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CÍRCULO DE POESÍA

 

Poemas de Margarito Cuéllar

03 Mar 2014

Presentamos una selección de poemas de Margarito Cuéllar (Ciudad del Maíz, SLP., 1956) pertenecientes a los libros que publicó el 2013 en Chile, Ecuador (Quito y Guayaquil) y España. Margarito Cuéllar trabaja como editor en la Universidad Autónoma de Nuevo León y es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte a partir del 2014. Música de las Piedras (Praxis/ UANL, 2012) reúne sus libros de poesía publicados durante tres décadas). Es colaborador del suplemento Laberinto y de la revista Nexos.

 

 

 

 

 

Vigilias

RiL Editores, Santiago de Chile, 2013

 

 

 

 

CIUDADES

 

Fortificadas por muralla de sueños.

Comala: muertos emparientan con muertos,

resucitados con muertos.

Luvina: el aire seca la memoria,

el sol protagoniza la opereta del diablo.

Gomorra: pasada la noche la rumba sigue.

Sodoma: Placer esquina con Dolor.

Viajero, si vas de la región más transparente al Leteo

conserva este muestrario de capitales de bolsillo:

Troya y los primeros días de Pompeya.

Tunja, ciudad de los Poetas.

Bogotá la Horrenda, Quito la invisible,

México la Infame.

Ciudades a las que se entra y no se sale.

Migajones de pan devorados por las hormigas.

 

 

 

 

 

 

AERÓBIC DE LOS CLONES

 

A Javier Sicilia

 

La multitud avanza, yo la sigo.

Los de adelante ven a los de atrás,

los de atrás a la sombra que imitan.

Los ríos desembocan en la gula del mar

dispuesta a masticarnos

a la salud de la serpiente.

Desde Palacio, el instructor de aerobics pide orden,

unidad, simetría.

Sin ritmo no hay país, dice, y gira, salta:

alguien lo sigue, todos imitamos.

La patria, saltimbanquis, requiere clones libres

sobre el adoratorio de tres pistas.

Hay suficientes ritmos

para que nuevas hordas

salven al país con sus pasos.

 

 

  

 

 

 

 

SOL DEL PESIMISTA

(Escrito en la hoja en blanco de un libro de Óscar Hahn)

 

Para Ayax

 

Pez y mismo.

El mundo contagiado de esa música.

Hoy despertó mi hijo con manchas en la piel

y arroja dardos con veneno

a la Iglesia, al policía del barrio

a sus compañeros del colegio

a los padres de sus compañeros del colegio

a los maestros de los padres de sus compañeros del colegio

al perro que dormita feliz

en vez de ahuyentar a las palomas

que lo privan de su alimento;

al gato que duerme junto al perro

en vez de perseguir a las palomas

que lo dejan sin alimento

a Santaclaus que no se pone a dieta

ni va al gym media hora tres días a la semana

a los Reyes Magos

porque olvidaron un elefante afuera de la casa

desde que mi hijo cumplió seis años;

a Caperucita Roja por no escapar del cuento

a Borges por excluir de los dones la vida eterna

a Bob Dylan por no callarse a tiempo

a Maradona por querer ser Dios

a Dios por burlar a Maradona

a la Indeseable en el tablero de la muerte

a las víboras por cambiar de piel

a los tigres por saltar aros de fuego 112

a cambio de un pedazo de pan

a Cioran al Papa a Obama.

A mi hijo mayor le queda un dardo.

No sabe si disparar al chico del espejo

o al pesimista que arroja pelotitas de optimismo;

No, el amor lo persigue

en una bicicleta verde.

Sale de la pecera en busca de un mar cierto

donde lo esperan peces bendecidos

como él, aunque pronto el agua

sea insuficiente para el tamaño de sus sueños.

Su agenda

antes de alcanzar los traicioneros 20:

derrumbar la estatua de Rimbaud

que ríe desafiante desde la selva de su cuarto,

trazar un puente de aire y partituras,

pájaros y silencios

desde Utopía -patria por descubrirse- a Nunca Jamás.

