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CÍRCULO DE POESÍA

 

Dos conversaciones con José Emilio Pacheco

31 Ago 2014
Pacheco 4

El poeta y periodista Moisés Ramos Rodríguez conversó en dos oportunidades con José Emilio Pacheco. Fruto de aquellos encuentros son estas entrevistas, estas dos visiones en dos momentos diferentes. La relación entre poesía y política es uno de los tópicos centrales de estas charlas. José Emilio Pacheco murió en enero de este año, 2014. Una de sus últimas distinciones en el extranjero fue el Premio Internacional Corona de Oro 2013 del Festival de Poesía de Struga en Macedonia.

 

 

 

 

 

 

José Emilio Pacheco en dos momentos, dos visiones

 

(Entrevista publicada originalmente el 13 de julio de 2006)

 

José Emilio Pacheco es uno de los grandes poetas mexicanos vivos. Ayer estuvo en Puebla donde recibió un doble reconocimiento: en el congreso internacional de poesía organizado en su honor y por los 475 años de la ciudad, y la copia de la cédula real por la que se concedió escudo de armas a la antigua Ciudad de los Ángeles, hoy Heroica Puebla de Zaragoza.

Pero también Pacheco es el crítico de los actuales gobernantes, entre ellos Mario Marín Torres, a quien aplicaría un poema breve de la antigüedad clásica.

Y es que Pacheco es el traductor de poetas griegos y romanos clásicos que, en una forma breve, el epigrama, criticaron siempre a sus gobernantes. Por ejemplo, Leonidas de Tarento quien escribió: “El temblor que se acerca”

 

Ustedes proclamaron a Pitaco el imbécil

tirano de la patria desdichada.

Su ambición,

su poder absoluto y torpe,

conducen al desastre.

Ya es audible

el temblor que se acerca.

 

Pacheco criticó ayer a los gobernantes que se comportan “como emperadores”, que pensaban que todo poder iba a ser eterno, y afirmó: “nuestra gran diferencia con los romanos: el cambio histórico, que pase lo que pase, las cosas cambiarán”.

—El epigrama, maestro Pacheco, usted lo ha retomado de la cultura clásica… —se le recuerda, y responde:

—Sí, ahora he terminado, después de 30 años, las Aproximaciones…, libro que saldrá el año próximo también; un trabajo brutal de la antología griega.

—Sí, yo le preguntaba ¿qué epigrama utilizaría para los emperadores actuales de este país, nuestros actuales gobernantes? ¿Estaría dispuesto a escribir epigramas para los gobernantes como los que tenemos?

—Pues yo creo que son aplicables esos (que él tradujo), todavía. Lo que pasa es que hay un matiz de tontería; habría que revisar. ¿Vieron la serie que es maravillosa y es un gran libro que se llama Yo Claudio (basada en la novela de Robert Graves)? Claudio era muy imbécil, lo que pasa es que también atacar al pobre (de Vicente Fox) ¡imagínate lo que le espera!… hay que esperar al nuevo (presidente de la república).

—La ventaja entre los antiguos es que al menos tuvieron emperadores brillantes como Marco Aurelio…

—Marco Aurelio es muy excepcional. Gracias por plantear esto: viene lo de Marco Aurelio y lo de Séneca, quien dice: “Una cosa es lo que yo pienso y otra la que yo hago”, porque al tiempo que está haciendo todas esas reflexiones morales, se está enriqueciendo como ministro del régimen, aunque termina muy mal con Nerón y dice “Bueno, lo único que uno puede hacer, lo único a lo que yo puedo aspirar es a…: “No puedo ser coherente, el mundo es incoherente y el mundo exige capitulaciones y transacciones; puedo aspirar al ideal… Y si no hay esa aspiración…” lo dice Seneca no me lo vayas a atribuir a mí.

—Séneca, después de enriquecerse al lado del tirano, termina en el exilio escribiendo las Consolaciones a Elvia, su madre, como estoico que era. ¿Usted cree que vamos a terminar escribiendo consolaciones, ante regímenes como éstos, ante gobernantes como estos?

