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CÍRCULO DE POESÍA

 

Viernes del poema. Poemas de nuestros lectores

19 Abr 2013

Cada semana nuestros lectores nos enviaran algunos de sus poemas. Un consejo revisará sus textos y publicaremos los mejores. Iniciamos aquí un diálogo poético con los visitantes de Círculo de Poesía.  El correo al que puedes enviar tus poemas es viernesdelpoema@gmail.com. Descubre quiénes son los mejores poetas de esta semana.

 

 

 

 

 

Lidia Bao

[recibido sin título]

 

 

y llegó la vejez
el nacimiento
el parto
los pechos se caen
el cordón se corta
y al fin respiro

y así
de un grito
llega la vejez destruyendo este ataúd de seda
tan delicado y tan muerto
como una placenta vacía.

 

 

 

 

 

 

 

Andrés Arce

 

El pasajero

 

 

Sobre estelas de carbón

Trazando invisibles vías

Más que caminar flota

El haz de cielos y destellos

Despliega sus mil brazos

En las estepas del tiempo suspendido

 

Se eleva

 

El tenue trino de las hojas muertas

El refulgir de los ojos apagados

Cruza umbrales de cristal en ruinas

Desbocado

Salvaje como un rito urbano

Sagrado

Como un reencuentro en la penumbra

 

Vela la luz de lunas familiares

Asomado a la cuenca de sus ojos

Lunas íntimas como navíos en pozos

 

Pasa, pasa.

 

Péndulo de cismas

Crótalo errante

Quietud móvil

 

Arde, antorcha de silencio

Lenguaje resquebrajado

Palabra espejo

Arde en la hoguera arrojadiza

El instante eterno

El paso petrificado

Infinito

 

Vuelan los pasos en su cabalgata de violines

Vuelan los pasos entre tumbas y tejados

Exhumando rostros sepultados por la lluvia

Manos que ondean como aves

Desde la otra orilla

 

Pasa, pasa y es pasado

Es silencio recorrido

Vacío ebrio de abundancia

Rastro de un danzar sin horas.

 

Vuelan pasos entre abismos

Vueltos humos de los dioses

Estallan el concreto y sus misterios

 

El manglar de luz

Se cubre de símbolos

Se vuelve esfera

Serpiente caníbal

 

Y pasa, pasa el pasajero

Es festín de hierba y huesos

Canto en claroscuro

Es crisol de sombra y viento

Barca hecha noche

Cruza reinos suspirados

Zarpa en las miradas invisibles

Hecho bruma, hecho sol, hecho ceniza

Hecho nada, nada, nada.

 

 

 

 

 

Everton Behenck

 

[recibido sin título]

 

 

Entré

Me senté delante de ti

Y te dije todo lo que tenía para decir

 

Yo tenía toda la razón

 

El gran problema

Es que este poema

 

No trata sobre tener razón.

 

 

 

 

 

 

 

 

Lizeth Sevilla

 

 

Nahui

 

 

Espero que cuando yo esté muerto comprendas

que conseguí tanto como pude.

Charles Bukowski

 

I

 

Debió ser doloroso Nahui

abrir los ojos en una cama

sin tu mujer al lado

dejar pasar la eternidad

-que te pertenece-

bebiéndote las olas

de un mar dulcísimo

recorrer las plazas comerciales

con ese ejército de ángeles asexuados

que no podrás poseer/

porque en tu nuevo mundo

no está el cuerpo mío

amándote

teniéndote cerca de la piel

que ahora arde y envejece

en esta tierra de misterio y tumbas.

Debió ser extraño mirarte en las aguas

cristalinas

con tu ropaje blanco.

Escuchar mientras caminabas

los murmullos de terceros que te cuestionaron

y desde entonces te condenaron al olvido.

Debiste añorar esos conciertos coreanos

-que sólo tú entendías-

en aquel mundo sin lengua/

los atardeceres en los que Lhasa de Sela

se incrustaba en tus oídos

mientras leías a Platón o a Wittgenstein

y yo tomaba café o agua.

Cómo debió dolerte

no tener en tu mochila el viejo libro

Nietszcheriano

que cargabas en tus viajes,

la colección de Alighieri

que te ponía de malas cuando llegabas al infierno

y salían ese momento tus fantasmas

al filo del atardecer

reclamando tu presencia.

No pude seguirte Nahui

porque me quedé llorando tu ausencia

 

en esa tarde de julio en que te reventó la vida

y ya no quedaron fuerzas para reclamarle al destino.

 

Cómo me entume el tiempo Nahui,

el ruido de los carros, el vacío de las noches en vela

esperando que vengas y me expliques

que me digas del neoliberalismo,

del misterio de los cuerpos despojados.

 

 

 

 

II

 

Qué le vamos a hacer a la vida

Nahui

si así nos la construyeron

muda

inerte por antonomasia

sin asombro

sin renunciamientos

con el caos agrietándonos los labios para no hablar jamás.

Cómo te explico Nahui el abandono

cómo te curo las heridas

de esa alma tuya

que se ha ido a adolecer

a otros paraísos

 

cómo te digo a ti

del libre albedrío

si elegiste bien al desafiar las reglas de los mundanos

de los que vamos por la vida creyéndolo todo

el currículo

la lengua

el sexo

los divorcios

 

 

 

 

III

 

Nos has dejado para siempre

dolorosos

con el miedo entrando por las uñas

con las lagrimas quemando los rostros

de esos entes que nos miran y callan

con la moral rasgándonos el pecho

y la ciencia atolondrándonos

la vida…

 

Cómo me harás saber de ese momento

-católico y apostólico que tanto odiaste-

en que vengas y tumbes la puerta

tires los libros

asustes al gato

y me digas con la fuerza del que regresa

que no ha pasado nada…

 

Hay que volver a dormir…

 

 

 

 

 

 

Nida Alegri

Oración de la sirena 

Si existís, dios de las mujeres que envejecen
dame ganas de seguir cagándome de la risa,
tal como venís conservándome esa gracia hasta hoy
(y te lo agradezco, señor)
dame los ojos verdes que tuve, como buena sirena que soy,
haz que no se sequen, aunque no vean como antes:
ellos ven la lujuria del planeta azul
aun en la maldición de la presbicia
y en esa visión, ensalzan tu gloria..
Dame la posibilidad de que si El me mira, los ojos se me rían
Si existís, dios de las mujeres menopáusicas
dame algo de gracia serena
dame la no resignación
dame, ya no la belleza puta de la joven sino esa eterna belleza de las mujeres de atenas
esa  belleza áspera que puede tener cicatrices y arrugas pero ante la cual,  el guerrero no retrocede
Dame salud o acaso una muerte dulce sin deterioro
Y si me das la muerte, dame la fuerza para morirme entera
o dame una muerte en el sueño
y una vida después de la muerte para seguir hablando palabras
porque sin palabras no soy yo
Dame el verbo
Dame la gracia de seguir siendo amada con pasión
no importa la turgencia del pene que me penetre, sino el aleteo del corazón que me ame.
No te pido grandes cosas
dame la posibilidad de seguir siendo la que fui
en ésta que soy ahora
amen

 

 

 

 

 

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