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CÍRCULO DE POESÍA

 

Presentación de “Religión sin redención” de Luis Martínez Andrade

20 May 2013
Libro Luis

Este viernes 24 de mayo a las 6 de la tarde, se presenta el libro Religión sin redención. Contradicciones sociales y sueños despiertos en América Latina de Luis Martínez Andrade que será comentado por José Manuel Meneses Ramírez y Juan Antonio Mújica García. La cita es en Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz. A continuación presentamos los detalles de la presentación así como el prólogo al libro escrito por Renán Vega Cantor quien mereció el premio Libertador al pensamiento crítico en 2007 y es autor y compilador de libros como Marx y el siglo XXI, entre muchos otros.

 

 

 

Presentación del libro: Religión sin redención. Contradicciones sociales y sueños despiertos en América Latina de Luis Martínez Andrade

Comentan:

José Manuel Meneses Ramírez (Profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la BUAP. Doctorante en Filosofía en la UAM-1)

Juan Antonio Mújica García (Licenciado en Consultoría Jurídica por la BUAP. Maestro en Derecho por la UNAM, profesor invitado en la UNAM en el campus Aragón)

Fecha: viernes 24 de mayo a las 18:00 hrs

Lugar: Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz ubicada en la 7 poniente 502, interior 5 Puebla, Puebla

Entrada libre

 

 

 

 

Prólogo

RELIGIÓN SIN REDENCIÓN. CONTRADICCIONES SOCIALES Y SUEÑOS DESPIERTOS EN AMERICA LATINA

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El libro que los lectores tienen en sus manos ha sido escrito por Luis Martínez Andrade, un joven pensador nacido en estas tierras pero cuya inspiración intelectual se nutre de lo más refinado del pensamiento crítico universal y del que se genera en nuestra América. Decimos que joven por su edad y por la pasión, la enjundia y el espíritu polémico que presenta su estilo y su escritura, pero muy maduro por el grado de rigor y seriedad intelectual que muestra en cada uno de los ensayos que configuran esta obra. Como el propio autor lo enuncia, este libro es producto de la rabia y de la esperanza. De la rabia que produce la injusticia, la explotación y la desigualdad que caracterizan al mundo actual, pero especialmente a nuestro continente, y de la esperanza, que se nutre del espíritu de “soñar despiertos” que guía el Principio Esperanza, la obra cumbre del pensador marxista Ernst Bloch. Dicha esperanza es imprescindible para no caer en el derrotismo y el escepticismo, y orienta la reivindicación de las luchas que los vencidos de hoy y de siempre libran para construir un orden social que supere al capitalismo realmente existente, caracterizado además en nuestra América por la dependencia neocolonial.

La fuerza del pensamiento de Luis Martínez ya ha sido apreciada en diversos lugares de nuestra América, tanto por la publicación en varios países de sus artículos y ensayos como por el reconocimiento intelectual que ha merecido. En este sentido, se destaca el haber obtenido el primer premio del concurso Pensar a Contracorriente, concedido por el Instituto Cubano del Libro en su VI edición, superando a decenas de participantes, por su ensayo “El centro comercial como figura paradigmática del discurso neocolonial”, que forma el segundo capítulo de este libro. En pocas palabras, pese a su juventud nos encontramos ante un escritor experimentado y fogueado en las lides del quehacer intelectual y teórico.

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Aunque este libro está conformado por ensayos cuyo contenido temático, en apariencia, no tiene ninguna relación entre sí, al leerlos con cuidado se encuentra que está atravesado por algunos hilos conductores básicos, que en forma esquemática señalamos a continuación.

  • ·Crítica a la colonialidad del poder, al capitalismo y al eurocentrismo :  Sustentando su análisis en diversa literatura, pero de manera principal en la relacionada con el Sistema-Mundo capitalista y algunos escritos poscoloniales desarrollados en nuestra América en los últimos años, el autor propone un estudio de este continente, basándose en la tesis que el colonialismo que se impuso en estas tierras con el mal llamado “descubrimiento de América” por los españoles, se ha mantenido incólume durante estos cinco siglos, a pesar de la tan mentada independencia del siglo XIX.

