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CÍRCULO DE POESÍA

 

Poesía peruana actual: Edgar Saavedra (Foja de poesía No. 482)

10 Oct 2014
Edgar Servantes

Presentamos una selección poética de Edgar Saavedra, una de las más resonantes voces líricas de ese país andino. Ha publicado Lengua negra de colores (2012), Isla/Island (2009) y Final aún (2000 y 2004). Actualmente es uno de los editores de Río Grande Review. 

 

 

 

 

 

 

De Lengua negra de colores (2012)

Lengua negra de colores

flor menstruante natural

leche vegetal de  pechos animales

E.S.

 

Un sonido despierta la lengua

para no desperdiciar su color

también otra sensación

que desconozco de memoria

olvido al pronunciarla

 

entre tanto los fusilamientos

sin patrimonio de excusas

que detengan

catástrofes salvadoras

en movimiento

abandonados

por decir la verdad

pero qué verdad

 

no sentirás otra vez la piel

que fluía entre tus manos

ni la explosión entre un collar de dientes

 

a pesar del rumor que nos previene

en sueño profundo

este viaje es contigo

 

una garúa desplumada nos mojaba la lengua

por dónde irá la carretera pregunté

aquella vez

acusados de bandoleros

escapamos en un caballo olvidado en el camino

 

vi entre llamas la sombra del puma

desperté de pronto

colgaban de mi pecho

piedras extrañas

estrellas

 

[limpiamos y afilamos nuestras armas]

 

no encenderemos más esta leña

aguardaremos la señal

 

ahora tampoco importa si abandonaste alguno

de tus cuerpos

 

mientras todavía reconozco

algunas raciones de guanábanas

y esencia de sesos

 

los perros descubrían nidos de huanchacos

me ahogaba con mi sangre y no sé si estaba herido

las aguas de antimonio sabían curarnos el dolor

esa vez cuando disfrutamos

matando alimañas

que anunciaban lo que todos sabían

instrumentos olvidados

fuertes como aguardiente

reparadoras son las hojas

dan calma

fresca ceniza de piedra

en este valle tranquilo

 

hay un claro placer en nacer y volver a morir

pero cuando imagino la respuesta

no puedo hablar en colores

lenguaje de pájaros

porque nos advirtieron no señalar el arco iris

con los dedos

era cierto:

ahora me asombro de las casas de tapial que

levantaron los abuelos

tenían ventanas invisibles

entre las piedras había nidos de lagartos y arañas

y sus únicas joyas eran dos o tres cerámicas de

sus antepasados

que encontraron haciendo la simiente de la casa

 

cuando me preguntaste por los nombres de mis hijos

un frío extraño corría por mi sangre

y no supe qué decirte:

 

entre cada tierra una criatura se salva

esa vez me dijiste lo que todos sospechábamos

tu versión era terrible

demasiado difícil para contestarte

 

en esta noche:

otra vida/otra muerte

el agua nos cubre

nos hace sentir indefensos

 

desde la colina contemplo además

la imaginación que luchando sigue

comprendo sin esfuerzo mi naturaleza

 

una mano descansa entre muslos bellos y dormidos

 

cuando a veces hemos despertado

y repartido en dos el camino

volví a mirar la estación orilla

tantos elementos alojaba la memoria

hasta dudé lo que jamás pienso

 

a veces contemplo la fortaleza que soñé

colores geométricos

que limpian la memoria

entre los faisanes

cantor de color(es)

desorden perfecto

 

más allá del horizonte

negro     celeste     naranja

sentiremos un aurífero aguacero

sentiremos pena por lo que dejamos

por lo que recordamos

sufriendo de felicidad a veces

viviremos con la dicha

de los que mueren de improviso 46

 

si viste solo las orillas

consérvalo

convérsalo

no te extravíes en fuegos artificiales

enamórate

compra un revólver

estirpe de mis plumas

imagina el arte de antiguos gavilanes

cuando lo real es imposible

somos mientras no pensamos

 

debemos insistir en las líneas del canto

no acaban en destinos

vente al otro lado

contémplame dormido

muérete un poco

 

a veces creo que desperdicié tanta vida

debo crearme o crear a otro

también es terrible ser fecundado

hasta el niño que destruí

 

a veces vuelve

 

pensé orientar este camino

pero verso como respiro

siendo extranjero en mi patria

prisionero    juez     y     asesino

cuando uno se siente bello

recoge piedras

el espejo es cómplice

entonces reconocemos nuestros minerales

empezamos otra vida

de ciervo piedra ángel

siempre insecto

palmera genital

vida y muerte

quebradas por dos caminos

 

ser agua del principio

que siempre viaja

por qué tendría que viajar

si nunca fue bebida

aun así

la disfrutamos con insistencia:

manantial    imaginario    y    Real

 

se siente la luz de los helicópteros

cuando nos enteramos que los torturadores habían vuelto

demasiado cobarde para el dolor

decidí matarlos

 

[a nosotros nos arrojaron al río

¿era un río?]