Embarcación y tribu esperan en el próximo viaje.

 

 

 

 

 

DOCTOR VÉRTIZ 185, INTERIOR 5

 

Para Carlos López

 

Mi vecino pasea a sus perros con el alba.

Uno es negro por dentro y verde por fuera.

Otro es blanco de dientes para arriba;

tiene aires de sicario

guardaespaldas o puercoespín.

Al perro negro no le caigo bien;

al blanco tampoco, pero lo disimula

y guarda sus colmillos en un estuche de oro

si ejercito en voz alta mis quevedos.

El dueño de los perros

aparte de ser el dueño de los perros

desnuda por las noches

a la Dama de los Cabellos Ardientes.

Barba Jacob sería feliz en esta vecindad

de impresores de sueños y músicos de un rato,

ninfas en la niebla,

grafiteros en busca de su cueva de Altamira.

Versitas arrojan el anzuelo

al fondo del antiguo lago

por si pica un pez gordo

o anclan en su Titanic de papel

los dioses de la fama.

 

 

 

 

 

Baladas a las estudiantes que se gradúan

El Quirófano Ediciones, Guayaquil, Ecuador, 2013

 

 

 

 

BALADA DE LA MUCHACHA ZANAHORIA

 

…y esa mujer de larguísimas piernas

y rostro anguloso y voz recién salida del amor

o simplemente del humo de un cigarro…

José Carlos Becerra

 

Crece con el verano y las llamas del sol. Los bordes de sus ojos son dos

ríos. A su cintura, infame turba, más de uno desea enredarse como

arbusto feliz. Esa mirada de muchacha con sed la aprendió en un curso

intensivo para secretarias. Quiere la suerte el amor se entienda con

nosotros; y se acerca, mayúscula, impuntual, en su voleo de viernes por

la tarde. Sobra decir, marchantes, sabe a gelatina de frambuesa y a veces

llega con las primeras lluvias.

 

 

 

 

 

BALADA DEL CAZADOR

 

Porque ver es un arte

pulimiento de la mirada

artesanía de la imaginación.

El veedor, Terrible,

inventa, moldea, configura.

Traza en el aire su propia casa de luz.

 

 

 

 

 

BALADA A LAS ESTUDIANTES QUE SE GRADÚAN

 

¿Aprendieron el ABC del amor compartido?

¿Forjaron cigarros de marihuana

con su maestro de hermenéutica?

¿Qué dice Amor de la embriaguez?

Sus medias forman serpentinas en el aire

y ustedes hablan

de la fenomenología para el estudio del barroco

del virus de la tristeza de los cítricos

y la tendencia en lingüística aplicada.

¿Hicieron strip tis en el cuarto sediento

de un estudiante pobre?

¿Qué les dicen John Keats, Leonard Cohen,

las mañanas de lluvia y Monterrey?

¿Aprendieron el Braille del amor?

Hablan de cursos intensivos

de Susan Sontag y Gabriela Mistral,

el día en que las hormigas

inauguran un camino de hojuelas en la piel.

Flores de escuela, licenciadas en letras o en historia,

¿y el homogéneo fuego que sucede

en el rincón despierto de algún cine?

¿El diablo del deseo

las persigue en su potro de hierro?

¿Se encomiendan a San Juan de la Cruz?

¿Vuelan los aeroplanos de Huidobro

y las noches de San López Velarde?

Este calor ajeno que nos mata

junio ha de ser en su silbato loco.

 

 

 

 

 

POESÍA

 

A Marco Antonio Campos

 

Loba chillona

exclusiva edecán

de la belleza

rimbaudveloz,

apollinagua,

mallarluz

 

 

 

 

 

JOSÉ EMILIO PACHECO RECIBE UN PREMIO

 

El aplauso ensordece. Acelera el barullo de la inmortalidad. A la altura de

la foto con “whisky” la marea de adjetivos nos alcanza. Junio o la

desmemoria, el azar compartido, lo que queda después de la batalla. Con

avidez certera la video conjuga presente con olvido.