La conquista sangrienta de 1492 estableció unas formas de subordinación, dominación y explotación que en el fondo, pese a los cambios adjetivos, se ha mantenido intocada. Entre esos aspectos el autor destaca el eurocentrismo, nuestra condición de periferia del sistema capitalista –como proveedora de materias primas en una especie de tragedia ininterrumpida que se refuerza en la actualidad con la firma de Tratados de Libre Comercio con las potencias capitalistas hegemónicas-, la implantación de la colonialidad del poder (término que el autor retoma principalmente del pensador peruano Aníbal Quijano), y por el cual entiende  la dependencia histórica-estructural que desde la conquista modeló a las sociedades latinoamericanas y, desde un principio, se sustentó en la subordinación violenta y simbólica de los indígenas al universal absoluto occidental.

En esa perspectiva, se examina el carácter excluyente de la formación de los Estados nacionales después de la ruptura con las metrópolis europeas, en los cuales la mayor parte de la gente fue marginada y concebida como inferior por parte de las clases dominantes, que se pretendían los continuadores del legado europeo, y se basaron en los mismos prejuicios de pretendida superioridad racial y cultural con respecto a los indígenas, negros y mestizos. Esto simplemente significó la emergencia del colonialismo interno, que reemplazo al ejercido por los europeos, pero mantuvo la misma lógica de segregación, dominación, racismo y explotación que éstos habían impuesto en América desde finales del siglo XV.

De la misma manera, apoyándose en la noción de la “colonialidad del saber”, Martínez examina las características del eurocentrismo que se constituyó desde la época colonial, pero que se mantiene hasta hoy y se expresa en el ámbito académico a través de las Ciencias Sociales, las cuales reproducen la dependencia y la dominación coloniales, aunque utilicen distintos lenguajes e incluso diversas posturas epistemológicas. En contravía con esta perspectiva eurocéntrica, el autor de este libro sostiene que es necesario impulsar una descolonización de las propias ciencias sociales para superar a los paradigmas epistémicos neocoloniales, algo necesario en el proceso de liberación de las sociedades latinoamericanas del lastre colonial.

Ahora bien, el autor se cuida de caer en los reduccionismos propios de ciertas corrientes de la teoría de la dependencia que solamente exaltaban las formas de subordinación colonial, pero que no examinaban los mecanismos de lucha y resistencia de los pueblos. En el caso de ese libro se destaca que, desde el mismo momento de constitución del colonialismo, los pueblos indígenas y luego los africanos esclavizados, como los mestizos libraron una lucha decidida contra la imposición colonial. Y esa lucha continúa en el presente en diversos lugares de nuestro continente.

  • ·Reivindicación de un análisis de la religión como grito de los pobres contra la explotación: Como el mismo título del libro lo indica, la religión es un asunto que atraviesa todo el libro, a partir de la premisa de considerarla no solamente, ni de manera exclusiva, como el opio del pueblo –sin descartar, desde luego, que la religión en un sentido, el de la dominación y la opresión, sigue cumpliendo ese rol- sino desentrañando su papel como vehículo de resistencia, esperanza, lucha y redención. Para ello se basa en los aportes de Ernst Bloch, que son nutridos y complementados con las contribuciones de Enrique Dussel, Frei Betto, Leonardo Boff y Ernesto Cardenal, entre otros. Apoyándose en Ernst Bloch, Martínez recuerda que para el pensador alemán la religión expresa, a la par,  un deseo utópico de redención y es ambivalente porque “puede reforzar ideológica y políticamente a un sistema de opresión” o “puede fungir como un discurso crítico a dicha dominación”. Y este último aspecto el que Martínez rescata en todos los capítulos de este libro, puesto que busca establecer los mecanismos a través de los cuales en nuestra América la religión, como “cristianismo de los pobres”, según la bella expresión de Michael Löwy, se torna subversiva y enfrenta diversas formas de explotación, subordinación y dependencia. Visto el fenómeno religioso en esta dimensión utópico-subversiva, es claro que se constituye en un elemento nodal en la lucha contra el capitalismo y el imperialismo en nuestro continente, como se ha puesto de presente en el último medio siglo con la emergencia de la Teología de la Liberación, que ha orientado acciones y reflexiones críticas y revolucionarias en Brasil y otros países de nuestra América.

