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CÍRCULO DE POESÍA

 

Una cosa tan irracional como la sangre

22 Oct 2014

Presentamos una reseña del narrador Vicente Alfonso (Torreón, 1977) sobre la nueva novela de Geney Beltrán Félix (Culiacán, 1976) Cualquier cadáver (Cal y Arena, 2014). Beltrán Félix es una de las voces más desafiantes de la escena literaria actual en lengua española.

 

 

 

 

 

 

 
Cualquier cadáver

 

 

Una cosa tan irracional como la sangre 

por Vicente Alfonso

 

Acabo de terminar Cualquier Cadáver, la segunda novela de Geney Beltrán Félix. Recién lanzado por Ediciones Cal y Arena en colaboración con el Círculo Editorial Azteca, este libro cuenta una historia estrujante, narrada con precisión, soltura y contundencia. De él podemos decir que ha publicado además la novela Cartas Ajenas (ediciones B), así como el volumen de cuento Habla de lo que Sabes (Jus). Que ha sido becario de la Fundación Lorena Alejandra Gallardo y de la Fundación para las Letras Mexicanas, y que en 2002 obtuvo el Premio Nacional de Ensayo José Vasconcelos.

Expresada en forma rápida, la historia que cuenta esta novela es la siguiente: Emarvi Arellano es un joven escritor que dejó su natal Culiacán en busca de mejores oportunidades para desarrollar su escritura. No son las letras la única motivación que el muchacho tiene para dejar su tierra: se diría que el doloroso recuerdo de la muerte de su padre ha hecho de él un Juan Preciado a la inversa: Emarvi huye de su tierra buscando conjurar al fantasma del patriarca.

¿A dónde va? Cuando se habla de literatura en México, ya se sabe que casi todos los caminos llevan a la capital. Como suele ocurrir, el joven debe conciliar sus proyectos literarios con un trabajo como editor en una oficina de gobierno, labor que desempeña para sobrevivir. Después de tres o cuatro descalabros amorosos, prefiere volverse un cazador de amores furtivos. Además es padre de Adrián, un pequeño de siete años que es una de las contadas realidades que dan sentido a su rutina de joven-padre-divorciado. Corre el año 2005 y Pérez Gracia, un famoso político de izquierdas, es acusado de un delito que le impediría ser candidato en las elecciones del año siguiente. Completan el cuadro Elvia, una muchacha paralítica que aspira a ser pintora, y algunos amigos y familiares del autor en ciernes.

De pronto, hacia al final del capítulo ocho, la historia se desliza al vértigo del thriller, pues Adrián es secuestrado. La súbita desaparición del niño desencadena en Emarvi un recuento interior: ¿cuáles de las decisiones en su vida han sido acertadas, cuáles no? ¿Son todas nuestras acciones producto de la razón? ¿De que forma influye en ellas “una cosa tan irracional como la sangre”? En buena parte de la novela, el mundo llega hasta nosotros a través de los ojos del joven escritor inmerso en la ruta de la desesperación. En ese momento aciago, la ciudad de México es un laberinto caótico que refleja la angustiosa realidad que vive el país completo.

En 229 páginas, Geney nos recuerda que el miedo nos rodea todo el tiempo. Que a diario nos enteramos de historias crudas, increíbles, cargadas con un dolor insoportable. Historias que a veces están muy cerca de nosotros, y sin embargo, no las vemos porque de otro modo nos desplomaríamos bajo el aplastante peso de la realidad. Sólo reaccionamos cuando el dolor nos golpea directamente: cuando un familiar cercano es víctima de un crimen…

Así, Cualquier Cadáver es una exploración sobre la identidad y la paternidad: ¿qué significa ser hijo de alguien? ¿Qué significa ser padre de alguien? Pero es también una reflexión sobre el fin último de la literatura. ¿Escribimos para tonificar el ego, para cambiar el mundo, para vencer a la muerte?

A lo largo de los treinta y nueve capítulos que conforman Cualquier Cadáver se advierte mucho trabajo de carpintería literaria: saltos en el punto de vista narrativo, hábil manejo del tiempo, así como pericia para construir frases, párrafos. Un oído muy bien afinado para recrear diálogos, y un tino envidiable para la adjetivación (por ejemplo el sorprendente adverbio que hallamos en la página 101, cuando el narrador dice que “Yolanda se descuida voluntariosa, soviéticamente”. No obstante, nadie se crea que estamos frente a una novela bien mullida, cómoda, cuyas frases han sido pulidas y empacadas al vacío. Citando un dicho arraigado en el habla popular, a Geney le gusta “aflojar en terracería” a sus lectores: es posible encontrar lo mismo pasajes con una marcada intención lírica que fragmentos narrados con un estilo seco y directo, e incluso párrafos donde la violencia en la sintaxis es un oscuro reflejo de la realidad que el autor se ha propuesto retratar.

Cualquier Cadáver es una estupenda novela que nos deja cavilando en la forma en que se construye ese elusivo entorno que llamamos realidad. Para decirlo con palabras sacadas de la obra misma, “se trata de una novela precisa en su exasperación y enérgica en su escritura”. No es, pues, cualquier novela.

Twitter: @vicente_alfonso

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