 

dos serpientes me quiebran

con sus ojos me veo

entre las perlas

habrá siempre una más negra

ecuaciones de nuestra sangre

 

un tranquilo juego acontece

atravesando los surcos de luz

acumulada y protegida

presientes tu propio amor

 

deja que descubra sin actos

la muerte si fuera posible a cada lado

 

deja tus manos tocando

este palacio incompleto

“En nuestra memoria de nueve meses se re-produce un ciclo inmemorial y somos la memoria del agua donde fluimos flotantes y unicelulares hace millones de millones de años”

CÉSAR CALVO

 

la dimensión del viaje siempre es uno

perseguidor o perseguido

quiero volver a esa patria

seducido y alunado

por una gravedad que desconozco

 

el verdadero orden no tiene lenguaje

como viento fecundo

se renueva constante

para ser y no ser

sonreímos para no morir muertos

aceptamos nuestra condición mineral

nuestra combustión

 

el calor fermenta y destruye

el frío arremete imparcial

 

despierto animal intenso

 

no alcanzaremos la superficie artificial

es insuficiente

los sentimientos proféticos solo anuncian desgracias

ciudades de mirada asexuada

esa vez no combatimos

 

llegaremos a donde debemos llegar

no será difícil comunicarse

sin monedas

con esporas

sin gestos

secuestraremos espantapájaros

la máscara no podrá seguirme

piedras caminantes ofrecían el calor

de un recuerdo milenario

palabras sin tiempo para el vuelo

 

llevo días buscando mi cuerpo

solo encuentro esqueletos de revólveres

me reconozco en estos cuarteles

tan intermedio de uno mismo

contemplo una plaza provinciana

vestidos de orillas multicolores

 

un camino de sombra se ha perdido

entonces

 

era la mujer

 

seduciendo

fumadores de lenguas

en cruces de caminos

ebria y feliz

 

pero a veces también

recogíamos el alimento

del bosque

 

del océano

reptiles incompletos

 

y como era debido

ofrecimos la sangre

a la Tierra que nos miraba hambrienta

 

 

 

Isla  ( de Isla, 2009)

 

 

1

nuevos paisajes se descubren inhóspitos en los hospitales y en los cuarteles lejos detrás de la niebla oscura vivían cansados dentro de un cuarto enorme y una pintura que decía marino ella te prefiere más que a tu recuerdo misiles cargabas todo el día con tu corte al filo de los cuchillos que ascendían de la marina tempestad del mar frío agosto húmedo amanece pensando que no ha de caer arrastrado de su reino ahí mismo angustiado en esa región de cabellos rubios y tumbas pre incas al frente del puerto en su ocaso celeste balneario de sombra de mar de la costa soleada de una tierra que no quiere pertenecer a esta tierra desolada enfermerías repletas de cuerpos lisiados lejos no muy lejos del precipicio la sal se condensa en el rancho de un soldado raso adormecido por la inocencia al sur de ese circuito nostálgico arremete con su ametralladora llena de magia era tu experiencia la voz que amanece en la fría niebla que se repite

2

algunos años después el Callao era una circunstancia de negros vi solo negros yo era negro y lancé millones de insultos y la salsa veranea conmigo veo un retorno corrosivo hay una ternura en cada unas de las cosas que comprábamos sin pudicia ahí mismo para no morir y volver a la fiesta de negros y nosotros también estábamos negros hay un recuerdo lejano y la música insolente solo eso escuché decir contar bailar jalar y salir corriendo escapando de la vida

esa sensación se repite y es esta vez el puerto que no duerme el puerto provinciano que quizás deba sucumbir en nuestro equipaje de granadas de guerra de la guerra que cada uno libra para no morir o para morir de pura vida de puro negro explota esa tempestad que acontece lejana en el grito de las palmeras que no existen porque el Callao no es el Caribe aunque a veces siento el caminar de cabezas de culebra de los negros y las negras

3

la Punta se llenaba de millones de cervezas millones de peces omnívoros millones de cuchillos todo es millones millones de tempestades y gritos y furor y risa total y risa y mujer y sexo chalaco de chalaca hice el gol las negras mujeres repisas mujeres con sexo escondido y otra vez y otra vez es una palabra que se repite en las murallas del lobo del hueso del silencio angosto de luces que a veces vuelan entre el silencio y no veo la isla veo nuevamente la isla y me recuerdo abandonado agotado hasta el tuétano haciendo las verticales abdominales y sigo y prosigo mirando de lejos la costa que no puedo alcanzar y duermo y me despierto a veces entre la marea que alcanza y el frío que entra por las orejas desnudo en fila india esperando que anochezca y que amanezca

4

enormemente festivo se verifica que todo acontece mejor en la soledad o en el destierro sueño con palabras placeres extrañas palabras de gas fosforescente libres de funciones sintácticas palabras solas y en las olas no será terrible divisar animales que nunca imaginas el invierno o el verano que dan lo mismo continúa en esa tempestad que viene y despierta y urge algo más terrible de lo que pueda explicar sin verdad sin alma sin el titular tutelar de los que dicen en las angostas aguas minerales de una hermosa bahía que no amanece y la frontera es apenas perceptible hace tiempo que no me pongo triste dijiste y todo brillaba veo y creo veo y recreo lo que escuché de la voz del anciano niño pájaro pez eran lo mismo desde el mismo lugar comido y amado por el mar sometido a su placer a su inclemencia

 

 

 

 

 

 

Edgar Saavedra (Caxamarca, Perú). Ha publicado Lengua negra de colores (2012), Isla/Island (2009) y Final aún (2000 y 2004). Realizó estudios de Literatura y un postgrado en Estudios Culturales en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima. Fue profesor universitario y ha traducido a poetas brasileños como Wilson Bueno, Roberto Piva, Horacio Costa, entre otros. Actualmente es uno de los editores de Río Grande Review.

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