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CÍRCULO DE POESÍA

 

Poesía panameña actual: Javier Medina Bernal

30 Abr 2013

Presentamos, en el marco del dossier Muestrario de Panamá o poesía en las esclusas. 13 poetas Caribe Istmo-Pacífico 1949-1987, preparado por Javier Alvarado, la poesía de Javier Medina Bernal (Panamá, 1978).  Es escritor y cantautor. Mereció el  Premio Nacional de Literatura de Panamá Ricardo Miró 2011.  En el año 2012 lanzó el disco Universo-Capítulo Uno

 

 

 

 

Fragmentos de Hemos caminado siglos esta madrugada

 

 

 

I

 

Hace quince años abrí los ojos,

miré por la ventana y vi que estaba lloviendo. Entonces cerré los ojos.

Hoy he vuelto a abrirlos y he visto que sigue lloviendo.

En la calle hay hombres que baten mezcla;

es decir, combinan cemento con agua y arena.

Construirán una casa.

Los hombres trabajan bajo la lluvia.

Es una lluvia flaca. La lluvia puede ser flaca. Llueve, pero hace calor.

Cuando llueve siempre hace calor.

Vuelvo a cerrar los ojos.

2

¿Estará lloviendo todavía si los abro dentro de quince años más?

No lo sé. Presiento que sí. Estoy cansado. No tengo razón para estar cansado.

Estoy en cama. No muevo ni un solo músculo.

Yo no mezclo cemento, no alzo ni un dedo,

no me gusta trabajar. El trabajo no ennoblece, embrutece, pienso.

El pico y  la pala, al trabajo sin más dilación.

No. En fin. Llueve.

 

3

Quisiera bailar bajo la lluvia.

¿Qué significa bailar bajo la lluvia?

 

¿Vigor, sonrisa, hombros encogidos, juventud, inocencia,

palabra al viento, coqueteo?

 

¿Esperanza? Mi esperanza baila bajo la lluvia.

 

4

La lluvia aumenta.

Puedo sentirlo en el techo de mi casa.

Hace calor. La lluvia pronto traerá truenos.

Me encantan los truenos. En el techo de mi casa hay goteras.

Si giro la cabeza hacia la izquierda puedo ver el mosaico en donde caen las gotas. El mosaico es amarillo con vetas

verdes. Las vetas verdes parecen islas sobre un mar de aguas amarillas.

El mosaico podría ser también la piel de un tigre con rayas verdes. Entonces el agua caería sobre el tigre. El agua tortura al tigre. El tigre es sometido a tortura.

Mi cuarto es un lugar de torturas. Y ¿qué si la gotera cayera sobre mi pecho?

La gota iría cavando un hoyo y con el tiempo un charquito de lluvia y grumos de piel se iría formando. Yo metería el dedo en el charquito y

saborearía el agua y, así de repente, se me antoja que muchas cosas descubriría de la vida, del tiempo y del espacio,

es decir, de la vida.

 

 

27

Ahora quiero ser árbol. Soy árbol. Quiero contar mi historia

aunque sea falsa. Yo crecí con los árboles y aprendí el lenguaje de las ramas y las hojas. En el otoño les pude decir adiós antes de su sacrificio, de su lance hacia la nada de la tierra. Y me convertí en árbol.

Conocí la palabra marchita, la palabra piedra,

la palabra vieja. Nuevas sombras ofrecí a los hombres. Conocí el grito del leñador.

Y me fui abajo.

28

Aquella mujer a la que le gustaban los poemas estuvo aquí alguna vez

(eso dice la lluvia). Empujé su cuerpo contra la pared, dice la lluvia.

Observé la forma de sus senos bajo su vestido de gitana. La mujer olía a humo y a tierra. Pensé aquella vez: Muerte.

También pensé: ha venido aquí para ser sacrificada,

este cuarto es un pantano y ha venido a hundirse, a ser devorada por mosquitos

y sanguijuelas. Ella pensó que aquí encontraría alivio.

Y lo encontró.

Lleva lodo en las manos, en los pies, entre los dedos,

lodo en la boca y en el vientre.

Lodo.

Mientras se vestía, pensé: Será su oficio lavar su cuerpo

con otros cuerpos,

perderá el cabello y se le caerán los senos.

