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CÍRCULO DE POESÍA

 

Foja de poesía No. 454: Davo Valdés

17 Mar 2014
Davo Valdés

Presentamos algunos poemas de Davo Valdés (Cuernavaca, 1988), pertenecientes a Ignoto (Colección La Hogaza, Secretaría de Cultura de Morelos, 2013),  Poemario ganador de la Convocatoria para publicar obra inédita en 2011. Durante 2012 se trabajó en el Taller de Poesía y Silencio con el poeta Alfonso D´Aquino. Fue editor de la revista La Piedra durante cuatro años.

 

 

 

 

 

 

 

Aridez

 

 

I

 

Siempre he de escribir el mismo poema (de cierto mar)    Desde que nací fui árido lleno de fe en los ojos pero tan triste en las cejas    Nunca supe de poesía hasta que estalló el mar en mi frente y el sol huyó detrás de dos nubes rosadas enseñándome que hay veces que es de noche    SIEMPRE HE DE ESCRIBIR EL MISMO POEMA    seco    (péndulo de agua)    estéril    (ola que estalla en la costa)    baldío    (oleaje violento)    infecundo    (maremoto)    árido    (océano del fin del mundo) desolado    (mar nocturno)    ABANDONADO

 

 

 

 

VIII

 

Cuando la memoria se desvanece

como una sombra sobre lo que fue el mar

pareciera que la tierra vuelve a ser fértil

pero es sólo una ilusión que surge entre las grietas

La melancolía viaja siempre en espiral

Anochece en el desierto

y se escucha navegar sobre la arena

el recuerdo de altamar

como en el interior de un caracol

Y el rumor incierto del oleaje

mece entre las dunas una vieja barca

 

 

 

 

 

 

Vaivén

 

IV

 

Los barcos olvidan pronto

van fundiendo su proa contra la muerte

y poco a poco se hunden

callados en la bruma

Un barco se detiene a la mitad del mar

cuando dos amantes deciden volver

la mirada de la bóveda del cielo

a las aguas de sus ojos

En el centro de todo

en la parte más turbia y disforme del mundo

ocurre el milagro

dos labios se vuelven cuerpos

 

 

 

 

 

 

VI

Una estrella lánguida flotaba aún en el infinito

                                                                                                                                                                       Thomas Mann

 

 

La luz había devorado a la sombra en una lucha inútil

y en el mar callado se respiraba un olor a muerte

Escondido entre la niebla y las rocas

afuera del cielo azul cobalto

un viejo barco se lamentaba

La noche cedía a unas nubes

cargadas de lluvia y vapor

y yo inmóvil miraba el sol

rasgar la bóveda celeste

No he visto aves volar este cielo

El aire se movía ferozmente

pero el mar inmutable parecía dormir

eterno

desde el fondo emergía

un grito sin voz

un alarido profundo y ancestral

La oscuridad volvió con la tormenta

y dejó caer su llanto

sobre el horizonte inacabado

Los párpados del cielo se abren

 

 

 

 

 

 

Vía

 

I

 

Ahora el mar es tan sólo una evocación lejana Lo escucho atrapado en los montes   En el llano mortecino veo hombres con redes de pescar vacías a sus espaldas   Caminan en círculos como planetas errantes Intentan hacer brotar el agua del suelo con golpes desesperados   Sospechan que bajo las grietas existía una marea   Recuerdan haber olido el océano en sueños   Los recuerdos son pájaros muertos en la arena   Pájaros muertos en la aurora cayendo en espiral   Las aves condenadas a volar hacia dónde va el sol se convierten en el monumento de sí mismas   Volar es ir deprisa hacia la muerte   Frente a la luz la vida se desploma ciegamente en las estepas   Como una flor que se abre se expande el instinto de volar   Y cuando el sol atraviesa el meridiano pliega sus pétalos   Me pregunto qué pasaría si el cielo y el mar se tocaran en el abismo   Me pregunto si todas las barcas encontrarán su rumbo   i todos los amantes cansados de amar la noche volverán a sentir su propia piel   Calla María alada y escucha crujir el cielo una vez más como un hueso roído Ahora lo sabes el mar está oculto en el desierto

 

 

 

 

V

 

Este cuerpo contiene todos los mares del mundo y aun así sigue seco   He navegado tanto tiempo durante tanto tiempo que el tiempo ya no es nada   Nunca he necesitado nada más que tus labios para decir algo   Y no importa que los muros tengan ojos y el cauce de las llagas nunca seque Necesito nadar sobre los vértices de tu recuerdo   El recuerdo único de tu piel sobre la mía como una ola inmutable   He despertado convertido en árbol   El océano me recorre   Mis raíces se pierden en los pueblos fantasmas de las profundidades   Tiento las sombras y un agua turbia me alimenta   Riego semillas en las grietas   Soy un árbol   Llevo el mar en mis entrañas

 

 

 

 

 

 

Datos vitales

Davo Valdés Cuernavaca, Morelos, 1988. Estudiante de Letras Hispánicas en la Universidad Autónoma del estado de Morelos. Forma parte del Colectivo La Piedra. Fue editor de la revista La Piedra durante cuatro años. Columnista de cine en La Jornada Morelos. Beneficiario del Programa de Estímulos para el desarrollo y la creación artística en 2009 con Sopor Aeternus (cuento) y en 2011 con Las mariposas (novela). En el 2010 publicó su primer libro de cuentos Relatos de un mundo depravado (EdicioneZetina). A finales de 2011 fue ganador de la convocatoria para publicación de obra inédita del Fondo Editorial del Instituto de Cultura de Morelos con su libro Ignoto (poesía) que salió publicado en 2013. Su más reciente libro, Despertar fue editado por Astrolabio. Forma parte del Grumo de Escritores de la Barba Naranja y organiza el encuentro Plumas Verdes de literatura para Cinema Planeta: Festival Internacional de Cine y Medio Ambiente de Cuernavaca.

 

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