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CÍRCULO DE POESÍA

 

Poesía italiana: Zingonia Zingone

10 Dic 2013

Zingonia Zingone1

Rubén Márquez Máximo nos presenta una muestra del poemario Los naufragios del desierto de la poeta, narradora y traductora Zingonia Zingone (Londres, 1971), publicado recientemente por Vaso Roto Ediciones. Zingonia es integrante de la junta organizadora del festival internacional de poesía “Kritya” (India) y desde el 2007 ha participado en numerosos festivales internacionales de poesía en América Latina, Europa y Asia.

 

 

 

 

 

El poemario Los naufragios del desierto cuenta tres historias, la de Khalil, la de Soraya y la de Bâsim, que a manera de encantamiento nos muestran tres senderos del alma a partir de la experiencia interna del naufragio y del desierto, detonando con ello la búsqueda de la identidad y el gozo profundo por la vida. En los poemas que vienen a continuación podemos observar el cambio de estado de la incertidumbre a la certeza, en otras palabras, el inicio y la llegada de este recorrido espiritual de los personajes. Invitamos al lector a buscar los pasos intermedios, las huellas que irán dejando sobre la arena.

Rubén Márquez Máximo

 

 

 

 

 

El oráculo de la rosa

 

II

 

El príncipe ama la rosa y conoce su aroma.

Transita con minucia su sinuoso contorno.

Juega con la corola, surca el monte,

muerde el fruto, higo de corales carmesí.

Baña el rostro en las olas, hunde

su carne en la carne, ¡demonio!,

con la urgencia de un mendigo.

Su maléfica huella es el recuerdo.

El príncipe desconoce la esencia,

el misterio; es sólo un vampiro

un adicto al amor

que no sabe hacer otra cosa.

De día pierde su corona,

regresa a la soledad,

coquetea con el recuerdo.

Se vanagloria de los pétalos de su nostalgia.

 

 

 

 

 

XVII

 

Una caravana de pájaros traza la ruta.

Khalil levanta los ojos. Las nubes pregonan lluvia.

Triunfa el verdor del trópico, la exuberancia

de la tierra mojada.

Khalil respira libre de sombras

y como girasoles nacen de sus manos

los versos de la luz.

Un relámpago parte las horas

en infinitas centellas de Venus.

Khalil aguarda libre de sombras.

Las centellas unen su canto,

funden su luz en un único fuego.

Khalil permanece en posición de loto.

Florece en su campiña una mujer.

Es la mujer que lleva la semilla del amor.

 

 

 

 

 

Las campanas de la memoria

I

 

En una esquina de la noche

una niña abraza sus piernas,

se balancea en trance y llora.

Las lágrimas bajan

por los costados del cuerpo,

caen sobre la calle empolvada

de un invierno sin lluvia.

Monstruos afloran

con rostro de hombre,

roban el grito de un horror,

tapan su boquita

de clavel prendido y gozan

del mismo gozo maldito

que ilumina el rostro de Shaytan.

Cierra los ojos, se ampara

en la oscuridad del dolor,

rasguña sus muslos como gato engañado,

hunde su rostro en los abismos.

 

 

 

 

 

XII

 

Ella sigue el latido hipnótico

de sus párpados y como mantra

repite a flor de labios

unos versos que no conoce:

«Todo cuanto se hace debajo del sol

tiene su tiempo.

Hay tiempo de nacer y tiempo de morir […]

tiempo de matar y tiempo de curar […]

tiempo de llorar y tiempo de reír […]

tiempo de buscar y tiempo de perder […]

tiempo de rasgar y tiempo de coser;

tiempo de callar y tiempo de hablar;

tiempo de amar y tiempo de aborrecer;

tiempo de guerra y tiempo de paz[2]».

Ella sigue el latido hipnótico

de sus párpados; al deslizarse

por el borde del puente, escucha

el latido en su pecho

a destiempo,

el latido discordante de la vida.

 

 

 

 

 

 

X

 

El niño se aleja de la cabila.

Camina las dunas y llora.

Busca consuelo en el desierto.

En la distancia una madre pronuncia su nombre.

Él escupe amor y odio, la despiadada

indiferencia que el deseo engendra.

En la distancia una madre grita ¡Bâsim! .

La terquedad

se traga el eco de su voz.

Entrañas que engendraron mi pequeño llanto,

hoy son

río irredento del deseo.

Las olas del vacío se tragan

las huellas de su llanto.

 

 

 

 

 

XIV

 

En Andalucía vive un joven

de nombre Bâsim. En su rostro

brilla la sonrisa del porvenir.

Se arrodilla frente al altar de la Concepción.

En su mano derecha, un rosario.

Grano por grano desteje

la larga manta. Libera

la mariposa atrapada en el desierto.

 

 

 

 



[2] Eclesiastés 3, 1-8

 

 

 

 

Datos vitales

 

Zingonia Zingone (1971). Poeta, narradora y traductora (español, italiano, inglés, francés). Creció entre Italia y Costa Rica. Es licenciada en Economía. Escribe en castellano y vive en Roma. Ha publicado los poemarios Máscara del delirio (Perro Azul, 2006; Lietocolle, 2008), Cosmo-agonía (Perro Azul, 2007), Tana Katana (Perro Azul, 2009), y L’equilibrista dell’oblio (Raffaelli Editore, 2011), The Acrobat of Oblivion (Poetrywala, 2011), Equilibrista del olvido (Editorial Germinal, 2012), Marethu Hoda Dombarake (Aharnishi Prakashana, 2012). Los Naufragios del Desierto (Vaso Roto Ediciones, 2013), además de la novela en Italiano Il velo (Elephanta Press, 2000). Su obra ha sido incluida en numerosas revistas literarias y ha sido traducida a varios idiomas como inglés, chino, hindi, kannada, malayalam y albanés. Al español ha traducido Alarma de Virus (Ediciones Espiral, 2012), del poeta marathi Hemant Divate y La Cruz es un camino (Edizioni della Meridiana, 2013) del poeta italiano Daniele Mencarelli. Es integrante de la junta organizadora del festival internacional de poesía “Kritya” (India). Desde el 2007 ha participado en numerosos festivales internacionales de poesía en América Latina, Europa y Asia.

 

 

 

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