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CÍRCULO DE POESÍA

 

Nuevos poetas colombianos: Hellman Pardo

16 Feb 2014

Con la poesía de Hellman Pardo (Bogotá, 1978), inauguramos la serie “Nuevos poetas colombianos”, preparada por Federico Díaz Granados. Pardo mereció el Premio Nacional de Cuento Corto convocado por la Revista SOHO en 2009 por Monólogo del justiciero. Premio Nacional de Poesía Eduardo Carranza en 2010 por Elementos del desterrado.

 

 

 

 

 

 

 

EL CAYADO DEL CIEGO

 

En el cayado del ciego

se desliza una mácula menos comprendida:

           la duda.

 

Cuando el cayado

atiza la maleza que crece entre las grietas de los muelles

el ciego presume un bosque

                        y se aparta de inmediato.

 

Al tropezar con la falda de una mujer / raíz del otoño

el hombre sin pabilo cree rozar

            las mortajas de algún clérigo siniestro

                                   y huye

temiendo la penitencia del fabulador de ángeles en desgracia.                                                                                                    

Pero el ciego

que es el sabio de todos los videntes

se burla del cayado y de la duda

                                               enlazando a un perro lazarillo.

 

Ahora

en el filo de la ausencia

rememora el cayado

cabizbajo

sordo

las hazañas de otros tiempos.

 

La duda

                        sigue siendo

funámbula del vacío.

 

 

 

 

 

 

OLEAJE

 

Para qué callar

tanto silencio arrepentido

tanto amor a la deriva.

Bajo qué movimiento esa pálida muerte

                                                llegará con sus arcabuces

a deshacernos el mundo.

 

Estas manos que aún esperan

caminar ilesas por algún lejano cuerpo

quizá ese cuerpo

dónde irán a reposar de tajo.

 

Sombra

río que fluye desvelado

océano y lágrima

               árbol de hojas blancas sobre un viejo páramo

ese oleaje es el amor de los hombres.

 

Para qué callar entonces

tanto amor a la deriva

                       tanto río.

 

 

 

 

 

CAMINO INTERIOR

 

Lo he hecho todo

sembré un árbol donde no recuerdo

escribí un libro que nadie ha leído

y tengo un hijo que nunca veo.

 

Lo he llorado todo

he llorado la muerte el amor el destino

la miseria el hambre la distancia

y ya no queda sal en ninguna lágrima.

 

Acaso al fin lo he escrito todo

mil quinientos setenta y nueve poemas con treinta

y un centavos

tres cuentos dos ensayos

 noventa y tres informes

una renuncia

siete cartas   

               once mensajes en la nevera

tres mentiras

cuatro grafittis        

setecientas trece firmas –incluida la renuncia–.

 

Un árbol un hijo un libro

un destino un amor una muerte

un hastío un dolor una cólera

         he escrito todo mi desamparo.

 

 

 

 

 

RETRATO DEL OLVIDADO

 

 

Si volviera el agua a martillar las aceras

traería consigo los recuerdos de mi padre.

 

Su mano a orillas de mi mano

halándome con fuerza       

                        con cierto temor 

de que su hijo mojara su pasado.

 

Sin embargo

tanto esfuerzo

                                   una espléndida derrota.

 

Empapado todo

yo entreveía

a ese hombre huir de la lluvia

el rostro lacerado

goteando

ese silencio imperturbable.

 

Si volviera a caer

                        a manera de prodigiosa lluvia

el agua

traería consigo un largo adiós

                                               adiós

aquí termina todo.

 

Adiós al recuerdo que perdura

adiós a la orilla de su mano.

 

 

 

 

 

EL FALSO LLANTO DEL GRANIZO

 

I

 

Me enamoré alguna vez de una mujer con los pechos recién ungidos.

 

Era el tiempo de la guerra.

 

Ella recogía esparto

en estaciones violentas

y yo veía crecer dos o tres caídos sobre la hondura del agua.

 

La noche en que durmió el búho cetrero

un estruendo levantó las tapias

y la trepadora

que ascendía hasta los tejados

dejó su rastro a los pies de las bisagras.

 

Nuestra casa

una pluma en la memoria.

 

¿Con qué adobe está hecha su voz

que aún se oye

por el derruido cielo raso?

 

 

 

 

II

 

Es la lágrima del ángel que se hunde entre las losas

o son los muslos de la muerte trenzando su sudario.