—Pues yo espero que no, pero me temo que sí, es lo que dice la regla: “Espera lo mejor y prepárate para lo peor”, no podemos vivir de otra manera; eso lo decía en la mañana, hoy. Imagínate la cantidad de decepciones y derrotas que cargo yo, yo no vuelvo abrir la boca, yo me he equivocado en todo, nada ha funcionado.

 

¿Emperador? excesivo elogio

 

—¿Qué epigrama aplicaría a un gobernante como Mario Marín, de los escritos en esta antología de epigramas que usted hizo? — se le pregunta al poeta Pacheco, quien responde:

—No los sé de memoria, pero te aseguro que hay, te aseguro que hay (alguno que se le aplique).

—¿Con qué emperador —de los citados en la antología de epigramas— lo compararía?

—Me parece —con todo respeto para el góber— (risas), me parece que es un elogio excesivo compararlo con un emperador. (Más risas)

—Aunque asume aires de…

—Ah, no claro, aquí todos son emperadores, sí, sí, sí. Un amigo mío, el primer chicano que se graduó en Harvard, decía al presumir sobre su padre (cuando otros decía mi papá fue el secretario particular de Ávila Camacho), él decía: “Mi orgullo es que mi papá, fue el único soldado raso en la División del Norte de Pancho Villa. ¡Todos los demás eran generales de división!” Eso es muy bueno.

“Pero, regresando a los epigramas, tendría que verlos, porque son como 180 epigramas que he hecho, y que me han costado un trabajo monstruoso, y que no sé qué son: no sé si son traducciones, aproximaciones, paráfrasis… Quién sabe qué es.

“Ahora que hablábamos de los de Séneca, es muy curiosa la situación de Nerón (uno de los emperadores criticados acremente en los Epigramas): comienza como un gobernante muy progresista, muy positivo, y lo enloquece el poder. Y es cuando se deshace de Séneca y de todos. Séneca había sido su mentor.

”Por cierto, me han dicho que Juan Tovar está enojadísimo conmigo, porque él quiere reivindicar a Victoriano Huerta, lo que me parece valientísimo y revolucionario por parte de Juan Tovar, y que yo he sido uno de los culpables de oscurecer la figura de Huerta, que me parece irreivindicable.

”Bueno: en el caso de Nerón, el poder lo lleva al absurdo, a la locura. Pero me acordé de lo de Juan porque así como hay libros para denigrar todo lo que hemos adorado, hay los otros, enaltecer a quienes hemos aborrecido: hay una biografía absolutamente violenta contra la madre Teresa de Calcuta, que uno piensa: ‘No se puede atacar’; y contra Einstein, que uno piensa ‘Era el abuelito bueno’: era un canalla que le robó la teoría de la relatividad a su mujer, no le dio ningún crédito y metió a la hijita que tuvieron al asilo, fue un explotador de las mujeres… y a cambio de eso, la reivindicación de los villanos: hay como tres biografías a favor de Nerón. Pero fíjense qué importante la literatura, que dice: ‘El problema de Nerón es que los únicos libros que sobreviven de esa época son los libros de Tácito y Suetonio que son contra él, y él no fue el culpable del incendio de Roma’. A mí me parece muy difícil reivindicar a Nerón como a Victoriano Huerta., pero en fin (risas).

 

De las cucarachas, la poesía y lo que cambia

 

 

—García Márquez, al recibir el Nobel en 1982, aseguró que después de un holocausto nuclear, las únicas que van a sobrevivir son las cucarachas. Los poetas clásicos, griegos y romanos, afirman que, mientras haya seres humanos que conozcan palabras y combinaciones de palabras, sobrevivirá la poesía… — se le recuerda a Pacheco quien responde:

Bueno, pero hay una gran diferencia. Que sobrevivirá la poesía lo creían los griegos. Nosotros sabemos que todo es efímero y pasajero. Los romanos creían lo que cree todo el poder; siempre cree que se va a perpetuar. Dice Horacio: “Terminé un monumento más durable que el bronce”; y dice Ovidio al final de La metamorfosis: “Estos poemas míos ya van a vivir para siempre, y se oirán en todas las tierras”, pensando “el Imperio Romano va a durar siempre y la lengua latina va a durar siempre”. Y no, se disolvió. Podemos decir que sí acertaron porque seguimos hablando de ellos, aunque poca gente sepa latín, se sigue traduciendo y se sigue difundiendo. Todo tiene dos lados. No se puede ver nada más una sola cara.

