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CÍRCULO DE POESÍA

 

Tres poemas de Dalí Corona

15 May 2014
Dalí Corona

Presentamos algunos poemas de Dalí Corona (Ciudad de México, 1983), uno de los poetas más representativos de la generación de los 80 en México. Ha publicado los libros Voltario y Desfiladero. Ha sido incluido en el Anuario de poesía Mexicana 2006, FCE. Poemas suyos han aparecido en diversas revistas y diarios del país, así como traducciones del portugués. Su libro Ansiado norte mereció el Premio Nacional de Poesía “Efraín Huerta” 2009, otorgado por el estado de Guanajuato. Recientemente su libro Cartografía del tiempo mereció el Premio Nacional de Poesía Joven “Francisco Cervantes Vidal”.

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Martillo

 

Esta voz, martillo blando, de cartón

zurcido a hilos pobres, que golpea el vacío y no tu sueño,

es la herramienta única

en el taller de casa.

Su brillo y peso se han marchado, como las semillas del diente de león

cuando el aire pasa sobre ellas

y de un tirón la desperdiga.

 

Aun así, sobre tu hombro recuesto mí cabeza

y susurro.

No lo sabes, pero en tu sueño

hay un leve martillar que te descubre

como si la voz, perdida y todo,

jalara la sábana y quedaras toda a la intemperie.

 

Llegamos tarde. Yo a tu sueño

y tú a mi tiempo. Pero la voz,

que se aferra a la herrería del cuerpo,

decide golpear donde estuviste.

 

He regresado tantas veces a ese día; lo recorro a tientas

para ver si entre sus pliegues

tu olor persiste

como el martillo de mi voz

que golpea sobre la nada.

 

 

 

Cover

 

Dígome que el llanto, pesadez de sexo y corazón, es poca cosa

porque cosa como tú sólo en las vitrinas de los centros comerciales,

sólo en los vitrales de catedral.

Dígome que una vez bastó tu mano

porque la mía, viejo río,

alcanzó su más clara expresión, su toque mágico,

cuando tú la hiciste en tu mejilla.

 

¡Oh!, sirena oculta entre las milpas de mi pueblo,

yo te llevaba a tu casa en aquellos días lejanos de mi mocedad

e intentaba subir tu falda como si fuera la cortina de una tienda de abarrotes

en los santos días de pascua.

Te daba besos en la puerta de la escuela,

paseaba contigo por el pueblo

hasta que tu papá nos encontró intentando convocar a los ángeles de dios

en las canchas de básquet.

 

Vago muerto hambre, sí, eso era yo,

pero qué necesidad de gritarlo frente al mundo.

Abrióseme  la mar del pecho y se quebró la voz, casi la cabeza

cuando pasó el pájaro tabique. Y yo,

el de los pies ligeros, Aquiles en medio de la cancha, volé

metros varios en cosa de segundos, vayas muchas limpiamente brincadas

en tiempo record.

 

De ti no supe nada,

nos perdimos de vista entre el tumulto de la adolescencia,

como si las escasa cuadras de distancia

entre tu casa y la mía

fueran los climas del año

o una zanja hecha por tu padre.

Qué temor. Nos dejamos sí,

el uno al otro, viudos antes de consumar el matrimonio.

 

Pero el mundo gira porque gira, lo dijo Montejo,

y sólo quince años después nos encontramos:

yo trovador y tu estudiante de economía.

(Qué pendejo Arjona, le harían falta años luz para entendernos,

aunque los años luz midan distancia y no tiempo,

así de complicada la cosa.)

 

Desde mis ojos vacíos intenté mirar tu boca

que después de quince años seguía teniendo el color de la locura,

y quise tomar valor

pero igual que aquella vez mi corazón salió corriendo.

 

¿Qué terrible avalancha de amores me hizo

llamarte al día siguiente?

¿Qué bestia sobrehumana, valor acumulado quizá,

poseyó mi cuerpo, qué mentira dije?

 

Pasamos largas tardes jugando al protocolo del amor una vez más,

como aquellas veces en que

debajo de la escalera del edifico “D” nos encontrábamos.

 

¿Qué dije, Helena, Cleopatra, Pasífae, Mónica,

que no pudiste apartar tus ojos de los míos?

No recuerdo, pero la mar del pecho se me abrió de nuevo

y de sus abismos

salieron los animales más primitivos de la tierra.

 

Y así, entre pecho y espada,

intentamos conciliar el sueño aquél de nuestra vida.

 

¿Y cómo Moisés cerró los mares, qué dijo, cuántas veces,

qué digo ahora yo; qué canto, a quién?

 

Pero nos vamos otra vez

cada quién con su madrazo

como lo marcan las leyes de la calle. Nos mudamos a otros barrios,

bajamos la cortina y apagamos las luces.

 

Pero a lo macho,

te digo desde el fondo gris de mi locura,

que está soledad de piedra

acompañará tu cuerpo almíbar

hasta cuando el mundo deje de girar.

 

 

 

 

Esta lira que llega a zurcir el sueño

es un dardo anegado en mis costillas.

Todo quema su glacial espina,

su cuerda cuarta que sonríe.

Atrás en la memoria gime el verso

extendiendo su páramo sombrío.

Todo, amor, nos amenaza.

Ven, recuesta aquí tu vientre sauce

y que el follaje nos cubra del destino.

 

 

 

 

 

Datos vitales

Dalí Corona (Ciudad de México, 01 de julio de 1983). Ha publicado los libros Voltario (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2007) y Desfiladero (Chihuahua Arde, 2007). Ha sido incluido en el Anuario de poesía Mexicana 2006, FCE. Poemas suyos han aparecido en diversas revistas y diarios del país, así como traducciones del portugués. Su libro Ansiado norte mereció el Premio Nacional de Poesía “Efraín Huerta” 2009, otorgado por el estado de Guanajuato. Becario de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de poesía, generación 2008-2009 y 2009-2010.  Beneficiario del programa Jóvenes creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA), en la  especialidad de poesía, 2010-2011. Recientemente su libro Cartografía del tiempo mereció el Premio Nacional de Poesía Joven “Francisco Cervantes Vidal”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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