Silencio: presa irrefutable del terror, víctima y homicida, testigo y

acusado, juez, parte y multitud. Eclipse el día, la noche cataclismo:

¿encontraremos la botella en lo turbio del mar? Imploramos un claxon,

un río de aguas negras, un ramo de flores tóxicas; de perdido el cantar de

cantares de un estadio.

 

 

 

 

 

 

Las edades felices

Hiperión / Universidad Autónoma de Nuevo León, España-México, 2013

 

 

 

 

BIBLIOTECAS

 

Mi biblioteca

contiene saltos de agua

brisa donde se baña el mar

heridas luminosas que se quiebran.

No tiene enciclopedias

sólo nombres de países remotos

Ninguna Parte, Babel, Aucarimántima.

No hay diccionarios

sólo libros en blanco ilustrados por preguntas.

No hay joyas de la tipografía

y sí computadoras que piensan.

Si buscas a Dante hallarás una hoguera.

¿Aspiras a un Borges?, un laberinto lleva al jardín.

No te lamentes si te pisan en la K de Kafka.

En vez de obras completas de Eliot

un nintendo Wii:

Nietszche y su Hermana se Divierten.

El Doctor Freud en el Diván de los Insomnes.

En mi biblioteca Frankenstein toma sangre de soya

y el Marqués de Sade, arrodillado ante el amor

pide perdón por vivir el tiempo equivocado.

No hay libros, sólo contenedores de sueños

manuscritos sobre barras de hielo

obras selectas del fuego, antologías del aire.

 

 

 

 

 

 

EMPLEOS

 

Cada que pierdo un empleo un barrote se rompe

los presos aprovechan y salen tras de mí.

¿Qué nos espera lejos de la celda

en la que fuimos inquilinos del tiempo?

No hay oficina que llore por nadie.

La flor –desnuda, enfebrecida, sobre la mesa de trabajo–

la aspiramos de un sorbo.

El reloj checador –siempre del lado del que paga–

borra tu nombre y te despide de la vieja familia.

Mis jefes –líderes sindicales, damas de pedigrí, científicos locos–

tarde o temprano señalaron la puerta.

El que te finiquita envidia en el fondo tu libertad.

Adiós, amigo, “preso estás afuera y aquí”.

Un tiempo se cambia de empleo como de amores

después desconfían de tu currículum.

Dejar un empleo no es alegre ni triste.

Diviértete, guarda tus diplomas, alquila una chica joven

con las bragas chiquitas y la sonrisa puesta;

desnúdala con paciencia y hagan el amor

con fiebre y desesperación sobre los billetes nuevos.

Repite la operación todas las noches.

El amor da fuerzas y un poco de felicidad no estorba.

 

 

 

 

 

 

LA FELICIDAD

 

No tenemos un quinto, pero somos felices

y cuando alguien es feliz todos quieren un pedazo.

Es tanta mi felicidad

que pienso invertirla a plazos o venderla en frasquitos.

Mi felicidad o las minas del rey Salomón.

Arrojo a la mesa la cabellera de Patty Smith

los gritos de Bellota a la hora del amor

la risa de mis hijos

la llama ardiente del último verano;

nada conmueve al agiotista.

La felicidad no cabe en una casa de empeño

ni en la caja de seguridad de un banco

ni en el rubor de la tarde anaranjada.

Sócrates da un mordisco a mi felicidad;

la felicidad no es asunto tuyo, ladro

y se va moviendo la cola con un gesto feroz.

 

 

 

 

 

 

SÓCRATES

 

Bellota quiere envenenar a Sócrates

antes que brote el sol.

¿Por qué tanta ira, linda?

Arrójalo al Pozo de Darvaza,

cuélgalo del árbol de la desesperanza.

No, quiere la espuma del sultán,

ahogar su lloro en púas envenenadas.

Sócrates no es mal tipo.

No negocia con anfetaminas.

No corta cabezas

ni acosa a la mujer del vecino.

Sus ladridos, preguntas que nadie responde;

para eso está Dios, el Papa, el presidente

la policía, la sociedad protectora de filósofos.

