultural, en general. Me privé de días al aire libre por vagar entre libros. Y así, sin apenas imaginarlo, mis primeros textos fueron comparaciones y detección de referentes cifrados. O lo que yo imaginé que eso eran. El mejor crítico literario, lo sigo pensando, relaciona lo que nadie imaginó que podría tener relación. Su labor es matizar y darle un vuelco a formas horizontales. Y además hacerlo con erudición que no suene a pesadez.

Es el caso de los retratos literarios de Sainte-Beuve. Piezas ensayísticas de autores mayores en donde se conjuga la visión personalísima del crítico sobre la literatura, con la obra particular de un autor.

Con el tiempo leía una obra y después otra que la interpretara y me fui llenando de libros de crítica. No es difícil caer preso de ese juego perverso que es la crítica de la crítica, pero yo lo disfrutaba y lo sigo haciendo. Mis primeras notas de crítica—muy tímidas, casi confesionales—, se publicaron en Crónica Cultural, cuando la dirigía Rafael Pérez Gay. Me horrorizo al volver a leerlas por enfáticas y sobreadjetivadas, pero es el curso natural, pienso, de un ojo de crítico-lector que se entrena. Ahora soy más cauto.

 

 

El lugar común refiere que el estado de nuestra crítica literaria no es óptimo y que estamos lejos de la tradición crítica de Francia o Estados Unidos. ¿Tiene algo de razón esta opinión o nuestra crítica goza de buena salud?

Todo es susceptible de perfeccionamiento y mayor desarrollo. En los países de lengua española se escribe crítica literaria de manera incesante. Es un ejercicio continuado. Y no sólo me refiero a la académica, que produce conocimiento de manera sistemática. Tampoco a la que se destina al consumo periodístico. Al final, como he dicho, la crítica es una forma de la conversación cultural, incluso si es denostativa o provocadora a secas. Gritar también propone un diálogo, sólo hay que modular el volumen. Nuestros grandes escritores no despreciaron la crítica, lo cual resulta magnífico. Pienso en Borges, Cortázar o Lezama Lima. Y más aún, pues se cansaron de repetir que hacía falta fortalecer nuestra tradición crítica. El discurso de recepción del Nobel de Octavio Paz, por ejemplo, “La búsqueda del presente”, es un llamado a la crítica. A su ejercicio, a su nutrición. Paz es uno de nuestros grandes críticos literarios. Ahí está Cuadrivio y el ensayo sobre Sor Juana. O El arco y la lira. Sobran ejemplos.

Ahora bien, lo cierto es que los críticos apenas tienen espacios de reunión y menos aún apoyos. No existe una beca en México para ser crítico y dudo que la haya en años. El aparato cultural mexicano exige hablar desde el ensayo. ¿Porqué desestimar la tentativa de un escritor que aspire a ser crítico? Hábitos que no cambiarán en años.

Se escribe crítica literaria desde los bordes, cargando a cuestas la mácula de que, entre otras: (i) es un discurso secundario que puede ser prescindible; (ii) atiende a intereses mercadotécnicos o hasta mafiosos; (iii) el discurso crítico envejece rápidamente y apenas interesa como antecedente de valoración; (iv) la subjetividad del crítico afecta la valoración del producto estético y un largo etcétera. Esto puede ser cierto, por supuesto. Antonio Alatorre y Huberto Bátis publicaron sendos ensayos sobre la condición famélica de nuestra tradición crítica. También Evodio Escalante. Pero si la crítica literaria transita hacia la crítica a secas se producen libros de significación y hasta necesarios. Cervantes o la crítica de la lectura, de Carlos Fuentes, por utilizar un ejemplo al vuelo, es una obra crítica en principio. Después, todo lo que imaginen de ella.

Francia cuenta con una tradición crítica monumental, lo mismo que Inglaterra. En esas tradiciones literarias formar a un crítico es producir a un agente cultural equivalente al narrador o al poeta. El crítico hace una intervención meditada de un entorno cultural y aproxima una interpretación acorde al gusto estético de su tiempo. También es un acto imaginativo, aunque de una naturaleza distinta. Al crítico se le escucha. Allá, quiero decir. Aquí se le mal mira, cual si fuese un escritor menor por voluntad propia.

 

¿Podrías abundar en ese “tránsito” de la crítica literaria a la crítica? ¿A qué hace referencia?