Con respecto a esta otra forma de ver la religión, Martínez cita una afirmación de Bloch en la que se resalta que aquélla no debe ser leída de manera exclusiva como opio porque “ello depende de los hombres y de la situación en que se predica el cielo.  La predicación de Thomas Muntzer, por ejemplo, aun cuando referida con frecuencia a la “servidumbre celestial”, no era opio para el pueblo. Si la iluminación por el farol de los sueños en el reino de las sombras es siempre fantasmagoría y siempre la misma, depende también de la determinación conceptual y de la delimitación de lo real”.

La importancia teórica, metodológica y política de esta forma de aproximarse al análisis de la religión tiene hoy una trascendencia enorme en nuestra América, si consideramos, por un lado, la emergencia de luchas anticapitalistas efectuadas por sujetos populares profundamente religiosos y, de otro lado, por la imposición de diversos fundamentalismos, entre ellos el de mercado (neoliberalismo). En cuanto a esta última cuestión resulta de vital trascendencia que se desenmascaren, como dicen los teólogos de la liberación, los nuevos ídolos de la muerte, que refuerzan la dominación y la explotación a nombre de fuerzas “objetivas” e “incontrolables” como el mercado (un eufemismo actual para ocultar el nombre real de la bestia, el capitalismo) guiado por una pretendida “mano invisible” que determina quienes son los “buenos” (los capitalistas y sus aliados, vistos como los triunfadores y exitosos) y “los malos” (los pobres y excluidos, considerados como ineficientes, improductivos, fracasados y perdedores) de la película, en un guión preconcebido al vulgar estilo hollywoodense.

Respecto al primer aspecto, el de las luchas de los creyentes pobres, tiene relevancia que en medio del abandono teórico y de la postración política de gran parte de los que se presentaban como revolucionarios, que han adoptado el lenguaje del social-conformismo y el derrotismo político de considerar que el capitalismo es insuperable, los teólogos de la liberación, sostengan, como lo hace Leonardo Boff, afirmaciones de una lucidez impresionante, como la que citamos a continuación:

Cada opresión específica demanda también una liberación específica. Sin embargo, no se debe perder de vista la opresión fundamental: la socio-económica. Las demás son siempre sobre-determinaciones de esta opresión de base. La opresión socio-económica remite a la lucha de clases y, en ella, los grupos expresan su antagonismo y sus intereses irreconciliables. La lucha de la mujer, del negro, del indio coloca en juego a grupos no antagónicos por naturaleza (…) El obrero explotado en nuestro sistema nunca podrá reconciliarse con el patrón explotador. Esta opresión socio-económica agudiza a las demás pues los negros, los indios y las mujeres son más dominados cuando son explotados y empobrecidos.

Hemos reiterado esta cita de Boff, que hace Martínez en el último capítulo de este libro, porque nos parece que ilumina la importancia del análisis de clase en América Latina, e indica el transfondo del análisis social hecho por la Teología de la Liberación para desentrañar los mecanismos de explotación que mantienen la desigualdad en el continente, y donde los pobres son creyentes religiosos.

  • ·El capitalismo como relación destructora de los cuerpos de los trabajadores y de la naturaleza: Esta idea cardinal se encuentra en diferentes momentos de esta investigación, y se retoma a partir del análisis clásico e insuperable de la Crítica de la Economía Política de Carlos Marx, en el cual se desnudan los mecanismos centrales que en la lógica capitalista destruyen la naturaleza y aniquilan a los seres humanos, incluso en términos corpóreos. En lo referente a la explotación de los trabajadores, se retoma el análisis de la generación de plusvalía, usando sin temor este término que hoy se ha hecho a un lado por las tendencias dominantes de las ciencias sociales y la economía, en las diversos espacios de nuestra América donde se han implantado las maquilas y las fábricas de la muerte, donde se produce el plusvalor que es apropiado tanto por los capitalistas nacionales como transnacionales, lo que explica en gran medida la acentuación de la desigualdad local y mundial entre un puñado de opulentos y una gran masa desposeída y miserable.