 

Hay un latido sordo

un galope súbito en los azulejos del alma.

 

¿Bajo qué baldosa ofendida

encontrar su eco de ceniza y espanto?

 

 

 

 

 

III

 

Me enamoré alguna vez de una mujer con los pechos recién ungidos

en tiempos de guerra.

 

Su piel de araucaria se vino abajo

con los muros que construimos

mientras veía desatarse

el indómito fuego

y el falso llanto

del granizo.

 

 

 

 

 

 

REFLEJOS

 

Sé medir la soledad del espejo

                                               tinaja donde pastan todos los rostros.

 

Su indolencia es el doble de mi abandono

                        y su piel de inquisidor

la mitad de vacío en cada ojo reflejado.

 

                                   Por la curva que rebasa su encantamiento

hila

la araña del olvido.

                                              

                                   Igual es su catástrofe a la mía

                                               semejante su resignación.

 

Sé medir la soledad del espejo

basta su tiranía para reconocerme.

 

 

A Jorge Valbuena

 

 

 

SOMBRA EN LOS POSTIGOS

 

A la orilla de mi desolación

ciertas tardes

una mujer de antaño

de quien sólo recuerdo el tibio vaho de su cuerpo

aparece en la ventana.

 

Se queda allí

detenida

aguardando             por mis manos.

           

Cuando estoy próximo

                        cuando el temor deja de serlo

retrocede

difuminándose en los postigos.

 

Vuelvo a ser ese ropaje huérfano

colgado

en la estantería del olvido.

 

 

 

 

 

BALADA DEL DESEO

 

Despoblar tus muslos con la erosión de lo perdido

                                      morar su mascarón de proa su ojo de buey.

 

En mis manos persiste la fugacidad del día.

 

 

 

 

 

UNA LARGA COSECHA ENTRE LAS AGUAS

 

I

 

Si de abandono se trata

escucha desbocar la lluvia

comba de la soledad

                        savia de nubes que se agolpan

                                                                       borrosas

en la fumarola de la desilusión.

 

Es más alba la noche.

 

 

 

II

 

De todas partes viene el estruendo del mundo.

 

La estampida súbita de la noche

                                               en la rendija del tragaluz.

 

El graznido del búho

                        sobre los riscos desamparados.

 

El lento silabeo de la sábana

                                   en los cuerpos adúlteros.

 

 

De repente la lluvia con su terca caída

borrándolo todo.

 

 

 

III

 

 

En las aceras roídas por el granizo

                                               nadie queda.

 

Avanzo a tientas

por estas calles derrotadas.

 

Cruza la otra orilla

                                   mojada e ilegible.

 

Que la danza de tus brazos salven

            la inútil siembra de la lluvia.

 

 

  

 

 

NIEBLA

 

Los Andes

                                   ruido de hojas.

 

La cordillera

abre sus ojos de agua

vacila

teme que la niebla sea       

                       un crimen más en la savia floja de los pinos.

 

Enjambre de pétalos tronco herido pluma deshecha hormigas al alba noche derruida piedra levantada sordo precipicio llovizna en los tapires cóndores extintos chopo de luna restos de nieve celaje indeciso.

 

Mientras la niebla traspasa los Andes

nuestros gemidos

                                               avanzan por la alcoba.

 

 

 

 

 

 

Datos vitales

Hellman Pardo (Bogotá, 1978) mereció el Premio Nacional de Cuento Corto convocado por la Revista SOHO en 2009 por Monólogo del justiciero. Premio Nacional de Poesía Eduardo Carranza en 2010 por Elementos del desterrado. Con El falso llanto del granizo es merecedor del Premio Nacional de Poesía Casa Silva, 2011. Ese mismo año el Ministerio de Cultura le concede la Beca a la Circulación Internacional de Creadores en New York. Ha publicado La tentación Inconclusa (Común Presencia Editores, 2008);  Anatomía de la soledad (Gamar Editores, 2013) y El falso llanto del granizo (El Ángel Editor, 2014). Director de la Biblioteca Imago en Bogotá. Pertenece a los Consejos Editoriales de las Revistas La Raíz Invertida y Ulrika. Actualmente dirige el taller Relata del  Ministerio de Cultura de Colombia, en la ciudad de Fusagasugá.

 

 

 

 

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