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CÍRCULO DE POESÍA

 

Poesía Dominicana: Rei Berroa

15 Jul 2014

Presentamos algunos textos del poeta, traductor y crítico literario Rei Berroa (República Dominicana, 1949). Obtuvo el Premio Internacional Trieste Poesía por el conjunto de su obra poética (2011), Premio Mihai Eminescu (Rumanía 2012) y Medaille de Vermeil de la Academia de Artes y Letras de París, Francia. Ha publicado 40 libros de versos, antologías y ensayos, entre ellos: Fortunario insólito (Monterrey, 2014), Son palomas pensajeras  (2014), Libro de los dones y los bienes (2014 y 2010), Eufemistica per vivere tranquilli (2011), Otridades (2010), De adinamia de mente de umnesia (2010), Libro de los fragmentos (2007; 1988).

Fotografía por Vanja Macovaz.

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UTILIDADES DE LA RISA

 

 

Desde ques mar el agua,

desde ques tiempo el ahora

y desde ques también vida el sueño

con sus verticales coordenadas

de llanto y de ternura,

sus horizontales herramientas

de alivio y de dolor,

de lo real amarilleando

entre lo espeso y lo flüido,

 

la risa

 

ha puesto sus huevos en la arena

movediza de la lengua,

estruendosa se dispara por los huecos

bien abiertos de la boca y el gaznate,

arruga las esquinas de los ojos, los obliga

a prestarle atención al desahogo,

se hincha imprevisible en los carrillos,

en las narices del barro en el que estamos contenidos,

nos libera de la ira y del espasmo de la hora

y nos saca de los miedos en que quieren que vivamos

los que ostentan el poder y lo blanden

ante el ojo del votante o parroquiano.

 

Aunque dure solamente

unos minúsculos segundos destilados

a esta frágil existencia que parece interminable,

la conciencia de la risa

fortalece las paredes en que habita nuestro pulso,

nos ablanda el nervio adolorido de la angustia,

las terribles soledades que sufrimos a veces sin saberlo,

le quita máscaras al río crecido del orgullo,

nos descuajaringa, corta la ceguera irreductible

que marchita la flor del loto en la laguna

y a su modo nos lima sutilmente a los humanos,

todas las aristas del cuerpo y de la idea,

del tiempo y de las mañas que maneja cuando pasa.

 

Antídoto que limpia de inmundicias las arterias de la vida,

la etapa de la risa es señal inconfundible

de que es el hombre, no los hados o el omnipotente,

quien fabrica los telares de su propia humanidad.

 

 

……….Por ello, no hay que fiarse nunca de los dioses

……….que no quieren o no saben o no pueden reír o sonreír

……….aunque sólo sea por un breve instante iluminado.

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COMO PIEDRA

 

 

Perdido he de mi cuerpo la color.

Desvencijado ando como piedra

que tantos bienes proporcionó al humano

-casa y cobijo, seguridad y reflexión-

pero nunca supo sus orígenes o la raíz

de su dureza impenetrable y de su yerma sequedad

y ahora hasta ha extraviado su dirección

con el moverse impreciso y desquiciado

de los ejes o las capas de la tierra

en Puerto Príncipe o Santiago,

en Yakimoto o Israel.

 

Perdido he mi estatura o dimensión o sueño dilatado

de ser alguna vez puerta luminosa

que abre mundos sorprendentes

donde quepan todos los que anhelen

cualquier bien que beneficie a su vecino

o indivisible túnica que pueda ponerse todo el mundo

para aliviar el miedo que a veces nos ocupa

cuando la idea nos embarga

del ser o del noser.

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EL ÍNDICE DEL CIEGO

 

 

                        Para Louis Braille, visionnaire

 

 

Como si toda la realidad no fuera

nada más que puntos en relieve,

el índice del ciego es un ojo

que, tocando las simas de lo ignoto, se acomoda

y está a sus anchas en la cima del saber.

 

El ojo del ciego es un índice

que va de lo tangible no vivido

a lo intangible ya intuido y descifrable,

haciendo de sus dedos instrumentos

que le llevan al gozo de aprender.

 

Es un bastón el índice del ciego

que golpea los valores de la bolsa en el oído

e inventa en las finanzas del buen juicio

imposibles inversiones hasta entonces ignoradas

por la ciencia, el alquimista o quien se lance hacia el azar.

 

Compañero inseparable del pulgar gracioso,

el índice del ciego es una física posible

que discierne con la punta de la lengua

qué hace la mano en el papel o qué es el tiempo,

qué hace el humano cuando ama o cómo se enamora.

 

Es una lengua el índice del ciego

que con sólo seis puntos cotidianos

irriga en sus papilas las vocales,

más de veinte consonantes y el almario

de todas las palabras con que armamos el vivir.

