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CÍRCULO DE POESÍA

 

Poesía chilena: Juan Carlos Villavicencio

24 Jun 2014

Presentamos algunos textos del poeta y traductor  chileno Juan Carlos Villavicencio (Puerto Montt, 1976). Es editor de Descontexto. Ha traducido a T.S. Eliot, Georg Trakl, Fernando Pessoa, etc. Ha publicado los poemarios The Hours (2012) y Breaking Glass (2013), poemario dual escrito con Carlos Almonte.

 

 

 

 

 

LA CRUZ DE ANÍBAL

 

Delenda est Carthago

CATÓN EL VIEJO

 

Fríos atardeceres de tantas horas de batalla,

a través de rocas i vientos,

distancias inocentes para la sangre que luego

ofrecería a una sacerdotisa astral.

Griega o fenicia de azul i delgada silueta

le muestra las cartas de luna, sacrificio

i extraño retorno a la angustia de elefantes

sobre el hielo: militares calaveras.

Ya sabe del azar i sus pesares,

mas no olvida tal camino, ni las muertes, ni la propia.

Sus manos se derriten ante los ojos de féminos fuegos

i se entrega –nuevamente— a ella,

esperando nacer a la condena de otro juramento.

 

 

 

* Catón el Viejo terminaba todos sus discursos con esta frase, que significa «Cartago debe ser destruida». En realidad, la raíz de la palabra delenda significa «borrar», como en el inglés delete, o las palabras españolas indeleble y deletéreo.

 

 

 

 

 

 

DESNUDAS HUELLAS POR EL MUSGO

(Canto muerto a mi hermana Coté i a su risa ausente)

 

 

El eco de sus horas se adivina.

Reitera el viento su sonrisa de vidente amante

i la nostalgia del destino en contra de su piel,

i las raíces.

Hay duendes perdidos ahora sin sus manos en el fuego.

Hay ausencia de sus trazos i hay reflejo entre la tierra

que no es más i no entendió.

He ahí ella en el jardín gritando su sonrisa

i la traición insoportable a las esferas.

Pero hay dioses i hay amigos guardando

tus huellas por el aire.

Hay sátiros i ninfas sonriendo a la espera de tu voz

asomada en la luz del sol o de tus noches,

insistiendo en verte repetida en las hojas de todos

los manzanos i en tus ojos ahora fríos,

que empiezan a entibiar.

 

 

 

 

PTERSEUS

 

Ha venido a romper la huella de sus tiempos

sobre el trono,

oscuro grito del hastío i el tatuaje de la luna

grabado en sus perdidas miradas,

ajenos por olvido, o apenas siendo objetos.

Ha crecido rojo como el sol de oriente

i su furia para quitarles ya la lluvia

i entregarles el desierto.

Sí, han caído color sangre tres cabezas de mujeres

i serpientes:

ahora de cenizas otras alas i otras herraduras de plata

reflejando el incendio de los templos

i de todos sus misterios el derrumbe,

o silente un nuevo abismo sin piedad.

 

 

 

 

 

OTRO FARO PARA UN CIEGO

 

Acaso daba la ventana hacia el Sur,

cuando el reloj cayó gris sobre el hielo

i un abismo se presentaba inundando

mi retorno a un vacío sin fronteras.

 

 

 

 

OZ DE BAR IRLANDÉS

 

Algo pasa que el mar aleja i sus nostalgias.

De risas i bailes soy ciego i tardío.

Ahora están las copas o sus cuerdas

de un lenguaje extraño entre maderas.

El fuego i las pinturas en la piel que se distancia.

Otro es el viaje tras la mirada adversa.

Ya en un rincón del puerto las máscaras se esconden.

De risas i bailes como magia. No.

Tras los focos se detienen las rutinas i,

ajeno un ocaso al bar,

persisten en su reflejo de caminos otros encontrados:

apenas tótem aguardando bajo estrellas.

 

Buenos Aires, 2 de marzo 2004

 

 

 

 

 

ECO DE UNA BATALLA

 

El reflejo i los ojos del fuego en el amplio espacio derruido.

Reconstruir los giros de metales contra sí,

la ira o el placer invadiendo la sangre incauta,

el aire resintiendo aquel azote.

Tras el estruendo sus asustados pasos devastaban

las pequeñas milicias del hermano.

Ahora, rodeada de cadáveres i miembros,

recrea el cuadro fascinada por el vívido recuerdo

de la danza cuando aquel silencio ardiente.

 

 

Composición de Wojciek Kilar

 

 

 

 

 

SIN REFLEJOS UNA DUDA

 

Nada indigno puede caber jamás en el santuario de su cuerpo.

Si la maldad habitara esa hermosa mansión,

también la bondad querría morar en ella.

WILLIAM SHAKESPEARE

 

Un nuevo esbozo de pintura trazado en un océano,

lo hace retornar al recuerdo de esa isla perdida donde está.

Ahí debe dormir, mientras él,

cubriéndola de otoños,

intenta descifrar los tatuajes viajando hacia sus ojos,

bajando,

más atrás.