“Ahí, está, por ejemplo, el carpe diem de Horacio: no sabemos ni siquiera cómo traducir carpe diem: aprovecha el día, aprovecha el momento, lo han traducido. Me gusta la traducción de Amado Nervo (y aplíquenselo ustedes): ‘Haz lo que estás haciendo. No pienses en nada’. El objeto de esto es: ‘Yo voy a hacer una nota que quede lo mejor posible. Yo voy a hacer una entrevista que quede lo mejor posible’. Eso puede ser el carpe diem.

”Una frase tan sencilla, carpe diem, que se repite constantemente, no tiene una sola traducción. Y otro verso de Virgilio, nadie sabe cómo traducirlo: Sunt lacrima rerum, et mente mortalium tangeron. Esto es de cuando llega Eneas a Cartago y ve unos murales que describen la guerra de Troya. ¿Qué quiere decir eso? ¿Hay lágrimas en las cosas y su mortalidad toca —en el sentido de ‘estremece la mente’—…? Simplemente sunt lacrima rerum es imposible traducirlo: ¿Hay lágrimas de las cosas, son lágrimas de las cosas? ¿Todas las cosas lloran, todas las cosas…? Además, cada época le dará una interpretación diferente. En eso sí es nuestra gran diferencia con los romanos: el cambio histórico, que pase lo que pase, las cosas cambiarán”.

—¿La poesía registra estos cambios?

—Sí, pero la poesía no es una cosa tan deliberada. Yo no me puedo levantar ahora  y decir: “Voy a escribir esta tarde un poema sobre la situación de México en julio de 2006”. Tiene que ser mucho más espontáneo.

—La poesía no puede estar datada, no debe tener una fecha…

—La poesía puede ser lo que tú quieras, lo que te salga. Lo que yo no te puedo imponer es que escribas un poema político o que no escribas poemas políticos. La mayoría de los poemas políticos son muy malos, de acuerdo, pero también son muy malos la mayoría de los poemas de amor (ríe); entonces, a nadie le puedes prohibir que escriba poemas de amor.

—Son instantes diferentes…

—Son instantes diferentes y, además, dependen del talento del autor, pero también dependen de la suerte. Es como lo de la inspiración. Es evidente que no existe la inspiración, pero es evidente también que, a veces, salen bien las cosas y otras no.

 

 

La poesía nunca debe alabar al poderoso: José Emilio Pacheco

 

(Texto originalmente publicado el 25 de octubre de 2012)

 

“Una persona que lee poesía, jamás será un torturador ni un asesino”, afirmó, contundente, José Emilio Pacheco, quien ayer realizó una visita casi informal a la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), en cuya Facultad de Filosofía y Letras se realiza, desde el miércoles y hasta hoy, el XII Congreso Internacional de Poesía dedicado, precisamente a él.

Convaleciente de una operación en los ojos, cansado por la enfermedad que, confesó, es profesional y adquirió por estar tanto tiempo sentado e inclinado, leyendo y escribiendo, Pacheco no concedió entrevista ni aceptó ningún tipo de protocolo en esta, su tercera visita a Puebla en menos de diez años, lo cual es extraordinario en un escritor como él, no sólo por su estado de salud sino por los reconocimientos que ha recibido últimamente, entre ellos el Cervantes, sin duda el más importante.

Pacheco llegó la víspera a la Casa de las Bóvedas de la universidad poco después de las siete de la noche y propuso hacer un encuentro informal, donde él no hablaría ni de poesía ni de poética, si no que el público, mayoritariamente joven, hecho de estudiantes y asistentes al congreso en su honor, que llenaron el patio de la antigua Academia Jiménez de las Cuevas harían las preguntas y marcarían el ritmo del encuentro.