La crítica es una meditación del mundo, a partir de ciertos hechos, que pueden ser estéticos, históricos o incluso personales a nivel muy detallado. La crítica literaria, por su parte, es una mirada atenta a una producción literaria de intención estética. La crítica a secas puede servirse de la crítica literaria para ir más allá y esto dependerá de la perspicacia, inteligencia o talento del crítico literario. George Steiner hace crítica en Los logócratas y crítica literaria en Después de Babel. O más bien filología. La hiperespecialización es un confinamiento y la crítica es aire libre. Aunque la crítica no es deambuleo, exclusivamente, puede darse ciertas libertades.

Una obra de crítica se sirve de la crítica literaria. Es un camino hacia el refinamiento, hacia la visión irrenunciable del crítico. Si la crítica literaria es objetable, en la crítica ya no es posible argumentar nada en contrario. Leemos o no leemos y no hace falta compartir la postura del crítico. Es pasear los ojos ante una pintura.

 

Y en ese libre juego del pensamiento, ¿qué tanto interviene el “yo” del crítico?

Es una rosa personal de los vientos. El crítico es un destino y tiene una formación, un entorno. Pertenece a una generación y no puede renunciar a sus inquietudes. Por eso es una mirada única. Y por eso urgen legiones de críticos. Existe la consabida mezquinidad en el medio literario mexicano, pero es la pluralidad y la multiplicidad de voces la que enriquece un entorno cultural. Al final, la visión de un crítico es una sola. De ahí la importancia de multiplicar exponencialmente el discurso crítico. En las épocas en que un solo crítico determina lo que hay que leer o no—como en tiempos de Sainte-Beuve—, se pierden diversidad y perspectivas. Antes el crítico era un pope inobjetable que otorgaba el nihil obstat a las obras de su preferencia. Por suerte se acabó. Ahora es imposible que esto suceda por la proliferación de medios electrónicos.

Ahora bien, no toda crítica puede formar discurso crítico. El comentario aislado está condenado al olvido. Lo hemos visto tantas veces. El hilo que los une es la continuidad y la devoción a un modelo estético. El crítico literario, imagino, está obligado a mantener un estándar alto de calidad, aunque no crea en él. Esto es: el crítico puede llegar a casa a leer TvNotas, pero en su valoración pública deberá tener presente un modelo envidiable en términos estéticos. También los argumentos para sostener un criterio. El crítico deberá estar preparado para suscitar el debate y defender sus entusiasmos. También para armarse de valor cuando haya que dar golpe de timón. Nadie es infalible, es claro, y el gusto literario es el capital del crítico.

 

¿Qué lecturas recomendarías para que el crítico forme ese gusto literario?

Todo lo que encuentre a su paso. La sed del crítico debe ser insaciable. Su aspiración es la polimatía. Su contacto con la producción cultural no deberá conocer horarios o censuras. Cine, historia, fotografía, literatura, libros técnicos. Cualquier experiencia que alimente su sensibilidad será bienvenida. El crítico es un observatorio: a mayor su comprensión del hecho cultural, más detallada será su opción de situar lo que demanda ser ordenado. La producción estética no se detiene y hay que robarle horas al sueño para avanzar lo más posible. Su calidad de testigo de un tiempo determinado es un carácter que se gana con la constancia y la agudeza para mirar tras la bruma.

Antonio Alatorre refiere en una conferencia dictada en 1972: “los grandes críticos literarios son tan raros como los grandes creadores literarios. Más raros aún, tal vez”. Así lo creo.

 

—Enfatizas que la crítica puede tener una dimensión creativa, ¿cómo se logra esa transformación?

El discurso crítico es susceptible de ser manipulado, tal como hacen los narradores con la “realidad”. La hibridación de géneros tolera cruces entre cita verdadera y falsa, por ejemplo. Basta leer algún ensayo de Enrique Vila-Matas para comprobarlo. O de Borges, Calvino, Bolaño. La crítica literaria puede ser un área de juegos. Puede alejarse del dandi metrosexual de bigote fino y peinado impecable que escupe la sopa porque no le agrada. Ya es posible borrar ese amaneramiento. Terry Eagleton escribió: “la crítica es un oráculo en un pueblo de blasfemos”. Y me parece adecuada la cita, si fuese cierta. Pudo haberlo dicho, sin duda. A nadie le consta. De esto hablo. En la actualidad se desplazaron los centros afianzados que daban autoridad al discurso, lo cual es formidable.

Por supuesto la academia continúa generando conocimiento a través de fuentes autorizadas de saber. Al realizar una tesis de grado, por ejemplo, la propuesta o conclusión deberá ir sustentada por tres o cuatro voces reconocidas, de otro modo pierde consistencia. La voz personal está permitida sólo para articular la propuesta de nuevo conocimiento. En la dimensión creativa de la crítica se salta al vacío en la noche. De ahí su importancia, quiero pensar.

 

 

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