Sócrates huele a panteón, a orgía de ratas,

a asamblea de pordioseros.

Mi amada a hierbas aromáticas

a agua de manantial y a rocío de exportación.

 

 

 

 

 

 

LOS NÚMEROS Y YO

 

…los números pares e impares de la tierra,

Y lo que el suave viento cálido del verano marchita…

Carl Sandburg

 

Los números y yo no nos llevamos bien.

Los hijos dicen/ despreocúpate papá

la canción de la vida pasa pronto.

Los años envejecen.

La lluvia burla la vida al azotar el techo.

Mis noches auspician la felicidad ajena.

Abro el frigobar. Rubor Helado congela la respiración.

Un colibrí detiene el vuelo.

No hay flores que chupar, amigo

sólo dos pétalos húmedos para mí

y no eres bienvenido a la fiesta.

 

 

 

 

 

El mundo será otro

El Ángel Editor, colección 2 alas, Quito, Ecuador, 2013

 

 

 

 

BELLEZA

 

Un día la vi. Tarde de Altamar.

Luna herida por los cuatro costados y guitarras

/acordes.

Una mañana de jardines colgantes,

en vuelo de navajas la oí alzar su rumor.

Huele a rosas su andar. En pez oro suele convertirse.

No hay mago que descubra su fórmula secreta

ni arpón que hiera su frágil desnudez.

La belleza es rebelde, compulsiva y atroz.

 

 

 

 

 

MI ENFERMERA

 

Alegre mi enfermera como viernes por la tarde

o sábado en la mañana.

El desahuciado recupera el color al paladear su nombre.

En tres letras encierra el festival de todas las campanas.

No nació de la costilla de nadie

Dios preparó la harina para vestirla.

La tierra deja de girar en su eje para contemplarla.

Mi corazón se detiene para nacer de nuevo entre sus

/manos;

y soy feliz cuando ella pasa alegre como póker de

/ases.

Su cofia escribe la crónica de los hospitales del mundo.

En su día libre crece el índice de muertos, ¿qué será si

/mañana se jubila?

Los pájaros la envidian, se suicidan los ángeles

yo muero con tal de que su canto me reviva.

Sus pestañas protegen del agua aunque no llueva.

El aire se detiene cortado por el hilo de sus pasos.

El día que no está es noche siempre

y reina en el planeta la tristeza de antes.

El mundo será otro

si en vez de ejércitos hay enfermeras.

 

 

 

 

 

EL AUTOMÓVIL

 

Maquinita frágil, maquinita loca…

GERMÁN ARCINIEGAS

 

Se desplaza veloz, azul eléctrico nace de alguna

/parte de la noche.

No hay pasión que detenga la exactitud de su rumor.

El semáforo detiene su carrera. El amor trae señales

/desde los ojos de la muerte.

Sus ocupantes se miran: inmóviles, nocturnos.

El asfalto es la hoja en blanco en que transita el

/orden de la sed,

y aunque diciembre sabe de autos y campanas

el bólido es río desconocido a punto de caer al mar

/de la ciudad.

La víctima, el verdugo rodante, prolonga su camino

/hacia la cueva de Alí Babá.

Hay una mueca de orfandad en el desplazamiento

/de su humo,

un gesto feroz en la manera de enfrentarse a la ola

/de peatones.

Se sabe signo cruel, imprescindible.

Se detiene y avanza. El griterío se estrella en el cristal.

Aplaudan al héroe de los ocho cilindros, al flamante

/gritón en su árbol de levas.

 

 

 

 

 

Datos vitales

Margarito Cuéllar (Ciudad del Maíz, San Luis Potosí, 1956). Radica en Monterrey, donde estudió la licenciatura en Ciencias de la Comunicación y la maestría en Artes. Actualmente trabaja como editor en la Universidad Autónoma de Nuevo León y es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte a partir del 2014. Música de las Piedras (Praxis/ UANL, 2012) reúne sus libros de poesía publicados durante tres décadas). Es colaborador del suplemento Laberinto y de la revista Nexos.

 

 

 

 

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