 

Complacida, agarrada de mi cuello, sudorosa y ausente y nunca mía,

se vistió aquella mujer. Pensé: me olvidará, la olvidaré.

Pero no pude olvidar. ¿Y el miedo? El miedo es un lagarto

que asoma sus ojos. Un fantasma. Un pasado de corchos y noches. Ruinas.

 

La mirada es un crepúsculo. La mirada es milagro y nubes anaranjadas, y rojas, y amarillas. Las ballenas lo sabían, los delfines lo sabían, los otros pescadores lo sabían. Yo lo sabía, pero la lluvia, la lluvia.

Hoy sigue lloviendo.

Desde mi cuarto trazo el día, atravieso la noche y me hago enano entre las manos de alguien o algo (las manos del perro,

la perra, de la hormiga, de la lluvia, del gallo, del pozo,

del hermano, de la mujer desnuda, entregada y moribunda).

Entonces el puente se derrumba y los párpados caen.

La mirada es crepúsculo. Laberinto y línea recta, círculo y minotauro.

Algo me dice que aquellas bocas que añoro ya no volverán,

que los labios partidos ya no sangran. Ya no los veré.

La mirada es milagro. Vagabundos. Vagabunda la palabra.

 

32

Al lado de los libros, una vieja fotografía.

Una guitarra azul cubre el cuerpo desnudo.

Las piernas, la sonrisa

del seno izquierdo,

la rodilla, el tobillo,

el pie firme sobre el suelo.

Ángel musical.

Llovía aquel día.

Ángel sin dios y sin diablo, sin alas y sin nadie.

(Lluvia musical,

lluvia sin dios y sin diablo.)

Ángel musical

entregado al lente,

entregado no al espacio,

no al tiempo,

entregada a mis ojos,

a lo que quedaba de mis ojos.

 

 

40

Sin embargo yo nací del grito y debo jugar con el miedo.

Sin embargo yo nací de la noche y debo jugar con la oscuridad.

Sin embargo yo nací del veneno y debo jugar con los alacranes y las serpientes.

Sin embargo yo nací de la ausencia  y debo jugar con el silencio.

Sin embargo yo nací de la herida y debo jugar con la espada.

Sin embargo yo nací del soldado y debo jugar con la patria y las banderas.

Sin embargo yo nací de la muerte y debo jugar con la muerte.

Sigue lloviendo. León. Ciervo. Hermano muerto. Pozo. Senos caídos.

 

54

La mujer moribunda nunca morirá.

Resistirá los malos tiempos, los abusos,

el demonio del amor.

La mujer se comerá el amor.

Tendrá hambre pero nunca le faltará el sustento,

se alimentará del lodo que lleva en sus manos.

Al final, que no es final, se quedará quieta y desnuda bajo la guitarra azul.

 

57

Yo no debí irme de la costa.

Fui feliz allí, no debí abandonar a los pescadores.

Me dijeron una vez que los pescadores rescataron mis escritos de la arena.

Con palas sacaban grandes cantidades de la playa

y la llevaban en carretillas hasta sus botes y la vertían.

Luego se ponían a esculcarla como las mujeres que expurgan el arroz,

y así ordenaban las letras y me leían.

 

Por eso supe que debí quedarme.

 

59

Algunas cosas, por fortuna, no han perdido su esencia

justa y verdadera:

El tigre sigue siendo la presa, mi esperanza

sigue bailando bajo la lluvia.

 

Estoy en el cuarto.

 

He caminado siglos esta madrugada.

 

Me he cansado del tiempo y el espacio.

Pego la barbilla a mi pecho, miro el pozo.

 

Me sumerjo en él.

Abro la boca. Cierro los ojos.

 

Silencio.

 

Creo que ha parado de llover.

Las cosas van naciendo.

Como antes.

 

 

 

 

 

Datos vitales

Javier Medina Bernal (Panamá, 1978).  Escritor y cantautor. Premio Nacional de Literatura de Panamá, Ricardo Miró 2011-Sección Poesía, con la obra Hemos Caminado Siglos esta Madrugada. Ha publicado sus textos en revistas literarias de Panamá y Latinoamérica. Es miembro del moviemiento de cantautores panameños Tocando Madera, la Gira… En el año 2012 lanzó el disco Universo-Capítulo Uno.

 

www.javiermedinabernal.com

 

 

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