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CÍRCULO DE POESÍA

 

Lectura de Benjamín Prado en el Poefesta 2012

20 Nov 2013

Presentamos la lectura que hizo el escritor español Benjamín Prado (Madrid, 1961) en el VIII Festival de Poesía Poefesta 2012 de la Comunitad Valenciana, organizado por Ángels Gregori. Este 2012, Círculo de Poesía publica en México una antología del español. Benjamín Prado, poeta, narrador y ensayista, es una de las figuras centrales de la literatura española contemporánea.  

 

 

 

 

 

 

Eso no vida mía

 

Eso no, vida mía,
eso no voy a dártelo
yo que te lo doy todo.

Los abismos sin vértigo,
La luz sin quemaduras.
La pasión que es un tigre que salta un aro en llamas
Las mentiras hermosas como camaleones
que fingen el color de la verdad.

Eso no, vida mía.

Las sábanas que llevan a calabozos blancos.
Los triunfos que consisten en sumar dos derrotas.
La lealtad con heridas.
La paz entre cuchillos.
El corazón que exige una balanza.

Eso no voy a dártelo.

Yo que soy por ti el agua que regresa del hielo;
la roca que una noche despertó siendo estatua;
yo que te doy mi vida;
yo que quisiera darte hasta mi muerte;
eso nunca,
amor mío.

Eso,
no voy a dártelo.

 

 

 

El enamorado (x)

 

Reuní  los defectos que había abandonado

para estar junto a ti.

Convoqué a la venganza,

al rencor,

al orgullo;

le devolví a mis manos sus puñales,

la crueldad a mi boca

y el egoísmo a mi corazón.

 

Por quitarte las armas con las que me matabas,

huí de la pureza y la sinceridad,

y ahogué en mi propia sangre al inocente

que no supo que dártelo todo

lo convertía

en un hombre sin nada,

vacío para ti.

 

Mi dolor fue infinito cuando aún recordaba

el sabor de tus labios

o la forma en que el mar de tu desnudo

rompe contra tu piel.

 

Pero hoy ya estoy a salvo de tus ojos,

los cuerpos de las otras ya han olvidado el tuyo

y a todo lo que espero

ya no le faltas tú.

 

Reuní al egoísmo,

al rencor,

al orgullo…

Cómo va a equivocarse

el que consigue a cambio de lo que más quería

la recompensa de su libertad.

 

 

 

 

Ei inmigrante

 

Voy a hablar

de dos hombres

con una misma historia.

 

El primero

se acerca por el mar

y conoce

el sabor

salado

de la muerte.

Ha sufrido

la guerra

y el expolio,

quién sabe si la cárcel,

la tortura,

la caza de su piel,

de sus pasiones,

su género,

su origen,

sus ideas…

o simplemente

el duro

latigazo

del hambre.

En resumen:

un ser sin esperanzas.

 

El segundo

ha llegado

también

a otra ciudad

y escapa

de un país

donde gobierna el crimen.

Un día

conoció

el respeto

y la fama,

pero hoy

es como el vino derramado:

un oscuro sinónimo

de la sangre vertida.

 

El primer hombre

viene

hacia nosotros

y sueña

con la paz

de los talleres,

el edén

neutral

de los supermercados,

la música cuadrada de las carpinterías:

cualquier cosa

mejor

que su destino.

 

El segundo,

el que huye

con el dolor aún humeando en su ánimo,

alguna vez soñó

que las balas

podían

asesinar personas

pero nunca razones;

soñó

con catedrales

que no fuesen

el refugio del lobo;

con un sol

que llegara

al fondo

de las minas.

 

El primer hombre

es Pablo,

el panadero;

Hassan el sastre,

o Evo el albañil.

El otro se apellida,

por ejemplo,

Cernuda,

o Jiménez,

o Alberti

y de él

nace el espanto

como en las uvas crece

la costumbre morada de la luz.

 

Habrá quien los compare

y solo vea entre ellos un abismo.

Y habrá quien vea un puente:

a un lado la Justicia

y a otro ladola Historia.

 

Pregúntate

a

cuál

de

ellos

te

pareces.

 

Pregúntate

cuál

de

ellos

quieres

ser.

 

 

 

 

No me cuentes tu vida

 

No me cuentes tu vida.

 

No me des la mitad de lo que ya no quieres.

No olvides que el dolor es lo que un golpe

recuerda de nosotros

y si lo tocas,

      puede despertarse,

pensar de nuevo en ti.

 

No me hables del pasado

-si quieres encontrar respuestas, corre

en dirección contraria a las preguntas-

ni me arrastres a un tiempo

en el que aún no sepa

quién eres, pero ya no seas mía.

 

¿De qué sirve arrojar peces muertos al río?

¿Por qué pintar dianas encima de la herida?

¿Para qué conocerte, si te puedo aprender?

 

Acuérdate: -No existe mayor preso

que el que duda entre dos puertas abiertas.

-Quienes lo saben todo de aquellos a los que aman,

sólo los aman… a pesar de todo.

-Lo que no busca nadie, deja de estar perdido.

 

No me cuentes tu vida,

y entonces

    será sólo

     para ti

  y para mí.

 

 

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