Una caricia resbala como una cascada de pinturas

por su sangre,

o una caja liberando esa música que la devolvería

a reconocerse frente al templo que es su luz,

ahora oculta.

Pero él no sabe entre muros i palabras

cuáles son sus huellas por el prado,

antes que amanezca,

ni cómo abraza o si lo mira ciego lanzando dados más allá.

Sólo va dejando líneas rojas sobre el bosque de sus vuelos,

iterando el suave baile de esa figura abriendo puertas

i entreveros del ayer. Escondida,

ella roza en otro mundo cada escena que él le entrega,

inventando o recreando, otra vez,

en el agua la silueta vista reflejando su verdad i no mentiras.

Cuál es cuál.

 

 

 

 

 

EL DOMINIO DE LA BESTIA

 

Mais les pauvres bêtes qui veulent prouver leur amour

ne savent que se coucher par terre et mourir.

JEAN COCTEAU

 

El pozo recibe sus caras i la sangre muerta.

Invisible en el respiro,

la bestia camina ordenando un dominio perdido

mientras guía los metales por el bosque.

Aparta el fuego de la luna resguardando aquel silencio:

un dios en las tinieblas refiere otra historia

sin asco ni perdón.

 

Composición de Philip Glass

 

 

 

 

 

DÉJAME MORAR EN LA OSCURIDAD

 

La marca del saber cruza su rostro violentado

por alguien que no camina temiendo la ciudad.

Bajo todas las lunas de su ira trata de olvidar

purgando repetidos los errores.

Una sola sentencia da principio a su condena,

oculto ante la cruz donde sin heridas no hay perdón.

 

Composición de John Dowland

 

 

 

 

SIC ITUR AD ASTRA

 

Hay la huella de la lluvia i de una piedra retornando al río,

desafío al sol i a aquellos que olvidaron el musgo i el perdón.

Nostalgia de un futuro lejos para navegar a través

de nuevas aguas

–la oscuridad de lo ignorado más allá-

olvidando la avaricia o la impiedad del tiempo ajeno,

aquel rencor,

donde no volverá a ver otro atardecer en ese mundo.

 

Las ruinas de un faro ahora bajo el mar,

la lágrima que no cede en el adiós.

 

 

 

 

 

DESTINO MÍTICO DE CLUB DE DEPORTES PUERTO MONTT

 

a Luis Villavicencio,

padre i fundador

 

Afuera el hombre entre el humo del café i los periódicos

regalaba su primera piedra al sueño i al futuro de botines

i los arcos enfrentados.

Abrazando el abismo de un Sur donde ya no quedan faros,

frente a una isla la esfera suda esquivando las lluvias,

nadando el viento, abrazada al aire

que se impone desde el mar,

como frente a una fotografía de un paraíso de pescadores,

el desafío en el herido césped i aquel grito en la batalla,

los sufridos últimos instantes de un delfín que ya agoniza

–ni el reiterado dolor de la derrota,

ni la muerte silbando mandamientos–,

porque ahora en las venas frente al mar,

otro partido,

otra partida,

un nuevo ajedrez de hombres sin reinas ni rey –sólo un dios–

ante el umbral de una red sin peces

que duele como muesca en la piel de todo ojo

incapaz de perder la sombra rodando del fuego,

derrumbando la única torre que se impone,

i el sueño al final en el retorno a la guarida del frío

de otra luna por fin ahora en paz.

 

 

 

 

VALPARAÍSO

 

De tu carne siempre abierta al cosmos,

de tu océano sangre como calles, corazones

como alturas que no cesan,

el grito i maravilla contra el esqueleto tumbado de cenizas

o el viento enfrentando el filo

donde las horas se trizan ante la insistente afrenta

a la lógica o la gloria entre las ruinas,

Valparaíso,

eco de todo infierno i gemido en la tierra

contra el mar,

contra cada augurio la insistencia mayor de un puerto

siempre herido i crudo i áspero

que no deja silueta alguna en las olas o las velas

de todo siglo nuestro en su tristeza

i todo ejemplo donde el fin del hombre

puede más que el hombre,

cuando todo gesto refracta la huella contra otro mundo,

no olvida

la verdad i crudeza de un respiro persistiendo

bajo toda estrella nueva,

o acaso muerta junto al mar.

 

 

 

 

Datos vitales

Juan Carlos Villavicencio (Puerto Montt, 1976). Licenciado en Lengua y Literatura Hispánica y Magíster(c) en Literatura General, en la Universidad de Chile. Exprofesor, poeta, traductor y editor de Descontexto, y de los blogs entre los que figuran Descontexto (857 mil visitas) y Teillier Aleph (112 mil visitas). Figura en antologías en Chile, España, Italia y EE.UU. Editor de Nostalgia de la Tierra, antología crítica de Jorge Teillier para Ediciones Cátedra. Traductor de The waste land, de T. S. Eliot (junto a Braulio Fernández Biggs), de El guardador de rebaños, de Fernando Pessoa, de Georg Trakl y Antoni Clapés al castellano. Ha publicado los poemarios The Hours (2012) y Breaking Glass (2013), poemario dual escrito con Carlos Almonte.

 

 

 

 

 

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