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CÍRCULO DE POESÍA

 

Poesía venezolana: María Calaño

26 Mar 2013

Presentamos, en el marco del dossier Patria adentro. Antología de poesía venezolana, preparado por Luis Perozo Cervantes, el trabajo de una poeta de marcado erotismo durante la primera mitad del siglo XX: María Calaño (Maracaibo 1903- Caracas 1955). En 2008 Monte Ávila publicó su Obra completa.

 

 

 

 

 

 

El hallazgo

 

Hoy me lo he hallado

en el camino

y cosas tan buenas me ha contado

que vengo embriagada

como un vino…

Cuando se es campesina

y se presenta el amor

no se puede decir nada.

Ya mi voz está menguada

por una garra divina

de temblor.

Y por nada diera

este hondo rubor

que me lame como una hoguera,

lengua de destino, brujería de amor.

Hoy me lo he hallado

en el camino:

me probó con gusto como a los frutos sanos,

y yo no hice otra cosa

que quedar temblorosa,

deshojada como una rosa

en sus manos.

 

 

 

 

 

Carne

 

Carne.

 

Difunde el aliento

De tu pecado más hermoso:

Tú eres como un como un jardín.

 

Vacíate

En el que quiebra

El tapiz de oro de tus vellos.

Dócil

Como las criaturas que esperan a Dios.

 

Prende

Como rosas desnudas

Las cien cabelleras desordenadas.

 

Carne…!Carne mía!,

Intensamente llama,

Intranquila, poseedora:

¡abre!

Tú eres como un jardín…

 

 

 

 

 

¡Tenerme, tenerme toda!

Tenerme

es algo más que este clima de noches blancas,

flotando en mi alegre vestidura.

Tener mis brazos cargados de leyendas

de cauces misteriosos, de islas

y de niños errantes que me piden el pecho.

Y tener todos mis momentos

los que elevados en gritos

hicieron de mi carne su tejido.

Y esta pincelada de lunas nuevas

que bajo los hombres

tiene el propio sabor de la vida

¡Tenerme, tenerme toda!

Aún para las dulces siegas

mi vientre está elevado…

¡Ay!, que soy solo esto:

tierra pegada a la tierra,

cielo que me circunda, y me huye, y me alumbra.

Escalerilla de niños

casa de azúcar…

ya no te gustaría otra mujer.

 

 

 

 

 

 

 

Había olvidado las muñecas

por venirme con él.

De puntillas,

conteniendo el aliento

me alejé de mis niñas de trapo

por no despertarlas…

Ya me iba a colgar de su brazo,

a cantar y bailar

y a sentirme ceñida con él:

como si a la vida

le nacieran ensueños!

Yo no llevaba corona,

pero iban mis manos colmadas

de bejucos floridos de campo,

de alegría, de amor, de fragancias.

Muchas noches pasaron encima

de aquella honda pureza sagrada.

Todo el cielo volcado en nosotros!

Había olvidado las muñecas.

Ahora él se ha ido.

Lo mismo.

Despacito, por no despertarme…

 

 

 

 

 

 

De lejos vine

Para verme con él.

Y ha pasado por mi lado

Sin notarme….

El sol se echaba sobre el mundo

Y nos alumbraba.

Con toda aquella luz,

¿Cómo no vio mi alegría?

 

Yo había venido con el viento.

Corriendo,

Sofocada,

La blusa abierta…

Fue cuando su mirada

Pasó sobre mi pecho.

 

¿Tantos siglos llevan encima

Las cosas conocidas?

 

De lejos vine

Para vernos.

Y él me miró

Sin verme.

 

¿Para quién entonces

He podido conservarme virgen?

 

 

 

 

 

 

Poema del destino fundamental

 

Es amor.

Es lo que no me deja morir.

¿Quién ve en mis grandes delirios

temibles celadas,

carne, desatinos?

Por mis muslos claros

la tierra cumple su destino.

Corre la delicia.

Se padece el gozo.

Y es como espejo

de agua deslumbrada sobre un altar antiguo,

este regazo mío

colmado de niños

en la pleamar del mundo.

¡Qué feliz soy

dentro de la alegría universal!

Envejeciendo junto a los árboles

me dispersaré

sin perder este júbilo.

 

 

 

 

Para leer la introducción que vertebra esta antología sigue el enlace

 

 

Datos vitales

María Calcaño (Maracaibo. 1906 / Caracas. 1955). Ha publicado Alas fatales (1935), Canciones que oyeron mis últimas muñecas (1956), Entre la luna y los hombres (1960), La hermética maravillada (2008).

 

 

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