 

Al girar con el pulgar la página del día

buscando alivio en la sutura de la hora,

el índice del ciego, a veces anular, a veces medio,

se desliza por los impuros filos del alfabeto alado,

abriendo puertas con las llaves de su luz.

 

Son tan sólo seis irrelevantes estaciones

que clavan sus puntas geométricas en el ojo

táctil del leyente y sesenta y pico veces se combinan

para darle al invidente la esperanza, la delicia

de hacer el mundo y sus relieves a su imagen y color.

 

Sueña el índice del ciego que es un ojo

y que todo, si está escrito,

lo puede introducir en su memoria digital.

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EN BLANCO Y NEGRO

 

 

Ya no está Dios en los colores de la tele.

 

Cambiándole sus sexuales orientaciones,

con lo divino se han quedado los políticos

y algunas viejas escuelas horoscópicas

que atan los vejámenes del día

con sus dioses de baraja o pacotilla.

Siguen los pobres aferrados al Mesías

que aliviará, quién sabe dónde o menos cuándo,

las infinitas adversidades

que otros dioses en batola

les rociaron de soslayo.

 

En los templos se burlan de Dios los que predican,

haciendo de Él o de Ella una humilde

servidora del talego, de acuciados

intereses que jamás revelarán al feligrés

o a los recaudadores de impuestos del Estado.

 

De repente en el tímpano del hombre

cae un rayo que estremece su fémur invencible

y entonces se hace Dios enunciación voraz

en la lengua, el ojo, el gesto despojado.

 

Afortunada o desafortunadamente

ya no aparece en la tele y sus colores

y anda desorientada su figura

paseándose por las ondas de la radio,

por los bosques o en los polos,

buscando la compaña inevitable

de la hormiga o de la oveja,

de la foca o las termitas,

del zorrillo, de la cebra, del pingüino,

en cuyas formas de ébano y marfil

se encuentra Dios en su asamblea,

pues ahora sólo existe en blanco y negro

y es una masa inmaterial de ficción descolorida.

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CONTRASEÑA

 

 

Dejar caer el guante a sus pies

o sobre la tonsura prepotente

de los que nos viven desde arriba.

 

Probar la pulpa que disuelven

en su paladar los mismos dioses

allá en su Edén lleno de ángeles

en desconcierto por no poder fornicar

en ninguna etapa de sus angelismos

o lleno de huríes generosas

que no cesan de abrirse o destaparse

para solaz del mártir o elegido.

 

Ponerle coto a lo vedado,

desatar sus límites más íntimos

y que todo lo proscrito sea abolido

desde los carrillos bien inflados

de la rosa de los vientos

a las guaridas donde tienen que esconderse

los que sufren sin quererlo de algún mal

determinado por rancios fanatismos.

 

Dejar que el mundo nos revele

su mundanidad a solas

y al unísono nos abra todas sus ventanas

para mirarle a fondo el interior

descubriéndole secretos sospechables.

 

Que suene su música impertérrita al oído

del que practica cualquier forma

de creencia o descreencia,

de pensar o no pensar

y que caiga sin piedad

en esa pesadilla melan

cólica de querer mejorar las condiciones

en las que sobrevive,

plagada de percances, casi toda

nuestra humanidad, necesitada a cada instante

de sí misma y de sí misma

rechazada como engendro esmirriado

que nació sin porqué ni para qué

sino sólo para morirse enteramente

y por ello inventa maravillas postriméricas.

 

Que nos diga de una vez por todas

a quién es que favorece o en qué lado está,

por qué tan poco le importamos

en el amor o en la carrera incierta

del vivir y sus tantos sueños truncos

para saber nosotros claramente

a qué atenernos o dónde encontrar

las premisas irreconciliables

del cálculo, la duda o la mesura.

 

Que se quite Dios la máscara

por siempre y cuanto antes

nos revele ya su contraseña.

 

¡Y acabemos!

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EL JUICIO DE SÓCRATES PASADO POR LA TELE

 

Hacía muchos años que llevábamos incrustadas sus preguntas bajo las costillas.

Medio muerto traíamos el sueño de justicia, cuando en mitad de la pantalla

apareció el viejo Sócrates ya cicutado su silencio y su verdad a solas

después de explicar en silogismos convincentes que jamás

había pronunciado algunos de los juicios que el joven

Aristocles (Cabezotas o Platón, eran sus motes)

había escrito en sus memorias, publicadas

día a día, en diversas páginas de la guía

de la tele que todos leían y miraban

en una gran pantalla tipo plasma

puesta en el ágora de Atenas

por los que odiaban

la mayéutica.