En cuanto al cuerpo, Luis Martínez parte de premisas muy diferentes a las de cierto relato posmoderno y de los estudios culturales, que se ocupan del cuerpo consumidor y sensual de sectores de la pequeña burguesía y no del cuerpo ultrajado de los trabajadores. Para Martínez es pertinente partir, en consecuencias, del ámbito de la producción donde se produce la explotación directa, como es el caso de las maquilas, que hoy se extienden como una mancha de aceite por todo el continente:

En las maquiladoras se producen por medio del dolor y, en algunos casos, de la sangre, los objetos discursivos de la narrativa colonial como son las llamadas “mercancías posmodernas”, La maquiladora es la parte fundamental y “oculta” –así como lo es el “valor” de la mercancía- de las firmas transnacionales. (…) Detrás de los aparadores y de las marcas se encuentra no sólo un proceso de objetivación del trabajo vivo sino de una práctica histórica de explotación material del centro sobre la periferia.

La recuperación del análisis, en términos de la teoría del valor trabajo, del ámbito de la producción le permite al autor ubicar las condiciones de explotación, bajo las cuales se producen las múltiples mercancías que se compran y se venden en todas partes, y en los que sobresalen los “centros comerciales”, asunto al cual está consagrado un capítulo especial.  En éste se rescata el análisis de la corporeidad que se hace, repetimos, desde una perspectiva diferente al de la verborrea convencional del posmodernismo, que exalta de manera aislada la cuestión del consumo individual, desconociendo la centralidad de la producción y de la explotación. El Centro Comercial es la catedral de nuestro tiempo, en el que desfilan lustrosas y brillantes las mercancías, como si estas tuvieran vida propia y estuvieran en esos escaparates como resultado de algún soplo divino, y no fueran producto del trabajo humano, trabajo, por lo demás, cada vez más degradado y ocultado. En tales centros del consumo se han querido borrar las diferencias de clase, de ahí la percepción de asepsia, orden y disciplina que los caracteriza, pero finalmente lo que allí se reproduce es el American Way of Life, con todo su carácter clasista y excluyente, que convierte a cada centro comercial en un Apartheid a pequeña escala, como quien dice “una forma específica de segregación basada en características somáticas, económicas y culturales”.

En cuanto a la destrucción de la naturaleza, la otra característica nefasta del capitalismo, Martínez da indicaciones sobre los orígenes estructurales del ecocidio en marcha y para ello se apoya una vez más en Marx de manera directa, complementado con las ideas de Bloch y con las perspectivas ambientales de la Teología de la Liberación, principalmente de Leonardo Boff. De Marx retoma su idea seminal de que el Capitalismo destruye a la naturaleza en su proceso de mercantilización creciente y que el arte de esquilmar al trabajador supone al mismo tiempo el arrasamiento de las condiciones de producción, esto es, del medio físico natural. De Bloch recupera la idea de “humanización de la naturaleza”, ya enunciada también por el Marx de los Manuscritos de 1844, que permite romper con esa falsa y ecocida dicotomía entre humanidad y naturaleza como si nosotros no formáramos parte de la naturaleza y como si no existieran límites naturales a la acción del capitalismo. Por ello, en el camino Martínez menciona la complementariedad y no el antagonismo entre el principio esperanza, postulado por Ernst Bloch, y el principio de responsabilidad, enunciado por Hans Jonas, un crítico de Bloch, que ha sido planteado por Leonardo Boff en su propuesta de crear una nueva biocivilización, basada en cinco pilares: uso sustentable de los limitados recursos naturales; primacía del valor de uso sobre el valor de cambio; control democrático por parte de la población y no dominio totalitario del mercado; un ethos que se base en la responsabilidad universal, que exalte los valores de la solidaridad, la compasión, la ayuda mutua; y, la espiritualidad “como expresión de singularidad humana y no como monopolio de las religiones”.