“La poesía es lo excepcional”, afirmó el poeta Pacheco y respondió que puede ser una salvación para el mundo en que vivimos “sí, pero de una manera indirecta, porque la poesía se activa en el plano de lo individual, de la intimidad” no en lo social donde, si uno quiere usar esa u otra forma de arte “debe ser un compromiso personal” como lo hizo Pablo Neruda.

Siempre cuestionado sobre los personajes de sus novelas, por ejemplo los de Las batallas en el desierto, recordó que el autor no es el personaje, es un hablante imaginario que no existe. “Yo adopto la frase de Marco Antonio Campos que siempre ha respondido: las mujeres que aparecen en mis poemas son mujeres imaginarias”.

Quienes preguntaron a José Emilio Pacheco, fueron sobre todo jóvenes estudiantes que, una hora después harían una larga fila para esperar un autógrafo en Profética, Casa de la Lectura, donde se ofreció, además el coctel de bienvenida por la realización del Congreso Internacional de Poesía. Pacheco respondió siempre, pero aclaró que la suyas podrían ser respuestas que no dirían lo que realmente quería decir: “Si no veo lo que estoy pensando, no pienso”, afirmó al referirse que piensa mejor cuando escribe lo que piensa y lo lee.

Como le insistieran sobre el “compromiso” de la poesía, Pacheco se refirió a la denuncia del gobierno del estado de Puebla contra 19 periodistas como un ejemplo, y aclaró: “¿Yo quién soy para dictar una norma sobre lo que los jóvenes deben escribir…? El compromiso, como poeta, si eso te sale, está muy bien, pero la poesía no tienen ninguna obligación” con la denuncia, con la alabanza

“La poesía nunca debe alabar al poderoso. La poesía sirve más como sátira. Si quieren” como poetas “pueden escribir epigramas, sonetos, décimas, calaveras, lo cual se ha perdido por el rechazo en los últimos años, a la rima”. Pero, aclaró de inmediato el autor de No me preguntes cómo pasa el tiempo: “Como todos, haz tu trabajo lo mejor que puedas y eso servirá a los demás y a México”.

Pacheco afirmó que el epigrama era una forma corriente de crítica en los periódicos, lo cual no hay ahora y en este tiempo sólo los narcocorridos lo hacen: “El narcocorrido es un romance perfecto, que les llegó a quienes lo hacen de manera oral”, pero tiene todo lo que el epigrama, con su crítica al poder, su opinión sobre lo que sucede actualmente en el país.

“Me quedo muy atrás de comprender la realidad mexicana”, aceptó José Emilio Pacheco al ser cuestionado sobre la realidad del país. Como Monsiváis, a quien citó y con quien formaba “una generación sin generación” con Sergio Pitol, explicó que ya no sabe si comprende lo que ya pasó o ya pasó lo que comprendía.

Después de considerar a “Pablo Neruda casi el más grande poeta de la lengua española”, pese a sus cantos al Realismo Socialista y a Stalin, José Emilio Pacheco recomendó recuperar la poesía de Rosario Castellanos, de quien se conocen más las novelas y los ensayos; y de “Marco Antonio Montes de Oca, un poeta extraordinario”, y aceptó que a él, a Monsiváis y a Pitol les faltó una revista que les diera nombre. “Y no soy de la Generación del 68. Cuando el 68 pasó, yo ya era un señor casado y con hijos…”

Pero “no tener Generación es como no tener credencial del Instituto Federal Electoral (IFE) o tarjeta de crédito” aceptó, medio en broma, medio en serio el poeta, quien considera que es cada vez más difícil establecer Generaciones. Traductor infatigable, Pacheco aceptó que la salud de la traducción en México es buena, pero se enfrenta al mercado español, donde ya “todo” lo traducen.

“Si no escribes, se nota; es como el boxeador. Si no ejerce su oficio, se nota…” afirmó casi para finalizar José Emilio Pacheco; “pienso en la traducción como en leer muy atento una obra y en practicar tu oficio”.  El “tímido poeta” como lo calificó Salvador Novo, finalizó recomendando: “Hagan lo que tengan que hacer ahora que son jóvenes… porque no van a poder hacerlo después”. Y a la afirmación de que él es una esperanza en la escritura, replicó: “La esperanza son ustedes”.

 

 

 

 

 

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