 

 

Fue así como

llegamos a saber,

sin casi darnos cuenta,

que el loco a quien todos

envidiábamos, pues podía decir

lo que quisiera sin haber jamás escrito

nada y no tener, por tanto, nadie pruebas

contundentes que pudieran llevarlo al tribunal,

tenía leales seguidores en todas las escuelas del Estado,

menos en su casa, donde Jantipa lo había puesto en su lugar

más de una vez, pues no quería higienizar los fondillos de sus hijos

sin preguntarles si era posible conocer la virtud sin antes practicarla. Dicen

que también ella testificó contra el marido porque éste ya no le servía para nada.

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DARLE DE VIVIR A LA MUERTE CON LA LENGUA

-¿o no será mejor?-

DE LINGUA OMNIA DE MORTE

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Es sólo huesos la muerte.

Es todo carne la lengua.

 

 

Destemplada babel que llaman la sinhueso

es ese diacrónico recurso

que nos lleva a las ideas: la lengua.

 

Inflexible organización que llaman esqueleto

es esa instancia sincrónica

que nos saca del mundo de la idea: la muerte.

 

 

Toda ella es un silencio arrebatado

que sabe, sin embargo, con diáfana certeza

lo que hace o que deshace sigilosa: la muerte.

 

Toda ella es un ovillo de palabras

que no tiene extrañamente idea exacta

de gramática, retórica u orácula: la lengua.

 

 

Bajo el cielo raso de la tierra

baila día y noche como loca la muerte,

invencible idea que habitamos

sin apenas darnos cuenta

de su infinita ubicuidad ilimitada.

 

Bajo el cielo raso de la boca

se agita día y noche como loca la lengua,

poderoso músculo sensual que utilizamos

sin apenas darnos cuenta

de sus bien delimitados avatares.

 

Nadie se ofrece nunca

para echarle una mano a la primera

que todo lo detiene sin remedio

cuando clava el hueco de sus ojos

en la risa o la mirada del viviente.

 

Sin la ayuda necesaria del cerebro o del sentido,

es sólo un meneo desechable la segunda

que todo lo echa a andar en el oído

del hablante que se oye o del oyente

que le escucha, que lo mira y le sonríe.

 

 

Pelos no tiene en la lengua la lengua.

 

No tiene cómo desearse la muerte la muerte.

 

 

En la punta de la lengua

tenemos constante a la muerte

que nos saca la lengua y se ríe de nosotros cada rato.

 

En la punta de la muerte habitan

las cenizas de una lengua que nos arranca

de la muerte si bien no puede reírse ya de nadie.

 

 

Aunque se lance contra el tiempo y lo congele

cubriendo con su velo las ventanas de los ojos,

destemplando los rojos hilos de la sangre,

deteniendo en seco el pulso en el que íbamos

audaces, pertinentes y a la lengua

vaciándola de todo fundamento,

jamás hay que temerle a la ira de la muerte,

pues ella no es más que una ficción

que nos hemos inventado

para darle un poco de sentido al vivir

y sus efímeras sustancias.

 

En cambio a la ira de la lengua

sí que hay que temerle a cada instante,

pues se aviene contra el hombre y lo condena

dejando la campana del renombre reventada

y a nosotros nos reduce a tanto desconcierto

que hasta la muerte echa a correr muerta

de miedo y llorando en las orillas de la pena

por faltarle las palabras

con las cuales advertir a los que viven del origen

misterioso de la lengua y sus sentidos inmutables.

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Datos vitales

Rei Berroa (Gurabo, República Dominicana, 1949). Es autor de 40 libros de versos, antologías poéticas, traducciones y estudios de crítica literaria. De sus libros de versos destacan: Son palomas pensajeras (en prensa, 2014), Fortunario insólito para convivir con la lengua y unas cuantas cicatrices (Monterrey, 2014), Libro de los dones y los bienes (México, 2013; Caracas, 2010), Eufemistica per vivere tranquilli  (Trieste, Italia, 2011), Otridades (Zamora, España, 2010), elegido entre los 10 libros de lectura recomendada por la Asociación de Editores de Poesía de España; De adinamia de mente de umnesia (Villahermosa, 2010) premiado en el Primer Concurso sobre el Azheimer y la Memoria, en Murcia, España; Libro de los fragmentos y otros poemas [Caracas, 2007, agotado el mismo día que salió a la calle]. En 2009 recibió la “Medaille de Vermeil” de la Academia Francesa de  Artes, Ciencias y Letras. En 2011 recibió el Premio Internacional Trieste Poesía por el conjunto de su obra poética y en 2012 el Premio Mihai Eminescu de Rumanía. La VIII Feria del Libro de Nueva York se le dedicará a su obra en septiembre.

 

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