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En gran medida la apertura mental y la firmeza política de un autor se expresan en las fuentes que inspiran su labor investigativa. Eso se evidencia en el caso de Luis Martínez, puesto que a lo largo de estas páginas se observa la diversidad de fuentes teóricas, entre las cuales se destacan varias tendencias del marxismo (Antonio Gramsci, Walter Benjamin, Escuela de Frankfurt, Ernst Bloch, Michael Löwy), el análisis del sistema-mundo (Immanuel Wallerstein), la filosofía de la liberación (representada en la figura de Enrique Dussel), el poscolonialismo (Aníbal Quijano y Walter Mignolo), los estudios subalternos  (Ranahit Guha), la teología de la liberación (Leonardo Boff y Frei Betto),  y muchos autores que no nombramos pero que el lector podrá constatar con la copiosa bibliografía que se encuentra al final de este libro.

Desde luego, no basta con registrar la variedad de fuentes bibliográficas sino resaltar la apropiación personal y crítica que el autor realiza. Al respecto, en los diversos ensayos el autor emplea este procedimiento: en primer lugar plasma el pensamiento de un determinado autor (como Ernst Bloch o Slavoj Zizek) de la manera más fidedigna posible y a partir de allí considera múltiples aspectos relacionados no solamente con ese pensador sino con las implicaciones que de allí se derivan para otros aspectos del pensamiento y de la realidad social de nuestra América. Usando este procedimiento analítico, el autor nos lleva por caminos inesperados y sorprendentes, como cuando, por ejemplo, luego de analizar algunos aspectos cardinales del Principio Esperanza rastrea sus influencias en la obra del teólogo de la liberación Leonardo Boff, que afirma en un texto de mucha fuerza y convicción: “Me niego a aceptar que el sufrimiento de millones de esclavos, indígenas, humillados y ofendidos de nuestra historia, haya sido en vano. Creo más bien que dicho sufrimiento ha propiciado tanta acumulación de fuerza y tanta exigencia de transformación que, finalmente, los tiempos están ya maduros. De lo contrario, la historia sería absurda, y el cinismo de lo más recomendable”. Aquí se junta la memoria histórica de las luchas de los pobres con la esperanza de un futuro diferente, o en otros términos, reaparece la fuerza vital del pensamiento esperanza de Ernst Bloch, pero ya no alimentado desde la conservadora Europa de nuestros días, sino de los proyectos sociales anticapitalistas que se gestan en distintos lugares de nuestra América.

La apertura mental de nuestro autor le permite dialogar con gran parte del posmodernismo, para afrontar de manera crítica las banalidades posmodernas sobre el fin de los proyectos de emancipación, su conformismo y su apología, en última instancia, del capitalismo como si fuera en realidad el fin de la historia. Al respecto, cuestiona el eclecticismo posmoderno que reduce las diversas posturas sobre la sociedad a “parámetros éticos”, desde donde se postula la aceptación de todo, porque todo “puede ser concebido como “vivencia estética”, desde los asesinatos de niños en las calles de Brasil hasta las agresiones a los extranjeros en un metro de Barcelona pasando por la ayuda humanitaria de la filosofía ONGista o el eco-turismo de las “buenas conciencias” europeas”. Polemizando con el logos posmoderno, al que Martínez emparenta con la cultura new age, reivindica la importancia de la razón, no desde el ámbito del verdugo sino desde su impulso revolucionario y contestario, en la medida en que la razón esté articulada a un proyecto de transformación social, que tanto necesitamos para superar la crisis civilizatoria y el ecocidio  –como el que se produce en estos momentos en el Golfo de México, como producto de la insaciable búsqueda de petróleo- a que nos ha conducido el capitalismo y construir en su lugar una sociedad emancipada, liberada de la explotación y de las distintas formas de dominación colonial.

RENAN VEGA CANTOR

Bogotá, junio 7 de 2010.

Datos vitales

Renán Vega Cantor es profesor titular de la Universidad Pedagógica Nacional de Bogotá. Fue merecedor del premio Libertador al pensamiento crítico en 2007. Es autor y compilador de libros Marx y el siglo XXI (2 volúmenes), Gente Muy Rebelde (4 volúmenes), Neoliberalismo: mito y realidad, entre muchos otros.

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